El nombre de José Antonio Ruiz Negrón poco o nada le dice a los salseros, pero cuando hablamos de Frankie Ruiz los rostros se contraen y las sonrisas aparecen. Frankie Ruiz, como varios de los artistas que conocemos, no conservó su nombre original. Criado por sus abuelos, Frankie tenía un talento natural, una voz dulce, alta, fina, que muy pronto atrajo la atención de las orquestas.
Nacido precisamente un 10 de marzo de 1958 en Paterson, Nueva Jersey, Frankie era hijo de los miles de migrantes puertorriqueños que dejaron la suave brisa del Caribe para viajar al frío norte en busca de un mejor futuro, pero que nunca pudieron dejar a un lado las tradiciones culturales, gastronómicas y, por supuesto, musicales de la Isla del Encanto.
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Que a los trece años grabara su primer disco al lado de Charlie López y la Orquesta Nueva habla del precoz talento de un artista que estaba a la altura de Gustavo Colón, Héctor Lavoe, Justo Betancourt, Ismael Miranda o Lalo Rodríguez, solo por citar algunos de esos ‘monstruos’ salseros que fueron descubiertos antes de que cumplieran la mayoría de edad.
Y es que el pequeño Frankie era el orgullo de su madre Hilda Estrella, quien lo había parido apenas siendo una adolescente. Ella se quedó viviendo con sus padres, los abuelos de Frankie, y desde muy pequeño lo llevaba a su sitio de trabajo. Hilda se destacaba por sus presentaciones artísticas, cantaba y bailaba muy bien. Y fue así como a los siete años del pequeño José Antonio, Hilda Estrella, como casi siempre sucede con las madres, percibió ese talento escondido y empezó a llevarlo a conciertos y a sus propias presentaciones para promover su particular voz. Dicen que doña Hilda era muy insistente e invitaba constantemente a que escucharan a su ‘chamaco’, sin duda era una madre orgullosa, pero también era consciente del gran porvenir que tenía el pequeño.
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No se equivocó en su apuesta. En 1971, con tan solo trece años, Frankie ya estaba grabando un tema llamado ‘Salsa Buena’. Usted que me está leyendo en este instante, le sugiero que se detenga un instante, por favor, tome su móvil o su computador y busque por Youtube este ‘temón’ para que se sorprenda con la voz de un chico que a esa tierna edad ya poseía esa voz aguda, brillante, que lo iba a destacar tanto en el ‘golpe’ como en la ‘salsa monga’ o romántica que tantas críticas le generó en su momento.
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Con la Orquesta La Nueva, de Charlie López, hizo una colaboración con uno de sus ídolos, Ismael ‘Pat’ Quintana, cantando el tremendo golpe de ‘Muñeca’, que hiciera famosa la Duboney, la brava banda de Eddie Palmieri. En Yotube es posible encontrar una versión de ‘Muñeca’, en la voz de Frankie, una tremenda joya de 1977, pero con la Orquesta Vibración, un conjunto al que se vinculó cuando regresó con su familia a Puerto Rico tres años antes, en 1974.
Tal vez porque nos acostumbramos a verlo tan joven en los escenarios, pensamos que Frankie tenía más años de los que aparentaba. Tal vez porque pegó tantos éxitos se nos hizo tan familiar su figura y cuando murió su últimas fotos mostraban a un hombre desgastado, avejentado, golpeado por la vida, pero que en realidad apenas tenía cuarenta años. De cuánto talento nos privamos, qué tanto de este maravilloso artista no pudimos disfrutar, cuánta voz se deshizo en medio del silencio de la ‘parca’. Este mes de marzo apenas habría cumplido 67 años.
A Frankie con el tiempo lo bautizaron el ‘papá de la salsa’, un apelativo que obviamente resulta una exageración y que de seguro él nunca hubiera aceptado. Tuvo en las Orquestas la Solución, de Roberto Rivera; y la Primerísima, de Tommy Olivencia, su momento fulgurante que hizo estallar el tinglado musical salsero y lo proyectó como una de las figuras cruciales de la salsa en los años ochenta.
