Salsa

'Gus', el salsero que se inventó 'El Sonido Colón'

El cantante de salsa, Gustavo Colón, más conocido como 'Gus', estuvo en Cali y En Salsa con 90 Minutos conversamos con él.

El cantante de salsa, Gustavo Colón, más conocido como 'Gus', estuvo en Cali y En Salsa con 90 Minutos conversamos con él.

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Gustavo Colón, más conocido en el ambiente musical como ‘Gus’ Colón, pertenece a una estirpe de salseros que en Cali se han vuelto de culto. Su nombre inmediatamente evoca a una suerte de salseros que hicieron una música que aquí llamamos de golpe y que, a pesar de que no sonara en las grandes emisoras, se introdujo sigilosa y de manera permanente en el corazón de los salseros.


‘Así vivo yo’, ‘Remordimiento’, ‘Kikiriki’, son solo algunas de las joyas musicales que este maestro de la salsa nacido en el Bronx Latino de Nueva York el 12 de enero de 1954 ha dejado para el disfrute de miles de sus fanáticos.

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En Salsa con 90 Minutos conversamos con él. Lo esperamos allí en el Museo de la Salsa, en el rumberísimo Barrio Obrero. Mientras aguardaba por su llegada, suponía un hombre ‘grande’, tal vez de caminar y maneras lentas: “El paso de los años”, pensaba mientras recordaba algunos de esos temas que tantas veces he disfrutado.

Sin embargo, cuando arribó en una camioneta blanca con su simpática novia Liliana, su representante Olga y Luis López, un fanático melómano caldense que lo condujo desde Manizales, encontré un hombre pleno de vida, con ganas de disfrutar la salsa y de seguir alimentando esta historia musical.

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En ese diálogo que sostuvimos con esta leyenda salsera, ‘Gus’ Colón nos contó algunos detalles de esa brillante historia musical que comenzó muy temprano. Es que basta saber que cuando ‘Gus’ creó la Orquesta Colón tenía 16 años, todo un precoz director adolescente.

“Era un chamaquito”, como el mismo advierte. Pero ese ‘chamaquito’ ya tenía estudios de música que se complementaron con los años.

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‘Los vientos’ fueron los instrumentos que lo cautivaron. La trompeta se convirtió en una extensión de su boca y tal vez por eso es que la Orquesta Colón mantiene esa fortaleza sinigual cuando arranca con sus montunos agitados.

Era un tiempo de grandes batallas salseras y Colón recuerda con mucha nostalgia las que sostenía con Andy Harlow, ‘el otro judío maravilloso’, quien tenía pegado ‘Lotería’. Pues justo por aquella época surgió una de las grandes interpretaciones de ‘Gus’ Colón, un tema que lo inmortalizó y que en Cali, particularmente, fue una bomba.

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‘Yo estaba con mi amorcito, amorcito que quería, haciendo cositas tontas, cositas que no quería. Oímos pasos y voces, pues su padre estaba afuera, mi jeva salió corriendo, yo me escondí en la bañera…” Se volvió una increíble pieza salsera, con un piano enigmático que le entraba al montuno como pocas veces se percibe.

Fue tal el éxito de este ‘numerito’ que interpretó el gran Eddie Marrero que hasta tuvo múltiples identificaciones: ‘Adán y Eva’, ‘Sentencia China’ y ‘Pedro Simón’, como realmente la bautizó Colón.

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Y fue precisamente una historia real que le sucedió al propio ‘Gus’ lo que hizo que el ‘caballo salsero’ decidiera inmortalizar su experiencia a través de un tema. “Yo era Pedro Simón y eso que se canta, me pasó a mí”, me dice Colon en medio de una pícara expresión.


Su primera producción musical, siendo todos muy ‘chamaquitos’, se lanzó en 1971 con el nombre ‘Creepin' Up’ con los temas: ‘Vivir La Vida Otra Vez’, ‘Odio Y Falsedad’, ‘Llegó Para Quedarse’, ‘¿How Can I Love You?’, ‘La Gente Critica’, ‘Ojos Que No Ven’, ‘Martillo y Clavo’ y ‘Ven y Vacila’.

