COP16

¡Cali sin salsa no es Cali! Los temas con más ritmo para escuchar durante la COP16

El encuentro de biodiversidad que se realiza en Cali es una buena excusa para recordar algunos temas que nos deja la salsa natura. Compositores y vocalistas que nos regalaron canciones para pensar, reflexionar, cantar y ¿por qué no? Bailar.

¡Cali sin salsa no es Cali! Los temas con más ritmo para escuchar durante la COP16
Tomado de Unsplash.

El encuentro de biodiversidad que se realiza en Cali es una buena excusa para recordar algunos temas que nos deja la salsa natura. Compositores y vocalistas que nos regalaron canciones para pensar, reflexionar, cantar y ¿por qué no? Bailar.

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La puesta en marcha de la COP 16 es uno de los eventos más grandes e importantes jamás realizados en la capital del Valle del Cauca. Más de quince mil personas de todo el mundo se congregarán en la capital del valle alrededor de esta importante discusión de carácter ambiental.

A la par habrá decenas de eventos artísticos que incluirán, por supuesto, la temática salsera por la que es reconocida internacionalmente nuestra ciudad. Y siendo consecuentes con la apuesta medio ambiental en la que se encuentra inmersa Cali, en 90 Minutos les proponemos diez canciones afrolatinas que demuestran que nuestra música siempre ha estado preocupada por la naturaleza:

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Que bailar y pensar no ha sido ajeno para la salsa y que el medio ambiente ha cruzado la vida de los grandes compositores de nuestra cosa latina.

Y es que como dice el escritor César Miguel Rondón, el hombre detrás de ‘El libro de la salsa, crónica de la música del caribe urbano’, históricamente la salsa siempre ha sido la voz del barrio, de los amores contrariados, de la vida precaria, de los ‘malandros’ y los desarraigados. Una forma de llevar el Caribe al escenario de la gran ciudad; una manera, también, de denunciar los despojos, la crudeza de la realidad que nos agobia.

“La calle está durísima”, cantaba Joe Cuba, y con esa frase condensó el espíritu de la salsa, recuerda el venezolano Rondón.

Como me dijo alguna vez en una conversación el cantante ‘newyorrican’ Henry Fiol:

“Yo soy un observador y veo la lucha que hay en Latinoamérica. Siempre he creído que la salsa no tiene que ser música de escape. Puede ser música con comida, con mucho contenido”.

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Archivo particular.

Y esto es lo que hay aquí, salsa con contenido, composiciones con gran fuerza, mensajes de amor por la naturaleza, pero también de denuncias y alertas.  Como todas las propuestas y clasificaciones esta es bastante subjetiva y pasa por los gustos del periodista y el conocimiento en torno a los temas. Para ustedes, salsa natura, salsa con mensaje para bailar, escuchar y, sobre todo, reflexionar.

Recuerdo que en mi niñez
Con mi viejo trabajaba
Y él a la vez me enseñaba
Cuánto valía la honradez
Íbamos de cuando en vez
A casa de Gumersindo
Y él te decía: "yo colindo
Con la finca de tío Pedro
Me sirve de punta un cedro
Y la loma del Tamarindo”

‘La Loma del Tamarindo’ es una de aquellas canciones que más le solicitan interpretar a Charlie Aponte en sus conciertos en Cali. Hay unas versiones que se pueden observar en Yotube absolutamente fabulosas.

Para mi gusto la versión que hace con Andrés Jiménez, durante un concierto hace cuatro años en Vieques, es sencillamente espectacular. Tal vez por la nostalgia campesina, tal vez por la simpleza de su letra o por la contundencia de su mensaje ‘La Loma del Tamarindo’ es prácticamente un himno latinoamericano.

“Y yo muy tranquilamente
Me subo al rancho y lo guindo
Porque se veía más lindo
Después que estaba guindao
Y miraba hacia el otro lao
La loma del Tamarindo”

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Esta fascinante composición jibarita fue escrita por el destacado trovador Ángel Luis ‘Güiso’ Santiago Rodríguez, nacido en las montañas puertorriqueñas en 1931. Este lugar del barrio Doña Elena de Comerío es un referente natural de la Isla y allí está aún el árbol de Tamarindo, con más de 200 años de edad y al que ‘Güiso’ le hizo un homenaje:

Reuniendo valores, trabajo, honradez, dificultades, esperanza y recuerdos

(‘… Y yo no olvido con cuanto afán mi buen viejo trabajaba, que día y noche se fajaba para conseguir el pan // Las cosas buenas no están, decía, pero no me rindo y yo tampoco prescindo de los días de la infancia, aunque perdió su elegancia la loma del tamarindo…’)

‘La Loma del tamarindo’ es un poema campesino, una vivencia de ‘Güiso’, un homenaje a sus vecinos, un guiño al verdor de las montañas, x (grabado en 1985) se convirtió en un himno de todos los pueblos.

