Columnas

Fútbol y mafia

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Fútbol y mafia
Especial para 90minutos.co

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Compartir

El vergonzoso ascenso del Unión Magdalena a la primera división del fútbol colombiano es simplemente el iceberg de la corrupción que carcome a este deporte. La forma como los jugadores de Llaneros dejaron pasar a sus rivales sin ninguna contención se convirtió en noticia mundial lo que dejó tan mal parada a la dirigencia que tuvieron que iniciar una investigación.

La verdad nada es nuevo. Hace tan solo unos años, en el 2004, Real Cartagena le hizo cuatro goles en cinco minutos al Valledupar, lo que sacó de carrera al Cúcuta que hasta ese momento clasificaba a la final por diferencia de goles. En el 2012 el delantero Julián Lalinde convirtió un gol que hubiera regresado al América de nuevo a la primera división y sin embargo fue anulado de manera absurda. Luego fue el propio Cúcuta Deportivo el que estuvo involucrado en una polémica luego de que un gol que le dio el ascenso a la Categoría A fuera convertido por el paraguayo Lázaga con la mano. Una infracción que todos vieron, menos el árbitro del encuentro.

Le puede interesar: La desconexión de Duque

Y si nos vamos más atrás, en  la década de los ochenta, pues el dinero del narcotráfico bullía a borbotones. Más de la mitad de los clubes tenían dinero de procedencia del narcotráfico y los torneos de fútbol se volvieron contiendas en los que los carteles se medían y apostaban grandes cantidades de dinero. Incluso, en 1989 el torneo fue suspendido luego de que el árbitro Álvaro Ortega fuera asesinado después de un partido entre Medellín y América. También en esos años ochenta el Deportivo Cali fue una víctima de bochornosos episodios. Una noche el goleador de Millonarios, Juan Gilberto Funes, convirtió un escandaloso gol con la mano que todo el estadio vio, menos el juez central y el asistente de línea. Al año siguiente, de manera muy extraña su arquero ‘El gato’ Fernández, muy seguro durante muchas fechas, en Manizales regaló dos goles que al final fueron claves para que América fuera campeón.

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Es tan mafiosa y corrupta la dirigencia que maneja este deporte que recientemente El Espectador reveló cómo la Superintendencia de Industria y Comercio detectó que 16 clubes afiliados a la Dimayor acordaron censurar a un grupo de jugadores para obligarlos a quedarse en sus equipos y obtener réditos económicos por sus pases, una práctica que también fue denunciada en México.

Artículo relacionado

De esa manera lo que hacían estos equipos era bloquear al jugador y ponerse de acuerdo para no contratarlo, con el propósito de que volviera a negociar con su equipo de origen por menos pretensiones económicas que el jugador exigía, una verdadera mafia. Conozco de casos de técnicos profesionales que pedían un dinero para darle unos minutos a un jugador o para subirlos de categoría; también supe de cómo bloquearon a un grupo de mujeres futbolistas que jugaron un tiempo en América  y cuando intentaron llegar al Deportivo Cali les mandaron a decir que quedaba bloqueada cualquier posibilidad de continuar sus carreras porque simplemente habían tenido participación en el equipo escarlata. ¿No es esa una actitud censurable, por decir lo menos?

O qué tal las historias de técnicos o exjugadores consagrados que exigían un dinero para recomendar jóvenes prospectos o solo para verlos diez minutos, aprovechándose de las esperanzas de sus padres. Más allá están esos directivos que compran pases de jugadores y los convierten en los esclavos de la modernidad. Son dueños de su vida y de su futuro, algo infame.

Pero como la corruptela es a todo nivel desde que el narcotráfico y el paramilitarismo invadieron el fútbol, todas esas prácticas llegaron hasta la propia Federación del Fútbol Colombiano donde el presidente Luis Bedoya está preso por haberse apoderado de millones de dólares junto con otros delincuentes dirigentes del continente. Todo esto amparado en el silencio de autoridades cómplices y periodistas que también voltearon la mirada hacia otro lado. Las bacanales y regalos con que los hermanos Rodríguez, del Cartel de Cali, agasajaban a periodistas de todo el país en el Hotel Inter, aún hoy son recordadas por los comunicadores más veteranos.

Artículo relacionado

Al final también es cierto como alguna vez se lo escuché al profesor Maturana, ‘se juega como se vive’ y el fútbol es una expresión más de un país descompuesto, enfermo, donde desde sus más altas esferas se regodean con platas de la droga, donde se pierden millones de pesos que debían ser destinados para la educación de los niños, donde se cierran hospitales porque sencillamente se los roban. Y es que de acuerdo con una investigación de la organización Transparencia por Colombia, entre el 2016 y el 2020 se robaron $13,67 billones. Entonces al final el fútbol es otra expresión de un país que vive en el borde de la cornisa.