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La calidad de ‘Gus’ Colón no es ‘salsita light’ ni surgió por generación espontánea. Empezó a estudiar trompeta desde niño. Formó parte de varios grupos musicales en la escuela, siempre liderando las bandas. Inteligente y curioso, estudió en la escuela de música de El Bronx, aprendió solfeo, composición y continuó practicando con la trompeta en ritmo clásico.

Tal vez por eso el día que le tocó debutar con su orquesta en un increíble concurso en el que estaban otros futuros inmensos artistas -jóvenes pero mayores que él- como Willie Colón y Ray Barreto, no tuvo temor y se ganó ese concurso de grandes bandas salseras de finales de los sesenta.

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‘Gus’ Colón reconoce la gran influencia que tuvo en su música un ‘monstruo’ de la salsa poco reconocido como el trompetista, director y arreglista Tony Pabón. Sí, el mismo que conformó un grupo que se llamó La Protesta, en el que trabajaba de manera cooperativa con sus músicos porque odiaba el sistema que se estaba imponiendo en aquella época donde el director y el sello se llevaban la gran tajada de las ganancias.

Colón no solo aprendió a marcar el sonido arrebatador de las trompetas y trombones que dejaron una huella en el sonido de su orquesta, sino que también aprendió del respeto a los artistas. Su banda fue de las más constantes y que menos retiros tenía en la época.

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Eddie ‘Temporal’ Marrero, el propio Tony Pabón y Néstor Sánchez, ‘El albino divino’ hicieron parte de una constelación de estrellas que volvieron icónica la Orquesta Colón, una banda del barrio, de la esquina, del suelo popular… Una banda que reina en las salsotecas de Cali, que no suena en las discotecas, pero qué más da, porque la esencia del barrio es la que sostiene la salsa, lo que la mantiene vigorosa y lo que la hace sonar cada vez mejor.

Y eso es lo que hace justamente que artistas como Gustavo Colón no queden olvidados. Es Cali la ciudad que los revitaliza, que les genera una nueva adrenalina, es la misma ciudad que alimenta su corazón, que hace que por su sangre corran notas musicales, soplos de trombón y latidos de bongo.

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‘Gus’ Colón me contó que era la primera vez que venía a este pedacito de cielo rumbero. Y yo pensaba que era increíble que un artista tan portentoso en la historia musical de la salsa no hubiese tenido un empresario que lo hubiera invitado hace unos años.

Su sueño ahora -porque los ‘caballos veteranos’ también los tienen- es lograr traer su orquesta a la ciudad y presentarse en esta capital de la rumba que le rinde culto a las carátulas de sus ‘Long plays’; la misma que se sabe sus discos de memoria, donde los coros que acompañan sus canciones son recitados como oraciones por los salseros caleños… En fin, una ciudad que palpita salsa, que sabe de memoria en qué año ‘Gus’ imprimió su segundo álbum, qué músicos lo acompañaban y que tiene una interpretación clara de por qué el sonido Colón es imprescindible en el ADN salsero de Cali.

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Como si no bastara todo ese talento inagotable de este director, arreglista y trompetista y hasta vocalista, ahora promociona dos nuevos temas que recuerdan el tradicional sonido que lo inmortalizó. Uno de esos temas, 'Amor de ayer', es una composición Tite Curet Alonso, el más grande poeta de la salsa que escribió más de 250 canciones.

Maestro, lo esperamos pronto, los caleños estamos en deuda con usted.

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Salsa

La canción de salsa más íntima de Ramón Rodríguez

Si hay alguna agrupación de salsa que pueda decirse le debe mucho a Cali, esa es el Conjunto Clásico. Su historia con esta ciudad es única, espectacular, misteriosa, extraña. Pero la única verdad es que desde que surgieron en el firmamento melódico ‘Los Rodríguez’, ‘Sin Rumbo Alguno’, ‘Ay qué bueno’, ‘El piragüero’ y ‘Olga y Margara’ la conexión entre Tito Nieves, Raymond Castro y Ramón Rodríguez fue inmediata con el público caleño.

