Salsa

Las eternas navidades de Bobby Cruz y Richie Ray

Quién lo iba a pensar pero fue la melancolía, ese vago estado anímico de tristeza y desinterés lo que llevó a Richie Ray and Bobby Cruz

Las eternas navidades de Bobby Cruz y Richie Ray

Quién lo iba a pensar pero fue la melancolía, ese vago estado anímico de tristeza y desinterés lo que llevó a Richie Ray and Bobby Cruz

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Por Gerardo Quintero Tello
Jefe de Redacción 90 Minutos
Diseño y edición de video: Giovanni castro @gallegogiovanni

Musicalización: Julián Páramo @somosanclamusic

“Ay, le-lo-lay, le-lo-le, lo-lay, lo-lay, le-lo-lea
Qué linda es la navidad
Aquí en mi querida islita tomando ron cañita, con el compadre Tomás
Y si viene una parranda, nos ponemos a cantar
Aquí en mi querida islita, qué bella es la Navidad”

Quién lo iba a pensar pero fue la melancolía, ese vago estado anímico de tristeza y desinterés lo que llevó a Richie Ray and Bobby Cruz a plantearse la producción de un álbum musical que trajera de todo: bomba y plena, mapeyé y aguinaldo, es decir, aquellas músicas tradicionales de la Isla del Encanto que tanto extrañaban los boricuas que habían emigrado en aquellos años 60 a los Estados Unidos.

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Cuando llegaba la Navidad, esa melancolía se apoderaba de los puertorriqueños que no encontraban en el rock and roll que sonaba por aquellos años, el sosiego que les ayudara a recordar el arroz con dulce, el rabito del lechón, los pasteles bien picantes, como los cocina Flor, mucho turrón alicante y el infaltable palito de ron.


Un año después de la llegada de Richie Ray, el primer álbum de ‘Los Durísimos’, el dúo lanzó en 1966 esta fiesta navideña plena de nostalgia que trascendería las fronteras y ya no solo llegaría al alma boricua sino que se convertiría en una referencia mundial del arribo de las festividades decembrinas.

“Y en casa de la comae' vamos a hacer una fiesta

Tendremos arroz con pollo compae' no se lo pierda.

Ay que bella es la navidad

Ay Saoko maíno que barbaridad

Ay que bella es la Navidad”

“Y le ruego a Dios por la humanidad”, así entona Bobby con esa voz limpia, sin trucos de sala de edición, interpretando ‘Bella es la Navidad’, una canción que junto al ‘Seis Chorreao’, ‘Bomba en Navidad’ y ‘Aguinaldo Navideño’ se convirtieron en la irrebatible banda sonora de cada fin de año en Cali y de Colombia misma. A tal punto que ‘Bella es la Navidad’ hace parte del álbum 100 Cañonazos del Siglo, que fue lanzado hace un tiempo por Discos Fuentes.
Pero como los caleños no somos conformistas, entonces ‘Bella es la Navidad’ había que acelerarlo porque su tono de bugalú arrastrado, armónico y lento no gustaba a los caleños arrebatados que querían algo más frenético para mover los pies.


Fue en algún momento a comienzos de los años setenta cuando algún DJ errante o discómano (como se decía en el pasado) de esos que podían traspasar sin rubor del ‘Honka Monka’ al ‘Séptimo Cielo’ le dio por iniciar un revolú y modificar el sonido original de 33 a 48 revoluciones por minuto, sacándole punta a la vieja aguja gastada del tornamesa.

Esto originó un guateque sonoro que transformó un ‘suavecito’ tema navideño, en una trepidante ráfaga musical que aceleraba el corazón y las pasiones cada vez que tronaba.


“Y me voy a Bayamón a comer el chicharrón” se volvió un coro clásico decembrino que se cantaba en cada casa, así no comiéramos chicharrón a la medianoche ni tampoco supiéramos dónde queda el dichoso Bayamón.
Rafael Quintero, uno de esos respetados sabios de la tribu salsera en la ciudad, me recordó algo de lo que muy pocos hablan y es que la primera vez que Richie y Bobby pisaron suelo caleño, en 1968, más exactamente en la Caseta Panamericana, era tanta la fascinación que los asistentes ni siquiera bailaban.


Fue tal el embrujo que produjeron estos dos artistas, acompañados de una liturgia que se enardecía con esos vientos abiertos del ‘Indio Cherokee’ y Pedro Rafael Chaparro en las trompetas, que los asistentes a este nuevo culto musical que se abría en la ciudad prefirieron dedicarse por unos instantes a la contemplación. “Es que cuando llegaron a Cali no solo era una banda de gran innovación, con un bugalú que la gente estaba escuchando, sino que los caleños apreciaron el sonido de una banda perfecta. Todo lo que venía de ellos, los caleños lo recibieron con mucha atención”, rememora Rafa.

