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¡Qué Delirio!

Qué buen espectáculo es Deliro y qué buen nombre le han puesto. Una marca que ya vale más que el espacio y que las cosas. Una creación colectiva que le dio donde era, en el punto exacto, en la clave. No es menos.

¡Qué Delirio!
Especial para 90minutos.co

Qué buen espectáculo es Deliro y qué buen nombre le han puesto. Una marca que ya vale más que el espacio y que las cosas. Una creación colectiva que le dio donde era, en el punto exacto, en la clave. No es menos.

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Todo bajo esa gran carpa y concepto está pensado para impactar los sentidos: el color, que es un salpicón variopinto de sensaciones que invitan al deleite de un espacio que te lleva por un recorrido de paseo llamado de la Aurora, tal vez porque ningún color merezca tanta admiración como el de los despertares a lo novedoso, que suelen volverse cotidianos para los adelantados y negados para quienes duermen el sueño de los que no se atreven a innovar. ¡Clic! La luz, que acompaña el desfile colorido de personas que saludan y sonríen con la naturalidad de quien se alegra por la visita a casa, que suele ser el lugar favorito de todos cuando quien recibe la ofrece con afecto y quien la visita la hace propia con admiración. ¡Flash! El sabor, que se mueve palpitante en el gusto por los manjares típicos que erizan los pezones diminutos de la lengua, esa avanzada del cuerpo sobre el mundo. Traeme otra picada ve. ¡Ñam! Y las bebidas espirituosas, hijas de la caña y amantes del delirio noctámbulo. ¡Glu! El tacto, que recorre con la mirada y graba con las manos todo aquello que no se deja tocar: la respiración, el alma, los aromas, el espíritu… Y el sonido, la musicalidad de instrumentos y voces con las que la humanidad lo expresa todo y más ¡Titico!

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La Carpa Delirio Salsa+Circo+Orquesta es la sumatoria de todo lo que convierte una presentación en espectáculo, un espectáculo en experiencia y una experiencia en momento inolvidable. Un show de talla internacional que como el Moulin Rouge en París, los espectáculos de la calle Broadway en Nueva York, el Circo del Sol en Las Vegas, el Ballet ruso en el Teatro Bolsói de Moscú, el show de tango en La Esquina de Carlos Gardel en Buenos Aires, los conciertos en el Palacio de Bellas Artes en México, un recorrido en el Sambódromo da Marquês de Sapucaí en el Carnaval de Rio de Janeiro o una noche de ópera en Viena, marcan la vida y dejan una huella que trasciende la retina y viaja a través de todos los sentidos para quedarse en aquel lugar de la memoria que selecciona lo perdurable, lo perenne, lo que cantamos a dúo con Tito Rodríguez: lo Inolvidable. Toda la caleñidad en su esplendor, la velocidad de su baile, el color de su pedacito de trópico, el brillo de los trajes y las lentejuelas de un vestuario que forra la sensualidad para exacerbarla.

Aquí se desvanece la discusión de las industrias culturales como imposición mercantil y banalización de las prácticas culturales, porque si bien no es una manifestación espontánea sino diseñada, preparada, ensayada y puesta a consideración, Deliro no deja espacio para otra cosa que no sea sentir y transmitir la esencia de lo que nos conforma como caleños en el contexto colombiano, latinoamericano y mundial. Cualquiera de los integrantes, el cantante o el bailarín, la vendedora de chontaduros y mango biche, el trapecista y la chica de la cuerda, la impulsadora de licores, la modelo, el perro, el gato y el garabato, están en función de un espectáculo que lo llena todo y capta la atención desde todos los flancos; y que en esta ocasión le rindió homenaje a Jairo Varela y a su grupo Niche. Allí, en la tarima y la evocación sonora de los espectadores, estuvieron sus canciones más emblemáticas convertidas en himno; y entre el público, los integrantes convertidos en leyendas, genios y figuras de una agrupación emblema de la ciudad y de la salsa.

