“La salsa no sólo se escucha. Hay que bailarla, porque levanta a un muerto”, así se lo dijo una vez el gran Johnny Pacheco a El País de España. ‘El zorro de plata’, el hombre que transformó la salsa en un género musical del mundo, se marchó el 15 de febrero de 2021 para ese cielo de estrellas salseras del que hacen parte figuras como Héctor Lavoe, Celia Cruz, Cheo Feliciano, Santos Colón…
Ellos, grandes talentos de la rumba setentera, tuvieron un impulso musical único gracias a los arreglos y a la dirección de este ‘monstruo’ que todo lo que tocaba lo convertía en éxito.
Flautista, percusionista, arreglista, director, productor musical, cantante, compositor... Casi nada se le escapó a este dominicano nacido precisamente un 25 de marzo de 1935 en Santiago de Los Caballeros, en la isla de Quisquella, que falleció a los 85 años y que tuvo una relación estrecha con Cali.
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Aquí mismo, en la capital del Valle del Cauca, en el 2005, a instancias de Miguel Yusti, quien entonces fungía como alcalde encargado y de Manolito Vergara, el hombre fuerte de El Habanero, Pacheco le dio el título a Cali de capital mundial de la salsa. Un pergamino que el propio Vergara guardó durante mucho tiempo como una reliquia en ese templo de la rumba.
Pacheco no fue un músico más. Era la última frontera, el final de una raza de grandes ‘caballos pura sangre’ de la salsa continental que convirtieron el género en algo más que una simple expresión artística de esta parte del mundo. Con Pacheco y sus producciones, la salsa se volvió internacional. Su ritmo fue llevado a los mejores escenarios de España, Gran Bretaña, Italia, Francia, Japón y hasta la madre África supo de este hombre de pelo blanco, delgado, de sonrisa fácil, voz aguda y flauta versátil que junto con Jerry Masucci crearon la Fania All Star en los albores de los años 70 y construyeron ‘nuestra cosa latina’.
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“La historia de Fania es un triplete de creatividad, comercio y perseverancia de los latinos en Estados Unidos”.
Señaló hace un tiempo Bruce McIntosh, representante de Fania Records, al portal de entretenimiento ‘Deadline’.
Y es que hay que recordar que a finales de 1963 creó la disquera Fania Records junto a su gran socio Jerry Masucci. Un año después lanzaron el disco Cañonazo junto a su compadre Pete ‘El conde’ Rodríguez. Cinco años después, en 1968, se produjo el gran ‘batacazo’ que logró reunir lo mejor del sello Fania y que tuvo en su nómina a grandes ‘caballos salseros’ como Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Ray Barreto, Richie Ray, Celia Cruz, Santos Colón, entre otros.
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La historia de Pacheco y Massucci incluso terminó convertida en un exitoso disco compuesto por Justi Barreto y que interpretó Pupi Legarreta y su charanga.
“Se fueron las comparsas, qué triste me quedé, pero al llegar la salsa, el alma me volvió, mi vida se alegró / Se opacaron tantas luces, pero yo pude alumbrar, quisieron felicitar a Pacheco y Masucci. / En el ritmo nuevo lo sabemos, ellos lo supieron conquistar, tuvieron la rumba entre los cueros y pusieron salsa en el timbal / no confundan más ni critiquemos vamos a aplaudir y a conservar a Pacheco y Masucci”
Destacado intérprete de flauta, aunque muchas veces dijo de manera humilde que solo la tocaba, Pacheco estuvo detrás de grandes producciones con los más destacados artistas de la época: Héctor Casanova, ‘El Conde’ Rodríguez, Daniel Santos, Celia Cruz, el conjunto Clásico y otros grupos.