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Y es que en el año 1968 DR (es decir, Después de Richie), ya en la capital de la rumba sonaba el ‘long play’ de lo que se llamó ‘Fiesta Navideña’, un vinilo de nueve cortes, con una carátula en la que el sello Fonseca presentaba a Bobby Cruz, rodeado de sus tres hijos, destapando regalos. “Siempre quise hacer un álbum donde no tuviera restricciones tocantes a su comercialidad, o su tiempo bailable y desde que era bien joven cantaba en el coro de la Iglesia de la Sagrada Familia de Brooklyn. Me gustaba la música de la misa, y hoy con todo respeto puse algo en grabación que espero sea del agrado de todos y que les haga sus Navidades más placenteras”.

Esta esperanzadora dedicatoria que me compartió un amigo melómano y que viene impresa en el disco original de Fonseca Record se volvió una certeza, porque su legado sobrevivió al implacable paso de los años. ‘Los Durísimos’ de esta manera entraron por la puerta grande de los infaltables discos navideños. Como en tantas otras musicalidades que experimentaron, fueron pioneros en hacer temas decembrinos y su éxito obligó a que otros artistas del sello Fania como Willie Colón, Héctor Lavoe y Cheo Feliciano se aventuraran a narrar las vivencias del jibarito.

En eso se transformaron Richie y Bobby en Cali, como bien lo recuerda Wilmer Zambrano, otro amigo de esos que deja la búsqueda de la melodía. “Hay que enfatizar que se trata de letras muy sencillas y que a pesar de que el disco fue producido en Nueva York, recordemos que ambos eran inmigrantes en Estados Unidos, que heredaron costumbres de su natal Puerto Rico y que al final construyeron un disco que refleja un sentir latinoamericano, por las costumbres, la unión familiar, la comida…”.

Y es que tanto Richie como Bobby terminaron recibiendo una herencia cultural (desde lo rítmico y gastronómico) a la que decidieron rendirle un homenaje que inicialmente parecía muy local, con ritmos campesinos de Puerto Rico, la música del jibarito, pero que terminó, como sucede con las grandes obras de arte, rompiendo fronteras, perteneciendo a la humanidad y escuchándose una Navidad tras otra en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Puerto Rico y Panamá.

“Ehhh (bomba) Que yo le traigo (bomba)

Mi bomba rica (bomba)

Para que goce (bomba)

Ay na' ma'

Bomba de las navidades

Pa' que gocen

Bomba de las navidades

Ay na' ma'

Ay Dios mi bomba es buena (bomba)

Es navideña (bomba)

Puertorriqueña (bomba)

Ay na’ ma’”

Y qué ‘Bomba Navideña’, sí, de la buena, nos dejaron estos ‘durísimos de la salsa’. Toda una fiesta decembrina de fe, esperanza y caridad, como diría Henry Fiol. Pocos recuerdan que Bobby además de ser un gran cantante, ha sido un compositor de quilates. Basta saber que todos los discos alrededor de esta temática navideña fueron creación del famoso jibarito que se inspiró en su padre, al que llamaban ‘El viejo cacique´. Este incansable hombre del campo, de trabajo duro en los cañaduzales, quedó inmortalizado en ‘Gangan y Gangón’, uno de los discos más espectaculares del famoso dúo y que fue compuesto por Bobby haciendo alusión a sus hermanos gemelos que enloquecían a su padre con sus pilatunas.

“Dios mío, si yo pudiera Bomba ahí na' ma'

Cantarle a un americano

Bomba ahí na' ma'

Y decirle como hermano

Bomba ahí na' ma'

Que el sabor que han escuchado es la bomba navideña

mi bomba puertorriqueña

Bomba ahí na' ma'

Díos mío si ellos tuvieran

Bomba ahí na' ma'

El poder de comprender

Bomba ahí na' ma'

La cultura de mi tierra

Bomba ahí na' ma'

Y el dolor que significa vivir lejos de mi Patria alejado de mi vida

Bomba ahí na' ma'”

Toda la nostalgia de Bobby Cruz contenida en unos versos que le salen de su más profundo ser, mientras el ‘Indio cherokee’, ‘mister Trumpet Man’, hace que nuestra piel vibre mientras revienta esa trompeta en nuestro más profundo sentimiento. ‘Bomba en Navidad’, del álbum Felices Pascuas producido en 1976, diez años después del primer gran éxito navideño, se convirtió en un himno a la vida y una suerte de reivindicación cultural bailada y entonada a coro en diciembre. La dulce voz de Miki Vimari le dio el toque de armonía perfecto que necesitaba un disco que también es un reclamo, un grito desesperado de esos puertorriqueños que vivían en Estados Unidos y se sentían marginados en el gueto.

