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El resultado del cambio

A diferencia de otros partidos, tengo el orgullo de decir que nuestras listas al Congreso se conformaron de manera armónica, alejados de las pujas, conflictos y componendas políticas.

El resultado del cambio
Especial para 90minutos.co

A diferencia de otros partidos, tengo el orgullo de decir que nuestras listas al Congreso se conformaron de manera armónica, alejados de las pujas, conflictos y componendas políticas.

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Desde que asumí la dirección del Partido de la Unión por la Gente iniciamos desde su interior un proceso de transformación que nos permitió unirnos y fortalecernos como colectividad. Fue así que después de revisar nuestros estatutos nos convertimos en un partido de Centro y abrimos espacios participativos a las diversas expresiones que conforman nuestro país.

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Para ello recorrimos las regiones colombianas, las veredas, los corregimientos, los barrios y las localidades, abriendo un diálogo franco y directo con todas las comunidades, en especial las más olvidadas, para conectarnos con ellas, escuchar y conocer sus principales necesidades, sueños y anhelos, y construir en conjunto soluciones reales a sus problemas reales.

En esa transformación de nuestra colectividad, creamos iniciativas como el programa ‘Líderes para confiar’, a través del cual abrimos un espacio para reunir un grupo de personas con capacidad y experiencia de liderazgo, vocación de servicio, reconocimiento en su comunidad y con poder de convocatoria, para que puedan aspirar a ser candidatos a las listas al Senado en las próximas elecciones de marzo 2022, mediante el aval de nuestro Partido.

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Fue un importante ejercicio de democratización del partido, que ha dejado al descubierto una gran cantidad de talentos con historias de vida y experiencias interesantes en el servicio y liderazgo comunitario. Son líderes que están dispersos en las regiones, que han venido trabajando sin mucho apoyo institucional por el bienestar de sus comunidades y que ahora entraron a renovar nuestra colectividad.

Y ese proceso de renovación y cambio se puede palpar en la conformación de las listas que como colectividad estamos presentando para las próximas elecciones al Congreso, en marzo. De ella hacen parte un selecto grupo de mujeres, emprendedores, jóvenes, personas en situación de discapacidad, artistas, gestores de paz, ambientalistas, deportistas, educadores, víctimas y grupos étnicos quienes, junto a los líderes de nuestra colectividad en las regiones, quieren llevar a las instancias legislativas propuestas que contribuyan a generar los cambios, sociales, económicos y ambientales que el país necesita.

A diferencia de otros partidos, tengo el orgullo de decir que nuestras listas se conformaron de manera armónica, alejados de las pujas, conflictos y componendas políticas, y se estructuraron como producto de un partido sólido y unido que sólo tiene el interés firme de aportar al bienestar del país.

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Fue así que en el primer renglón de nuestras listas al Senado postulamos a Caterine Ibargüen, atleta colombiana, medallista olímpica, una mujer que no hace parte de las castas políticas del país. Por el contrario, ella es la representación viva del empuje y perseverancia de nuestra gente, Una mujer afro que reúne todas las cualidades de una lideresa, que está convencida del poder del deporte como herramienta de transformación social y que está conectada con las realidades que viven las comunidades más vulnerables.

Estas listas al Congreso representan el resultado del cambio y transformación de nuestro partido, que comprendió que hay que escuchar para cambiar y que el país se construye desde las regiones. Por eso, los invito para que las apoyen con su voto. Cada uno de nuestros candidatos tiene el entusiasmo y la decisión de trabajar para eliminar las grandes brechas sociales y económicas que aquejan al país. Este no es tiempo de extremos, sino de hacer un gran acuerdo en beneficio de los más olvidados. Estoy convencida de que sólo trabajando unidos, podremos tener ese país, justo, incluyente y en paz, que tanto soñamos.

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Más oportunidades para que la mujer construya país

El proyecto de ley ‘Más mujeres en infraestructura’, tiene el propósito de reducir las desigualdades que hay en el campo de la infraestructura y construcción en Colombia, a través de una mayor participación de la fuerza laboral femenina.

Más oportunidades para que la mujer construya país
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El proyecto de ley ‘Más mujeres en infraestructura’, tiene el propósito de reducir las desigualdades que hay en el campo de la infraestructura y construcción en Colombia, a través de una mayor participación de la fuerza laboral femenina.

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Si bien es cierto que cada vez las mujeres estamos conquistando nuevos espacios laborales en el mundo, también es claro que todavía queda mucho camino por recorrer. Existen algunas actividades profesionales que todavía parecen ser de acceso exclusivo para los hombres. Tal es el caso del sector de la infraestructura. Según un informe del BID, en América Latina y el Caribe, las mujeres que laboran en el área de la construcción no llegan ni al 15%.

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Frente a esta realidad, creo que las mujeres tenemos grandes retos y oportunidades. Nosotras tenemos la misma capacidad que los hombres para hacer uso de cualquier tipo de maquinaria que se utilice en el área de la infraestructura, al igual que de las diversas herramientas tecnológicas que requiere, pero se necesita apoyo y decisión política para reducir esta brecha.

Pensando en esta necesidad el Partido de la U, a través de su bancada, presentó en el Congreso el proyecto de ley ‘Más mujeres en infraestructura’, con el propósito de reducir las desigualdades que hay en el campo de la infraestructura y construcción en Colombia, a través de una mayor participación de la fuerza laboral femenina.

Entre las acciones que contiene el proyecto de ley se encuentra la creación de la estrategia denominada ‘Más mujeres construyendo’, con el fin de alcanzar una participación mínima del 30% de mujeres en la realización de cualquier obra de infraestructura civil que se lleve a cabo en el país, tanto en el sector público como privado.

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Para implementar la estrategia, los Ministerios de Transporte y Vivienda, deberán articular un comité con todas las entidades del orden nacional y descentralizado de la infraestructura y la construcción, que tendrá como tarea desarrollar la política de reducción y eliminación de las brechas de género en el marco de estas actividades. También, representantes de la Academia y del campo productivo harán parte de este organismo.

Un aspecto clave del proyecto de ley es su propuesta para que a través del Ministerio de Educación se generen incentivos para que más mujeres se formen en carreras Stem, es decir, en los ámbitos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, enfocadas en infraestructura civil y construcción. Igualmente, busca fomentar la educación terciaria y la formación para el trabajo con enfoque de género en las actividades económicas priorizadas por esta ley.

La norma también promueve la creación de una base de datos que recopile la información de mujeres profesionales, especialistas, tecnólogas, técnicas, y con otro tipo de formación para el trabajo, que se hayan formado en carreras Stem, enfocadas en los sectores mencionados.

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La iniciativa permitirá aumentar la contratación femenina, la generación de políticas empresariales de equidad de género y la creación de entornos laborales propicios para ejecutarlas. Para tal fin, se les brindará a los empresarios acceso a la base de datos con que se cuente para facilitar la búsqueda de los perfiles por ellos requeridos.

A lo largo de mi experiencia en el sector público he comprobado que es con decisión política como podremos reducir la brecha laboral que aún afectan a las mujeres en nuestro país. Como gobernadora del Valle del Cauca, con un liderazgo colectivo, logré generar experiencias exitosas que contemplaron la capacitación, asesoría y acceso a capital semilla a través de convocatorias, que brindó a muchas mujeres de las comunas y sectores rurales del departamento la oportunidad de hacer emprendimiento, lo cual ha sido una poderosa herramienta para garantizarles el goce pleno de sus derechos.

Un ejemplo de ello, es lo logrado con la Fundación Singer, en la ciudad de Buenaventura, a cuyas integrantes, desde la Gobernación del Valle, apoyamos con equipos y formación para constituir una microempresa, y actualmente se encuentran confeccionando ropa para grandes marcas nacionales.

Ahora, con el proyecto de Ley ‘Más mujeres en infraestructura’, en el partido de la U le apostamos no solo a eliminar los estereotipos de género que existen alrededor de la participación femenina en ámbitos económicos que tradicionalmente son dominados por los hombres, sino que empoderamos a más mujeres para que encuentren más espacios laborales y se conviertan en protagonistas del desarrollo del país.

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Toribío Hilfiger

Los niños y jóvenes son manada en Toribío. Sólo en el Cecidic (Centro de Educación Capacitación e Investigación para el Desarrollo Integral de la Comunidad) estudian 700 y 600 han obtenido un título universitario.

Toribío Hilfiger
Especial para 90minutos.co

Los niños y jóvenes son manada en Toribío. Sólo en el Cecidic (Centro de Educación Capacitación e Investigación para el Desarrollo Integral de la Comunidad) estudian 700 y 600 han obtenido un título universitario.

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Después del puente Guillermo León Valencia que divide al Valle y al Cauca, la zozobra comienza a respirarse y todas las miradas exhalan desconfianza. A los lados del viaducto que rinde homenaje al nefasto poeta y no menos funesto presidente de Colombia -abuelo de la equiparable Paloma Valencia-; ya no venden pescado y lo que hay son barricadas del Ejército construidas con bolsas llenas de arena, lo único que ahora se saca del río. Bueno, eventualmente, muertos. Y algún bocachico, diminuto, solitario y ahogado. Antes del peaje se cruza a la izquierda y el asfalto de la Panamericana se pierde para convertirse en una trocha que parece cualquier calle ucraniana después de un bombardeo.

La vía que conduce a Guachané y Caloto (también a Villa Rica, a la que le dicen dos mentiras) es una vergüenza. A pesar de ser una zona plana –por ello, dicen los ‘expertos’- su deterioro se incrementa con el invierno. Lo cierto es que entre frondosos cañaduzales los cráteres, la desolación y el abandono se llenan de lodo y transitarla es serpentear entre la opulencia y la indigencia. La mixtura entre la tierra y el agua salpica la vida de un territorio que es prueba de la profunda, estrecha e histórica brecha social. En la vereda El Sauce una solitaria cancha es el espacio de las ilusiones. Por aquí sólo es posible labrarse un buen futuro a las patadas: con el fútbol. Como Yerry Mina o Dávinson Sánchez. O a las brazadas: cortando caña. O como jornalero de algún galpón o una porqueriza.

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Aunque lejos están los tiempos de la gran Hacienda, en Caloto los vestigios de la “muy noble y leal” se palpan por doquier. En su arquitectura, en sus casas coloniales y su iglesia consagrada a la Niña María, en el blanco impoluto de esa Popayán de la que se abrió en 1809 tras el grito de Independencia de Quito, declarándose ciudad confederada junto a Cali, Buga, Cartago, Anserma y Toro. Como en la última estrofa de la canción ecuatoriana Dolencias, la tierra se desmorona y el calicanto falsea. Hace más de 30 años hay que ingresar al centro del poblado para seguir hacia Toribío, pues el histórico puente sobre el río Grande está cerrado y se sostiene apuntalado con guaduas. Se derrumba así otra joya del patrimonio arquitectónico ante la desidia administrativa.

Un hombre negro con ínfulas de blanco republicano, sentado en un costado del parque que como los mil y pico de municipios de Colombia tiene el letrero ‘Yo amo a…’, nos advierte que Toribío es un hueco, una olla. Ascenderemos hasta los 1.700 metros. Caloto está a 1.100. Apenas salimos del casco urbano de la otrora Nueva Segovia de San Esteban de Caloto, cuando nos sorprende La Emperatriz. Hasta hace poco una gran Hacienda del siglo XIX. Hoy está convertida en una pequeña base militar, una sede de batallón. Es un objetivo de recuperación del territorio ancestral de los indígenas, que pretenden anexar al resguardo de López Adentro, en un principio de 1.730 hectáreas, 7.186 metros cuadrados, sus fértiles tierras usurpadas.

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Como dice Darío Fajardo, nuevo viceministro de desarrollo rural, “para sembrar la paz, hay que aflojar la tierra”, y por eso resulta tan complejo para la mayoría entender el fenómeno, si uno de los argumentos del Pueblo Nasa es que 12.000 años antes de Cristo esta era su tierra, su Pachamama. Derecho de prexistencia. Hoy esta comunidad habita 1.300 km cuadrados y más del 80% son improductivos. Irónicamente hace 30 años exigían tierra para la gente y ahora ellos mismos claman gente para tierra. Los frutos de las luchas de Juan Tama de la Estrella y Manuel Quintín Lame, no sólo se recogen, sino que todavía se siembran, ya no en terrenos tan fértiles. La tecnología, los medios, el desarrollo, cada uno o todos juntos, han erosionado de a poco a sus nuevas generaciones.

El ascenso a Toribío comienza en El Palo, lugar donde Bolívar derrotó a los españoles el 5 de julio de 1815, con la ayuda de los indígenas. Les pagó con tierra. Un siglo después el gobierno los declara “terrenos baldíos” y arranca un proceso violento de recolonización a cargo de exconvictos. La vía está en buen estado, aunque con pasos estrechos por pérdida de bancada. Estratégicamente en los puntos donde se reduce la velocidad hay publicidad de las Farc-Ep. “Camarada Yonier, con tu ejemplo venceremos”. “Columna móvil Dagoberto Ramos presente”. “58 años de lucha. Seguiremos defendiendo el territorio y sus comunidades”. “Todo carro con los vidrios polarizados llevarlos abajo. Gracias”. No hay una sola señal de tránsito limpia. Dos retenes de la Guardia Indígena -que ahora se llaman Puntos de armonización- y cuatro estaciones de servicio.

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La temperatura desciende y en el ambiente se respira el aroma de la marihuana, apagada claro. El olor impregnó estas “montañas de la tierra adentro” como las llamaron los españoles, porque todos alumbran sus cultivos para subir los niveles de su componente activo: el tetrahidrocannabinol. Sembradíos y bultos a la vera del camino. Ya no hay casuchas miserables de bahareque. Ahora todas son en ladrillo y baldosa, con estructuras metálicas y techos de zinc. Automóviles sencillos y también camionetas de alta gama en sus parqueaderos. Las motos son enjambres que zumban en todos los sentidos y también el comercio.

El pueblo es apacible y no cuesta creer que haya sido tomado y hostigado tantas veces. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas. Las ruinas alrededor de la Estación de Policía –el edificio más grande de Toribío- son testimonio silente. Allí sólo se escucha el cacareo de 40 gallinas ponedoras en un improvisado galpón entre los escombros. Son coloradas, con el pescuezo pelado y, como todas las gallinas, cobardes. Casi en secreto de confesión, una señora me dice que son de la Policía. Y con la malicia indígena resultado de tantos siglos de ultraje, sentencia: “Se necesitan muchos huevos para ser policía en Toribío”. Hay zozobra es cierto, pero también una exagerada percepción mediática del peligro.         

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Los niños y jóvenes son manada en Toribío. Sólo en el Cecidic (Centro de Educación Capacitación e Investigación para el Desarrollo Integral de la Comunidad) estudian 700 y 600 han obtenido un título universitario. Fue una de las 87 haciendas del lugar. Tiene 80 hectáreas y fue el sitio donde los terratenientes y las autoridades planearon el asesinato del Padre Álvaro Ulcué Chocué, ocurrido en Santander de Quilichao el 10 de noviembre de 1984, por difundir entre su pueblo los principios de la Teología de la Liberación. Ahora allí se planea la vida, tal vez con más arraigo que en las otras 19 instituciones educativas que tiene el municipio.

Aquí los jóvenes escuchan reguetón y también andan cabizbajos sumergidos en las redes sociales… de su teléfono. Hay Wifi gratuito en el Parque y además de punto de encuentro es escenario de primeros amores furtivos. Cae la tarde y en un parpadeo los uniformes y las sudaderas dan paso a la ropa de calle. Lucen jeans, chaquetas, blusas, sacos, tenis, buzos y gorras de todas las marcas. Adidas, Nike, Gucci, Versace, Tommy Hilfiger... Todas las marcas. Todas ‘chiviadas’ e ilegales. Todas chinas o ecuatorianas o paisas. Los almacenes han crecido exponencialmente. En menos de una década pasaron de dos, tres, a una veintena. Celulares, bafles, portátiles... Un ‘corrientazo’ vale entre 12 y 15 mil pesos. Debieron imponer Ley seca de lunes a viernes. Ya hay incremento en el consumo de bareta. Los mayores añoran la autodeterminación y la resistencia.

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En Toribío nadie habla, pero todo el pueblo grita. Ya no es el mismo. Esa vaina llamada progreso entró con todo y arrasó con la pobreza y por ahí derecho llevaron del bulto la identidad y las tradiciones. Y lo hizo de nuevo de la mano del tráfico de plantas alucinógenas: la coca, que siempre ha estado en el territorio ancestral; luego la amapola, que rayaron y ordeñaron por años; y ahora la nueva bonanza marimbera. Se estima que en los resguardos de Toribío, San Francisco y Tacueyó puede haber 9.000 cultivos. Legales, se registran 350 hectáreas (podrían ser 940) de todas las variedades creepy: red tangerine o mandarina, gorila, banano plus, uvita, tangelato, blanca o amnesia y la patimorada, a la que los muchachos lugareños llaman Hilfiger.

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Los retos del próximo alcalde

El próximo alcalde tiene el reto de reconciliar a muchos sectores de la sociedad caleña, heridos por la pandemia, por el Paro Nacional y la retórica beligerante que nos ha dividido de forma aún mayor en los últimos meses.

Los retos del próximo alcalde
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El próximo alcalde tiene el reto de reconciliar a muchos sectores de la sociedad caleña, heridos por la pandemia, por el Paro Nacional y la retórica beligerante que nos ha dividido de forma aún mayor en los últimos meses.