“Hay luces en la montaña, siete velas encendidas declamando las abuelas su rosario al resto día, se oye la Santa María. Los misterios dolorosos, se oye el ruega por nosotros viven de noche y de día. Ya el reloj marca las diez, solo se escucha el cantar permanente del coquí, del múcaro en el guabá. El perro que en la escalera del batey no le teme al mugido del buey, va a su lado y da a entender con sus ladridos calla buey, calla buey que mi amo está dormido.
Hay música en mis oídos, mi tierra en mi pensamiento y en mi corazón yo siento el rico cantar de aquel río. Las luces de mi bohío, ahora se están apagando parece que están sufriendo en el terruñito mío”

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discos de salsa
Especial 90 minutos.

En Cali, Héctor ‘Tempo’ Alomar fue conocido a finales de los años ochenta por un tema que pegó en la rumba del barrio y se llamó ‘Calle Buey’. Donde cantó con Johnny Rodríguez y su Orquesta, y los inconfundibles coros de Raymond Castro y Ramón Rodríguez, los fundadores del Conjunto Clásico.

De hecho la composición es del genial Ramón Rodríguez que en este ‘numerito’ le cantó de nuevo al campo de Puerto Rico, a la sabiduría ancestral, al coquí, al buey, al perro y al múcaro (un pequeño búho). Una canción preciosa, con una brillante voz del tristemente fallecido ‘Tempo’ Alomar que lo mostró en toda su dimensión. La foto del álbum muestra a ‘Tempo’ con una tupida barba y bigote, rodeado de Raulín, Johnny Rodríguez y Alomar descansando sus manos sobre los hombros del gran compositor de Orocovis.

“Ya no se ve
el humilde campesino
bajar de la montaña
por el camino.
Ya no se ve el trapiche, el pilón y la maceta
no se ve la carreta
ni de pajas el bohío...
Ya no hay aroma de caña y café
y en la montaña el verdor no se ve.
Todo se ha ido como esfumando
qué pasará, me estoy preguntado
qué pasará, me estoy preguntado...
La naturaleza muere y el jíbaro está llorando
Ya no se ve el humilde campesino
confesó bajar de la montaña
ni siquiera cantando”.

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Y entonces en 1976, llega un portentoso Bobby Valentín, con un sonido fenomenal y saca al ‘marvelous’ en la delantera y  el gran Marvin Santiago no desentona. ‘El Jíbaro y la Naturaleza’ se convierte en una crítica feroz al destrozo de la natura y, nuevamente, la salsa es el vehículo de denuncia. El sonido del cuatro, un instrumento tradicional de Puerto Rico, interpretado por Julio Eltin, en el minuto 3:27, es un guiño a la más pura tradición de la ‘Perla sureña’.

Y es que los recuerdos del Bobby siempre estuvieron en su pueblo: “Aprendí de mi papá, él me despertaba cuando era chiquito, tocaba el cuatro. Antes los padres cuando uno fallaba, con la mirada nada más tu sabías, no tenían que azotarte, sabías que habías hecho algo que no debías. Entonces yo acompañaba en la guitara y cuando daba un acorde que no era, pues me daba una tremenda mirada, como de fallaste, tú sabes. Y eso me enseñó mucho y me gustó. De ahí en adelante yo supe que iba a ser músico. Y fueron unos momentos bien lindos porque hicimos un trío en el pueblo donde yo me crie, en Cuamo”, me dijo el Bobby Valentín, durante una reciente entrevista.

“Yo quisiera poder aplacar una fiera terrible

Yo quisiera poder transformar tanta cosa imposible

Yo quisiera decir tantas cosas que puedan hacerme sentir bien conmigo
Yo quisiera poder abrazar mi mayor enemigo

Yo quisiera no ver tantas nubes oscuras arriba

navegar sin hallar tantas manchas de aceite en los mares

y ballenas desapareciendo por falta de escrúpulos comerciales

Yo quisiera ser civilizado como los animales”.