“Dios mío si ellos tuvieran el poder de comprender la cultura de mi tierra y el dolor que significa vivir lejos de mi patria alejado de mi vida”… Una estrofa de dolor en el que puede uno cerrar los ojos e imaginar al Bobby, casi al borde del llanto, convirtiendo su canto en un reclamo que compartían miles de sus compatriotas en el coloso norteño.

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El impacto de ‘Los Durísimos’


Otro amigo de la rumba, respetado gurú de la tribu salsera, Umberto Valverde, testigo presencial del arribo del ‘sonido bestial’, me dice que el impacto musical del dúo fue tan brutal que la gente salía del concierto conmocionada. “Las primeras dos veces que ellos vinieron yo fui todos los días, con mi amigo Carlos Jiménez. Sus presentaciones marcaron un hito en la ciudad. Con Richie Ray la salsa pasó del barrio Obrero a ser de las clases medias, atravesó todos los sectores sociales”.

Valverde confirma lo dicho por Rafa Quintero y en su memoria navegan recuerdos de unos asistentes en modo ‘zombi’ que contemplaban hipnotizados las descargas del dúo más longevo de la salsa. El escritor del barrio Obrero considera que ese día se configuró una suerte de amor eterno entre ‘Los mamitos’ y los caleños.

Para Rafa Quintero el hecho de que los temas navideños de Richie y Bobby Cruz perduren y no tengan fecha de caducidad solo se puede explicar por dos razones: la devoción y fanatismo que siempre despertaron los ‘durísimos’ y el concepto fiestero de su música, algo que a los caleños nos gusta por naturaleza.

“Sus letras invocan las navidades, recuerdan las tradiciones y toda esa unión y esas canciones nos dejan este legado musical que no se cansa de sonar en cada diciembre”, agrega Rafa.

Uno podría aventurarse a decir que la historia musical de Cali se partió en dos: AR y DR (es decir, antes de Richie Ray y después de Richie Ray). Más de 50 años han pasado desde que el sonido bestial se instauró en Cali para nunca marcharse. Ningún fin de año sería igual en esta ciudad sin el ‘Seis Chorreao’, ‘Bella es la Navidad’, ‘La Bomba Navideña’ o ‘El Aguinaldo Navideño’. Y por eso, para todos los sobrevivientes del bicho que anda suelto, el estallido social, la crisis económica y demás situaciones difíciles que hemos sorteado este año, el mensaje que nos dejaron ‘Los durísimos’ no puede ser más oportuno…

“Yo le pido a Dios estas navidades

Mis felicidades a mis familiares

Y le ruego a Dios por la humanidad

Gloria en las alturas y en la tierra paz.

Los niños que esperen a los reyes magos

Que ellos siempre vienen con muchos regalos

Y en el año nuevo tan espiritual

Todos rogaremos por eterna paz.

Ay que bella es la Navidad”

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Un hotel centenario, con una historia anclada en el Grupo Niche

Mauricio Ríos es el gerente de este hotel que le ha pertenecido a su familia por décadas. Y fue precisamente su abuela la que tuvo la audacia de crear este hotel que lleva por nombre el mismo y prestigioso nombre de Savoy, que le ha dado la vuelta al mundo.

Mauricio Ríos es el gerente de este hotel que le ha pertenecido a su familia por décadas. Y fue precisamente su abuela la que tuvo la audacia de crear este hotel que lleva por nombre el mismo y prestigioso nombre de Savoy, que le ha dado la vuelta al mundo.

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En el corazón de Cali, hay una edificación que a pesar del paso de los años late llena de vida. Cuando se desciende por la Carrera Primera; un hotel centenario nos recuerda que hace parte de la tradición de la ciudad y que además guarda una historia desconocida.

El salón central del Hotel Savoy, que da acceso a la entrada, es un museo vivo: vehículos de los años 40 y 50, fotografías inéditas de Jairo Varela, centenares de vinilos, radios de tubos que se deben calentar para funcionar y que transmiten recuerdos sonoros hacen parte de esta emblemática arquitectura que guarda un pedazo de la historia de Cali y del Grupo Niche.

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Mauricio Ríos es el gerente de este hotel que le ha pertenecido a su familia por décadas. Y fue precisamente su abuela la que tuvo la audacia de crear este hotel que lleva por nombre el mismo y prestigioso nombre de Savoy; que le ha dado la vuelta al mundo.