Un poco antes de su muerte, reveló que tenía Parkinson, motivo por el cual se alejó de los escenarios y quedó bajo los cuidados y atención de su esposa Cuqui
“Se fueron las comparsas, qué triste me quedé, pero al llegar la salsa, el alma me volvió, mi vida se alegró / Se opacaron tantas luces, pero yo pude alumbrar, quisieron felicitar a Pacheco y Masucci…”
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“No hay duda que Pacheco fue el más grande visionario de la música latina, junto con Masucci crearon la orquesta con la cual conquistaron las tarimas del mundo y pusieron la música latina en el mismo lugar del rock. Tuvieron las grandes figuras, Pacheco es el que pensó toda esa poción de la seducción de la música, empezó con la charanga y decía que la Fania no era más que la Sonora Matancera ampliada. Nos alegró la vida desde siempre. Los que nacimos en el barrio Obrero lo escuchamos con su pachanga muy jóvenes y luego lo vimos con toda la Fania en Cali en los años 80”. Así me lo recordó en su momento el escritor Umberto Valverde, quien me dijo que lo conoció en el Corzo, esa gran discoteca que quedaba en Manhattan, y a la que llegaban todos los caleños encantados con la rumba de aquellos años.
En ese mismo grill newyorkino (los caleños no decíamos discoteca), un entonces joven brillante, académico, rebelde y liberal rumbero también conoció al gran director musical. Miguel Yusti, quien con el paso de los años hizo sus propios toques en la política, se convirtió en su amigo y compinche de la rumba dura, en Cali y en Nueva York.
Justamente en el 2005, cuando fue alcalde encargado y de la mano de ese otro socio de la rumba, Manolo Vergara, invitaron a Pacheco a la ciudad y lo nombraron huésped ilustre de esta capital que se rindió a sus pies.
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“Pacheco fue reconocido por la ciudad a través de la Administración Municipal. Como amigo y dándole curso a una invitación que le hice, vino a Cali en el 2005 y en esa ocasión llegó con su orquesta ‘Pacheco y su Tumbao’, fue portador de las llaves de la ciudad, condecorado por mí y con él firmamos el decreto honorífico de ‘Cali, capital mundial de la salsa’”.
Recuerda Yusti con gran nostalgia.
Para este docente universitario, que conoció como pocos el movimiento salsero de esta ciudad, el gran valor de Pacheco como productor y director musical fue el de recuperar el gran espectáculo de la salsa que había sido roto cuando apareció Joe Cuba y su Sexteto, que marcó un derrumbe de las espectaculares big band de los sesenta.
“Lo que hizo Pacheco fue montar el formato de las grandes orquestas, con la matriz de la Sonora Matancera, para mí ese es su gran aporte. Muchos en esa época no le dieron la importancia que Pacheco tuvo como el más extraordinario arreglista de la salsa”.
Noche de desenfreno en Cali
La amistad con Pacheco, forjada en tantos años de desenfreno rumbero, llevó a Yusti a vivir una anécdota como pocas se han contado. En los locos años ochenta, Larry Landa, el díscolo personaje que trajo a tantos artistas a Cali, invitó a Jhonny Pacheco y la Fania a un concierto en esta ciudad. En esos tiempos los artistas no solo venían por los dólares que tan generosamente se ofrecían sino también porque aquí había suficiente polvo blanco y mujeres por montón que ‘alegraban’ la vida de estos artistas.
Pues bien, el relato de Yusti es contundente. Una noche después del concierto y estando en el Hotel Petecuy, el viejo hostal del Centro que albergó a los artistas que pasaron por Cali, por poco pasa a la historia como el lugar en el que casi pierde la vida Pacheco.
“Terminamos en el ‘penthouse’ y continuamos la rumba. De un momento a otro Pacheco dejó de hablar y me pareció muy extraño porque Pacheco era muy locuaz. Tres de la mañana y de pronto veo a Pacheco que se me fue quedando, como cerrando los ojos y sin cómo poder volver a la rumba, entonces me tocó urgente mandar a comprar leche y todos estos remedios que uno sabía que se usaban para ‘volverlo a la vida’”
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Yusti, hace muchos años alejado de los excesos, pero no de la buena melodía, recuerda que Pacheco nunca se olvidó de esta anécdota que luego recordaban en medio del jolgorio. “¿Te imaginás que Pacheco se nos hubiera muerto en Cali, nooooo, qué tragedia”, me dice Miguel, mientras señala un cuadro donde emerge la figura del gran director musical.
El maestro de la salsa y la esencia del guaguancó
Y es que Pacheco siempre supo rodearse de los mejores. Sus amigos más cercanos recuerdan que tenía un ojo o, más bien, un afinadísimo oído que le permitía identificar con facilidad las voces y el golpe que la gente quería escuchar. Tuvo dos grandes amigos y talentos geniales, con los que generó un impacto legendario: Héctor Casanova y Pete ‘El Conde’ Rodríguez tenían timbres de voces similares y una esencia del guaguancó que luego convirtieron en un himno de las discotecas de la vieja guardia salsera de los ochenta y que conectaban a La Manzana con El Túnel del Tiempo, La Boca del Lobo y la antigua Jirafa Roja.
“Le traigo mi guaguancó sabrosón
(Escuche usted la esencia del guaguancó)
Que con Pacheco no hay quien pueda
Es el rey del guaguancó negro
(Escuche usted la esencia del guaguancó)
Caballero El Conde le está inspirando esta linda inspiración negro
(Escuche usted la esencia del guaguancó)
Y aquí queda demostrado, perfecta combinación con mi son
(Escuche usted la esencia del guaguancó)
Pero qué rico, qué rico, y que lindo se baila el guaguancó en Nueva York...”
Wilmer Zambrano otro de estos amigos estudiosos de la rumba caleña, explica que la salsa como movimiento fue una creación de Pacheco, nadie le debería quitar ese mérito, y con ello su reconocimiento a nivel mundial como expresión cultural de los latinos.
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“Antes de Pacheco hubo grandes sellos con bandas grabando y produciendo música, pero fue a Johnny a quien le sonó la flauta, creó el sello Fania junto a Jerry Masucci, y con él empezó a grabar sus propias producciones y a las bandas que comenzaron a emerger en el barrio latino de Nueva York, que traían una nueva sonoridad que fusionaba la música cubana y puertorriqueña con el jazz. Y que ya no era son, guaracha o guaguancó.
“La Fania, nombre de un viejo tema de Ignacio Piñeiro, bajo la dirección de Pacheco tomó la salsa como propia y en una misma sombrilla cobijó a toda esta música que estaba naciendo y buscaba ser bautizada”.
Dice Zambrano con mucho énfasis.
Y justamente el nombre de la Fania es de esas discusiones legendarias entre los salseros. Pero la controversia la zanjó el propio Pacheco quien en una entrevista con el escritor y musicólogo César Pagano le reveló que Fania era un nombre puesto por él mismo. Pacheco contó que Fanía, así acentuado, era un chef de un club de amigos que había en Cuba, y se grabó en el primer ‘long play’, que se llamó Cañonazo. Pacheco decidió utilizar el nombre de Fania porque no solo era de unos amigos, sino que era una palabra fácil para emplearla en Europa (tenía claro desde el principio a dónde quería llevar el género), con los latinos y con los norteamericanos.
El legado de un visionario de la salsa
Originario de República Dominicana, Pacheco llegó a Nueva York a los once años, allí se formó y se hizo músico. “Mi papá era director de orquesta, tenía cinco hijos, pero siempre decía que yo era quién seguiría sus pasos. Los otros son sordos, me decía. Papá tocaba el saxofón, el clarinete y el violín. Me daba lecciones por la tarde, cuando volvía de la escuela”.
Pacheco, siempre inquieto, tocó percusión y canto con su peculiar voz aguda en una agrupación de mabo con futuras leyendas como el pianista Eddie Palmieri y el trombonita Barry Rogers. Su trasegar musical comenzó a ser reconocido y a finales de los cincuenta el hermano de Eddie, Charlie se lo llevó como percusionista para su recién creada orquesta La Dobuney, allí mismo pasó de tocar los cueros a interpretar la flauta. Aunque hicieron una gran dupla, Palmieri y Pacheco se separaron al reconocer sus enfoques distintos en torno a cómo debía sonar una charanga. Mientras Pacheco consideraba un sonido más tradicional y acompasado, Palmieri era fanático de las improvisaciones pesadas y las disonancias rítmicas que tanto rédito y reconocimiento le otorgaron.