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Ya el sol está a las espaldas del alcalde Jorge Iván Ospina. Además de estar viviendo una crisis profunda por cuenta de los escándalos de EMCALI, tiene aún la mitad del Plan de Desarrollo sin ejecutar y muchas de sus obras, como el hundimiento de la calle 5 en San Antonio o la remodelación de la Plaza de Mercado de La Alameda, no tienen los recursos asegurados y es improbable que se contraten en lo que queda de 2022. Eso nos hace suponer que quizás no logre cumplir todo lo que se planteó para su cuatrienio y, más bien, sea oportuno concentrarnos en lo que le quedará al próximo inquilino del tercer piso del CAM. Veamos algunos retos que inevitablemente tendrá que enfrentar el próximo alcalde.

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El primer reto que deberá enfrentar el próximo gobierno local será la situación de la deuda pública. El antecedente es que, en 2020, Cali tenía una deuda a seis años, contratada en 2017, por alrededor de 600.000 millones de pesos; con la deuda pública de principios de los años 2000 cancelada y unos ingresos tributarios crecientes, la Administración Armitage adquirió dos empréstitos que debían cancelarse en 2023.

En 2020, en plena coyuntura de la pandemia, el nuevo gobierno solicita al Concejo autorización para refinanciar esa deuda a diez años, lo que supuso que, con los intereses propios de extender plazos, la ciudad quedase con una deuda de casi 900.000 millones hasta 2030. Luego, se autorizó contratar una nueva deuda por 650.000 millones de pesos, lo que hizo que al 31 de diciembre de 2021, la Administración pública caleña le debía al sistema financiero casi 1.8 billones de pesos. El próximo alcalde deberá pagar un billón de pesos de esa deuda, lo que impacta directamente en su capacidad de inversión. Si no quiere tener semejante golpe en sus finanzas que afecten su plan de gobierno, buscar mecanismos financieros para aliviar esa carga será fundamental.

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En segundo lugar, el próximo alcalde deberá darle una solución a la crisis del MIO y asegurar que arranquen las obras del tren de cercanías. El sistema hoy tiene una demanda que no llega a los 250.000 pasajeros al día, muy por debajo del punto de equilibrio. Garantizar un aumento de la demanda, reducir los incumplimientos de algunos concesionarios, mejorar la seguridad dentro del sistema y solventar el Fondo de Estabilización de la Demanda es un chicharrón que exige voluntad política. Adicionalmente, tendrá que asegurar que lleguen los dos billones que vale, en principio, la primera línea del tren de cercanías, lo que supone que Cali deberá disponer de unos recursos muy importantes para aportar el 30% del valor de las obras que le corresponde a los entes territoriales en virtud de la ley de metros.

En tercer lugar, viene el POT, alrededor del cual hay toda una serie de expectativas para corregir el rumbo del crecimiento urbano de Cali, hoy concentrado en la zona de expansión del sur y con compromisos pendientes alrededor de la redensificación del centro y de la renovación urbana. En 2026 ese será el gran debate y definir una hoja de ruta razonable del ordenamiento territorial será la prioridad, toda vez que deberá reflejar los retos ambientales pero también de hábitat, vivienda e infraestructura que hoy tiene la ciudad.

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Por último, la seguridad. De nada sirve emprender grandes obras de infraestructura o habilitar zonas verdes si Cali sigue estando dominada por los fenómenos de la criminalidad y la debilidad institucional para mantener el orden. Acelerar la tendencia descendente de los homicidios, enfrentar los hurtos, reactivar programas y estrategias sociales y de prevención y fortalecer la capacidad judicial y tecnológica de la ciudad tendrán que estar como fundamento de la gestión del próximo alcalde. Hoy Medellín invierte alrededor de tres veces más presupuesto en seguridad, convivencia y justicia que Cali, a pesar de tener la mitad de las muertes violentas. Es inviable un proyecto de ciudad donde la violencia, el crimen y la inseguridad son regla. Cali ha avanzado, pero la exigencia sigue siendo elevada.

El próximo alcalde tiene el reto de reconciliar a muchos sectores de la sociedad caleña, heridos por la pandemia, por el Paro Nacional y la retórica beligerante que nos ha dividido de forma aún mayor en los últimos meses. Levantar el ánimo, el optimismo, cohesionar a la sociedad hacia un logro común y devolverle a la silla del alcalde su capacidad integradora, que se ha erosionado en los últimos dos años y medio, será esencial para avanzar hacia una mejora sustancial de la calidad de vida y para darle a Cali las herramientas que dibujen una nueva senda de desarrollo para la década. La tarea será dura.

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