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Una de las canciones más hermosas, recordadas y citadas del gran Roberto Roena no es de Roberto y ni siquiera fue hecha inicialmente en tiempo de salsa. La canción 'El Progreso'  fue una creación de dos monstruos de la música brasilera. Por un lado estaba Erasmo Carlos, conocido como ‘Tremendao’, uno de los grandes exponentes del rock del coloso suramericano, gran amigo de otro sinigual artista llamado Roberto Carlos, sí, ese portento de la balada que aún sigue sonando y cantando. Erasmo y Roberto no fueron hermanos de sangre, pero sí de la vida. Erasmo estuvo detrás de grandes éxitos de Roberto, uno de ellos ‘Es prohibido fumar’, uno de los primeros éxitos del baladista brasilero.

En 1976 ambos se unieron para componer y arreglar esta estremecedora composición denominada ‘El progreso’, prodigioso tema que es al mismo tiempo una reflexión poética y crítica sobre el desarrollo humano. Y su impacto en el medio ambiente.

De hecho, esta composición fue una de las primeras canciones en nuestro continente que abordó la problemática de contaminación. Y deterioro que casi 50 años después de grabada, confirma la alarmante preocupación que exponían ambos cantautores.

Este potente escrito cuestiona la destrucción ambiental. La terrible contaminación de los océanos, la eliminación de las especies, el comercio de las armas, la guerra, todo lo que nos lleva, precisamente, a la destrucción.

Foto: Alcaldía de Cali

La repetición de la frase 'Yo quisiera ser civilizado como los animales' contiene una carga asombrosa de ironía. Y un martilleo constante para recordarle a los seres humanos que su papel en el planeta debería ser conservar y proteger, en vez de explotar esta tierra que es nuestra gran casa común.

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 “Yo quisiera no ver tanto verde en la tierra muriendo
y en las aguas de ríos los peces desapareciendo
Yo quisiera gritar que ese lago negro no es más que un negro veneno
ya sabemos que por todo eso vivimos ya menos

Yo no puedo aceptar ciertas cosas que ya no comprendo
El comercio de armas de guerra de muertes viviendo
Yo quisiera hablar de alegría en vez de tristeza mas no soy capaz.

Yo quisiera ser civilizado como los animales”

Fue tal el impacto que este tema generó en tantas personas y artistas que dos años después, en 1978, Roberto Roena, el mago, el artista que creó un sonido propio e inigualable con su orquesta ‘El Apollo Sound’, se enamoró de ‘El Progreso’, le pidió al maravilloso músico Elías López que hiciera los arreglos y lanzó un álbum con ese nombre: ‘El Progreso’.

El tema fue un completo éxito interpretado por Carlitos Santos, un artista con un hermoso registro de voz que lo recordamos en otro tremendo tema de Roena que se escuchó en Cali en cada esquina del barrio: ‘El lamento de Concepción’, que curiosamente también está incluido en este mismo álbum. Disfruten y reflexionen con ‘El Progreso’ en la voz de Carlitos Santos, y déjense contagiar por el juego de violines que acompaña la fabulosa interpretación.

“Por la mañana temprano al salir el sol
Cantando el señor su lindo cantar
Un cantar que dice así
Señores ya amaneció
Que dice así
Se oye por el cafetal al jibaro laborando
Y mientras va trabajando se escucha con su cantar:
Yo vivo mi vida en el cafetal
Y me baño con las aguas del manantial
Jibarito no se apura pues le gusta laborar
Cantando a la borinqueña se levanta
Pero yo vivo mi vida tranquilo en mi cafetal”.

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A comienzos de la década de los años ochenta floreció una joven banda con tres precursores que hicieron historia: Raymond Castro (el promotor), Ramón Rodríguez (compositor) y Tito Nieves (líder vocal). Su primer álbum fue un completo éxito, pero especialmente en Cali donde dieron su primer concierto en 1980 de manera estelar en un noche espectacular de agosto en el Coliseo El Pueblo. Con la presencia de los grandes artistas de Fania como Cheo Feliciano, Rubén Blades, Héctor Lavoe, Pete ‘El Conde’ Rodríguez, entre otros.