El gerente del Savoy recuerda que cuando Varela llegó de Bogotá con el grupo en busca de una oportunidad musical, decidió instalarse en el hotel por la cercanía con el centro y porque le dieron una acogida bien especial, “había cariño en este espacio”.

Esto hizo que Varela pernoctara por un buen tiempo en el hotel, que utilizara siempre la misma habitación con balcón hacia la Carrera Primera y que por varias horas también subiera a la terraza a perderse en sus pensamientos, a crear y a pensar, de seguro, en esa Cali que comenzaba a quedarse por siempre en el corazón.

Y es que el prodigioso compositor siempre profesó un amor especial por el Hotel, ensayó los primeros acordes de ‘Al pasito’, ese tremendo disco que cantó Álvaro Del Castillo y que fue un tremendo éxito comenzando los años ochenta.

Hoy ese mismo salón espacioso donde ensayaba el Grupo Niche por varias horas lleva el mismo nombre del destacado compositor en homenaje a esa historia que une al Hotel Savoy y Jairo Varela.

Hoy como ayer, los recuerdos persisten, la historia se niega a marcharse y la música siempre tiene algo que decir. Jairo Varela y su grupo Niche viven en los detalles de un centenario amigo que los albergó cuando apenas eran unos soñadores.

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Jhonny Pacheco y su declaración de amor por Cali

Hoy 15 de febrero se cumplen tres años de la partida del artista fundamental para la historia de la salsa, en 90 Minutos recordamos la historia de cómo Jhonny Pacheco decidió declarar a Cali como capital mundial de la salsa. Con sus protagonistas, rememoramos un episodio clave para que esta ciudad continuara protegiendo un legado que uno de sus creadores entregó a los caleños.

Jhonny Pacheco y su declaración de amor por Cali
Tomada de redes sociales.

Hoy 15 de febrero se cumplen tres años de la partida del artista fundamental para la historia de la salsa, en 90 Minutos recordamos la historia de cómo Jhonny Pacheco decidió declarar a Cali como capital mundial de la salsa. Con sus protagonistas, rememoramos un episodio clave para que esta ciudad continuara protegiendo un legado que uno de sus creadores entregó a los caleños.

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A pesar de los muchos inviernos y sobre todo veranos que han pasado durante estos años en Nueva York, Miguel Yusti, el inquieto caleño rumbero de los años setenta y joven estelar de aquella generación. Él aún recuerda con detalles la primera vez que conoció a quien se convertiría en un gran amigo y cómplice de aquellas largas noches furtivas de desenfreno rumbero: el señor Jhony Pacheco.

Fue un verano en Nueva York, como nos cantó el Gran Combo, cuando Yusti visitó a su hermano Álvaro, quien vivía en esa capital del mundo en 1976. La ciudad cosmopolita ya era una amalgama de sonidos, pura experimentación no solo musical sino también con las drogas que se descubrían. Era un mundo pleno de amor libre y de una juventud que luchaba por cambiar estructuras.

Miguel Yusti, que por entonces era directivo de la Universidad del Valle, se asomaba a ese mundo con la expectativa de escuchar a esos monstruos a los que solo tenía acceso a través de los Long Play que compraba en el centro caleño, en el almacén de Alcibiades Bedoya, o cuando sonaba alguna de las ‘panelas’ en Radio Tigre o Radio El Sol.

Aquel jueves

Un jueves de aquel julio caluroso, el académico Yusti se fue con su hermano al legendario Corso, el mismo de la Calle Ochenta y Seis de la 205 Este, saliendo de la Tercera Avenida. El Corso competía ‘mano a mano’ con otros sitios como El Chez Jose o el Palladium por los sonidos que provenían del barrio latino. Además, por la cantidad de audiencias que se congregaban en aquellos emblemáticos lugares. Basta recordar que el Chez Jose abrió sus puertas en 1965 con nadie más que con la mismísima orquesta de Larry Harlow.

Y vaya qué casualidad pues cuando Yusti llegó con su hermano Álvaro al Corso, quien se presentaría esa noche era la orquesta de ‘El judío Maravilloso’. El Corso tenía sus puertas abiertas desde 1927, pero realmente durante muchos años se mantuvo como un restaurante que atendía americanos-alemanes que vivían por la zona.

Solo fue a mediados de los años sesenta cuando Pete Bonet, un cantante puertorriqueño, consiguió convencer al nuevo dueño del restaurante, Tony Raymone, para que le permitiera innovar con noches de música latina. Y así comenzó la leyenda. Machito, Palmieri, La Sonora Matancera, Fajardo y su Orquesta, Tito Puente, toda la realeza musical del sonido latino comenzó a tejer la leyenda de El Corso.

A ese sitio llegó el caleño rumbero con un sueño que ya le había revelado a su hermano, quería conocer a ese inquieto músico del que todos hablaban, el gran Jhonny Pacheco. La suerte no pudo estar más del lado de Yusti, el hombre se ganó el ‘premio mayor’ no solo porque esa noche se presentaba Larry Harlow sino porque el invitado era precisamente el flautista, percusionista, arreglista, director, productor, cantante y compositor dominicano.

¿Cómo fue la noche?

Pero si ya aquella noche prometía ser inolvidable, Miguel y su hermano terminaron viendo cómo tres violines se deshacían en el escenario: Andy Harlow, el maestro Félix ‘Pupi’ Legarreta  y un jovencísimo Alfredito de la Fe que comenzaba a andar sus primeros pasos. Mientras esta banda se divertía en tarima, abajo Pacheco y su Tumbao se preparaban con Héctor Casanova y el ‘Pete’ Conde Rodríguez liderando la avanzaba vocal que enardecería al público asistente. 

A unos metros, Miguel contemplaba extasiado la sinfonía musical y esperaba pacientemente el momento del encuentro. Todo fue más fácil de lo que esperaba. Media hora después de que terminó semejante zafarrancho orquestal, Álvaro, el hermano de Miguel, sentó en su propia mesa al ‘Zorro plateado’. Un estrechón de mano, un saludo cordial y un recuerdo de una rumba añeja fue suficiente para comenzar a construir una relación que se extendió por 45 años.

Tercer aniversario de fallecimiento

Este jueves 15 de febrero del 2024, cuando se cumple el tercer aniversario del fallecimiento del hombre orquesta del sabor afrolatino Yusti recuerda para 90 Minutos cómo se forjó esa amistad y busca una explicación a esa extraña obsesión de convertirlo en ciudadano ilustre de Cali y entregarle las llaves de la ciudad.

Pasaron muchos años, transcurrieron muchas rumbas, se tomaron muchos tragos y hubo muchos toques antes que de la mano de Manolito Vergara, otro entrañable amigo caleño de la rumba, Miguel Yusti lograra su cometido de traer al gran artista dominicano para honrarlo como hijo de esta ciudad que lo quiso y lo bailó como a pocos.

Manuel Vergara, el hombre fuerte de El Habanero, el emblemático espacio cultural aledaño al Parque Alameda, conoció a Pacheco también en Nueva York. Pero en esa oportunidad gracias a Humberto Corredor, el polifacético caleño tan cercano a la Sonora Matancera.

Siempre fue un gran caballero, un señor, tipo cariñoso y se daba sus lujitos como ‘el zorro plateado’ que era pues en ese tiempo le gustaba mostrar su melena al viento en un Mustang descapotable del año 65 que tenía”, recuerda este gestor cultural, que lleva más de 20 años al frente de El Habanero.

El ritmo de Pacheco

Y es que, claro, Pacheco no fue un músico más. Era la última frontera, el final de una raza de grandes ‘caballos pura sangre’ de la salsa continental que convirtieron el género en algo más que una simple expresión artística de esta parte del mundo. Con Pacheco y sus producciones, la salsa se volvió internacional. Su ritmo fue llevado a los mejores escenarios de España, Gran Bretaña, Italia, Francia, Japón y hasta la madre África supo de este hombre de pelo blanco, delgado, de sonrisa fácil, voz aguda y flauta versátil que junto con Jerry Masucci crearon la Fania All Star en los albores de los años 70 y construyeron ‘nuestra cosa latina’.

Pacheco hijo de Rafael Azarías Pacheco, quien en su país era director y clarinetista de la orquesta ‘Ritmo del Yaque’, y de Octavia Knipping Rochet nieta del colono francés Cristophe Rochette. Fue de su padre de quien recibió su primer instrumento musical. A los once años salió de República Dominicana rumbo a Nueva York, donde aprendió a tocar instrumentos de percusión en la Escuela Juilliard.

A finales de los años 50 hizo parte del conjunto del pianista Charlie Palmieri. Arrancando la década de los sesenta formó su primera orquesta llamada Pacheco y su Charanga, que tuvo un tremendo éxito. La orquesta firmó con el sello Alegre Records y vendió más de 100.000 copias de su primer álbum titulado Pacheco y su Charanga Vol. 1.

