Columnas

MIO vs. Metro

No hay ciudad en el mundo que haya sustituido los buses por trenes. En realidad, no es necesario, porque ambos modos de transporte son complementarios.

MIO vs. Metro
Especial para 90minutos.co

No hay ciudad en el mundo que haya sustituido los buses por trenes. En realidad, no es necesario, porque ambos modos de transporte son complementarios.

Compartir

No vamos a ocultarlo: el MIO se ha vuelto uno de los principales dolores de cabeza de los caleños. Oferta de buses insuficiente, inseguridad, colados, invasión a los carriles exclusivos, vandalismo y una seguidilla de problemas derivados de la caída en la demanda del sistema a partir de la pandemia y de la que es una muy segura falta de acción oportuna de sus gestores. Es muy diciente que empezando el cuarto año de este gobierno se haya, por fin, tomado alguna decisión para enfrentar la crisis.

Le puede interesar: La crisis más honda

Aprovechando la crisis, no han sido pocas las voces que han reclamado para Cali la necesidad de un metro y dejar atrás el sistema de buses. Como si fueran sustitutos, la lógica que han expuesto algunos sectores políticos y sociales es que, una vez dejemos atrás al MIO, Cali tendrá la oportunidad de tener una red de trenes metropolitanos. Suena fascinante, pero me temo que hay una falla en esa lógica: el metro no es sustituto del MIO.

No hay ciudad en el mundo que haya sustituido los buses por trenes. En realidad, no es necesario, porque ambos modos de transporte son complementarios. Pero para efectos políticos, acusar a los buses de tránsito rápido de ser los sepultureros de la opción del metro ha resultado rentable y eso ha ido desembocando en un desarraigo ciudadano. Nadie quiere defender a unos sistemas defectuosos, muchos montados en el argumento opaco de que era mejor el metro.

Artículo relacionado

Cuando Cali abrió la discusión del metro, por allá en 1997, yo tenía nueve años. Pero tengo el recuerdo de un vagón expuesto en el Paseo de Bolívar, junto al CAM, que le mostraba a la gente cuál sería el material rodante que circularía por debajo del suelo. Sin embargo, en 1998 estalló la crisis financiera de finales del siglo pasado y el Estado se vio limitado para impulsar estos sistemas de transporte urbanos. Luego, la alternativa que se le dio a ciudades como Cali y Bogotá fue cofinanciar unos sistemas de buses de tránsito rápido que corrigieran uno de los grandes flagelos de la movilidad que experimentaban nuestras ciudades: la ‘guerra del centavo’. Con la llegada de TransMilenio y del MIO, por ejemplo, se acabó ese fenómeno y se desarrolló unas de las revoluciones urbanas más importantes de los últimos cincuenta años en Colombia.

Las fallas que experimentaron estos sistemas, de hecho, no partieron de defectos propios o imputables al modelo de buses de tránsito rápido, sino al modelo financiero establecido por la ley, que partía del supuesto equivocado de que con el recaudo de pasajes bastaba para su sostenimiento. Sospecho que si en Cali se hubiera hecho el metro, habría experimentado los mismos problemas financieros ante la incapacidad legal de subsidiar tarifas. Con un arreglo legal de 2015, se autorizó a los entes territoriales a subsidiar los pasajes. Solo hasta 2018 se logró un acuerdo para financiar el diferencial tarifario y darle al sistema sostenibilidad. Sin embargo, dos años después llegó la pandemia y todo se echó a perder.

Artículo relacionado

La competencia del MIO y el metro no existe. De hecho, debe combatirse esa idea demagógica que sugiere que son sustitutos. No lo son. Al MIO se le debe salvar y se deben buscar las herramientas técnicas, jurídicas y financieras para permitir que recupere pasajeros, ponga a rodar más buses y tenga las inversiones en nuevas tecnologías que demandan los nuevos tiempos. Esto debe hacerse mientras se avanza en el tren de cercanías, que no es otra cosa que un metro que permite integrar a Cali de sur a norte con Jamundí. Cali se debe subir al tren y eso no tiene nada que ver con recuperar al sistema de buses.