En ese primer álbum descollaron los temas ‘Los Rodríguez’ y ‘Sin rumbo alguno’, pero la verdad es que lo que hizo Ramón Rodríguez fue magistral en sus composiciones. ‘Al salir el sol’ es una oda al trabajo, al campo, una letra sencilla y portentosa como solo podía hacerlo el gran Ramón Rodríguez, ese jibarito, ese hombre campesino que le cantaba a la montaña, al cafetal, al coquí, al lago, al río, al pez.

“Sí, porque lo que sucedió es que yo unía el ritmo cubano con el sentimiento campesino puertorriqueño. Entonces, esa unión de ritmo y sentimiento es bien fuerte, porque yo soy muy sentimental, la tristeza la dejo saber en mis letras, la alegría la dejo saber en mis letras. Y eso ayuda mucho, porque yo no leo libros, porque ya no puedo leer libros. Si leo libros, me pongo en un doctorado y empiezo a mencionar palabras de doctores y cosas. Yo soy de la calle, pero con sentimiento y todo eso. De esa mezcla se hizo lo que soy y lo que quise hacer”, me dice Ramón Rodríguez al recordar sus comienzos.

Nacido en 1947, en el Corazón de Puerto Rico, en un pueblo campesino como Orocovis, Ramón muy pronto se vio envuelto en el conflicto militar que Estados Unidos enfrentaba en el continente asiático. La guerra pronto estuvo en su vida y el conflicto en Vietnam lo encontró prestando el servicio militar. Sin duda esa experiencia marcó su alma sensible y lo condujo por unos espacios en los que él se sentía cómodo, escribiendo sobre sus experiencias y transmitiendo su alma en cada verso.

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Página del Museo de la Salsa.

En medio de la crudeza de la guerra, de las explosiones, la sangre, la pérdida de amigos y las malas noticias, Ramón debió recordar en su cambuche las raíces taínas y la noble valentía de su pueblo. Seguro a su memoria llegaban como flashes intermitentes la cueva de los indios, el lago de matrullas, el río Toro Negro y las quebradas Doña Juana, Palmar y Cacaos, todas esas maravillas naturales de las que bebió para darle rienda suelta hermosas composiciones como esta: ‘Al salir el sol’.

“Es un estilo de campo, pero bailable y sentimental, y tiene tantas cosas juntas que hacen eso, que no es fácil, pero lo conseguí, lo conseguimos con la ayuda de los músicos, con la ayuda de todos ustedes, pero se consiguió. Un estilo de música que le llega más al pueblo creyente, no a la salsa esa de que no importa lo que se haga con el arreglo, que salga lo que sea, que igual lo bailan. No, aquí se baila y se escucha, porque también es música educada, no es una música de relajo. Yo escribo las cosas para que los niños aprendan lo que es un piragüero aquí, que aprendan lo que es un quincallero o cosas de campo. Yo no sé, me salió así”, me dice con esa nostalgia que siempre transmite el gran Ramón.

“Y todos esos barcos continuamente llegaban
Cargados de esperanza, ilusiones y alegrías
Limpio eras y abundante tu caudal
Surcando el valle al norte tu ruta continuabas
Y en todo tu trayecto miles de pescadores
Con cañas y atarrayas extraían de ti un manjar
Eso cuenta mi abuelo y una lágrima de repente
En su rostro se asoma, le invade la nostalgia
Oh Cauca, mi río Cauca, mucho te han maltratado,
Te asfixia el desarrollo, llevas en tu vientre
La inconsciencia de la gente, cual anciano
Indigente hoy transitas taciturno y triste”

Y desde Cali, llega la agrupación femenina más emblemática de la ciudad, la Orquesta D’Caché, que de la mano de un dúo maravilloso: José Norbey Arias y Francia Elena Barrera escribieron una nostálgica composición recordando nuestro amado río Cauca. En esa letra se esconde la hermosura del afluente, pero también el dolor por la pérdida paulatina de sus madreviejas, su riqueza floral y de fauna.

Para José Norbey esta composición, ‘Mi Río Cauca’, responde a un recuerdo, pero también a un clamor, a un llamado a la consciencia para salvar un río que ha sido clave para la vida de todo el Valle que lleva su nombre.

Una expresión que comparte Francia Elena quien no logra entender cómo no protejemos una fuente de vida, de alimento, de fauna, de flora, simplemente, de vida.