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Un imponente escenario central coronado por la orquesta que desde lo alto domina el ambiente -y que por momentos avanza hacia el público-, es el punto focal del espectáculo, que como una esfera monumental tiene puntos y centros por todas partes. De hecho, en varias ocasiones el público descubre que hay bailarines a su lado o detrás, que en el columpio danza una contorsionista o que un mesero hace contorsiones para atender la clientela sin obstaculizar o incomodar la visión de alguno de los asistentes. Y dos naves laterales, dos escenarios complementarios acompañados de un par de pantallas de alta resolución que integran el propósito de visión panorámica del show; y que sirven también de salida y entrada de los artistas y las diversas comparsas que desde la trasescena emergen tras bambalinas como de un túnel del tiempo y del espacio, porque no es sólo salsa, sino musicalidad colombiana plena. La sensación que subyace es de alguna manera tridimensional: todos los puntos cardinales y todos los puntos emocionales y de los sentidos.

El sonido es impecable. La claridad transmite y contagia. No hay saturación o reverberaciones propias de eventos que se realizan en lugares que no han sido dispuestos para ello. Acaso por el espacio, por la altura de la carpa, por la disposición de las mesas y la silletería, por el escenario, por alguna razón o por todas ellas juntas, no hay ecos o rebotes de los instrumentos o las voces. Hasta el zapateo de los bailarines se escucha, el tastaseo de sus pies rápidos y armoniosos que azotan la baldosa; sus gemidos entre guturales y de bonito cansancio, de precioso agite; su risa pegajosa y esa alegría que no sólo puede verse, sino sentirse, escucharse y hasta tocarse con el clap, clap incesante de los aplausos. Es una verdadera sinfonía de sonoridad que al unísono envicia y entre aplauso y aplauso arremolina para que todo el mundo cante y te cante, te encante. Cada tema de Niche -con la imagen ya icónica del maestro Varela al fondo; y el acompañamiento de sólo dos sobrios instrumentos: guitarra y violín-, era coreado por todos y cada uno de los concurrentes. Una estilización de la identidad que la caleñidad hizo propia y sin duda será perdurable.

Qué buen espectáculo es Deliro y qué buen nombre le han puesto. Una marca que ya vale más que el espacio y que las cosas. Una creación colectiva que le dio donde era, en el punto exacto, en la clave. No es menos. Delirio es el nombre preciso, un acróstico justo: es Derroche, Expresión, Locura, Inteligencia, Recorrido, Interpretación y Orgullo. Una maravillosa alteración de los sentidos. Una locura extraordinaria. Un estado de la mente que produce el cuerpo. Todo caleño -o persona que viva en Cali o en el Valle del Cauca- debería asistir el último viernes de cada mes a sentir como propio algo que en el mejor sentido de la palabra revuelca y hace palpitar las entrañas efectivas y emocionales de la ciudad para mostrárselas a Colombia y al mundo. Si alguna de las patologías del deliro emerge aquí bajo esa carpa monumental, es el de grandeza. Yo quiero volver y volveré a “salir del surco al labrar la tierra”. ¡Qué preciosa y precisa etimología la de Delirio!

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El discurso de “Aureliano”

La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia.

El discurso de “Aureliano”
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La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia.

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Todos los análisis de la obra literaria de Gabriel García Márquez coinciden en una especie de vértice que sostiene lo que en términos generales la crítica llamó Realismo Mágico: la hipérbole como figura retórica predominante. La exageración es la herramienta fundamental de la narrativa garciamarquina (fiel reflejo de la tradición oral del Caribe), que se sostiene además con una prosa cadenciosa y profunda que -en palabras del mismo autor-, tiene como objetivo primordial no permitir que el lector despierte de su sueño, del trance profundo en el que entra cuando se sumerge en su lectura. El mismo presidente Gustavo Petro aseguró que el suyo ante la ONU había sido “un discurso un poco garciamarquiano, que me gusta” y, en ese sentido, consecuente con la admiración que le profesa y que supuso su seudónimo de guerra cuando militó en el M-19.

La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia, aunque sus detractores hayan hecho estúpidas afirmaciones y vacíos análisis con no menos absurdas argumentaciones. Debe aclararse para comenzar que quienes han dicho que el discurso es simple Realismo Mágico, que este es el título y el tema de un libro de Franz Roh publicado en 1925 en Alemania, que trata sobre una variante del expresionismo pictórico a principios del siglo XX, desde luego, en Alemania. Y que otros autores, como Alejo Carpentier, incorporaron otra dimensión para describir la realidad que en Latinoamérica muchos coinciden en afirmar, supera la ficción y que el cubano magistral redefinió como lo Real Maravilloso.

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No pretende esta columna ser un escenario de retaliaciones a las críticas del mencionado discurso, pero un impoluto uribista purasangre twitteó: Hoy “Cantinflas” se disfrazó de “poeta de vereda” en Naciones Unidas. Deben estar muy arrepentidos de quienes votaron por semejante charlatán. Además de la bajeza insultante y la degradación clasista que subyace en el trino, le falta lectura a este prohombre exsuperintendente, pues el texto rinde homenaje a la intelectualidad poética y retórica; y en ese sentido el homenaje sería al gran Alfonso Reyes -a quien admiró el mismísimo Borges- y no a Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes. Pero la derecha no ha podido pasar la página y desconoce que el libro de Colombia está en la mano izquierda -como mandan los cánones de la buena lectura- y que la tarea de la diestra es simple: humedecer el dedo del corazón con babas para que avance la lectura.

Otro personaje, pseudoanalista económico con el apellido del que siempre tumbaba a Tontoniel y al servicio de la nueva corona española en Colombia -Grupo Prisa-, dijo que lo único que le faltó a Petro fue decir: Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No ha de saber este ex muchas cosas, que Caracol Radio ha de tenerla registrada para hacer algo creíbles sus disfrazadas opiniones, que de análisis muy poco, casi nada. Y muchos otros animales -políticos debe aclararse- vociferaron ante el discurso. Exvices, excandidatos, exalcaldes, postquemados y ardidos que no soportan la altura de estadista de un hombre que con errores y debilidades es con lo mínimo, más de lo que hemos tenido en el último cuarto de siglo. Lo cierto es que la coherencia intelectual y retórica de Gustavo Petro guerrillero, concejal, senador, candidato, presidente y orador ante la ONU, en esta coyuntura continental y mundial, es admirable y debería ser orgullo nacional. Aseguran los de siempre que no pasará nada y es probable, pero alguien debía recordarlo, porque ya se ha dicho y advertido. Fidel Castro, Pepe Mujica, Nayib Bukele y un etcétera breve. Y hacerlo con vehemencia, con dramatismo si se quiere, pero con valor y entereza.

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El mismo Petro, en entrevista con dos que parecen uno, Juan Roberto Vargas y Luis Eduardo Maldonado de Caracol, aseveró frente a la Asamblea 77 de la ONU que “estas reuniones son rutinarias, protocolarias, de lugares comunes, poco eficientes en mi opinión… es más como un rito”; y ubicar a Colombia en el plano internacional y como vocera de una discusión sotto voce que el sistema de poderes mundiales permite expresar, pero desconoce y minimiza a través de su complejo entramado mediático, es un triunfo para el país. No debe dudarse tampoco que Petro al decir “vengo de un continente”, recoge un liderazgo latinoamericano acéfalo en estos momentos y que toda la carga simbólica del discurso tiene como objetivo central impactar. Y ese cometido se cumplió. Otro ‘milenario’ personaje bogotano con el dedo índice romo, lo señala de absurdo y ridículo por la frase: “la solución a la migración es volver a que el agua llene los ríos”. O sea, el agua es vida. ¡Bolardo!

