Si Wilson Manyoma no hubiera sido cantante, seguro hubiera tenido un gran camino como futbolistas. Seguramente hoy estaríamos hablando de un recordado puntero derecho y no de una figura determinante en la historia salsera de Colombia.
Y es que Wilson un caleño de barrio popular, que se crio por toda esa zona colindante con la Carrera Octava, tenía tanta facilidad para gambetear como cantar boleros. Tenía tanta propiedad para enganchar por dentro, como para tirar paso en Juanchito. Había tanta velocidad para correr como memoria para aprenderse los temas de Bienvenido Granda, Daniel Santos o Rolando La Serie.
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El escritor y periodista pastuso José Arteaga, en el libro ‘Música tropical y salsa’, publicado por Disco Fuentes en 1992, describe a Manyoma como “un mulato caleño de origen humilde que poseía una voz fuerte, agresiva y cubana, todo lo que Fruko requería para vincular a su grupito”.
Ese mulato caleño es más bien un gran Negrón, como decía Ismael Rivera, que acaparó la escena musical salsera colombiana y que junto con Joe Arroyo conformó una de las duplas musicales más exitosas del país.
Sus viajes constantes e incluso su residencia actual en Barranquilla no lo han hecho olvidar sus orígenes caleños. Basta sentarse a hablar un par de minutos con Wilson para entender todas las raíces que lo anclan y lo aseguran a barrios como El Troncal, El Municipal, El Obrero, San Nicolás, El Porvenir, las canchas de Monark y de Loncha. Wilson es un torrente de recuerdos, estandarte de una familia salsera de Cali, que ha paseado su talento y conocimiento por las mejores orquestas de la ciudad.
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“Desde hace mucho tiempo me afinqué en Barranquilla donde gozo de una popularidad tremenda. Tengo casi como 20 temas que he podido catapultar desde que empecé y esos temas son los que toco y esos son los que más suenan allá. Temas digamos como El preso, que es una canción que ya lleva 49 años de haber sido grabada en mi voz y todavía sigue ahí, campante, es un clásico que prácticamente muchas veces dejo que el público la cante pero lo que lo que siento al regresar a Cali a un concierto es mucha emoción, eso nunca se olvida”.
Con más de 70 años a cuestas, Wilson es un roble que mantiene su chorro de voz potente y que se siente orgullo de sus orígenes caleños que no disimula en su forma de expresarse, en los gustos musicales y mucho menos, en los recuerdos.
“Tenemos que seguir haciendo cosas buenas porque eso es lo de nosotros los caleños, hacer música salsa que la gente vacile y goce, que sepan que hay que conservar eso que existe y que debemos proteger lo que se ha hecho”.
Maestro, bienvenido a Cali y cuéntenos, cómo se siente en este regreso a la ciudad de sus ancestros
Gerardo, lo primero que tengo que decir es que Wilson nació en Cali y te digo que feliz y orgulloso de que la gente me pueda apreciar, de que sepan que en estos 53 años de vida artística que han pasado no han sido en vano, son años que me tocó salir de la ciudad donde nací y plantar bandera en una ciudad como Medellín, que en ese entonces era donde todo mundo tenía que llegar para poder mostrar su talento musical.
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Después de más de cincuenta años de vida artística, qué siente cuando le faltan apenas algunas horas para volver a una tarima en su ciudad
No vivo en Cali, desde hace mucho tiempo me afinqué en Barranquilla donde gozo de una popularidad tremenda. Tengo casi como 20 temas que he podido catapultar desde que empecé y esos temas son los que yo toco y esos son los que más suenan allá. Temas digamos como ‘El preso’, que es una canción que ya lleva 49 años de haber sido grabada en mi voz y todavía sigue ahí, campante, es un clásico que prácticamente muchas veces dejo que el público la cante porque la gente quiere disfrutar e interactuamos con el público, cantan la canción, pero lo que lo que siento al regresar a Cali a un concierto es mucha emoción, eso nunca se olvida.
Maestro, cuando usted se prepara para un concierto y más en una ciudad como Cali cómo organiza su repertorio. Teniendo en cuenta además la presencia del público joven
Soy caleño y sé por dónde es que se puede vacilar con la gente, qué es lo que le gusta a Cali, los rumberos, el bailador, me gusta que mi música la sienta la gente, la baile. Yo tengo un tema que es muy viejo, se llama ‘Mambo cool’, pero para tocar ese tema tienen que haber músicos especiales que puedan interactuar entre las trompetas, los trombones, que puedan interactuar con la percusión porque es que desde que sale es un tema arrebatado que desde el principio es una gozadera, es un tema clásico, pero para tocarlo se necesita de un buen material musical. Mira que yo hablo de la música que se hace para salseros, bailadores, la que se hace para románticos, pero hay música para muñequitos y todas esas cosas y hay gente que tiene que identificar eso.
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Vivo siempre indagando, duermo poco en la noche y en el día estoy siempre activo, escuchando para poder saber qué es lo que quiero y que la gente goce. Hace poco estuve tocando en unos pueblos del Putumayo, en Orito, esa noche alternaba con Paola Jara, que había estado pegada y había ido el año anterior en diciembre, pero el 4 de enero supuestamente ella era la que tenía que abrir el espectáculo, pero como que llegó un poco tarde y entonces cambió, y yo tuve que ser el telonero, salir a la palestra. Lo curioso es que me di cuenta que los que estaban montando el sonido y toda la logística, eran morenos, me miraban y como que no creían lo que podíamos hacer allá. Pero siempre me siento orgulloso porque tengo un respaldo musical que suena muy bacano, me entendés, y eso me hace estar relajado, más tranquilo.
Maestro, quiero llevarlo un poco atrás, a esos comienzos porque sé que usted en algún momento, siendo muy niño, decide marcharse para Buenaventura y eso marca un momento clave en su vida personal y profesional
Bueno, tenía mucha libertad a los 13 años porque es que mi mamá trabajaba y nos dejaba solos. Mi mamá llegaba como a las 11 de la noche de Propal y yo la tenía que recibir en un sitio, pero yo escuchaba muchas cosas. Al frente había un grill llamado Nuevo Mundo, Galaxia, de Emiro Velázquez y todo lo que había allí era en vivo, escuché a Peregoyo, el Combo Bacaná, Marquitos Micolta, entonces toda esa música la fui tomando para mí, no era que la cantara, pero la escuchaba. Cuando me voy para Buenaventura es porque un amigo de mi gallada que éramos ‘llavesísimas’, me dice ‘vámonos en el tren, eso no vale nada, nos coliamos’ y le seguí el juego y cuando vine a ver a las ocho de la noche ya estábamos yendo para Buenaventura en ese tren.
Pero bueno, ya era conocer el mar, los barcos que salían de allá y toda esa vaina y llegamos esa noche a Buenaventura, bajamos y nos instalamos en La Pilota en Buenaventura, que era el sitio adonde llegaban todos los marineros. Pero había un sitio ahí que con el tiempo lo fui conociendo, se llamaba ‘Próspero’, que era un sitio como una casita ahí, pero la música que llegaba era por los barcos. Yo trabajé allí para las mujeres haciendo los mandados, dormía ahí y luego me trasladé al muelle y también dormía allí. ¿Cómo me rescata mi familia? Mi pobre mamá, preocupada, llorando, pero eso a mí no me importaba nada, era mi vida. Me agarraron porque a Ofelia.
Una tía mía que en paz descanse, muy amiga de mi mamá, le dicen que yo estaba en Buenaventura, comenzó a buscarme y una vez que la veo me le escondo y le grito ‘tía ofelia’, ella entonces ya ‘cantó la zona’ y confirmó que yo estaba en Buenaventura. Asimismo, me cogieron en el barrio Sor Vásquez, porque yo llevé a arreglar unas tablas, y allá vivía mi familia. Me rodearon y pues ya empezaron los regaños y los consejos y fue cuando regresé a mi casa.
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Y allí en ese regreso es cuando tiene el encuentro con el profesor Rincón, que se vuelve clave en su vida musical.
El profesor Rincón me defendía porque él decía que Wilson era buen estudiante. El profesor le dijo a mi mamá que quería que yo fuera a la clausura porque había ganado el año, pero que además necesitaba que cantara los boleros de Roberto Ledesma, de Rolando Laserie, porque él decía que yo cantaba muy bien. Es que la verdad eso nació natural en mí, yo cantaba boleros como Las cuarenta, nunca había estudiado música, pero pues la calle, el barrio, los malandros de aquella época y me fui aprendiendo esos boleros, que me han ayudado porque pienso que soy bolerista también, lo que pasa es que la oportunidad de los boleros depende mucho del sitio y del público también.
De hecho muchos salseros se prueban en el bolero, es decir, Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Cheo Feliciano grabaron hermosos boleros
Creo que los jóvenes tienen que darse cuenta de que eso viene de allá, que los mejores soneros que he escuchado han sido unos boleristas muy grandes. Yo no soy el mejor bolerista, pero tengo mi tono de voz y creo que vacilo el bolero y eso es muy importante para mí. Siento que tengo la obligación de estar en mi show compartiendo unos cuantos boleros.
Cómo es eso de que antes de tomar la gran decisión de irse para Medellín con Fruko, usted tuvo una gran posibilidad en un equipo colombiano porque cuentan que usted fue un gran futbolista
Nosotros vivíamos en El Troncal y allá había una cancha llamada Icolápiz o Bavaria, que era un basurero de la fábrica de bicicletas Mónark. Nos visitaban muchos pelados de los otros barrios, nosotros sacábamos nuestro combo y les jugábamos.
No sé, a mí nunca me enseñó nadie nada para tener una pelota y a mis hermanos tampoco, es una cosa que nace contigo, pero nosotros éramos en ese barrio muy respetados. Yo jugaba por la punta derecha y de ahí unos amigos me llevaron con América que entrenaba en la cancha de horizontes. Nosotros íbamos por la carrilera a pie, eso quedaba más o menos en Meléndez, era un sitio muy sabroso, los domingos también eran muy bacanos allá, todo eso me lo disfrutaba a pie arriba, bien callejero. En uno de esos torneos interbarrios me mandaron a llamar con varios de los muchachos de ahí de la Selección Troncal para la Selección Valle, que la manejaba el señor Edgar Mallarino y entrenaban en el estadio.
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Un hermano mío, Henry, ya tenía un contacto en Bogotá para que yo jugara en Millonarios, pero Dagoberto Gil, un amigo de la casa, tenía la conexión en Medellín para que me probara musicalmente, le pidió permiso a mi mamá y nos fuimos en Flota Magdalena para Medellín. Ahí ya lo del fútbol lo dejé porque a mí nunca me dieron más nada.
Pero ya entonces usted, jugado en Medellín, cómo se da el encuentro con esta otra leyenda de la salsa colombiana, Fruko
A Medellín llegamos a las cinco de la tarde, a los estudios Fuentes, y conocí a Julio Ernesto Estrada, ya había pasado Píper por ahí, ya había cogido Fruko fama, pero ahí faltaba un pedazo. Lo rescata Píper, lo hacen, funcionan con ‘La memoria del muerto’, Píper era un grande, pero algo fuerte pasó y pues se rompió la relación con Fruko. Yo le seguía los pasos a él, lo escuchaba cuando tocaba en el Nuevo Mundo y me gustaba eso, pero nunca creí que fuera a terminar en Medellín reemplazándolo.
El otro cantante que llegó primero que yo fue Joe Arroyo Álvaro, no lo conocía. Ya en el estudio con Fruko en el piano, me dice que cantara algo, interpreté una canción y a él le gustó. Hice algo compuesto por mí, le gustó y me dijo que como le iba a poner a la canción, le dije que algo así como ‘Tu sufrirás’. Él se dio cuenta que tenía un tono, Joe otro y no me descartó sino que dijo, ‘mira Wilson tengo dos canciones más, quiero que las cantes’, una ‘Mosaico santero’ y la otra ‘Lamento del campesino’, hice cuatro temas en ese LP llamado ‘Fruko ayunando’, en donde sale como medio desnudo ahí.