Desde ese momento y hasta finales de 1963, se convirtió en una estrella internacional y realizó giras en Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. Incluso, ‘Pacheco y su Charanga’, fue la primera banda latina en presentarse en Teatro Apollo en Harlem, en 1962 y 1963.

Giros inesperados

El giro de la vida se produjo en 1964 cuando se encuentra con el abogado de ascendencia italiana Jerry Masucci y crean Fania Records. Esta se convertiría en el gran monstruo de la producción musical afroamericana. Ese mismo año el sello lanzó su primer disco ‘Cañonazo’, el álbum contaba con Pete ‘El Conde’ Rodríguez como vocalista.

Como ejecutivo de la compañía, director creativo y productor musical, Pacheco fue responsable del inicio de las carreras de muchas estrellas de la Fania. Algunos como Ray Barretto, Bobby Valentín y Rubén Blades, le agradecen sus inicios.

Otro momento histórico de su vida ocurrió en 1968, cuando unió a todos los músicos del sello y los presentó en un concierto. Esto marcó el nacimiento de la legendaria agrupación Las Estrellas de la Fania, una era inolvidable que cambió la historia de la música afrolatina.

Durante varias décadas, Johnny Pacheco simplemente era el caballo más grande. Lo que dijera Pacheco se hacía y a quien bendijera, ese era el elegido. Pacheco apadrinó decenas de artistas, produjo centenares de álbumes, fue corista de esos trabajos o tocó la flauta. Pacheco era omnipresente.

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 ‘La cosa caleña’

Pasaron los años y la idea de traer a Pacheco a Cali para entregarle las llaves de la ciudad seguía rondando a Yusti. En el 2004 se anunció que venía a la Sucursal después de muchos años de ausencia, pero un empresario quedó mal y se canceló.

Yusti, quien para entonces hacía parte del gobierno caleño de aquellos años, sintió que se había perdido la mejor oportunidad para el reconocimiento que planeaba. Pues no era muy bien visto que pareciera más interesado en la rumba caleña que en los complejos avatares de la política local.

El entonces Secretario de Gobierno creyó que ya todo estaba cancelado, pero un viaje a Fort Lauderdale en 2005 le permitió ver a la Orquesta de Willie Rosario. Allí se encontró con una persona que resultó siendo muy cercana a Pacheco y su empresario. “La cosa es que al otro día, cuál no sería mi sorpresa, me llamó el propio Pacheco y su saludo fue: ‘Yucti, yo voy pa’ Cali, dime cuándo’”.

Todo quedó listo para traer al ‘rey del tumbao añejo’ a mediados de año. Pacheco se entusiasmó tanto –recuerda Yusti- que armó hasta un ‘casting’ para tratar de venir con voces similares a las de ‘El Conde’ Rodríguez y Héctor Casanova, cosa que obviamente no logró por la dificultad de llegar a alcanzar tonos como los que poseían ese par de ‘caballos salseros’.

Unidos como los compadres (a propósito de Pacheco y ‘El Conde’) Yusti y Vergara se pusieron en la tarea de elaborar pergaminos. Además, realizar fotografías para sorprender al maestro dominicano con una distinción que recordara por toda su existencia.

El esperado día

Ese día por fin llegó y a mediados de junio del 2005, un Pacheco emocionado llegó al despacho de Miguel Yusti, para entonces alcalde encargado de la ciudad (y es que hasta Oshun, Yemayá, Orulo y Obatalá se confabularon en favor del salsero), quien le rendiría el merecido homenaje al director dominicano que había alegrado tantas noches caleñas.

“Pacheco fue reconocido por la ciudad a través de la Administración Municipal. Como amigo y dándole curso a una invitación que le hice, llegó con su orquesta ‘Pacheco y su Tumbao’, fue portador de las llaves de la ciudad y condecorado por mí”, recuerda Yusti con gran nostalgia.

Para este docente universitario, que conoció como pocos el movimiento salsero de esta ciudad, el gran valor de Pacheco como productor y director musical fue el de recuperar el gran espectáculo de la salsa que había sido roto cuando apareció Joe Cuba y su Sexteto, que marcó un derrumbe de las espectaculares ‘big band’ de los años sesenta. 

“Lo que hizo Pacheco fue montar el formato de las grandes orquestas, con la matriz de la Sonora Matancera, para mí ese es su gran aporte. Muchos en esa época no le dieron la importancia que Pacheco tuvo como el más extraordinario arreglista de la salsa”, dice ahora Miguel, quien recuerda un episodio que hoy es una anécdota divertida más, pero que en los ochenta pudo ser una triste noticia mundial.