“Aguanile, aguanile
Santo Dios, santo fuerte, santo inmortal
Aguanile, aguanile, mai mai
Aguanile, aguanile, mai mai

Eh, aguanile, aguanile
Aguanile, aguanile, mai mai
Aguanile, aguanile, mai mai
Aguanile, aguanile, mai mai

Eh, Kyrie Eleison, Christe Eleison, no te metas a mi moña
Que yo también me sé de eso
Aguanile, aguanile, mai mai
Aguanile, aguanile, mai mai
Oye todo el mundo reza que reza
Pa'que se acabe la guerra
Eso no se va acabar eso será una rareza”

Entre los años setenta y ochenta una corriente espiritual se tomó la música afrolatina. La religión yoruba o santería cubana impregnó a muchos de los músicos maravillosos de aquellos años. Héctor Lavoe y Willie Colón no fueron ajenos a esa corriente espiritual y musical. De hecho en nuestra cosa latina, Larry Harlow, el judío maravilloso, le hace un guiño en un tramo de la película que resultó fundamental para ese fenómeno llamado salsa.

“Larry preparó el asunto de la santería (la escena de la ceremonia religiosa), fue idea de Larry. Estaba realmente interesado en la santería”, recordó años después Leon Gast, director de ‘Our Latin Thing’. La verdad es que la santería arrasó creó todo un concepto, los músicos acudieron a beber de la mata y se encontraron nuevamente con la raíz cubana y lo que vino después fue una cascada de producciones de Barreto, Richie Ray, Lavoe, Celia, que le cantaron a los orishas y toda el santoral de divinidades de la santería cubana. Y allí, por supuesto, estaba toda la furia africana de la naturaleza contenida en varios de los dioses que se cantaban al unísono en cuanta rumba existía.

La santería, la música campesina cubana y la salsa tienen un matrimonio indisoluble. Una historia forjada a golpe de tambor y deidades que se entremezclaron con los santos de la religión Católica y construyeron una alabanza y una musicalidad que hizo historia en el concierto artístico antillano.

Héctor Lavoe fue uno de ellos. Algunos amigos cercanos al ‘Rey de la puntualidad’ dicen que estaba consagrado a Changó. Y cuentan que antes de cada concierto oraba frente a un puñado de flores blancas en homenaje ‘al guerrero que nunca perdió una batalla’.

Las referencias a la religión Yoruba del ‘gran brujo’, como le decían algunos allegados a Lavoe, son permanentes en su musicalidad. A Ochún y Yemayá les dedica un disco en el que les pide ‘que le presten su voluntad para pa’lante poder caminar’; en ‘Aguanile’, una palabra que proviene de la cultura Yoruba y significa ‘limpieza para tu casa’, Héctor hace una especie de rito en el inicio del disco y le canta al ‘Santo Dios, al Santo Fuerte, al Santo Inmortal’. ‘El flaco de oro’ llevaba siempre en el cuello un collar de cuentas rojas rematado por un pequeño carcaj con flechas de oro.

Canciones como ‘Cheche Colé’ y ‘Aguanile’, en su voz, se hicieron populares en África. Continente al que viajó con la Fania All Stars en 1974. Visitaron Zaire, nación por entonces gobernada por Mobutu Zeze Seko, quien en su cruel y largo mandato muchas veces recurrió a las divinidades yorubas para que lo salvaran del peligro.

En varios de sus conciertos, incluido el icónico de Fania All Stars, se puede apreciar, además del collar, la protección que le brinda el Iddé, una manilla de cuentas verdes y amarillas, que cuida a quien la porte ya que pertenece a los hijos de Orula, la dueña de los oráculos y quien se encarga de mirar el destino de los hombres y su futuro. Pero como todo tiene su final, la Virgen de Regla y Las Siete Potencias se cansaron de sacar a Lavoe de apuros y el 29 de junio de 1993 ‘El cantante de los cantantes’ le diría adiós al mundo material, pero rápidamente ascendería a deidad salsera.