Recientemente la Dimayor decidió que el fútbol lo patrocinara una casa de apuestas, qué esperaban entonces. Es mucho dinero el que se está moviendo y un país con la tradición de violencia, mafia y corrupción pues nada raro era que pasara lo sucedido entre Unión y Llaneros. La verdad es una sola y es que hoy el fútbol es el gran negocio oscuro, que mueve y lava miles de millones de pesos, lleno de mafias y corruptelas donde nadie se atreve a decir nada porque como se dice en el argot futbolero: ‘todos comen de allí’.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

Columnas

Huertas comunitarias 2.0

La meta final es fortalecer la agricultura urbana orgánica en la ciudad, estableciendo acciones en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como hambre cero, producción y consumo responsable y acción por el clima.

Huertas comunitarias 2.0
Especial para 90minutos.co

La meta final es fortalecer la agricultura urbana orgánica en la ciudad, estableciendo acciones en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como hambre cero, producción y consumo responsable y acción por el clima.

Compartir

El cambio climático es un hecho, y  tenemos que encontrar la manera de enfrentar problemas venideros, como la crisis alimentaria. Esto es un gran reto que exige estrategias de inmediato, para el corto, mediano y largo plazo, y Cali puede liderar la región para enfrentar estas dinámicas tan complejas. En toda la ciudad, tanto en la parte urbana como rural, aparecen huertas comunitarias, que debemos fortalecer con herramientas diferentes y novedosas, que generen un mejor rendimiento.

Le puede interesar: ¡La solución para las inundaciones en Cali!

En primer lugar, debemos crear una Secretaría de Agricultura que respalde lo existente y posibilite la creación de más huertas, y que lleve prácticas como la hidroponía a la mayoría de los ciudadanos. En segundo lugar tenemos que considerar la modificación genética en algunos cultivos, para proteger los cultivos y para que haya una mayor productividad.

Esto se puede hacer a través de nanotecnología, es decir, organismos microscópicos que cumplen distintos propósitos en semillas alteradas genéticamente. Estos avances ya se están utilizando con seguridad para hacer envases biodegradables, para mejorar la vida útil de los alimentos y para prevenir el riesgo de intoxicación.

Artículo relacionado

Por otro lado, los nanosensores pueden aumentar el rendimiento de los cultivos, y reducir el esfuerzo requerido para obtener una buena cosecha. Israel es el mayor ejemplo del uso de esta tecnología. Ellos llevan décadas administrando el agua para sus cultivos de esta manera, creando y automatizando las condiciones óptimas requeridas para cada cultivo; usando big data (con la medición de información en tiempo real) y fuentes alternativas de energía (como paneles solares).

Cali puede hacer que sus huertas comunitarias estén a la vanguardia y preparadas para los escenarios más complicados; aunque el sector público no esté tan evolucionado en estos temas agrícolas. Sin embargo, la empresa privada y la academia han logrado progreso en este campo. Un ejemplo es el programa de investigación Optimización Multiescala In-silico de Cultivos Agrícolas Sostenibles (ÓMICAS) que busca, a través de siete proyectos, desarrollar e implementar estrategias científico-tecnológicas para mejorar variedades agrícolas y aportar a la seguridad alimentaria. Ómicas suma esfuerzos de 16 instituciones, siendo la Universidad Javeriana de Cali la entidad ancla.

La meta final es fortalecer la agricultura urbana orgánica en la ciudad, estableciendo acciones en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como hambre cero; producción y consumo responsable y acción por el clima. Cali debe convertirse en una ciudad líder con estas huertas comunitarias 2.0 y con la agricultura urbana, para asegurar su futuro.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

Columnas

¡A la mierda!

En esos tiempos sólo podían ir al teatro las personas de las clases más pudientes, que acudían al mismo en coche de caballos.

¡A la mierda!
Especial para 90minutos.co

En esos tiempos sólo podían ir al teatro las personas de las clases más pudientes, que acudían al mismo en coche de caballos.