Un discurso de este tipo pocas veces se permite extensos contextos porque está diseñado para golpear emocionalmente, para sacudir y hacer sentir y pensar. Los detractores, por supuesto, se aprovechan de esta condición para acomodar el suyo a su generalizante y temeraria oposición, la mayoría de las veces, discordante. No desconoce Petro -por ejemplo- la importancia del petróleo en la historia de la humanidad. Eso es tan estúpido como desconocer que es finito, que se acabará y que hace rato el ser humano le tiene sus reemplazos, pero que le exprimirá hasta la última gota a la tierra (a costa de lo que sea y de quien sea) para que el negocio no se acabe antes. La fuerza que produce un galón de petróleo es similar a las de cien brazos humanos y el deterioro ambiental del mismo, más nefasto que todos los abrazos que en el mundo se dan los líderes de las potencias mundiales para reducir (jamás acuerdan erradicar) la pobreza, la emisión de gases, el efecto invernadero...

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De modo pues que el discurso de quien fuera el joven “Aureliano” en las filas de la subversión, vuelve a subvertir el orden establecido, ya no sólo en el ámbito político sino en lo social y moral porque la índole de su alocución tiene un arraigo humano de progresismo sincero; y con ello Petro es absolutamente consecuente. Y no hablo del hombre candidato y ahora presidente, hablo del ser humano cuya vida ha estado en consonancia desde lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Con este discurso, Petro generó una contradicción fundamental entre la belleza y la muerte, tradicionalmente opuestas, antagónicas e irreconciliables. Ese aparente contrasentido también lo llevó a los terrenos de la ironía cuando con exageración cuestiona a quienes no les cabe en la imaginación -no por elementales, sino por guardianes de intereses- su intención narrativa. Es decir, líderes de opinión en una sociedad con limitaciones incluso en aquello donde la libertad es infinita: la capacidad de imaginar.

El mundo es tan estrecho como limitada sea la visión del mismo. Este discurso puede ser -guardadas las proporciones- otra versión del que a mi juicio es el más hermoso, alegórico y demoledor de los textos de Gabriel García Márquez: El cataclismo de Damocles, una conferencia dictada en Ixtapa-México el 6 de agosto de 1986.Si no lo han leído búsquenlo, entre algunas líneas donde el Nobel propone la recuperación de sabios de las santabárbaras de muerte, para aprovechar sus inteligencias en la educación y justica, reza: “…lo único que puede salvarnos de la barbarie: una cultura de la paz”. Dirán los mismos estúpidos a carta cabal que es una sarta de estupideces, pero saben ellos que su estupidez es impuesta y eso es mucho más triste y humillante que si fuera genuina.

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Cali: un paraíso en decadencia

La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía.

Cali: un paraíso en decadencia
Foto: Especial para 90minutos.co

La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía.

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Uno de los comentarios más repetidos respecto a Cali hasta hace unos 20 años, es que era una ciudad cívica. Desde que comenzó su proceso de expansión se hablaba de que Cali, con sus problemas y dificultades, era una ciudad en crecimiento, atractiva, y con cultura ciudadana. Este proceso tuvo algunos puntos altos, especialmente en las décadas de los años 70 y de los 90, donde Cali fue ampliamente reconocida como la segunda ciudad más importante de Colombia. Con todas las adversidades que la ciudad enfrentaba, como por ejemplo la inseguridad en el periodo más oscuro, era una ciudad en crecimiento. Las calles se veían bien, los puentes eran estables, los edificios se encontraban conservados, y existía un ambiente de civismo. No en vano, existe una constante añoranza del “Cali viejo” por parte de su población.

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Los años han pasado, llegó el nuevo milenio y nos adentramos en este. La ciudad sigue siendo importante, pero hay una sensación de estancamiento. Dejó de ser la segunda ciudad de Colombia, y la sensación es que en un futuro próximo bajará al cuarto lugar. El civismo parece haber desaparecido, y el atractivo ha disminuido en gran manera. El crecimiento ha continuado, pero sumado a los puntos negativos, parece ser hacinamiento. Se observa innovación en ciertas obras, pero estas no se traducen en desarrollo real para Cali. La movilidad se dificulta cada vez más, y la percepción de inseguridad continúa aumentando de forma alarmante.