La canción de salsa más íntima de Ramón Rodríguez

Si hay alguna agrupación de salsa que pueda decirse le debe mucho a Cali, esa es el Conjunto Clásico. Su historia con esta ciudad es única, espectacular, misteriosa, extraña. Pero la única verdad es que desde que surgieron en el firmamento melódico ‘Los Rodríguez’, ‘Sin Rumbo Alguno’, ‘Ay qué bueno’, ‘El piragüero’ y ‘Olga y Margara’ la conexión entre Tito Nieves, Raymond Castro y Ramón Rodríguez fue inmediata con el público caleño.

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Por Gerardo Quintero Tello

Jefe de Redacción de 90 Minutos

Un compromiso de amor. Esto fue lo que hizo el maestro Ramón Rodríguez con su esposa, justo antes de que falleciera. Ella, que había seguido y aguantado su carrera musical por tantos años, lo comprometió unos días antes de que el cáncer que la afectaba se la llevara a la eternidad: “Canta tus propias canciones, sólo tú sabes cómo hacerlo”, ese fue el mandato de Rosita allá en Orocovis, el pequeño pueblo de Puerto Rico donde la familia más querida de esta población desarrolló el gusto por la salsa.

Ese compromiso que hace derramar lágrimas al maestro Ramón, el mismo que creó el Conjunto Clásico, es lo que lo trajo a Cali, la ciudad que lo proyectó musicalmente y que lo ha mantenido vigente por tantos años.

Si hay alguna agrupación de salsa que pueda decirse le debe mucho a Cali, esa es el Conjunto Clásico. Su historia con esta ciudad es única, espectacular, misteriosa, extraña. Pero la única verdad es que desde que surgieron en el firmamento melódico ‘Los Rodríguez’, ‘Sin Rumbo Alguno’, ‘Ay qué bueno’, ‘El piragüero’ y ‘Olga y Margara’ la conexión entre Tito Nieves, Raymond Castro y Ramón Rodríguez fue inmediata con el público caleño.

Ya no recuerda el número de veces que se presentaron en Cali, pero sí tiene presente como si fuera hoy todo el cariño que esta ciudad le prodigó. Tal vez por eso, en el crepúsculo de los años, y mientras en su tierra el azote de ese huracán llamado regueaton acabó por dispersar la gloria de las delicadas composiciones que salieron del trazo del ‘buenazo’ de Ramón, decidió aterrizar en esta ciudad que preserva su gloria intacta.

A pesar de no venir desde hace un tiempo, Ramón tiene a Cali tatuado en su corazón. Le dedicó un disco, que justamente se lama ‘A Cali’ y ahora como en ese tema tan suyo, que lo representa en toda su sensibilidad,  regresa ‘Solitario’ a Cali a conformar una orquesta y trabajar en su nuevo proyecto musical.

“Solitario voy de pueblo en pueblo como un vagabundo
Cantando por todos los campos alivio el dolor
Mi guitarra noble compañera, que conmigo se va donde quiera
Solitario, vagabundo por el mundo voy”

Compuesta en épocas de gran agitación personal y profesional, esta es la canción que hoy acompaña al gran maestro creador de más de 400 composiciones salseras que sin duda lo sitúan entre los tres más importantes compositores de la música afrocaribeña.

Hombre humilde, de alma tranquila, de sonrisa fácil y buenas maneras, Ramón es la fina estampa del jibarito, de ese artista que al calor de un ‘palito de ron’, una guitarra o un ‘cuatrico’ es capaz de sacarle estrofas al campo, al sol, a la fatiga o a las penurias del diario vivir.

“Lo que pasa es que cuando uno junta el ritmo cubano con el sentimiento campesino puertorriqueño, el ritmo y sentimiento es bien fuerte. Yo soy muy sentimental, la tristeza la dejo saber en mis letras, la alegría la dejo entrever en mis letras. Y eso ayuda mucho, porque yo no leo libros, ya no puedo hacerlo. Si leo libros, me pongo en un doctorado y empiezo a mencionar palabras de doctores y cosas. Yo soy de la calle, del campo, pero con sentimiento y todo eso. De esa mezcla se hizo lo que soy y lo que quise hacer, y lo que voy a hacer de ahora en adelante desde aquí”, dice con esos ojos presos de nostalgia y ávidos de seguir construyendo tantas emociones que empiezan por la A, esa misma con la que arranca  afecto, armonía, amabilidad, aprecio, apego, amistad y que para el Maestro Ramón se resumen en una sola palabra: Amor.

“Aunque desde pequeñito fui criado en la pobreza
No me importan las riquezas
Cantando voy por el mundo
Yo no me quiero quedar (yo no me quiero quedar)
Yo no me quiero morir (yo no me quiero morir)
Si nací pa vagabundo
Que me importa lo que digan
Habrá mil que me maldigan
Yo voy feliz por el mundo
Pero no me quiero quedar (yo no me quiero quedar)
Yo no me quiero morir (yo no me quiero morir)”

Nacido en 1947, en el Corazón de Puerto Rico, en un pueblo campesino como Orocovis, Ramón muy pronto se vio envuelto en el conflicto militar que Estados Unidos enfrentaba en el continente asiático. La guerra pronto estuvo en su vida y el conflicto en Vietnam lo encontró prestando el servicio militar. Sin duda esa experiencia marcó su alma sensible y lo condujo por unos espacios en los que él se sentía cómodo, escribiendo sobre sus experiencias y transmitiendo su alma en cada verso.

En medio de la crudeza de la guerra, de las explosiones, la sangre, la pérdida de amigos y las malas noticias, Ramón debió recordar en su cambuche las raíces taínas y la noble valentía de su pueblo. Seguro a su memoria llegaban como flashes intermitentes la cueva de los indios, el lago de matrullas,  el río Toro Negro y las quebradas Doña Juana, Palmar y Cacaos, todas esas maravillas naturales de las que bebió para darle rienda suelta a sus hermosas composiciones.

“Mira, ‘Solitario’ salió cuando yo me veía que estaba cometiendo errores en la vida. Musicalmente debo estar solo, porque para componer uno tiene que estar solo. Nadie puede escribir una canción con alguien al lado, a menos que otra persona le dé a uno una idea, pero luego uno se va solito a su casa o donde esté y la letra va surgiendo. ‘Hoy se repite la historia de nuevo. Vuelvo otra vez nuevamente con el mismo error. Será que soy como soy aunque quiera cambiar, yo no puedo. Posiblemente yo sea el culpable y confundido estoy y me voy solitario por el mundo’. Y así ese tema es como una imagen de lo que yo soy. Me gusta la soledad”, me dice sin ambages este compositor de la vida, que no se complica con lo que escribe, que tiene claro lo que los grandes escritores siempre han pregonado, “de lo que uno debe escribir primero es de lo que sabe, de su entorno, de lo que está más cerca”.

Este artista, que ahora está en Cali, con la experiencia que dan los años, un poco solitario, pero con la vitalidad suficiente para comenzar un nuevo proyecto musical, recordó que tal vez fue ‘Sinceridad’ la primera composición  que le grabaron, por allá en un lejano 1973, en un álbum del compositor y director Francisco Ángel Bastar. Inicialmente fue un sencillo de 45 revoluciones por minutos y luego el tema quedó  incluido en un Larga Duración llamado Kako, que fue prensado por el sello TR Records.

Pero fue realmente su cercanía con el gran maestro Jhonny Pacheco lo que le abriría las puertas a un mundo musical enorme, que le permitiría brillar con luz propia en el competido ambiente salsero de la época.