Compartir

Sucedió en la portería de la universidad donde trabajo. Le decía un estudiante -vamos a llamarlo así porque su carné obliga- a su imberbe compinche en el pasillo que lleva al parqueadero: “Yo siempre asisto a las primeras clases para ver si uno puede dejar de ir a esa mierda y no pasa un culo”. Así se refería este rufián en potencia ¿o en formación? a las clases que seguramente pagarán sus padres, vaya a saber uno si con esfuerzo o por una simple especie de rutina social: pagarle a su vástago una carrera para que se haga profesional. No se puede juzgar la condición del estudiantado o de la juventud entera por el comentario de uno, es cierto; como tampoco la situación humanística de este pillín sin pensar qué tipo de educación o ejemplo ha recibido en el hogar, la familia y su casa. Y la salvedad es precisa, pues se puede tener casa, pero no hogar y vivir en grupo sin tener familia. Me llamó la atención que no había transcurrido una hora desde el inicio de la jornada e iban rumbo a la salida. Supuse que la clase de donde emigraron efectivamente les había parecido una mierda.

Le puede interesar: Un día con Darío

Con los valores trastocados de nuestra sociedad -es un error decir que se han perdido, lo que están es vueltos mierda- la macondiana sentencia de este perezoso obliga alguna reflexión. La primera y más obvia recala en la palabra mierda, que tiene tantas acepciones como marrones hay en el excremento. Su polisémica funcionalidad le permite ser interjección o sustantivo y tener tantos significados que nos volveríamos locos tratando de explicarlos todos. Y del consecuente culo, ni se diga. De modo que será cuestión de inferir qué quiso decir este pequeño bribón con los dos términos y la frase. Lo primero, sería la contrariedad expresada con las metáforas en la que mierda es igual a clase y culo sinónimo de poca jerarquía. Si no le gusta estudiar, resulta lógico que no le guste ninguna clase, o las considere sin importancia y de allí su desprecio. Lo otro sería que quien escribe le esté poniendo mucha tiza a un par de expresiones de uso coloquial en la jerga de la mayoría.

Pero como también somos lo que hablamos, considero por lo menos sensato especular al respecto y compartir algunas ideas. Como rezan los cánones de la calle, del bajo mundo, del hampa y de las altas esferas de los negocios, el mozalbete está midiéndole el aceite a la clase, que no es otra cosa que medírselo al profesor. Quién lo creyera –porque es un gran contrasentido-, le está haciendo inteligencia. Estudia su comportamiento, su nivel de rigurosidad, sus procesos pedagógicos, sus contenidos teóricos, su manejo conceptual, su sistema de evaluación y sus criterios; entonces el bellaco evalúa sus probabilidades de holgazanería académica y ausencia física e intelectual sin detrimento de la nota, que es en últimas su botín. No el conocimiento, que le parece una absurda entelequia, algo innecesario en el mundo de los vivos, de los avispados, de los que siempre toman atajos para conseguir sus objetivos y se saltan y asaltan las normas, las leyes y la buena fe. Y lo caña, lo prueba retirándose.

Artículo relacionado

La cacareada virtualidad dejó unos vicios que tomará un tiempo reconocerlos, ponerlos en evidencia y erradicarlos; o darles manejo, como sugieren los que ven la educación como un negocio donde el cliente siempre tienen la razón. Uno de ellos, la rígida flexibilidad, entendida como la posibilidad de hacer en la clase y con la clase lo que se les dé la gana. Aplica para alumnos y profesores, por supuesto. Ya no media una pantalla donde el ausentismo era latente aún bajo el eufemismo de la ‘presencialidad virtual’; ahora de nuevo la relación con el otro genera unas dinámicas insuperables que se han resignificado con la crisis, provocada o no. Si todo sigue igual o peor, no sirvió para repensar el ser y estar en este mundo. El aula no es un simple salón de clases, no debe asumirse así. Es un espacio de enseñanza y aprendizaje, de relaciones que se mueven entre lo cultural, lo afectivo, lo político y hasta lo económico; de encuentros y a veces desencuentros que deben trabajarse para aportar en las competencias en procura de una proyección verdaderamente profesional con sentido social.

Un profesor no es un recreacionista que deba entretener a unos jovencitos que papito y mamita malcriaron porque les inculcaron poco o nada de compromiso, disciplina, orden, honestidad, trabajo, lealtad, esfuerzo, perseverancia u otros valores. Un docente debe ser un guía que oriente y acompañe un proceso donde cada persona descubra lo quiere ser y cómo quiere serlo. Qué le gusta y cómo aportará ese gusto a su progreso, a su desarrollo en diversos ámbitos, sobre todo el personal; y a la construcción de nación y de mundo. Despertar ese poder que cada ser humano tiene de cambiar la realidad que le ha correspondido vivir y hacerlo consciente de que es un sujeto social e histórico, que será único e irrepetible si y sólo si logra ser consecuente entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Eres lo que hagas, así de simple. Salirse de clase hace parte del libre albedrío y si los argumentos son válidos y expresados, es probable que sea el actuar necesario para cambiar la historia de esa clase. Pero cualquier otra actitud es una insolente vagabundería.