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‘El Güiro de Macorina’ fue tal vez el primer éxito de Pacheco y su Charanga, su nueva agrupación, cuya producción estuvo a cargo del sello Alegre Records. Con el sello de Al Santiago estuvo cuatro años y grabó varios ‘Longplays’ que hoy son todo un tesoro para los colecconistas.
Pacheco y su nuevo Tumbao fue una agrupación de 1964 y el 25 de marzo de ese mismo año, día de su cumpleaños, fue cuando realizaron la primera grabación con sello Fania. Ya con su socio Masucci habían creado el sello y lanzaron el primer disco que se llamaría ‘Cañonazo’ en que apareció por primera vez la voz del gran Pete ‘Conde’ Rodríguez.
Comentan los testigos de aquella época que el propio Pacheco, utilizando su automóvil particular como transporte de discos, se dedicaba a visitar personalmente los más diversos expendios; la compañía, virtualmente, era una empresa doméstica. Dos años más tarde, cuando la música de Pacheco ya había permitido las primeras ganancias de la Fania, los dos socios decidieron firmar a nuevos artistas. Contrataron así a Larry Harlow y a Bobby Valentín, dos personajes que en breve tiempo se convertirían en estrellas, no solo de la Fania, sino de la salsa también.
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Uno de los momentos más sublimes de la historia de Fania lo narra el escritor venezolano César Rondón, en ‘El Libro de la Salsa’. Rondón cuenta que en 1967 la compañía firmó a un trombonista de quince años, que con el tiempo habría de convertirse en uno de los personajes más importantes de toda la expresión salsosa: Willie Colón, oriundo del South Bronx, otro de los populosos barrios latinos de la ciudad de Nueva York. Pacheco, descubridor de Colón, lo puso en contacto con Héctor Pérez, un joven cantante venido de Ponce. Juntos montaron una orquesta que, a decir de los que la conocieron en aquella época, fue una de las peores bandas que jamás hayan sonado en la música latina. Colón aprovechó la pauta marcada por Palmieri, Mon Rivera y el Barretto de la Charanga Moderna para montar una agrupación de dos trombones de vara (el propio Willie, que jamás ha sido un virtuoso, se responsabilizaba del primer trombón), piano, bajo y ritmo completo. Todos los músicos eran jóvenes, personajes desconocidos que venían de algún estudio elemental.
Fue tal el éxito y respeto que generó entre los artistas esta llave maestra para los negocios salseros (Pacheco y Masucci), que Pupi Legarreta interpretó esta canción que se volvió una suerte de homenaje para los precursores de la Fania All Star. Y aunque al final de sus días la relación de amistad se rompió y Pacheco acusó a Masucci de hacerle un verdadero ‘tumbis’ y sacarlo de la sociedad de Fania, nadie puede dudar que ellos se encargaron de llevar el género a otra dimensión.
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Algunos detractores los acusan de haber cerrado el paso en la Fania a ciertas orquestas, entre ellas la de los Hermanos Lebron y la orquesta de Frankie Dante, que derivaron, incluso, en acusaciones de racismo que Pacheco siempre rechazó. Lo cierto es que lo suyo era hacer buena música y plata porque eso siempre lo resaltó en las producciones que acompañó, ya fuera con Celia, Melón, Daniel Santos o el Conjunto Clásico.
Esa es una de las razones por las cuales Carlos Molina, director del Museo de la Salsa del barrio Obrero, no duda en asegurar que Pacheco es una de las fuerzas más importantes de toda la historia musical del género. “Con el sello Fania potencializó a los más grandes artistas y los unió en una sola voz para que le cantaran el mundo y Cali, actualmente, está viviendo el legado visionario de lo que pasó y preservará por el resto de las generaciones lo que es la salsa”.
“El tiempo pasado es pasado
Al ayer jamás podremos regresar
Hoy será ayer, mañana será hoy óyelo bienLo que te espera nadie lo puede saber
Lo que te espera nadie lo puede saberPor eso yo vivo feliz
Cuando yo canto mi bonito guaguancó
Por eso yo vivo feliz
Cuando yo canto mi bonito guaguancó”
Con Héctor Casanova, Pacheco hizo una combinación perfecta, solo comparable con la que tuvo con su compadre Pete ‘El Conde’ Rodríguez. ‘Guaguancó pa’l que sabe’ fue el paroxismo musical, una interpretación que exorciza las penas de los artistas… “No creas que porque canto es porque me he vuelto loco, yo canto porque el que canta dice mucho y sufre poco”, advierte una de las estrofas salseras más bellas que se han escrito.