Su paso por el emporio Fania, liderado por Pacheco y Jerry Masuchi, fue propio de su humildad y capacidad creativa. El compositor nos recordó cómo llegó prácticamente en el momento que Pacheco producía uno de esos álbumes que hoy son icónicos en la historia de la salsa. Una producción de la que hacían parte ‘El zorro Plateado’, Celia Cruz y un cantante cubano con una voz singular y potente: Justo Betancur. En un momento determinado de la grabación, Justo le dijo a Pacheco que era la hora de grabar los coros y preguntó con quién los iba a realizar. Fue en ese momento cuando el destacado director musical de Fania Records presentó a Ramón Rodríguez y le dijo a Justo: “démosle la oportunidad a esta chamaquito que tiene tremendo afinque”.

Ramón Rodríguez hizo unos coros que sorprendieron al propio Justo, que no tuvo ya ninguna duda de quién debía seguir con el arrastre de los pregones. ‘El zurdito del campo’, el que se deleitaba con los cantos del coquí, el que le hacía versos a los flamboyanes, el que relataba los cantos campesinos de playas y de bohíos, de montes y de quebradas, entraba por la puerta grande de la rumba afrocaribeña.

“Ese chamaquito es el que es”, fue el dictamen de Justo Betancur y de allí en adelante le hizo todos los coros a las producciones de Pacheco.

Pero Ramón no estaba solo para hacer la segunda voz. Su inagotable cantera creativa no podía quedarse quieta. Sus pregones repetidos sonaban en cada rincón de los estudios de Fania y no tardaría mucho tiempo antes de que los afinados oídos de Pacheco, siempre ávidos de nuevas composiciones, supieran que allí tenía una joya en ciernes que comenzaba a brillar.

‘Dirindindé’ e ‘Ileana’ fueron las primeras composiciones del chico de Orocovis que fueron incluidos en el álbum ‘Pacheco the artist’, lanzado al mercado en 1977 y que cuenta con la espectacular voz de Héctor Casanova. En este disco pleno de salsa, son montuno, guaguancó, bolero y hasta merengue se destacan ‘Esa Prieta’, ‘Amarre el perro’ y ‘La Yerba Brava’, pero, sin duda, fue ‘Ileana’ la gran sorpresa musical del álbum porque se trataba de un estilo de letra que iba a marcar el sendero que recorrería el hijo predilecto de Orocovis en sus futuras creaciones musicales.

“No arranques el maíz Ileana que para comer no hay mañana… No arranques el maíz Ileana que para comer no hay mañana… Yo sé que no hay suficiente para comer Ileanita, pero es que están pequeñitas y el maíz alto no está verde, mañana probablemente las cosas las cosas cambien su curso y encontrarás más recursos para cambiar este ambiente…”

‘Ileana’ se convirtió en éxito de inmediato, pero también fue esa luz que se encendió en el futuro del maestro Ramón y que determinó que, paradójicamente ante la calidad que se asomaba, Pacheco buscara su salida de la agrupación del ‘Zorro plateado’.

“Pacheco me dijo ‘quédate conmigo y seguimos bregando hasta que tú estés ‘ready’ para seguir solo. Y así mismo lo hizo. Y cuando salí de Pacheco me dolió porque yo me sentía feliz ahí, pero él quería que yo siguiera. Y eso fue lo que hice para complacerle a él y no para complacerme a mí sino al pueblo”, me recuerda Rodríguez, mientras no puede ocultar que se sintió bendecido en la agrupación y en la compañía de Pacheco porque era un hombre sabio y musical, que entendía los orígenes de Ramón, tal vez porque él tenía esa misma procedencia en su natal República Dominicana.

Y es que lo que prosiguió en aquellos años setenteros fue un torrente de creatividad, un derroche de poesía, un huracán de armonía escrita de la que se beneficiaron artistas como Cheo Feliciano, Jimmy Sabater, Junior González, La Sonora Ponceña, Willie Colón, Ismael Quintana y Ernie Agosto, solo por reseñar algunos de los caballos salseros que encontraron una mina en la explosión artística de Ramón Rodríguez.