La historia que condujo a Yusti a vivir una anécdota como pocas se han contado sucedió así. En locos años ochenta, Larry Landa, el díscolo y discutido empresario que trajo a tantos artistas a Cali, invitó a Jhonny Pacheco y la Fania a un concierto en esta ciudad.

La rumba continúa

En esos tiempos, relatan muchos testigos de excepción, los artistas no solo venían por los dólares que tan generosamente se ofrecían sino también porque aquí había suficiente polvo blanco y mujeres por montón que ‘alegraban’ la vida de estos artistas. Pues bien, el relato de Yusti es contundente. Una noche después del concierto y estando en el Hotel Petecuy, el desaparecido hostal del Centro ubicado en la Carrera 9 con Calle 15 que albergó a todos los artistas que pasaron por Cali, por poco pasa a la historiacomo el lugar en el que casi pierde la vida Pacheco.

“Esa noche -recuerda Yusti- terminamos en el ‘penthouse’ y continuamos la rumba. De un momento a otro Pacheco dejó de hablar y me pareció muy extraño porque era muy conversador. Eran las tres de la mañana y de pronto veo a Pacheco que se me fue quedando, como cerrando los ojos y sin cómo poder volver a la rumba. Me asusté porque se sentía mal, como sin aire, entonces me tocó urgente mandar a comprar leche y todos estos remedios que uno sabía que se usaban para ‘volverlo a la vida’”.

Yusti, hace muchos años alejado de los excesos, pero no de la buena melodía que  sigue palpitando, ahora suele escuchar el tumbao añejo de Pacheco pero en su apartamento porque dejó de asistir a los viejos grilles de Alameda desde hace un año cuando el maldito bicho lo sorprendió y casi se lo lleva de la última rumba, sin siquiera haberla bailado. Ahora mientras hace una pausa en el relato, me recuerda que Pacheco nunca se olvidó de esta anécdota que luego recordarían en medio del jolgorio. “¿Te imaginás que Pacheco se nos hubiera muerto en Cali?, nooooo, qué tragedia”, me dice Miguel, mientras señala sonriente el cuadro que está en El Habanero donde emerge la figura del gran director musical.

Una declaración que sorprendió

Pero en lo que coinciden los otros compadres (Manolito y Yusti) es que ese día de la condecoración, de la entrega de las llaves de la ciudad y de la consagración como ciudadano ilustre de esta capital, Jhonny Pacheco los sorprendió al anunciar que sin lugar a dudas “Cali es la capital mundial de la salsa”.

Esa retribución de Pacheco, conocedor como pocos de lo que se estaba cocinando en el ambiente salsero, fue una clara muestra de que entendía que esta capital era el último baluarte de un movimiento que él transformó.

Ahora intento comprender que su anuncio no obedeció a una devolución de atenciones sino simplemente a que como buen visionario que fue toda su vida, el dominicano vio claro que la salsa perduraría en el tiempo en la medida que una ciudad (Cali) la protegiera, la conservara y la multiplicara. Esto a través de sus bailarines que la llevarían por todo el mundo y que consagrarían un estilo único de goce en las pistas, el estilo caleño.

“Hay que poner atención porque esa es la única declaración formal que existe de una ciudad como capital mundial de la salsa y es un gran mérito que la haya entregado Pacheco porque él cruzó todos los océanos llevando el nombre de la salsa al mundo. Se le ocurrió eso en plena celebración, nosotros no sugerimos nada, nos dijo: ‘ustedes son la memoria musical de la salsa para el mundo’”.

recuerda Manolo Vergara.

"Cali: Una historia en nuestros corazones"

Incluso, rememora el propietario de ‘El Habanero Club’, Pacheco contó como anécdota que muchas veces, en diciembre, tenía problemas para conformar orquestas porque la mayoría estaba en Cali. “Esta ciudad es una historia en nuestros corazones, en nuestros sentimientos”, les decía el dominicano.

Por eso, Manolo no duda en decir que ese impulso que le dio Pacheco a Cali fue una especie de entrega de una posta, de un legado, de una herencia musical que le ha dado a la ciudad la oportunidad de seguir creciendo con sus más de 2.500 bailarines, más de 200 academias de baile, medio centenar de orquestas y decenas de lugares donde se sigue cultivando el gusto por la música afroantillana.

Devolver la salsa a sus raíces

Pacheco fue el primero en devolver la salsa a su origen, a la cuna de Obatalá y del eco de un tambor.“Con la orquesta mía tuve la dicha de que fuera la primera en tocar en el África. El amor que le tienen a nuestra música es increíble. A ellos les gusta cualquier tipo de música que tenga ritmo bailable, especialmente el son y la guajira, y son tremendísimos. Por eso les toqué ‘Vikingo caliente’. Lo primero de nosotros que llegó a África fue ‘Acuyuyé’ y una guajira llamada ‘El piñarero’, que pienso grabar de nuevo con Celio González”, recordó alguna vez el propio Pacheco en una conversación con el investigador César Pagano.