Y es allí, en la tierra del Coquí, con tan solo 22 años, que Frankie pega el gran palo que todos estaban esperando: ‘La rueda’, interpretada en su inconfundible voz, transforma los escenarios y pone al artista en una cima que lo estaba esperando dado su gran talento.
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“Ninguna rueda me había lastimado
Y me pasaron de las más pesadas
Pero contigo quedé destrozado
Porque no hiciste ninguna paradaYo que te tenía siempre a mi lado
Y el día menos pensado tú te me fuiste de mi lado
(Pero, ay, qué barbaridad) qué barbaridad
(Y yo sin moverme del mismo lugar)”
‘La rueda’, ese tema que llevó al éxito a Ruiz, fue un completo dilema para el gran vocalista. Como director de la Solución, Roberto Rivera había conocido la canción, que originalmente es una ranchera compuesta y cantada por el gran Antonio Aguilar, a través de una versión que hiciera Celia Cruz con Tito Puente. Es fácil adivinar el temor que sintió Frankie de ponerse al frente de un tema que había sido interpretado por dos monstruos de la canción popular latinoamericana.
De hecho, su propio hermano, el también cantante Viti Ruiz, contó que Frankie le expresó a su esposa las dudas de interpretar una canción que ya Celia había hecho. Para él, que guardaba un gran respeto y admiración por ‘La Reina rumba’, era prácticamente imposible mejorar esa versión, pero fue su propia esposa quien lo conminó a cantar ‘La rueda’, pero con su propio estilo y sin imitar a nadie.
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Una vez convencido de grabar el tema, Frankie, al igual que otros grandes artistas con voces agudas como la de él, se vio enfrentando a un requerimiento de su director, su productor y el arreglista. Las notas se las pusieron tan altas (y es fácil advertirlo al escuchar la tremenda grabación) que Frankie tuvo temor de no alcanzar el tono y entonces no quería grabarlo y fue allí cuando los músicos de la orquesta lo arroparon, le brindaron confianza y Frankie sacó toda si dinamita, la interpretó en Fa menor, todo un desafío para cualquier cantante, y así estalló el más grande éxito en la historia de La Solución.
Pero cómo siempre sucede, no todo era felicidad. A pesar de su corta edad y de que Frankie vivía ya lo que cualquier artista deseaba (éxito, contratos, reconocimiento), en su alma pervivían como grandes saboteadores una serie de eventos en su vida que no terminaban de curarse.
Por un lado, a pesar del amor prodigado por su madre y abuelos, crecer sin un padre que ni siquiera lo reconoció fue doloroso para el gran Frankie. Un tal Frank Torresola (es probable que el Frankie venga de allí) había tenido un amorío con la entonces adolescente Heidi y de esos encuentros nació el gran Frankie, que fue criado por sus abuelos.
Pero sin duda un terrible episodio, con una dosis de culpa autoinflingida, trituraba el alma sensible de Frankie. Una noche, cuando ya vivían en Mayagüez, después de su regreso a Puerto Rico, su madre Hilda Estrella tuvo un compromiso de trabajo y le pidió a Frankie que la acompañara al show, pero ‘El tártaro’ estaba perezoso y quiso quedarse en cama, entonces su madre despertó a Viti, su otro hijo, y se lo llevó consigo. Ya por la carretera número 2, Hilda y Tito se enfrentaron a una pesadilla. Dos carros marchaban hacia ellos ‘endiablados’, ocupando ambos carriles, sin duda en una apuesta de velocidad. El carro donde viajaban Hilda y Viti chocó inexorablemente con uno de los irresponsables y producto del violento impacto, la madre de Frankie falleció y su hermano tuvo graves heridas en el rostro que lo mantuvieron hospitalizado por varios días.
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Frankie nunca pudo recuperarse totalmente de este terrible accidente, una parte de su alma lo castigaba por no haber acompañado a su madre ese día. El traicionero refugio del alcohol y las drogas comenzó a coquetearle y Frankie naufragó, como dice el Conjunto Clásico, ‘sin rumbo alguno’ por ese azaroso sendero.