No nos debe doler subsidiar la tarifa de los usuarios porque esa es la garantía de que por las calles de Cali no vamos a volver a tener el caos de cientos de miles de buses compitiendo en una guerra abierta por los pasajeros. El futuro de la movilidad está escrito en clave de más buses y de menos vehículos particulares. Ojalá las voces que han escogido la demagogia piensen con mayor detenimiento que, con el MIO, Cali avanzó. Que la clave no está en retroceder, sino en seguir avanzando.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

Columnas

Las prioridades de Ospina

Es necesario cuestionarse cuáles son las prioridades para Cali, y cuál será el desempeño del alcalde en su último año de mandato de un periodo lleno de frustraciones.

Las prioridades de Ospina
Foto: Especial para 90minutos.co

Es necesario cuestionarse cuáles son las prioridades para Cali, y cuál será el desempeño del alcalde en su último año de mandato de un periodo lleno de frustraciones.

Compartir

Hace pocos días, el alcalde Jorge Iván Ospina sugirió en Twitter regular las actividades de los motociclistas que realizan piques y acrobacias ilegales, en su imaginario, estos tendrían acompañamiento institucional y permiso para desarrollar en corredores pactados las prácticas que hoy se realizan donde les place. No es la primera vez que el alcalde sale con una propuesta desconcertante. Durante el año pasado dejó algunas perlas como la Empresa Comercial Cannabis Cali como Empresa Industrial y Comercial del Estado, y por supuesto la de dar contratos a los miembros de la famosa Primera Línea, tras los bloqueos y saqueos masivos realizados por sus militantes.

Las anteriores son solo algunas muestras de la larga lista de pronunciamientos que evidencian desconexión absoluta del alcalde con la realidad y el sentimiento de los caleños. En un contexto donde la ciudad se encuentra asolada por la inseguridad, donde la movilidad es imposible y donde la decadencia se evidencia en su imagen misma, el alcalde parece no tener otra prioridad que la de complacer la delincuencia y la ilegalidad mientras ignora la situación en la que sus ciudadanos viven. En este orden de ideas, es necesario cuestionarse cuáles son las prioridades para Cali, y cuál será el desempeño del alcalde en su último año de mandato de un periodo lleno de frustraciones.

Le puede interesar: ¿Está preparado Cali para ser Distrito Especial?

Conforme a la estrategia de participación ciudadana liderada por la Cámara de Comercio, Comfenalco, Pro pacífico y ciertas universidades a finales del año pasado, puede evidenciarse que la principal preocupación de los caleños radica en el tema de seguridad ciudadana. Nada realmente sorprendente, puesto que la delincuencia está alcanzando niveles alarmantes, donde cada vez se ven nuevas y aterradoras modalidades de robo (popularizándose recientemente los robos en bandas de motociclistas). Como preocupaciones alternativas pueden observarse el acceso y la calidad de la educación y la salud, condiciones básicas de alimentación, embellecimiento de la ciudad y protección del medio ambiente, y por supuesto, mejora del sistema de transporte y la malla vial.

Artículo relacionado

En su posesión como alcalde el 1 de enero del 2020, Ospina señaló que las prioridades que tendría su administración serian la movilidad, centrada en el llamado tren de cercanías (para conectar Cali, Palmira, Yumbo y Jamundí); combatir la violencia, centrado en el trabajo conjunto de la ciudadanía y la fuerza pública para el desmantelamiento de bandas criminales; el cuidado del medio ambiente, centrada en el cuidado del río Cauca, de los animales y de los espacios verdes; y la recuperación ciudadana, centrada en aspectos como la recuperación del Jarillon en dialogo con la ciudadanía o hacer la ciudad amigable con energías limpias y sostenibles.

Viendo en retrospectiva, puede observarse que las prioridades originales del alcalde se encontraban parcialmente alineadas con la ciudadanía. Si bien parecía comprender el problema del medio ambiente, de la delincuencia y del desplazamiento hacia otros municipios, no se veía tanto énfasis en el transporte al interior de la ciudad, donde pareciera que los trancones cada vez aumentan, y que a la malla vial pareciera no caberle un hueco más. Ahora bien, si del dicho al hecho hay mucho trecho, esto adquiere un nuevo significado con la gestión de Ospina, donde el medio ambiente y la estética de la ciudad continúan en franca decadencia, y donde los delincuentes no solamente se encuentran desatados, sino que pareciera que complacerlos es la prioridad del alcalde. Además, deja la ciudad endeudada y con una débil imagen institucional, esperemos en que como él dijo: Pronto podamos descansar de Ospina. La ciudad necesita pasar este trago amargo lo más rápido posible.   

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

Columnas

De loro viejo a old parrot

Conozco zoquetes que no organizan un par de ideas, pero hablan buen inglés. Y un par de amigos brillantes cuya resistencia al inglés es sólo comparable con la que le tienen al Centro Democrático.

De loro viejo a old parrot
Especial para 90minutos.co

Conozco zoquetes que no organizan un par de ideas, pero hablan buen inglés. Y un par de amigos brillantes cuya resistencia al inglés es sólo comparable con la que le tienen al Centro Democrático.

Compartir

Junto con la clasificación absurda hecha por algún infeliz desocupado de que somos el país más feliz del mundo, hay una cantidad de vergonzantes primeros lugares que no vienen al caso, pero servirían para recordar otra nimiedad: dizque hablamos el mejor español del mundo. Otra mentira vergonzante. Una pérfida fruslería expelida por algún gaznápiro inefable. Pierda usted cuidado, no debe avergonzarse porque desconoce cinco palabras de la frase anterior. Es normal. El léxico de un colombiano promedio no llega a las mil palabras y eso que buena parte de ellas son deformaciones del lenguaje. De modo que a lo sumo –si algo puede reconocerse de nuestra forma de hablar– es que los colombianos tenemos la posibilidad de neutralizar el acento.

Le puede interesar: Espinas y Rosas

En Nueva York, por ejemplo –el lugar del mundo que concentra en Queens la mayor diversidad étnica del planeta– basta con que cualquier hispano abra la boca para identificar su nacionalidad. Mexicanos, cubanos, puertorriqueños, venezolanos, chilenos o argentinos, tienen dejes y formas del lenguaje más fuertes que sus rasgos físicos o su arraigo gastronómico. No es arrogancia, pero tampoco equivocado afirmar que si no se atraviesa el acento regional, los colombianos podemos hablar ‘limpio’. No se habita un país, se habita una lengua; decía el rumano Emile Ciorán, un poeta maldito que sabía bastante sobre la divinidad de la palabra y que escribió su obra en francés. El dinamismo de la lengua y el lenguaje es un maridaje que atiende el deber ser: cada uno por lado, aunque las sagradas instituciones intenten unirlos y regularlos.  

Hay un gran abismo entre el español que se habla en la calle de forma cotidiana y el que se escribe en medios e instituciones, por eso acaso no sea una ligereza decir que logramos entendernos, pero no comunicarnos bien y tal vez allí radica una de nuestras peores tragedias nacionales. ¿Si hablamos el mismo idioma por qué llevamos tanto sin entendernos? Ha de ser porque somos muy expresivos, muy lenguaraces. Porque inventamos palabras para todo. Porque el habla ha perdido su pureza y ha ganado en grandeza. Porque las clases sociales hablan diferente. Porque la élite no habla como el populacho. Porque el metalenguaje (lenguaje infantil, técnico, informático, etc.) y el paralenguaje (el lenguaje o argot de la calle, del hampa, de la salsa, del fútbol, etc.) son sólo algunas de las madres nutricias de esa forma única de hablar que caracteriza a cada pueblo.