“Agallú solá, préstame tu espada, tu espada bendita que quiero vencer
Agallú solá, préstame tu espada, tu espada bendita que quiero vencer

Vencer a mis enemigos, que por envidio deseo
Ay que ayúdame San Miguel, ayúdame San Mateo

Agallú solá, préstame tu espada, tu espada bendita que quiero vencer
Agallú solá, préstame tu espada, tu espada bendita que quiero vencer
El chivo vere mio ni gua, gua, a cuara cuba camá
El chivo ve re mio ni gua, gua”

Pero fueron, precisamente, ‘los mamitos’, Richie Ray and Bobby Cruz, los que más exploraron la sonoridad potente de las divinidades salseras y se zambulleron para navegar en las profundidades de la santería cubana. La experimentación musical fue la clave de la vida artística del dúo maravilloso. No hay duda de que Richie y Bobby fueron unos adelantados y no tuvieron ningún temor en entrar a un mundo al que muchos miraban con recelo.

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Y precisamente uno de sus temas más potentes se llama ‘Aggayú Solá’, el orisha que representa la portentosa fuerza de la naturaleza, los ríos embravecidos, la explosión titánica del volcán, la enorme energía que desata el terremoto, la fuerza descomunal que hace girar el universo, el vigor que hace retroceder las aguas del mar y revela un maremoto destructor.

‘Aggayú Solá’ es el padre de ‘Changó’ y su nombre significa ‘el que cubre el desierto con su voz’. Es el gigante, el dueño del fuego, el belicoso, el descomunal, el colérico, el impredecible, es la gran fuerza natura a la que Richie y Bobby le hicieron un homenaje.

Se oye leyendas por el camino
bejucos y jibaradas
de sueños en la andanada
de flamboyanes y trinos.
Son cuentos de campesinos
de lunas, sol y alboradas
de montes y de quebradas
de playas y de bohíos.
Cantares del pueblo mío
su vida y sus esperanzas
su tiempo de lontananza
de madrigales y ríos.
Ay Dios! cosas nativas.
Ay! mi Dios... cosas nativas

En 1981, Tommy Olivencia lanza un álbum denominado ‘Un triángulo de triunfo’, que contenía una de las canciones más hermosas dedicadas a la naturaleza. ‘Cosas Nativas’, una composición de Rolando Gorrín se transformó en la juvenil voz de Frankie Ruiz en el tema que lo catapultó a la tempranera fama.

Esos pregones repetidos por el eco de los campos inundaron la ‘Isla del Encanto’, y llenaron de caña y vino, de tabaco y de café los campos de todo el continente salsero.

Las leyendas campesinas del jibarito en la que una ranita llamada coquí tenía sed de agua pura cristina se convirtieron en una suerte de oda a la naturaleza, de amor por lo más profundo de nuestra Madre Tierra.

“Hermano, cuida tu flora
Que es cuidar tu fauna
Es cuidar tu vida
¡Eso!

Montaña que te elevas, sobre el nivel del mar
A ti, más se hizo brillante, mi voz te va a cantar
Por intrincada que estés, con toda tu frondosidad
Siendo usted el pulmón del planeta, porque te hacen llorarPrepara tuuuu, prepara tu taaaaanda
Que vienen a derribarte con armas los hombres malos
Le sucede al Amazonas, y a todos los bosques del mundo
Que lo quieren derribar, nadie, nadie los vuelve a sembrar
A ti, a ti, a ti
A ti naturaleza, que te quieren destruir
Yo siempre estaré a tu lado a vencer, al hombre malo”

Y ahora para ustedes, el tema que en mi sentir debería ser la banda sonora de la COP 16. ‘Prepara tu palo’, una portentosa composición del artista cubano Justo Emilio Rueda, alma sensible que recoge en unos versos extraordinarios todo lo que sentimos quienes amamos la naturaleza. Sus mensajes son de una potencia extrema:

Pero que mira como vienen los hombres
Ahí vienen los hombres malos
Amazonas manda la fiera a defenderte
Ahí vienen los hombres malos
Africa, Africa, que ruja”

Justo Emilio es un digno representante de su pueblo cubano, protector de la naturaleza y quien en sus composiciones envía un mensaje poderoso que pretende sensibilizar desde la más tierna edad: “Niños, los árboles son los pulmones del planeta, juega con ellos, utiliza su sombra, pero no dañes su corteza”, dice en uno de sus interpretaciones en vivo.

Sin duda uno de los mensajes desde la música afrolatina más poderoso alrededor de la defensa de la naturaleza.