“Se oyen leyendas por el camino, bejucos y jibaradas
De sueños en la andanada, de flamboyanes y trinos
Son cuentos de campesinos, de luna, sol y alboradas
De montes y de quebradas, de playas y de bohíos
Cantares de pueblo mío, sus vidas, sus esperanzas
Su tiempo de lontananzas, de madrigales y ríos
Ay Dios, cosas nativas
Ay mi Dios, cosas nativas”
Un año después de romperla con ‘La rueda’, en 1981, da un salto vertiginoso en su carrera y comienza a hacer parte de la delantera de Tommy Olivencia y su Orquesta La Primerísima. No era fácil la parada porque Frankie entró a reemplazar a Gilbertito Santa Rosa, pero el chico criado en Mayaguez se fajó con uno de sus más espectaculares interpretaciones y que para mí, en lo personal, resultó estelar: ‘Cosas Nativas’, una composición de Rolando Gorrín, que sumado a los espectaculares arreglos de Máximo Torres, se transforma en una oda al campesino, al jibarito de Puerto Rico. No tengo dudas que desde su nombre, ‘Cosas Nativas’ es lo más auténtico que interpretó Frankie.
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En cada estrofa, el talentoso chamaco despliega una maestría única para arrastrar sus erres boricuas y sumar a cada terminación las alargadas eses que lo identificaron en su vocalización. Sencillamente ‘Cosas Nativas’. En ese momento Frankie estaba al tope de su nivel y en todo el álbum es posible encontrar una voz bella, encantadora, arrebatadoramente sensual, que no encontraba parangón en ese momento de la salsa.
Con Tommy Olivencia, Frankie estuvo hasta 1986. En la ‘Primerísima’ aprendió los secretos de las grandes bandas salseras, conoció el dulce arrebato de la fama y la peligrosa coquetería de los vicios, la rumba y el amigo que es amigo siempre y cuando le convenga… Como a Héctor Lavoe, la fama le llegó rápido, los desenfrenos lo acompañaron y los temas que interpretaba comenzaron, peligrosamente, a asemejarse a su propia vida.
“No, que no, no, que no
Que yo no puedo vivir así
No, no, no, no, no, que no
Que yo no puedo vivir asíYo quiero vivir la vida sin preocupaciones
Hoy quiero ser dueño de mis emociones
Y si me siento deprimido cantaré
Y para no sentirme triste reiré
Haré un mundo de ilusiones, donde florezcan perdones
Ay no quiero vivir en valles de preocupaciones
No quiero navegar en mares de desilusiones”
El tema ‘No que no’ fue una de las últimas producciones que grabó Frankie con Olivencia y entonces comenzaría un periodo en solitario que estaría marcado por uno de sus mejores sencillos que le dio la vuelta al mundo y por su ingreso definitivo en la salsa de alcoba que traería consigo una polémica inevitable que se abriría no por la calidad de su voz sino por haberla puesto, precisamente, al servicio de una salsa comercial y no haberle apostado al gran golpe salsoso, algo similar a lo que le ocurrió al gran Lalo Rodríguez.
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Y es en esa apuesta, con un álbum llamado ‘Solistas, pero no solo’, que Frankie toca el cielo con las manos. Publicado en 1985 por el sello discográfico Rodven Records, Ruiz se convierte en el primer salsero en ser número uno de la lista de éxitos musicales de la Revista Billboard en la categoría Tropical Album.
En una tremenda producción en la que se destacan temas como ‘Esta cobardía’, ‘El camionero’, y ‘Tú con él’, famosas baladas convertidas a formato salsa, se destaca un numerito que arrasó en ventas y se convirtió en el más solicitado por los oyentes de las emisoras de todo el continente. Quién más podría componer algo que reflejase la vida misma del propio Frankie que el gran juglar del caribe Tite Curet Alonso. Fue tanto severo el golpe emocional que acusó Frankie cuando leyó la composición que, incluso, lo condujo a dudar si grababa o no la canción.
“Si te dicen que yo me estoy curando es la verdad
Y la cura que yo me estoy buscando es realidad
Aunque me salga tan cara
Algo tiene que me ampara
Es mejor que tu mentira
Que me llenaba de ira y nada más”
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Lo cierto es que todo indica que Frankie no se sintió cómodo con la composición, siempre hablaba de compromisos para evitar entrar a estudio y hacer la grabación. Un temor se encerraba en el corazón del artista, los excesos de la noche venían acosando a Frankie y comenzaron a hacerse públicos. ‘El Tártaro’ sintió que la composición de Tite Curet, al hacer referencia a ‘la cura’, podría ser malinterpretado por su fanaticada, ya que en el ambiente callejero de ‘puertorro’ significaba drogarse.