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Y eso que la producción musical de Pacheco fue amplia y profusa. Se codeó con ‘los caballos’ del género y todos lo respetaron. Celia, en ‘La Dicha Mía’, improvisa en uno de los acordes y canta su propio agradecimiento: “Después conocí a Johnny Pacheco, ese gran dominicano, y con Pacheco me fue mejor”. Pero no solo a ella le fue mejor. En 1973, con la Fania en el Coliseo Roberto Clemente, Pacheco dejó la impronta de una presentación legendaria que aún hoy retumba y tumba.
En un momento clave del concierto, Pacheco voltea a mirar a Héctor Lavoe en el escenario y le dice al público: “Nosotros prometemos y cumplimos, siempre. Ahora viene lo bueno, ahora va a cantar el único hombre de la Fania que de frente parece que está de lado” y el gran ‘Jéctor’ que no se quiso quedar atrás le respondió, “se te olvidó decir, se te olvidó decir que yo soy el hombre que respira debajo del agua”.
Pacheco fue el primero en devolver la salsa a su origen, a la cuna de Obatalá y del eco de un tambor. “Con la orquesta mía tuve la dicha de que fuera la primera en tocar en el África. El amor que le tienen a nuestra música es increíble. A ellos les gusta cualquier tipo de música que tenga ritmo bailable, especialmente el son y la guajira, y son tremendísimos. Por eso les toqué ‘Vikingo caliente’. Lo primero de nosotros que llegó a África fue Acuyuyé y una guajira llamada ‘El piñarero’, que pienso grabar de nuevo con Celio González”, recordó alguna vez el propio Pacheco en una conversación con el investigador César Pagano.
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“Un soñador de lo imposible”, qué bella frase… Así se autodenominó en una entrevista el gran Pacheco, un hombre que al mirar atrás podía sentirse orgullo de lo que hizo por sus raíces artísticas.
No hay duda de que Pacheco tuvo la rumba entre los cueros y puso la salsa en el timbal. ‘El zorro de plata’ era el último de los mohicanos, el final de una estirpe de salseros que ya no volverá. La vieja guardia salsera recordamos su nacimiento, los que bailamos, escuchamos y vibramos con su amplio repertorio le decimos gracias maestro. Nos queda, eso sí, el ‘tumbao añejo’ del viejo querido, el agua del clavelito y aquel Acuyuyé que tanto se ‘rumbió’ en Cali…
Por eso, lo mejor es que no se metan con el Faisán, con el Pacheco eterno, con su tumbao añejo, con el hijo del siboney, el compadre con el que lloramos la partida de Blanca, el mismo que nos hizo pedir el rincón para guarachar, para vacilar…
La rumba debe estar encendida en el cielo. Gracias por tanto, maestro, perdone lo poco.
La filosofía del Maestro de la música
“Si pudiera volvería a nacer en Santiago de los Caballeros, el mismo 25 de marzo de 1935, y pediría al cielo el privilegio de vivir esta misma vida, ser quien soy, un soñador de lo imposible”
“Los compositores son siempre muy mal pagados. Pero me siento tranquilo y feliz. Miro atrás y me siento orgulloso de lo que logramos”
“Usé el nombre de Fania porque no solo era de unos amigos, sino que era una palabra fácil para emplearla en Europa, con los latinos y con los norteamericanos”
“Lo primero que les aconsejo (a los artistas) es que estudien con constancia y profundidad, si de verdad quieren ser músicos destacados”
“Si el público norteamericano no puede entender nuestra música genuina, pura, pues me interesa más el mercado latinoamericano”
“Ahora viene lo bueno, ahora va a cantar el único hombre de la Fania que de frente parece que está de lado”
Diez discos imperdibles de Pacheco
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