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Un año de la COP16: Los grandes retos y conclusiones que dejaron para Cali y Colombia

Durante la cumbre, la denominada ‘Zona Verde’ atrajo a más de 900.000 personas, cuando se esperaba apenas 150.000.

Durante la cumbre, la denominada ‘Zona Verde’ atrajo a más de 900.000 personas, cuando se esperaba apenas 150.000.

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Hace aproximadamente un año, entre el 21 de octubre y el 1 de noviembre de 2024, la ciudad de Cali fue escenario de la histórica COP16 sobre biodiversidad, posicionando al Valle del Cauca como centro de la agenda global de conservación.

Justamente, el evento superó expectativas en varios sentidos y dejó una huella tangible que hoy comienza a recaer en proyectos locales, turísticos y ecológicos.

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Durante la cumbre, la denominada ‘Zona Verde’ atrajo a más de 900.000 personas, cuando se esperaba apenas 150.000.

Asimismo, esta alta afluencia despertó un dinamismo social importante: mercados campesinos, emprendimientos verdes, labores de educación ambiental y visibilidad de economías de la biodiversidad en la región.

Aspectos ecológicos que dejó la COP16

En el aspecto ecológico, el hecho de ser sede permitió que Cali y el Valle del Cauca aceleraran inversiones en infraestructura para eventos sostenibles, zonas de negociación limpias, y programas asociados al cuidado del medio ambiente.

Asimismo, en municipios del Valle como Palmira, Tuluá y Buenaventura se desarrollaron los llamados “Modelos APC-Colombia” en el contexto de la COP16, que convocaron a jóvenes de la región a proponer soluciones ambientales y fortalecer la gobernanza territorial de la biodiversidad.

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Pero no todo es turismo y grandes cifras: hay avances concretos también en iniciativas comunitarias. Como la comercialización de productos de comunidades indígenas o afrodescendientes vinculadas a la biodiversidad, y jornadas de sensibilización que impulsan una cultura ambiental más activa en la región.

Los compromisos globales y sus pendientes en ecología

Sin embargo, quedan retos: la implementación de los compromisos globales, como conservar al menos el 30 % del territorio terrestre y marino para 2030, exige que lo acordado en el plano internacional se traduzca en acciones locales sostenibles.

De igual manera, la COP16 puso la ciudad y el departamento en el mapa, pero ahora la prueba está en mantener el ritmo.

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Certificado de Carbono Neutro, universidad de Cali es la primera en la región en recibirlo

Esta universidad certificada en el marco de la COP16 se comprometió a seguir con acciones que contribuyan al cuidado del planeta.

Esta universidad certificada en el marco de la COP16 se comprometió a seguir con acciones que contribuyan al cuidado del planeta.

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En las últimas horas, la Universidad Autónoma de Occidente fue certificada como una organización carbono neutro por Icontec, pues su eficiencia energética y renovable, junto al manejo de residuos sólidos y el tratamiento de aguas residuales, ha caracterizado a este campus de tener compromiso medioambiental.

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Además, la UAO se consolida como una de las primeras universidades en recibir este reconocimiento y la primera en lograrlo en la región.

"Le está apostando fuertemente a todos los demás de la protección del ambiente, pero sobre todo en actuar desde una perspectiva de sostenibilidad, pues de verdad que de reconocerlo no solamente por los otros actores académicos, sino también por todos los otros actores de la sociedad a nivel de los empresarios también del Gobierno central y de la sociedad civil"

Jesús David Cardona, vicerrector de Investigación, Innovación y emprendimiento UAO.

La carbono neutralidad para la Universidad Autónoma de Occidente, implica un compromiso profundo y transformador con la sostenibilidad. Significa que la universidad ha tomado la decisión consciente de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, GEI, y compensar aquellas que no pueden evitarse. 

Adicionalmente, este reconocimiento aporta al objetivo nacional que le apuesta a la reducción del 51% de Gases de Efecto Invernadero a 2030 y de alcanzar la carbono neutralidad al año 2050. 

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"Mostramos como en una escala universitaria se puede contribuir de manera significativa y los aprendizajes y el nuevo conocimiento que se ha generado en todas las iniciativas que mencionamos, pues se pueden escalar por supuesto a una ciudad y a una región"

Mario Gandini, director de estudios para la sostenibilidad UAO.