“Amargura, señores, que a veces me da
La cura resulta más mala que la enfermedad
Amargura, señores, que a veces me da
La cura resulta más mala que la enfermedad”
En las calles de Cali, este tema catapultó al gran Frankie en el barrio. Para muchos, era un chico malo con cara de bueno que se atrevía a desnudar su realidad. No existía nadie en Cali que entendiera que el tema compuesto por Tite Curet era una alusión a un amor perdido, como quisieron dar a entender los productores del disco, para todos los que escuchábamos la salsa ochentera era muy claro que ‘La cura’ era un guiño callejero, un gesto pícaro que tenía que hacer referencia a alguna droga más ‘heavy’ para que resultara siendo más mala que la enfermedad. De nuevo Tite Curet había roto los parámetros, había compuesto una canción precisa para el cantante adecuado y, otra vez, su letra era el reflejo de una vida.
Después de esto, Frankie siguió apostándole a la salsa romántica que comercialmente vendía más y se fue alejando de los pregones y la salsa brava en medio de los ‘Desnúdate mujer’, ‘Deseándote’, ‘Lo dudo’ y ‘Quiero hacerte el amor’. Los seguidores del artista se dividieron. Algunos no podían creer que este era el mismo cantante que nos había hecho emocionar con ‘La Rueda’, ‘Cosas Nativas’ y ‘La Cura’. Algunos, incluso, se atrevieron a manifestar que Frankie había sido uno de los artistas que ayudó al declive de la salsa con sus interpretaciones románticas.
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Sin embargo, la verdad es que Ruiz solo fue un profesional en su campo, entendió el mercado y le dio gusto a una fanaticada joven que esperaba ansiosa los temas que interpretaban las nuevas figuras de aquellos años como Willie González, Eddie Santiago y, cómo no, ‘el papá’ Frankie Ruiz. Hoy, incluso, con la sapiencia que da el paso de los años, especialistas en salsa aceptan que gracias a esta salsa romántica la clave no desapareció, la rumba siguió instalada en nuestras ciudades y se creó una corriente salsera joven, que aún hoy, por lo menos en Cali, llega a estas sonoridades de la mano de artistas como los anteriormente mencionados y con los temas que muchos salseros de la vieja guardia menospreciaron en aquella época.
A finales de esa década hermosa musicalmente que fueron los ochenta, a Frankie Ruiz lo metieron preso. En un confuso incidente aparentemente golpeó a una azafata en un vuelo doméstico y fue hallado culpable. Otras versiones dicen que antes de tomar un vuelo le encontraron crack en medio de su ropa y en junio de 1988 fue sentenciado a cinco años de prisión. Allí en medio de los silencios, las tristezas acumuladas, los pocos amigos que quedaron y la familia fragmentada, Frankie cantó su último gran éxito y por el que será recordado, también eternamente, porque ya nadie creía en el regreso del ‘loquito’ de Mayagüez.
“Quiero cantar de nuevo, caminar
Y a mis amigos buenos visitar
Pidiendo otra oportunidad
Bajo el farol del pueblo conversar
Y en una fiesta linda celebrar
¡Mi libertad!”
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Y de esta manera fue como ‘Mi libertad’, como antes lo habían sido ‘El preso’, de Fruko; ‘La Cárcel’, del Sexteto Juventud, ‘Las Tumbas’, de Ismael Rivera o ‘Nostalgia’, de Marvin Santiago, se convirtió en un himno que retumbaba en los bajos fondos de los barrios, escaló a las discotecas, se instaló en las emisoras y se coreó en las prisiones.

Una vez más, aunque herido y con cicatrices a la vista, Frankie renacía de las cenizas de sus propios excesos y desventuras. En 1992, esta composición del fallecido compositor panameño Pedro Azael, le dio la bocanada de oxígeno que necesitaba para recuperarse, para decirle a su público que había Frankie para rato. Pero la verdad es que la suerte estaba echada y ya no había cómo devolverse de los excesos, su cuerpo le pasó factura y Frankie comenzó a sentir la muerte demasiado cerca.