Para entender lo que estaba produciendo sin descanso el orocoveño basta observar este dato. Tan solo en 1980, Ramón participó en 17 producciones musicales como compositor, haciendo coros o tocando el guiro y puede tener un récord difícil de igualar porque este poeta salsero es quizás el único compositor que ha sido el autor de todos los temas de varios álbumes como Los Rodriguez (1979); Felicitaciones (1980); Clásicas de Clásico (1983), entre otras, y del álbum Cantar, de Tito Allen, que salió en 1981. Fácilmente, las estadísticas musicales indican que en 20 producciones musicales se incluyeron más de 150 composiciones que surgieron de la inagotable cantera creativa de este juglar de Orocovis.

Fue en medio de esa explosión inventiva que Ramón concibió la creación de la orquesta que lo catapultaría en la historia discográfica salsera. Y es que mientras escogía los músicos al mismo tiempo que escribía letras con tinta del corazón, escuchó una voz que lo cautivó desde la primera vez. Un gordito que le hacía coros a Héctor Lavoe y que había escuchado durante su paso por la orquesta de Pacheco. Y fue esa voz de tenor, fuerte, limpia, que se adaptaba a diferentes tonalidades y que recogía el alma del jibarito la que enamoró a Ramón Rodríguez. Desde ese momento, Rodríguez fue a Tito Nieves lo que el gran Pedro Flores fue a Daniel Santos, Bobby Capó a Ismael Rivera o Tite Curet a Héctor Lavoe.

“Caminar sin rumbo alguno
Como el aire que respiro
Puede que sea mi destino
Mientras viva

Pero mi corazón jura
Que encontrara aquel futuro
Que brille todo lo oscuro
De mi vida

De mi vida que se va
Y sé que no volverá
No volverá jamás”

Las letras de Ramón Rodríguez fueron lamentos que descendían por los oídos y se internaban como dagas en el corazón de los salseros. ‘Sin rumbo alguno’ se convirtió en un éxito internacional. Ramón era como el rey Midas de la música y todo lo que te tocaba se convertía en un ‘tremendo palo’.

“En Puerto Rico primero hicimos la Orquesta La Masacre, que fue donde hicimos El Pregonero, que fue el que más pegó. Después que terminamos el disco, Tito Nieves me dice “oye me devuelvo a Nueva York porque mi esposa está en cinta y aquí no voy a hacer más ná’”. Entonces le respondí que yo me iba con él porque también mi mujer estaba en embarazo. Entonces allí mismo, cuando llegamos a Nueva York, buscamos a Raymond Castro que trabajaba en una empresa de zapatos, a él le gustó el proyecto y en ese mismo momento conformamos El Conjunto Clásico”.

De la mano de Larry Landa, Alberto Echeverry y Benhur Lozada, el Conjunto Clásico caminó las calles de Cali, se adentró en las esquinas de los barrios, divagó en su música sin rumbo alguno, lamentó la suerte de los Rodríguez, entendió que si no hubiese sido por Olga me llevo a Margara y le compró al panadero el rico pan.

El 9 de agosto de 1980, en el Coliseo del Pueblo, El Conjunto Clásico de Ramón Rodríguez se presentó por primera vez en una Cali que respiraba salsa y se daba el gusto de tener ese mismo día, además de los Rodríguez (como también se les conocía) a Rubén Blades, Jhonny Pacheco, Cheo Feliciano, Ismael Miranda, Ismael Quintana, Adalberto Santiago y Héctor Lavoe, como artista invitado.

Dichosos los que vivieron aquel concierto y los que por primera vez escucharon a una agrupación que se iba a convertir en una de las favoritas de los caleños.

“De allá ariba se ve un río
También se ve un platanal
De allá ariba se ve un río
También se ve un platanal
Se divisa un cafetal y más arriba un bohio
Se divisa un cafetal y más arriba un bohio
Pero todo está vacío solo se escucha el ladrar
Pero todo está vacío solo se escucha el ladrar
De un perrito blanco y negro que no pudieron llevar
De un perrito blanco y negro que no pudieron llevar
Se marcharon los Rodríguez no se sabe para donde
Dejaron su terruñito
Se fueron del monte (bis)”

Incluso la leyenda salsera terminó construyendo una historia que hablaba de que esta composición era dedicada a los hermanos Rodríguez, los jefes del Cartel de Cali, que en aquella época financiaban la llegada de las grandes bandas salseras. Una leyenda que el mismo Ramón terminó explicándome que carecía de veracidad. “Ay Dios mío, lo que quería contar con los Rodríguez era todo el fenómeno de inmigración. Todas esas familias que salían de Puerto Rico rumbo a Nueva York y como Rodríguez es el apellido más común, pues tomé ese como genérico, no era por mí, aunque yo soy Rodríguez, claro. Pero cuando llegamos en el 80 a Cali, estaban pegados ‘Sin rumbo alguno’, ‘Los Rodríguez’, ‘Olga y Margara’ y ‘Ay qué bueno’”.

Una historia que lo marcó como los tres años que pasó en una prisión en Puerto Rico. Allí, en medio de los barrotes y la soledad de la cárcel, Ramón Rodríguez sintió que debía dejar escapar su tristeza por una condena que consideraba injusta y que le cortaba las alas que todo músico necesita para hacer volar su creatividad. Sin la compañía de esa ‘guitarra noble compañera, que conmigo se va dondequiera’, el orocoveño por primera vez se sintió sin ‘rumbo alguno’. Y fue en ese momento, mientras navegaba ‘solitario’ en aguas turbulentas, cuando logró convencer a la guardia del penal para que le dejaran entrar su noble compañera, hacer los primeros acordes y dejarlos eternizados en una pequeña grabadora.

“Se me agotan las esperanzas con los castigos,
Que me estas dando, no estoy mintiendo
Con lo que digo
Solo te empeñas en lastimarme los sentimientos
Y en tus castigos, solo se ha visto lo que me ha pasado
Por no comprender, y resolver este problema
Como a ti te da la gana
Tu eres la ley, y a mí me llaman el presidiario
Tu eres el rey, yo sigo siendo tu fiel esclavo
Oiga señora ley, mire señora ley, atienda señora ley
Señora ley
Oiga señora ley, mire señora ley, atienda señora ley
Señora ley”

Fue tal la calidad de este tema, tal vez el último gran éxito del Conjunto Clásico, que se convirtió en un himno para todos los presos del mundo. “Hasta los guardias del penal lo cantaban”, recuerda en medio de una pícara sonrisa esta figura clave de la salsa. Ya sin embargo, el desgaste de los problemas de drogas que arrastraba él y Tito Nieves, más las desavenencias jurídicas con el otro integrante del grupo, Raymond Castro, llevaron a la separación del gran Conjunto Clásico.

“Déjense de hablar, no comenten más

Van a maltratar el sentimiento de este conjunto

Está bueno ya si esas calumnias

Solo nos llevan a la falsedad

A nada llegarán

Unos hablaron de una separación

Y criticaron a este conjunto tan tradicional

Que si Tito se va, que si Ramón no quiere

O que si al otro Ramón esto ya no le conviene”

Y entonces lo que en el disco ‘Son Mentiras’, lanzado en 1983, Tito  Nieves tantas veces desmintió se hizo tristemente realidad y el Clásico se disolvió. Algunas posteriores apariciones alimentaron la nostalgia y el recuerdo, pero ya el grupo nunca volvió a unirse. 

Ahora Ramón vuelve a una ciudad que lo marcó musicalmente, a la que dedicó varios discos y en donde fue feliz, haciendo lo que más le gusta: música del corazón. “Yo crecí aquí como músico, el Conjunto Clásico comenzó en 1979 y un año después ya estábamos en esta ciudad con Larry landa que nos ayudó junto con Alberto Echeverry, aquí nos hicieron parte de la historia de este país. Mi propósito ahora es venir, enseñarle al pueblo mi música y formar una orquesta, arrancarla desde aquí para devolver algo de todo ese amor que ustedes me brindaron”.

Con la partida de Rosita, su esposa y gran amor, Ramón Rodríguez quiere regresar a sus raíces musicales, cumplirle la promesa que le hizo a su gran bastión, y como el mismo dice en ‘Solitario’, comenzar esta historia de nuevo.

Ramón sabe que cuando se quiere no hay tristeza y el corazón se llena de alegría, de ilusión y esto es lo que para el gran juglar de Orocovis significa Cali, porque cuando se quiere se quiere.

LOS DIEZ IMPERDIBLES DE RAMÓN RODRÍGUEZ


ILEANA: 

LOS RODRÍGUEZ:

SOLITARIO:

FELICITACIONES:

TERESITA:

OLGA Y MARGARA:

EL PIRAGUERO:

SEÑORA LEY:

SON MENTIRAS:

SIN RUMBO ALGUNO:

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El sello de la orquesta caleña ‘Son Mujeres’ en la salsa internacional

El trabajo de la orquesta caleña ‘Son mujeres’ fue destacada por una de las revistas más importantes de Estados Unidos en el mundo artístico.

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Mónica Castro es la directora de la orquesta salsera ‘Son mujeres’, la cual ha tomado gran repercusión en la industria por ser una de las agrupaciones más talentosas, no sólo de Cali sino también del país.  

Lea también: Los Lebrón, una historia ligada a la musicalidad de Cali: Parte 2

Según la directora de 'Son Mujeres' la dulzura de las voces femeninas y la manera de interpretar las canciones, les imprime un sello que las hace diferentes a las demás agrupaciones.  

“Detrás de esto hay fortaleza, hay disciplina, orden y muchas cosas lindas que nosotras tenemos como estos detalles”.  

Explicó la Directora de 'Son Mujeres'

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En el momento de interpretar y presentar sus canciones al público, las integrantes de ‘Son Mujeres’ siempre llevan un mensaje a través de sus conciertos.  

Igualmente, la revista Billboard nombró a la agrupación ‘Son Mujeres’ como una de las diez orquestas más importantes de salsa en Colombia en el año 2023.  

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“Para nosotros es un reconocimiento hermosísimo, al comienzo no no lo creíamos” expresó Mónica Castro.  

Expresó Mónica Castro.

Por otra parte, la lucha de las mujeres en la salsa no ha sido tarea fácil; pues aún hay algunos empresarios que no aceptan que pueden llegar a ser grandes artistas locales.  

“Estamos abriendo camino y confiamos de que se valore nuestro trabajo. Por eso seguimos trabajando arduamente” 

La agrupación seguirá demostrando el talento que llevan al momento de producir salsa ‘de golpe’ siendo así pioneras y orgullo caleño, siendo una de las orquestas más importantes del momento.  

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Los Lebrón, una historia ligada a la musicalidad de Cali: Parte 2

Los Hermanos Lebrón construyeron una musicalidad propia que en esta ciudad de rumba y color fue explorada hasta sus más íntimos detalles.

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Los hermanos de Brooklyn hacen parte de la propia historia musical de Cali y aquí en 90 Minutos reconstruimos la historia con su director y bajista, Ángel Lebrón.

Este músico desde hace muchos años se radicó en Cali y desde esta ciudad, que ya siente suya, siguió produciendo esa música y componiendo esas letras que han marcado varias generaciones de caleños.

Los Hermanos Lebrón hacen parte del ADN musical de los caleños y se cuentan por decenas los éxitos que continúan sonando en salsotecas y discotecas de la capital mundial de la Salsa.

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Un sonido original que los caleños hicieron suyo. Los Hermanos Lebrón están ligados a una Cali que los quiere y los respeta.