Artículo relacionado

¡160 idiomas se hablan en Queens! Entiende uno aquello de que Nueva York es la Capital del mundo. Latinos, judíos, chinos, italianos, griegos, polacos, rumanos, alemanes y un etcétera más largo que el Empire State acostado. Y todos intentan aprender inglés porque lo necesitan. Y todos hablan un tipo de inglés –no en términos formales claro–, sino en las maneras y adaptaciones a su lengua. Y todos se entienden y se hacen entender. Y todos conservan y preservan la propia, aunque se deban al inglés, que se convierte en otra forma de exclusión y marginalidad cuando no se habla o entiende. Si un colombiano maneja en promedio 1.000 palabras, solo utiliza el 1% de las existentes. De ahí que aprender español sea una tarea compleja, para la que no alcanza la vida, como le pasó a Rufino José Cuervo con el Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana. Murió cuando iba en la letra e y la palabra espera. ¡Qué ironía!

Con empresas menos quijotescas que las de don Rufino –que tomó a sus seguidores más de un siglo concluir–, se ha intentado en este hilacho de vida garabatear el español con cierto decoro y menos aplauso, pues son mis fieles lectores un puñado de familiares, amigos de la cuadra y dos o tres féminas entristecidas con mi compañía. De modo que la noticia de que debía estudiar inglés porque a la universidad con la que trabajo le picó el bicho de la globalización y la educación virtual en pandemia, me dejó turulato. No ha sido fácil estudiar inglés con más de medio a siglo a cuestas y tratando en todo este tiempo de aprender español y tener la certeza de cuánta ilustración me falta aún en la lengua patria.

Artículo relacionado

Pero cuando toca toca, dijo la loca y se lo echó a la boca. El inglés es desde 1880 con los británicos y tras la finalización de la II Guerra Mundial con los estadounidenses, una especie de ‘lengua universal’ que atiende los designios de la globalización económica y, por efecto directo, su impacto sobre todas las culturas es inobjetable. Hay lugares de los Estados Unidos donde no se necesita hablar inglés. De hecho, hay muchos latinos que saben parlotearlo y no escriben una sola línea. Lo irónico es que haya trabajos en Colombia donde sea indispensable un nivel óptimo de lectoescritura. Y aunque las aplicaciones hoy permiten cierto nivel de comunicación, es mejor saber inglés y no depender de los intérpretes y traductores que parecieran tener nuestro destino en sus manos.

Ahí vamos entonces, volviendo a escuchar música en inglés. Sesentera, setentera y ochentera, porque de alguna manera –a diferencia del rock y el metal– atenúa la resistencia ideológica que calendas atrás me generaba la figura del yanqui colonialista. Viendo series y películas sin traducción simultánea o letreros para ver qué logro entender. Leyendo fragmentos literarios (en realidad aforismos) de Poe, de Twain, de Hemingway, de Faulkner, Dickinson; y textos periodísticos breves de Fitzgerald, Capote, Hersey, Wolfe y el gran Gay Talese, que como el Gringo Viejo de Carlos Fuentes, cruzó la frontera para bajar al patio trasero de su imperio nación. Tratando de traducirlo todo, haciendo un esfuerzo hasta hace poco impensable: pensar en inglés. Y claro, volviendo chiste esta vieja tarea aplazada.

Artículo relacionado

Así como jugar ajedrez mejora la inteligencia (para jugar ajedrez), saber inglés la fortalece para lo mismo. Conozco zoquetes que no organizan un par de ideas, pero hablan buen inglés. Y un par de amigos brillantes cuya resistencia al inglés es sólo comparable con la que le tienen al Centro Democrático. No les va mal con el vocabulario, pero su pronunciación es un despeñadero. Y de la escritura mejor no escribir. Si los gringos debieron imponer el inglés como primera lengua en zonas fronterizas con México, entiende uno que la posibilidad de insertamos en el mercado mundial requiera del inglés. ¡Nuevo colonialismo! Es una forma de conocer cómo piensa el monstruo. A eso se dedicó Nelson Mandela los 27 años que estuvo preso: a aprender inglés para intentar comprender a su opresor. Bueno, el empleo es una forma moderna de condena y esclavitud. Ya habré de liberarme.