Seis años después, en 1998, ofreció su último concierto en Nueva York, en el Madison Square Garden, un 11 de julio, con la participación de su hermano Viti Ruiz y colegas como Héctor Tricoche, Tito Nieves, Los Hermanos Moreno, entre otros. Fue un concierto emotivo, lleno de recuerdos, anecdótico y con sabor a despedida. Muchos de sus fanáticos lloraron sin control cuando ‘el loquito’ comenzó a pregonar los versos de su último éxito.
“Vuelvo a nacer
Tantos años vividos perdidos pasaron pero eso fue ayer
Entre nubes oscuras estuve cautivo más de una vez
Y es que hoy me di cuenta qué importante es la vida
Y doy gracias a Dios
Vuelvo a nacer
Hoy comprendo lo errado que estaba, pero eso fue ayer
Cuando anduve perdido por malos caminos una y otra vez
Y es que hoy me di cuenta qué importante es la vida
Y doy gracias a Dios
Vuelvo a nacer”
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Una tremenda composición de Miryam Valentín, ‘Vuelvo a nacer’ mostró la realidad de un artista que se había desvanecido con el tiempo, su voz ya sonaba apagada, cantaba en susurros, una interpretación que duele porque cuando uno cierra los ojos es posible imaginar el gran esfuerzo que estaba haciendo Frankie por alcanzar el tono. El poder de una letra inmensa, directa y potente se estrellaba con un alma golpeada, develándonos a un Frankie en una dimensión absolutamente humana, que en cada nota rogaba por una nueva oportunidad.
“Y desperté
Es que estuve perdido
Malamente dormido
El Señor me dio otra oportunidad
Si tú supieras aquí estoy de nuevo
Vuelvo, vuelvo, vuelvo a nacer
Gracias a Dios
Todavía estoy vivo
Gracias a mi fe
Vuelvo a nacer.
Otra vez”
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Ese tema era como ese ‘Lamento de concepción’, de Roberto Roena, una suerte de Tito Rojas interpretando ‘He chocado con la vida’ o Frankie Vásquez con ‘Otra oportunidad’. De nuevo la salsa nos ponía de frente con una dura realidad: ‘Consejo no cogió, mensaje no escuchó y por eso él no está conmigo’, como dirían Herman Olivera y Frankie Vásquez.
‘El tártaro de la salsa’ era ya un hombre frágil, agotado y se estaba muriendo. Una cirrosis hepática estaba acabando con su hígado y Frankie Ruiz solo pedía otra oportunidad. El artista que tantas veces habíamos coreado en la calle, al que habíamos amado en la esquina, al que pedíamos en la ‘disco’, al que acompañábamos a grito herido cantando aquello de ‘Amargura señores que a veces me da, la cura resulta más mala que la enfermedad’, se nos estaba yendo y no lo sabíamos.
La compositora Miryam Valentín recordó en una entrevista con Salserísimo Perú que fue su exesposo, el ingeniero de sonido Vinny Urrutia, quien la conectó con Frankie y le pidió que le escribiera una canción. “Me inspiré en la propia historia de su vida y así fue como escribí ‘Vuelvo a nacer’. Recuerdo que cuando Frankie escuchó la letra comenzó a llorar”.
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Miryam quedó impactada con la reacción del artista y cree que se identificó con su composición porque es una canción que habla del arrepentimiento, la reflexión y no hay duda de que ‘El Tártaro’ transitaba por esos caminos. “Frankie era querido por todo el mundo. Humano, sencillo, humilde, lleno de amor hacia el prójimo. Como él, ninguno”.
Un mes después del concierto, el 9 de agosto de 1998, José Antonio Ruiz Negrón falleció en Nueva Jersey, a los 40 años de edad, como consecuencia de la cirrosis hepática que le aquejaba desde hacía un tiempo, pero en cambio Frankie Ruiz nunca murió y hoy seguimos buscando en sus canciones esa ‘cura tan mía que vale más que tu mentira que me llenaba de ira y nada más’.

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