Haciendo un balance entre lo positivo y lo negativo, se valoran iniciativas que se vienen desarrollando desde la administración municipal como es el caso de los separadores viales, una intervención de 90.000 metros cuadrados que han permitido la recuperación de espacios que habían sido abandonados e impactados por basuras y desechos. A su vez se reconocen iniciativas empresariales como la de una cadena de farmacias que han contribuido satisfactoriamente a la reactivación económica y al embellecimiento de sus alrededores.

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Sin embargo, continúa esa sensación de estancamiento de la ciudad, efecto que muchos los relacionan a su imagen o a su estética. El orden físico de la ciudad muestra una radiografía de la misma. Al transitar por Cali se observan huecos en las vías, puentes en mal estado, basura y suciedad en lugares públicos, grafitis en fachadas de edificios y excesiva presencia de habitantes de calle etc. La imagen de la ciudad se encuentra por el piso, y es un sentir de los ciudadanos, los comentarios del día a día entre amigos, vecinos, el taxista, el empresario y el estudiante. De las quejas frecuentes se encuentra la dificultad para entender porque esta terrible situación aún no tiene solución y por el contrario, Cali retrocede cada vez más. Algunos tienen expresiones como de estar muy cerca de ser una ciudad cloaca.

Pensemos por un momento en la teoría de las ventanas rotas de Philip Zimbardo. La existencia de una ventana rota implica un cierto abandono del edificio o vehículo en cuestión, algo que disminuye la responsabilidad hacia lo que le ocurra. Es la percepción de lo que nos rodea lo que explica nuestro comportamiento hacia ello.

Algo a tener en cuenta por la institucionalidad a la hora de prevenir algunas conductas, además de optimizar los entornos de la ciudad, promoviendo una cultura ciudadana, el respeto y el sentido de pertenencia, que le permita a todos los moderadores de ella, reconocerse para crear vínculos de afecto por el lugar que habitan.

Teniendo en cuenta lo estético como un aspecto importante, se deriva de su mal estado, la falta de orden y autoridad que vive esta ciudad. Dicha situación nos lleva a percibir la ausencia de un liderazgo institucional que genere la confianza o motive a la ciudadanía a ser participes de iniciativas para el embellecimiento de los espacios públicos.

La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía. Cuando no hay orden, nada funciona.

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 Para eso hay que entender cuáles son las competencias de la autoridad local, sus responsabilidades legales y presupuestales que en su totalidad tienen la mayor carga u obligación, es decir, se le atribuye en gran parte el compromiso de articular los diferentes sectores, generar estrategias de participación ciudadana, reestablecer el orden y hacer un uso eficiente de los recursos públicos para el mantenimiento de Cali.

Cabe entonces preguntarse después de esto, si no nos preocupamos por lo más simple, que es el aseo y orden de la casa, ¿Cómo vamos a construir una piscina? Son contadas las obras que han contribuido con mitigar el problema del mal aspecto – físico-; pero que solución ha traído esto cuando el problema surge de los valores y de que tan arraigados nos sentimos a la ciudad. Creo que primero debemos recuperar la autoestima de los caleños, con orden y disciplina se crean compromisos, por tanto es de suma importancia forjar en los ciudadanos la confianza, el orgullo y la disposición para seguir trabajando por la restauración de esa Cali Cívica que todos esperamos.

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Iniciativas para una educación pertinente y de calidad

El proyecto de ley ‘Incentivos a la educación dual’ busca promover una política de formación en educación media a través del Sena y de las instituciones educativas, para que los estudiantes adquieran competencias y a la vez, laboren en sectores de la economía.

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El proyecto de ley ‘Incentivos a la educación dual’ busca promover una política de formación en educación media a través del Sena y de las instituciones educativas, para que los estudiantes adquieran competencias y a la vez, laboren en sectores de la economía.