Spanish tells me where I come from, maybe English tells me where I'm going.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

Columnas

Una apuesta por el derecho a la vivienda

Para solucionar el déficit habitacional en el país es necesario implementar alternativas que permita a más colombianos acceder al derecho universal de tener una vivienda en la que vivan con dignidad y seguridad.

Una apuesta por el derecho a la vivienda
Especial para 90minutos.co

Para solucionar el déficit habitacional en el país es necesario implementar alternativas que permita a más colombianos acceder al derecho universal de tener una vivienda en la que vivan con dignidad y seguridad.

Compartir

Uno de los grandes desafíos que tiene el país es el de generar políticas para que cada vez más colombianos puedan acceder a una vivienda digna. Se trata de una tarea a todas luces titánica. Según el Dane, en 2021 el 31% de los hogares colombianos presentaron déficit habitacional, es decir que en Colombia hay un faltante de 5,24 millones de viviendas.

Le puede interesar: El 2022, un año de retos y transformaciones

Según el Gobierno Nacional, esta situación implica que, para superar el déficit habitacional en el país se necesitará construir 400.000 viviendas nuevas cada año y una inversión de cerca de $197 billones para su financiación.

Pero detrás de estas cifras tan desconsoladoras está el anhelo de millares de colombianos que sueñan con tener una vivienda digna y mejorar así su calidad de vida. En mi recorrido por el país he tenido la posibilidad de escuchar sus historias y su frustración por la falta de oportunidades para acceder a este derecho fundamental.

Precisamente, bajo nuestra premisa de escuchar para actuar, La U presentó en el Congreso de la República un Proyecto de Ley a través del cual se busca promover la inversión en programas de viviendas de interés social en las modalidades de construcción en sitio propio o autoconstrucción; mejoramiento de vivienda y adquisición de vivienda usada.

Artículo relacionado

La iniciativa propone que se invierta al menos el 30% del presupuesto de recursos de Vivienda de Interés Social para esta finalidad. Igualmente establece que las Cajas de Compensación Familiar destinen cada año el 20% de los recursos del Fondo de Vivienda de Interés Social -Fovis, para atender programas dirigidos a familias damnificadas por eventos catastróficos, crisis fronteriza y a víctimas del conflicto armado.

Con esta medida se podrá garantizar el acceso a vivienda usada a través de asignación de subsidios y cobertura en las tasas de interés para deudores de crédito de vivienda usada; se fija un monto de Subsidio Familiar de Vivienda para la construcción de vivienda en sitio propio y se destinan recursos de adquisición o construcción para Organizaciones Populares de Vivienda.

Pero, además de promover el acceso de los colombianos a un techo digno, el Proyecto de Ley busca dinamizar el sector de la construcción, uno de los más importantes de la economia del país, y fortalecer la generación de empleo haciendo que en los procesos de diseño, ejecución y seguimiento, se priorice el uso de la mano de obra local y la autoconstrucción por parte de la población que acceda a los proyectos.

Artículo relacionado

También estimula el desarrollo sostenible, al crear incentivos de ahorro en servicios públicos para la construcción de vivienda sostenible y establece el uso de ecodiseños y la construcción con materiales que reduzcan el impacto ambiental, facilitando así el ahorro y generando un beneficio social.

En mi opinión, para solucionar el déficit habitacional en el país es necesario implementar alternativas que permita a más colombianos acceder al derecho universal de tener una vivienda en la que vivan con dignidad y seguridad. Lo bueno de esta propuesta de La U es que establece igualdad en la asignación de subsidios para vivienda nueva o usada, dándole así la oportunidad a más familias de mejorar su calidad de vida.

Como dice el refrán, “tener casa no es riqueza, pero no tenerla es pobreza”. Por eso reafirmo mi compromiso de seguir trabajando por reducir las brechas sociales que nos aquejan, para generar empleo, desarrollo, bienestar y así aportar a la construcción de un país más incluyente, que potencie todo lo bueno que tenemos.

Artículo relacionado