Finalmente, este tipo de iniciativas buscan aumentar la seguridad alimenticia y reducir significativamente las emisiones de gas, contribuyendo a mitigar el cambio climático y crear un entorno más saludable para toda la comunidad.

“Nos hemos planteado como un Territorio Sostenible, lo cual nos reta a impulsar mega transformaciones en la ciudad y la región. Queremos que la sostenibilidad esté en el corazón de nuestro quehacer y que sea un eje estratégico de la ciencia, la tecnología y la innovación”. 

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La Plazoleta de San Francisco vibró con 600 negocios verdes durante la COP16

La Zona Verde tuvo cerca de 230.000 visitantes y dejó marca en la historia ambiental y cultural de Cali.

La Zona Verde tuvo cerca de 230.000 visitantes y dejó marca en la historia ambiental y cultural de Cali.

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Durante más de una semana, la ‘Travesía Paraíso’ fue un rotundo éxito en la Zona Verde de la COP16 en la plazoleta de San Francisco. Asimismo, las Corporaciones Autónomas Regionales de todo el país estuvieron reunidas en Cali, dando el increíble número de 600 emprendedores de negocios verdes.

Ahora bien, se lograron ventas por 2.500 millones de pesos, producto de los cerca de 230.000 visitantes que además de comprar a los emprendedores disfrutaron de un total de 109 ponencias de la agenda académica. Además, la CVC entregó un total de 30.000 árboles nativos.

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"La plazoleta siempre estuvo llena, encantados los caleños y todos los visitantes con esta Zona Verde (…) Esto demuestra que los caleños están ávidos de eventos grandes, que responden a los grandes eventos y sobre todo, que estamos preparados para grandes actividades a nivel mundial”.

Comentó Marco Antonio Suárez Gutiérrez, director general de la CVC, quien además afirmó:

“Le demostramos al mundo que Cali es grande, que es una ciudad biodiversa y que, sobre todo, la mayor riqueza que tiene Cali es su gente”.

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¿Se aproximan eventos masivos similares?

Ante la gran acogida de las dinámicas de la Zona Verde y los emprendimientos del evento certificado como carbono neutral, se planteó que se continuara realizando dinámicas similares:

“Le preguntamos a los asistentes que si querían que hiciéramos esto una vez al año y todos dijeron que sí. Les dije, si de verdad es así, demuéstrenlo con un aplauso e hice subir a todo el equipo de la Corporación y el aplauso fue inmenso, retumbó en está plazoleta y bueno, creo que quedamos con un compromiso grande junto con todos los demás directores (de las corporaciones)".

Comentó Marco Antonio Suárez Gutiérrez, director general de la CVC.

Igualmente, la felicidad de los organizadores se complementa con presencia e impulso de los negocios verdes beneficiados:

“Estoy feliz que la plazoleta de San Francisco se haya llenado de estos negocios verdes, un trabajo que han hecho todas las corporaciones autónomas y gracias a la CVC que pudieron unir esfuerzos todas las CAR y traer estos 600 negocios completamente gratis y estas personas vinieron de todas las regiones del país para exponer sus emprendimientos".

Dijo por su parte de la gobernadora del Valle de Dilian Francisca Toro Torres.

Cabe aclarar que, el balance de esta Zona Verde de la COP16 que se hizo posible gracias a Asocars y la Gobernación del Valle fue positivo en todos los aspectos.

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Por su parte, el mega evento cultural y comercial contó con una medición de su huella de carbono realizado por la empresa CO2 Cero. Teniendo un resultado de 372 toneladas equivalentes de CO2 que fueron compensadas, es decir, el evento fue carbono neutral.

Asimismo, el Icontec reconoció a la CVC por "la compensación que fue realizada a través de la adquisición de 372 certificados de carbono neutro dentro del proyecto Redd+ Pazcífico sur".

Además, en Los Limones corregimiento de Montebello, predio La Cecilia se sembraron los primeros 1.000 de 10.000 árboles nativos, esto con la idea de compensar la huella cero. Dentro de las especies arbóreas sembradas estaban:

  • Flor amarillo
  • Chiminango
  • Acacia rubinea
  • Balso tambor
  • Gualanday.

En la jornada de siembra participaron voluntarios de Keralty y Colpensiones, entidades que junto al Cuerpo de Bomberos firmaron un convenio con la CVC para hacerle mantenimiento a los árboles sembrados.

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