Pero entonces allí se engancha definitivamente con la orquesta de Fruko
Tuve que firmar un contrato porque me dijeron que sino lo hacía no podía ser exclusivo de la empresa. Yo no sabía nada de eso, lo que quería era cantar y como a los 15 días salió en el periódico, nuevo cantante de la salsa Wilson Manyoma. Yo ya había estado antes con la Sonora Juventud como utilero, con los Hermanos Pino si había estado como titular, allí aprendí mucho porque esa orquesta era de clubes, había que cantar prácticamente de todo: pasodoble, cumbia y tropical, entonces cogí mucha cancha. Lo más gracioso fue que seguí con ellos después de haber grabado y cuando salió el disco ellos estaban más
que sorprendidos, que como así que yo estaba con Fruko, no me creían jajajajaja.
Y recuerda cuando vino a Cali por primera vez ya como cantante de Fruko y sus Tesos
No me acuerdo muy bien, pero creo que fue como en 1974, nos presentamos en los Cristales, eso fue una locura, nosotros usamos unos trajes brillantes, una moda medio hippie, afro grande, eso fue impresionante. El primer Festival de Orquestas que hicieron en Cali fue organizado por José Pardo Llada, tocamos allí y recuerdo que Watussi y María fueron elegidos como los mejores bailarines mundiales de salsa. Había una caseta que no nos soltaba, era la Matecaña, y a través de ellos conocí todo el país. Recuerdo que había unos duelos, por decirlo asi: Fruko y sus tesos vs Nelson y sus estrellas. Allí teníamos como un contrapunteo porque era un ritmo similar, pero ellos pegaron mucho aquí, conquistaron a Cali.
Pero podríamos decir que ustedes tenían sonidos similares
Había un contrapunteo más o menos porque tocamos casi lo mismo, era casi el mismo ritmo, la trompeta fuerte, estaba también Pástor López y Nelson Henríquez y así fuimos tomando mucha fuerza. La primera presentación de una orquesta de salsa colombiana en el Madison Squares Garden de Nueva York la hicimos nosotros, Recuerdo que primero fue Dimensión Latina con Andy Montañez, Che Ché Mendoza, los Beduinos de Santo Domingo, Ismael Rivera, que lo conocí ese día en el Madison Square Garden, y así sucesivamente.
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Y allí ya su carrera estaba en otro nivel y usted se convirtió en un ícono de la salsa colombiana, pero además llega El Preso en 1975 y la saca del estadio
Pues fue pasando el tiempo y Wilson se fue convirtiendo en un icono, pero casi sin darse cuenta. ‘El preso’ es una canción de Álvaro Velázquez como compositor. Yo iba a los estudios de Fuentes, pero no me mantenía allí metido como sí lo hacía Joe. Una vez llego de jugar fútbol, porque por allí cerca había unas canchas, entonces me llamaron que tenía que ir urgente a los estudios porque me tenían algo.
Me fui en mi cicla, entonces al arreglista de esa canción, que ya murió, Luis Carlos Montoya, le decían ‘El violinista en el tejado’, me dijo que querían que cantara una canción que se llamaba ‘El preso’, yo no la conocía. Yo he sido muy rápido para digerir la música, la cojo, la armo, la desarmo todavía sigo con ese chip que mi cabeza. Me aprendí la canción y cuando estoy listo para cantarla pues meto el grito de ‘Oye, te llamo desde la prisión’.
Se quedaron callados y Mario Rincón, ‘Pachanga’, me dice eso está listo, no te preocupes. La verdad me fui pensando que la había cagado con ese grito y pensé que lo iban a quitar, pero a los días Mario me dice, ‘Wilson, vamos al centro que El preso está sonando súper fuerte’. Allá existían unos sitios pequeños donde ponían música y eso sonaba por todo lado. Pero la verdad nunca me imaginé que iba a ser tan exitosa.