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La educación es un factor fundamental para la transformación social y económica de una nación. Por eso en nuestro país es necesario promover políticas que apunten a mejorar su calidad y pertinencia. Esa es una de las deudas que existen, en especial con nuestros jóvenes quienes, al no tener una formación adecuada, tienen limitaciones para acceder a un buen empleo.

Según el Dane, entre abril y junio de este año, la tasa de desempleo para la población entre los 15 y 28 años se ubicó en 18,4%, superando en 7,4% el promedio nacional. En Colombia hay 11,4 millones de jóvenes en edad de trabajar, de los cuales 5,1 millones trabajan, mientras que 1,15 millones, desean conseguir un empleo. A esto se suman cerca de 2,8 millones de muchachos que no estudian ni laboran.

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Adicionalmente, la Defensoría del Pueblo reveló que 477.157 menores de edad se retiraron de sus colegios en 2021, un 43% más que en 2020, y que una de las causas de la deserción escolar es la falta de proyecto de vida en los jóvenes.

Estas cifras se traducen en la incertidumbre que he palpado en los rostros de muchos jóvenes con quienes he podido dialogar a lo largo de mis recorridos por el país, quienes se encuentran ante la dificultad de no tener la experiencia que las empresas les exigen para vincularlos o no contar con la formación idónea para ejercer el cargo que ofrece el mercado laboral.

Ante este panorama el Partido de la U presentó en el Congreso de la República el proyecto de ley ‘Incentivos a la educación dual’, que tiene entre sus objetivos promover una política de formación en educación media a través del Sena y de las instituciones educativas. De este modo, los estudiantes podrán adquirir competencias y a la vez, laborar en sectores que dinamizan la economía como el de la construcción, actividades inmobiliarias, comercio electrónico e información tecnológica. Para ello, se daría incentivos a los pequeños y medianos empresarios.

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Como estímulo al mercado laboral el proyecto de ley busca establecer un descuento del 70% al impuesto de renta sobre el salario que los empresarios paguen a los estudiantes dual, vinculados durante su formación. En caso de que haya vinculación laboral el beneficio se extenderá por 3 años más, manteniendo el beneficio del 70% en el primer año, 50% para el segundo y 30% en el tercer año. También propone que se otorguen puntos adicionales en licitaciones públicas para las empresas que tengan vinculados estudiantes en formación dual, así como exención del pago de compensación familiar de dichos estudiantes.

Adicionalmente a esta propuesta, nuestro partido también radicó ante la Cámara de Representantes un proyecto de acto legislativo para crear la Superintendencia de la Educación en Colombia, (SuperEdu), ante la necesidad de que el país cuente con una entidad autónoma e independiente del Gobierno que vigile y garantice la administración de los recursos para este sector en temas como la alimentación escolar, la infraestructura educativa, capacitación de los docentes, pero también, para vigilar que las entidades del sector cumplan con la calidad y pertinencia de los servicios educativos que ofrecen.

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Siempre he estado convencida de que la educación es una herramienta fundamental para cerrar las brechas sociales y económicas que tanto han afectado al país, por eso, a lo largo de mi trayectoria he tenido entre mis banderas promover su calidad y pertinencias.

Durante mi labor como Gobernadora del Valle del Cauca, gracias a un liderazgo colectivo, logramos que el departamento pasara del puesto 67 al 18 en calidad educativa a nivel nacional. Una labor que ha continuado la actual Gobernación, al lograr que la educación del departamento avance al puesto 16 en esta medición.

Ahora, a través del proyecto de ley ‘Incentivos para la educación’ y del acto legislativo para crear la SuperEdu, desde el Partido de la U continuamos proponiendo soluciones a las problemáticas de la gente. Son iniciativas surgidas del diálogo constante que mantenemos con quienes habitan las regiones del país y que buscan generar las transformaciones que el país necesita para tener más equidad, mejor calidad de vida y bienestar social.

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