“Un soñador de lo imposible”, qué bella frase… Así se autodenominó en una entrevista el destacado músico. Un hombre que al repasar las huellas dejadas en la arena rumbera podía sentirse orgulloso de lo que ejecutó por sus raíces artísticas.

Y hoy, cuando se conmemoran tres años de su partida y los salseros no terminamos de lamentar su partida, hay que recordar el amor de Pacheco por Cali y cómo una declaración suya se convirtió en el pasaporte para que la ciudad fuera conocida como la capital mundial de la salsa, honremos su legado…

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Melómanos salseando por Cali; la ruta de salsa alternativa conquista nuevos ritmos

La cultura salsera crece cada vez más en la ciudad; los melómanos prepararon una ruta de salsa alternativa que los caleños y visitantes no se pueden perder.

Melómanos salseando por Cali; la ruta de salsa alternativa conquista nuevos ritmos
Especial para 90minutos.co

La cultura salsera crece cada vez más en la ciudad; los melómanos prepararon una ruta de salsa alternativa que los caleños y visitantes no se pueden perder.

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La cultura salsera está dando un giro de 180 grados. Y es que la salsa ha sido tradicionalmente el latido musical de la ciudad. Sin embargo, emergen nuevas propuestas de salsa alternativa por un grupo de melómanos que están llevando la experiencia de la melomanía a un nivel completamente diferente con “la ruta de la salsa alternativa”.

Guiados por su amor compartido por la música y el deseo de explorar nuevos horizontes es como Gary Domínguez, Sergio Bastidas y Wilmer Zambrano abrieron sus puertas para trazar una ruta de salsa alternativa que sumergirá a los oyentes en una nueva onda musical.

Recorrido de “la ruta de la salsa alternativa”

La primera parada es donde Gary Dominguez; una casa musical que está ubicada en la calle 7 #27-38. Casa latina tiene en su fachada a Ismael Rivera de Puerto Rico y este mes de febrero cumplió 15 años de abrir sus puertas a melómanos y salseros que quieran educar el oído con nuevos ritmos musicales.

Inició su pasión por la melomanía a través del amor que le transmitía su padre por esta línea musical con discos, pistas, bailes y así surgió la idea de iniciar una casa musical, creando un conocido bar antiguo de Cali, la taberna latina.

Esta amplia trayectoria le permitió abrir sus puertas a una onda alternativa como el latín jazz, música cubana contemporánea; fue creciendo su pasión por representar a Cali que preserva todo este trayecto musical de la mano de grandes amigos salseros que comparten la misma emoción por esta onda alternativa.

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Cuba del ayer y del hoy

Continuando la ruta salsera; por el lado sur-oriental del estadio una bandera cubana lo guiará, donde podrá deleitar el oído con la música de Cuba del ayer y del hoy.

Ahí en Café Van Van; el melómano Sergio Bastidas todo lo relacionado con la salsa cubana está dispuesto a enseñar, pues este café bar, abre sus puertas desde la 4 de la tarde hasta las 9 de la noche.

Ofrecen dos experiencias en este lugar; primero la parte gastronómica con los diferentes snacks y por otra parte la onda musical. Ubicados en la Calle 5B 3 # 31-15, abrieron sus puertas en diciembre y todas las épocas de la música cubana podrán escuchar.

Desde el son, el bolero, la guaracha, el mambo, el cha cha chá, pasando a la nueva trova, la música alternativa y toda la especialidad de la salsa de Cuba.

Cerrar con 'viaje' de oro

En tercer lugar, por torres de maracaibo a Wilmer Zambrano pueden visitar en su espacio salsero: Libre salsa bar, ubicado en la calle 27 #39-37.

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Aquí también harán un viaje sonoro, además de tener la oportunidad de escuchar a expertos en temas de salsa como Dj, productores, y músicos, donde hablan de la importancia de esta onda musical que hoy en día está acogiendo la ciudad.

Su propuesta se basa en que debe haber nuevos espacios para que los amantes de este género musical sigan celebrando la diversidad y la vitalidad de la salsa en todas sus formas.

Así que, si eres un amante de la salsa, estos son los lugares en los que puedes aprender de la melomanía. Y esta ruta de salsa alternativa los llevará a un viaje lleno de música, baile y cultura.

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