En Perú les pasó una historia asombrosa, cuéntenos esa anécdota
En 1976 estábamos invitados a Lima, Perú, por un equipo de fútbol, el Alianza Lima, y hacemos ese concierto y esa canción está súper pegada. Jorge Valcallán, un locutor que había hecho todos los Transfer para que el grupo fuera allá, siempre entregaba unos premios al mejor cantante y me lo dieron a mí, a Wilson Saoko por su tema ‘El Preso’, pero la verdad hubo ciertas molestias porque me lo entregaron. Es que con ese tema han sucedido muchas cosas, imagínate que antes de grabarlo estuve detenido seis horas en la cárcel de Alpujarra de Medellín porque yo usaba mis aretes, el cabello afro alto y la pinta de hippie y un policía me la montó.
Quería que me despojara de todo y empezó a decirme cosas y yo no me quité nada y me llevaron para la cárcel como seis horas, pero sin ningún motivo. Otro policía me reconoció, habló conmigo, llamó a Fruko y pude salir de allí. Cuando las cosas tienen que suceder pasan y por eso esa canción se ha convertido en la canción más importante de la salsa colombiana.
Bueno maestro y quiero preguntarle por algo que a mí siempre me llamó la atención. Es que cómo es posible dos talentos de esa época de ese momento, como usted y el Joe digamos, no pudieron dar ese salto internacional cierto, porque yo sé que en algún momento la Ponceña buscó a Joe y por usted dicen que el Gran Combo se interesó
La gente dice cosas, pero la verdad es otra. Nosotros estamos en Cartagena en unas fiestas novembrinas, a esa fiesta llega la orquesta número uno de Puerto Rico de Tommy Olivencia, la primerísima. Olivencia llegó a mostrar ‘El preso’ y el ‘Negro Chombo’, de Fruko, que las había grabado a su manera, pero Fruko, apático, nunca le paró bolas. Yo tengo el disco firmado por Tommy Olivencia y el cantante de esa canción ya se murió fue Paquito Guzmán. La única persona
que pudo hablar con él fue Wilson Manyoma, pero ese cuento de que el Gran Combo o la Ponceña estuvieron cerca de nosotros, pues la verdad nunca lo supimos. Siempre escuché que llegó una propuesta, pero la disquera no permitía eso, porque nosotros éramos exclusivos de ellos.
Tal vez todo se debe a su amistad con Charlie Aponte de El Gram Combo
Yo tengo una fotos con Charlie Aponte, nos las tomamos en la caseta Panamericana. Esa noche fue bonita, recuerdo que hacía su aparición Jairo Varela con el Grupo Niche, pero Jairo estaba muy asarado. Niche arrancaba con un saxofón, trompeta y un trombón, pero esa noche ‘Yayita’, que era un trombonista, no apareció y tenía Jairo que salir a tocar esa noche. Jairo se me acerca y me pide a ver si hablamos con Alberto Barros para que le ayudara. Alberto no le gustaba mucho Niche, pero finalmente acepta, aunque a Fruko eso no le gustó. Y desde ese momento Alberto Barros queda encargado de la dirección de Grupo Niche y cambia totalmente al Grupo Niche y se quedó aquí. Le cambió su vida porque económicamente con Jairo siguió con muchas cosas.
Con quién le hubiera gustado grabar, es decir, una orquesta que usted diga hombre a mí esa orquesta me hubiera gustado porque se acoplaba a la manera como yo cantaba
No sé, la verdad es que es un poco difícil, tal vez con los Hermanos Lebrón por su tono, yo te voy a decir una cosa, Los Lebrón tiene una historia muy bonita aquí en Cali. A los Lebron los trajo un amigo de nosotros, ‘Chotoro’, los patrocinó, ellos le deben mucho a este amigo que ya murió.
A mí me gusta mucho la música de los Lebrón, para mí como caleño es muy importante, así como amamos la música de Ricardo con Bobby Cruz, muchas agrupaciones de Puerto Rico han hecho cosas muy bonitas por la música y nosotros los hemos seguido, pero Colombia ahora tiene una ventaja muy berraca porque hacemos música que tiene un nivel y eso se está demostrando. Tenemos que seguir haciendo cosas buenas porque eso es lo de nosotros los caleños, hacer música salsa que la gente vacile y goce, que sepan que hay que conservar eso que existe y que debemos proteger lo que se ha hecho.
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