Le propongo algo, amigo lector. Cierre sus ojos y trasládese por unos instantes a aquellos maravillosos años ochenta en nuestra Cali, que era otra Cali la de esa década. Son muchos los numeritos que sonaban en aquellos años, demasiadas las bandas que repicaban en nuestra banda sonora, pero no puedo dejar de recordar a un señor feliz, que vivía en el barrio El Troncal, y al que alguna vez había visto en una caseta o una fiesta de mi cuadra.
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Y recuerdo especialmente un tema salsero de Cali, de los caleños, de una orquesta de nuestra ciudad. Rememoro ese corito de ‘Vive Feliz’, un tema que escuchábamos allí en la esquina donde se erguía la empresda TKF en el barrio Santander. Mientras mi tío Jorge Tello trasteaba el potente bafle y hacía sonar la magia del vinilo en plena esquina de la Calle 32, en algún momento se colaban también ‘Juanita ae’, de la Misma Gente; Mujeres, de La Identidad, y cómo no, el ‘Vive feliz’, del gran Hermes Manyoma.
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Hoy, visto con el gran retrovisor que nos dejan los años transitados, pienso en Hermes Manyoma, una leyenda de la salsa hecha en esta ciudad, que tal vez por no comerse las erres como los queridos artistas ‘puertorros’, o quizás por ese torrente de humildad que lo posee, no ha tenido el suficiente reconocimiento en su propia tierra.
Hermes ha dejado unos éxitos entrañables en el bailador y en la esencia de lo que significa esta música en Cali. ¿Y es que quién no ha bailado o coreado el ‘pegajoso’ ‘Son pegaíto… Aaaaaaay separao, ayyyyyyy, pegaíto’.
Tremendo ‘caleñazo’, su vestimenta colorida, sus ademanes, sus dichos de la calle, su expresión corporal. Hermes es la esencia de todos los que crecimos en un barrio popular, parado sobre una tarima. Cuando Hermes llega al concierto y pone en juego su voz aguda y singular, allí estamos todos con las maracas, la clave y el cencerro. En el momento en el Hermes dice: ‘Castígame, pero no me mates’, está tallada esa picardía tan propia de los que nacimos entre la fiebre del fútbol y los bailes de cuota.
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‘El sonero llegó’ y un tema que para mí es de los mejores que tiene Hermes: ‘Amor escondido’ son de un repertorio de calidad que muestra el talento local en toda su dimensión. Es esa negrita Caridad que se fugó, a la que buscan por todo lado, pero que se fue para la Terminal y todo porque tenía un amor escondido. ‘Tenía un amor, tenía un amor, ay, tenía un amor escondido’. Toda la gracia, la ‘granujería’, la pillería del gran compositor del barrio, del chico de El Troncal que soñó hacer goles en el Pascual y terminó marcando estrofas y ‘construyendo paredes’ con versos salseros en la portería sur en medio de conciertos y festivales.
“Se ha ido la negrita Caridad porque en su casa ya no está. La están buscando por todos los lados y no la encuentran donde estará, esa coqueta arregló maletas y va deprisa a la terminal. Se ha ido la negrita Caridad porque en su casa ya no está. Y me preguntan dónde la tengo, pero hace rato que yo no sé, en esta esquina yo la esperaba, pero la ingrata ya se me fue”.
Y pensar que Hermes Manyoma iba a ser futbolista. Delantero de calidad, estaba destinado para ser un jugador profesional en aquellos años setenta que engrosaría la cantera americana o tal vez la del Deportivo Cali. Pero además de ese talento fino para el ‘dribling’, la gambeta, el túnel y el regate, Hermes poseía otra condición única: su voz fina, ‘pegajosa’ y afinada.
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Eran aquellos años setenta, cuando lo que comenzaba a llamarse salsa ponía a vibrar los grilles y ‘aguelulos’ de la pequeña ciudad. Hermes hacía parte de una dinastía, la dinastía musical de los Manyoma, de la que Wilson su hermano ya daba los primeros pasos en la orquesta de Fruko y sus Tesos.

Hermes construyó su propia historia musical, transitó por las legendarias orquestas Juventud, Octava Dimensión y la de los Hermanos Ospino. Reemplazó a su hermano, se aprendió los ‘covers’ pachangueros del momento y comenzó a ponerle a los temas que interpretaba un sonido ‘pegajoso’ y único que fue fundamental cuando creó su orquesta por allá a mediados de los años ochenta.
Y fue en ese momento, durante una explosión de buenas bandas locales como la Misma Gente, Orquesta La Identidad, Niche, Guayacán, que nació La Ley, la orquesta a la que Hermes le puso su sello y que comenzó a sembrar éxito tras éxito.
“Ya no quiere rosas no quiere claveles, mi poesía no te emociona. Mi cantar no te divierte, nada te agrada. No hay sentimientos para mí, todo se acabó”.
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Justamente uno de sus grandes recuerdos fue durante una Feria de Cali, cuando los rumberos lo aplaudieron a rabiar en un festival de orquestas y lo hicieron volver para que cantara el ‘son pegaíto’ sin pausa.
Humilde en pleno, dueño de una personalidad tranquila, sin ínfulas de artista estratosférico, Hermes comparte su talento, enseña a los niños, lleva de la mano talentos, saca a otros de las drogas, los aleja de pandillas, los integra a su plantilla de artistas o se los recomienda a otros.
Todo en la forma más discreta porque Hermes tiene la facilidad de convocar y el placer de ayudar en medio de los sonidos del silencio, sin hacer alardes, sin llamar la atención, sin esperar el aplauso de la gradería.
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Hermes solo hace escándalo cuando revienta una nueva producción porque este ‘caleñazo’ nunca se queda quieto. Con una facilidad asombrosa, interpreta una especie de soka con tremendo sabor para los caribeños con ‘Mi Cartagena’, pasa a trabajar con Óscar Iván Lozano, ‘Oílo’, con el proyecto Curao y no tiene problema en acoplarse con Juanito Murillo y la Agresiva.
Admirado y querido por todos, Hermes es la esencia del guaguancó y del sabor tradicional, local, con una trayectoria artística labrada con sudor, esfuerzo y trabajo en las tarimas. Cincuenta años de vida artística no se cumplen todos los días. De pie, por favor, por aquí anda azotando las calles de Cali, el maestro Hermes Manyoma.
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