Viene a mi memoria con esta coprológica anécdota una práctica cultural de los artistas franceses surgida en la París de la Edad Media, que era literalmente una mierda. En esos tiempos sólo podían ir al teatro las personas de las clases más pudientes, que acudían al mismo en coche de caballos. Entonces, si en la puerta del teatro había gran cantidad de mierda, significaba un lleno total, lo que podía suponer mucho éxito. De ahí que todavía muchos artistas se deseen suerte repitiendo la palabra mierda. Hoy en Colombia pagar una universidad privada es un privilegio. Ya no se ven montones de mierda, de caballo claro.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

Columnas

Cuatro años de desconexión

Probablemente su gobierno tendrá un juicio justo de la Historia, aunque sin duda sus metidas de pata y su carácter altivo y prepotente dejarán una impronta de un presidente que no logró entender el reto que enfrentaba

Cuatro años de desconexión
Especial para 90minutos.co

Probablemente su gobierno tendrá un juicio justo de la Historia, aunque sin duda sus metidas de pata y su carácter altivo y prepotente dejarán una impronta de un presidente que no logró entender el reto que enfrentaba

Compartir

Iván Duque pasará a la historia. Lo que no sabemos es exactamente cómo, fundamentalmente porque no logró definir la narrativa de su gobierno ni sabemos con precisión qué tenía en mente cuando decidió que quería ser presidente. Para ponernos en contexto, Uribe impuso como bandera la seguridad democrática y Santos la búsqueda de la paz, ejes que definieron su discurso, sus políticas y sus intenciones. En el caso de Duque, vimos que intentó posicionar la economía naranja, sin que pasara de ser un nombre rimbombante sin mayor contenido. Habló de paz con legalidad, pero el recrudecimiento de la violencia en zonas del país no deja ver que la paz y la estabilización territorial fuese su gran objetivo y legado. En últimas, el saliente es un presidente sin identidad.

Le puede interesar: La danza de los millones

El de Iván Duque será un gobierno difícil de ponderar. Estará marcado por el fracaso de la política de seguridad, que nos dejó escenas como un paro armado que paralizó a toda la Costa Caribe; el manejo de la protesta social, que nos dejó ingratos recuerdos como los desmanes del 21 de noviembre de 2019 o las trágicas escenas del Paro Nacional de 2021, donde se cometieron toda clase de excesos y dejó un balance de muertos inaceptable y, por supuesto, nos queda un presidente desconectado de la realidad, vanidoso y arrogante, que desafió al país con nombramientos cuestionables y permitió que ocurrieran vergüenzas como el escándalo de Centros Poblados y de los recursos de los PDET.

Duque no entendió al país. O no lo quiso entender. Mientras el Clan del Golfo paralizaba a media Colombia, prefirió ir a la posesión del presidente de Costa Rica; decidió nunca hacer una alocución radial televisada para así hacerle el quite al estatuto de oposición que faculta a los partidos opositores a replicar el discurso presidencial usando los mismos medios que el jefe de Estado, lo que dejó claro su desdén hacia los partidos alternativos. Esa ausencia de voluntad de diálogo marcó un cuatrienio sin causas comunes ni intentos de acuerdo.

Artículo relacionado

Por supuesto, no todo lo de Duque es negativo. Su manejo de la pandemia fue sobresaliente y el plan de vacunación es un caso de éxito. También es importante la gestión en materia de infraestructura, acelerando la entrega de más de 10 proyectos de vías 4G y dejar avanzando obras como el Metro de Bogotá y la Malla Vial del Valle del Cauca, aunque quedó la deuda de la vía Mulaló- Loboguerrero y de dejar más en firme el tren de cercanías de Cali, una promesa de su campaña.

Probablemente su gobierno tendrá un juicio justo de la Historia, aunque sin duda sus metidas de pata y su carácter altivo y prepotente dejarán una impronta de un presidente que no logró entender el reto que enfrentaba y que sucumbió a las vanidades palaciegas de Bogotá. El suyo fue un gobierno centralista, que acentuó las divisiones sociales y que no supo comunicar a los colombianos una narrativa y su aspiración para el cuatrienio. Quizás porque nunca la tuvo clara y así se le fueron sus cuatro años.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales: