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La lógica absoluta del grandísimo…

Colombia es un país curioso, por decir lo menos. Una de las sentencias macondianas más célebres del hombre que hizo de las metáforas y las hipérboles el sello personal de su particular estilo, unió dos de estas perlas semánticas en una sola frase: “El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”.

La lógica absoluta del grandísimo…
Especial para 90minutos.co

Colombia es un país curioso, por decir lo menos. Una de las sentencias macondianas más célebres del hombre que hizo de las metáforas y las hipérboles el sello personal de su particular estilo, unió dos de estas perlas semánticas en una sola frase: “El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”.

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“Cagar es un placer,
de cagar nadie se escapa;
caga el rey, caga el papa,
caga el buey, caga la vaca,
y hasta la señorita más guapa
hace sus bolas de caca”.
Luis Felipe Fabre o Salvador Novo, es la misma mierda.

Y se me vino el mundo encima porque no dije culo. Sí, culo. Esa expresión tan coloquial que como las polisémicas hijueputa, marica o mierda, tiene tantas acepciones como intenciones o entonaciones usted tenga y le adjudique. Es de esas palabras que sirve para todo. ¡Culo e’ problema! Puede ser insulto o asombro, admiración o halago, desconcierto o decepción, enfado o contrariedad, beso o escupitajo. En suma: adjetivo o sustantivo. Como indio, negro o campesino, que en nuestro país pasaron de orgullosa condición a despectiva ofensa. Desde que los afables españoles llegaron a estas tierras e impusieron que “Al indo y al mulo, patada por el culo”. No dije culo por respeto al puñado de lectores que se flagela con mis garabatos cada semana y entonces un par de ellos me increparon por eso. Dije -escribí en la columna anterior- que a los gobernantes en nuestro país “les importa un soberano rábano ser descubiertos porque aquí no pasa un ¡masculino de Ana! aunque pase de todo. ¡Les importa un culo! Y debí escribirlo así. Y decirlo así. Y gritarlo así. ¡La cagué! Porque la figura literaria no es simple retórica sino asquerosa realidad.

Columna del día: A tres bandas

Colombia es un país curioso, por decir lo menos. Una de las sentencias macondianas más célebres del hombre que hizo de las metáforas y las hipérboles el sello personal de su particular estilo, unió dos de estas perlas semánticas en una sola frase: “El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”. Una sentencia del Realismo Mágico (que no tiene nada que ver con Colombia, pues es el título y el tema de un libro de Franz Roh, publicado en 1925 en Alemania, que trata sobre una variante del expresionismo pictórico a principios del siglo XX, desde luego, en Alemania) que sin duda no perderá vigencia mientras existan los organismos vivos y los retretes. Sin ser un ‘gabólogo’ -así se autodenominan los confianzudos que le dicen “Gabo”, como si hubieran sido íntimos-, dos de las palabras que más refiere en sus libros son sopor y mierda. De hecho, con la segunda finaliza el que a mi humilde juicio -y el de él, no tan humilde-, es su mejor novela El coronel no tiene quién le escriba (1961). Luego de discutir con su mujer sobre qué vender en la casa para poder comer y haber llegado a la sin salida de vender el gallo de pelea o esperar a que éste ganara una riña, se lee:

– Dime, qué comemos.

– El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:

– Mierda.

Definitivamente un cierre como para fruncir culo, tan acertado como el nombre de un motel entre Guacarí y El Cerrito-Valle, que se llama Broche de oro. ¡Excepcional!

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Nos dejó dicho Jaime Garzón que “este país se escandaliza porque uno dice hijueputa en televisión, pero no se escandaliza cuando hay niños limpiando vidrios y pidiendo limosnas. Eso sí no, eso es folklore”. La trasgresión estética del arte que imita y celebra la vida en lo cotidiano, pareciera desdibujarse en la realidad. O, por lo menos, transfigurase. Esa propensión caricaturesca, esa pulsión creativa nacional para la mofa que todo lo vuelve chiste, dibuja como ratas a los políticos corruptos, como lagartos a los de poca monta que escalan en la miserable pirámide del poder, como cerdo a un presidente mezquino y sucio en su accionar que se revuelca en su ignorancia y en su soberbia, como sapos a quienes delatan, como micos a los colgandejos que les ponen a las leyes para aplicarlas a su amaño y como burros a quienes desde el lenguaje coloquial, en lo pequeño y en lo antipoético, soportan toda la ruindad de un pueblo condenado a su desidia.

Pero los escritores son otra cosa. Otros jumentos. Una especie rara. No son escogidos por la Divina Providencia, en la que la mayoría de ellos no cree, como bien nos recuerda la poeta uruguaya Idea Vilariño en un epitafio de antología: “Nada de cruces. No morí en la paz de ningún señor. Cremar”. Son más bien autocondenados que escogen la horca de repensar los caminos de la vida para guiar a la manada. No es un trabajo convencional, más bien un apostolado, una necesidad insoslayable, una vocación irrefrenable, incluso una tortura. No es un mero pasatiempo o una evasión al trabajo físico para ganarse el sustento, sino la más noble función del oficio: entregar el testimonio libre del tiempo que les ha correspondido vivir. Ya después el éxito, la fama o la gloria, pueden ser como pensaba Raúl Gómez Jattin, un almacén paisa, una carnicería en Manizales o unos pastelitos deliciosos que venden en Cartagena. Y Duque, el bobo con suerte -para desgracia de todos- que en cuerpo ajeno rige los destinos de esta nación, no incluyó en el grupo de los participantes en la Feria del Libro de Madrid, a varios de los más reconocidos escritores colombianos, a pesar de que somos el país invitado. Todo porque son críticos de su gestión. (Sería un exabrupto decir ‘su gobierno’). Y aunque le importó una mierda la república y la censura a sus escritores, quedó como un culo porque debió -presionado por las críticas acérrimas y las protestas de nacionales en Europa- cancelar la presentación de su bodrio sobre la Economía Naranja, que sólo le debe haber funcionado a él y a su caterva de naranjas podridas.

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Las tumbas de la salsa

Ya para finalizar esta escatológica diatriba en homenaje a la miríada de hampones que hemos dado en llamar ‘clase dirigente’, heredera de un par de damas –Las Ibáñez, Nicolasa y Bernardina- adelantadas a su tiempo, es decir, putísimas (en palabras de uno de sus descendientes, el recién fallecido Antonio Caballero Holguín), me permito trascribir una décima deliciosa, arrancada de las entrañas patrióticas de un señor escritor como don Clímaco Soto Borda, satírico, bohemio, irónico y genial, que dedico con encono a todos los HP´s, Honorables Padres de la Patria:

“Si pública es la mujer

que por puta es conocida,

República viene a ser

la puta más corrompida.

Y siguiendo el parecer

de esta lógica absoluta,

todo aquel que se reputa

de la república hijo,

deber ser, a punto fijo,

un grandísimo hijueputa”.

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Sin ganas de más afganas

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La libertad como valor máximo

Es absurdo que ya han pasado 24 años desde que la Corte Constitucional dijo que la eutanasia es un derecho y el Congreso no ha podido regularla.

La libertad como valor máximo

Es absurdo que ya han pasado 24 años desde que la Corte Constitucional dijo que la eutanasia es un derecho y el Congreso no ha podido regularla.

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Como liberal, creo en la libertad como el mejor promotor del desarrollo y del progreso de las sociedades. Llegué al Congreso con la convicción de que todos los colombianos tenemos derecho a decidir con autonomía sobre nuestra vida, a poder decidir sobre nuestro proyecto de vida y decidir el destino de nuestra propia existencia.

Es por eso que he defendido la regulación de la eutanasia y del cannabis de uso adulto, ambos proyectos se hundieron la semana pasada en el Congreso; sin embargo no dejaré de insistir, tarde que temprano el Congreso tendrá que responderle a los colombianos y regular.

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Creo en el poder de los jóvenes, que van a ser los primeros en insistir para que estos proyectos salgan adelante, necesitamos progreso de nuestra sociedad y el Congreso parece que no se ha dado cuenta de eso.

Es absurdo que ya han pasado 24 años desde que la Corte Constitucional dijo que la eutanasia es un derecho y el Congreso no ha podido regularla. Ya es hora de dar el debate con argumentos sólidos, dejando a un lado la imposición de una sola forma de ver la vida, no podemos permitir más trabas como el caso de Martha Sepúlveda en Antioquia o de Víctor Escobar en Cali, a quien lo tienen esperando de forma injusta.

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En el tema del cannabis, es hora de avanzar y de sincerar el debate, no se regula porque sea bueno el cannabis, se regula porque es necesario. Porque la guerra contra las drogas ha fracasado y debemos avanzar como sociedad en buscar un enfoque de prevención y no de prohibición, una política respetuosa de las libertades y que genere oportunidades económicas, y alternativas a los territorios más afectados por el narcotráfico. 

El Estado no puede decidir sobre nuestras propias decisiones, lo que debe hacer es informarnos sobre las consecuencias que podrían tener nuestras acciones. !Ya es hora de permitir que convivan todos los distintos conceptos sobre la vida y no solo uno!.

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Don Gerardo y el Premio

Que los gobiernos otorguen premios de periodismo, equivale a que los corruptos entreguen uno dedicado a la transparencia en la contratación y la democracia.

Don Gerardo y el Premio
Especial para 90minutos.co

Que los gobiernos otorguen premios de periodismo, equivale a que los corruptos entreguen uno dedicado a la transparencia en la contratación y la democracia.

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Cualquier premio al que toque autopostularse es de entrada una farsa. Hay tantos y de tanta cosa y tan desprestigiados, que cada vez es un acto de exclusividad y privilegio no ganarse ninguno. En periodismo se salvan un par de reconocimientos colombianos que no otorgan dinero, sino precisamente, prestigio. Sin embargo, son tan precarias las condiciones de la profesión -o del oficio, para el caso lo mismo- que muchos colegas ven en los que entregan algún estipendio, además de un diploma o una estatuilla, la posibilidad de unos ingresos adicionales con los que se cuadre caja. Y las empresas e instituciones que los idean y diseñan, los promueven como una estrategia de posicionamiento de imagen, cuando menos; y cuando más -y allí está lo repugnante-, una deliberada, vergonzante y abyecta compra de silencio, que se reparte entre los aliados como un favor que será cobrado.

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Que los gobiernos otorguen premios de periodismo, equivale a que los corruptos entreguen uno dedicado a la transparencia en la contratación y la democracia. Tanto como la vieja metáfora de que el diablo fabrique y cuide las hostias; o una reciente adaptación nacional, que Luis Alfredo Garavito monte y administre un Jardín Infantil. Exabruptos todos. Pero ha nacido uno nuevo con fundamento en la vieja estrategia: el Premio Vallecaucano de Periodismo Gerardo Bedoya Borrero (así, sin el nombre entre comillas simples). No se discute el homenaje a un hombre que combatió desde sus columnas -y su militancia política en el Partido Conservador- la corrupción y el narcotráfico, lo que le costó la vida, pero sí que una clase política cuestionada por sus nexos con esos dos cánceres sociales, utilice su nombre, su memoria y su legado, como estrategia de campaña. Su asesinato, continúa impune.

Y los leguleyos de la comarca al servicio del poder regional -y los periodistas untados con las esquirlas del dinero público mal habido que fungirán como altavoces- ladrarán que ser investigado no es lo mismo que ser culpable. Y tendrían razón de no ser porque en Colombia la justicia está tan corrompida como todo el sistema y si todos los acusados no están en la cárcel, no es por su inocencia proba, sino porque la danza de los millones y la arquitectura de la corrupción -que ubica fichas en los entes de control-, los blinda ante sus deshonestas, peripatéticas y criminales administraciones. Esa es la cuestión y el funcionamiento de lo que tenemos como democracia. Pasa de todo y no pasa nada. Un escándalo se tapa con el otro. Ahora bien, no todo es ilegal o delincuencial en nuestro sistema, hay que decirlo. También hay prácticas legales a la luz del Derecho, aunque cuestionables en términos éticos y morales.

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Para que como dijo Alfredo Molano la escritura no gane lo que pierde el periodismo, vamos con nombres propios. Cualquier periodista por novato o desinformado que esté sabe que la gobernadora de Valle del Cauca, Clara Luz Roldán, es a Dilián Francisca Toro, lo que el presidente de la república Iván Duque Márquez, es a Álvaro Uribe Vélez. Una figura a través de la cual siguen gobernando en cuerpo ajeno. Lo que confirma que lo que alguna vez se llamó en los partidos políticos “disciplina de perros”, aún hoy funciona con más ahínco en las empresas electoreras, clientelares y burocráticas que han conformado clanes en las regiones del país con barones y baronesas que lo controlan todo. O casi todo, claro está, lo que dependa de su fortín, de su gran resorte politiquero. Dilián está en campaña -un político de raza siempre lo está- y el premio en cuestión es una canasta de botellitas de aditivo (12 categorías) para lavar la imagen, ennegrecida por los hectolitros de sucio lubricante con los que se aceita la maquinaria de la contratación pública. 

Como integrante de la Coalición de la Experiencia -en contrapeso de la Coalición de la Esperanza, dos chistes que se cuentan solos-, Dilián sabe que en una campaña los medios de comunicación son determinantes, pues ya no importan las ideas ni los debates que en medio de ella se susciten, ni las propuestas para cambiar las circunstancias de la sociedad, sino la imagen y el impacto que sobre las audiencias tenga lo que los funcionarios públicos en ejercicio definan ventilar y se traduzca a futuro en votos. Y, por supuesto, en más cargos de elección popular donde se nombra sin meritocracia o transparencia y se designa a dedo -las licitaciones hacen parte de la farsa-, para poder así seguir contratando y perpetuando este círculo vicioso, supracerrado e impermeable que los perfila como invencibles. De modo que hablar de un premio que destaca el compromiso, la integridad, la independencia, la objetividad, la libertad, la investigación y otras lindezas, es un acto de soberana hipocresía.   

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Ya el Ministerio de Educación había creado hace dos años el Premio Honorífico Gerardo Bedoya Borrero, para el estudiante de Periodismo con el mejor puntaje en los Exámenes de Estado de Calidad para la Educación Superior. Algo mucho más equilibrado, pues la utopía es posible. Lo hizo como parte de un Acuerdo de Solución Amistosa entre el Estado colombiano (que no garantizó los derechos a la vida, la libertad de pensamiento y expresión a don Gerardo) y la Sociedad Interamericana de Prensa que denunció el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Por eso la Distinción Vida y Obra a los periodistas Beatriz López, Nilsa López de Espejo y Mario Alfonso Escobar deja cierto sinsabor. Beatriz López, es una señora con amplio recorrido en el periodismo nacional y regional, con nexos y palancas políticas -como la mayoría de quienes ostentan cargos directivos en medios-, para acceder a ellos, una buena pluma, suspicaz y sensata en sus columnas. Mario Alfonso Escobar, otro señor con amplia trayectoria en la radio, pero salpicado de narcotráfico hasta los tuétanos, como todo el periodismo deportivo local de la época, con los Rodríguez Orejuela como patrones, en el Grupo Radial Colombiano, en la Universidad Santiago de Cali, en el América, en Drogas La Rebaja, en los bancos, en las discotecas, en toda la ciudad. En el país, y no me refiero al periódico. Y la señora Nilsa, pues como Beatriz, sólo que en Tuluá, con cupos y pautas cedidas como migajas por parte de las alcaldías históricas y sin la visión de país de la primera. Por esto y más desilusiona que Víctor Diusabá, el periodista invitado al soliloquio bautizado como conversatorio, Los desafíos de los nuevos tiempos para el periodismo local, no haya mencionado nada del daño terrible que le hace al periodismo el maridaje con el poder, sea cual sea, y se siga en la tarea funesta de ocultar mostrando.

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¡Cali está lista para intervenciones urbanísticas con luz!

Usando conceptos de composición visual, se puede sacar el máximo provecho de cualquier ubicación e incluso cambiar su uso.

¡Cali está lista para intervenciones urbanísticas con luz!
Especial para 90minutos.co

Usando conceptos de composición visual, se puede sacar el máximo provecho de cualquier ubicación e incluso cambiar su uso.

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Las intervenciones de luz son un mecanismo útil a la hora de aplicar el urbanismo en la ciudad. A través de la luz uno puede facilitar que los espacios sean entendidos, ocupados y disfrutados, con siluetas y enfoques que estimulen las texturas, volúmenes o profundidades.

No estamos acostumbrados a modificar nuestras condiciones lumínicas. Nuestros hábitos son claros en ese sentido. Estamos acostumbrados a una luz total durante el día y a una iluminación funcional durante las noches, tanto en exteriores como en interiores. Pero la transformación de este factor resulta en cambios evidentes. Usando conceptos de composición visual, se puede sacar el máximo provecho de cualquier ubicación e incluso cambiar su uso, desde espacios de descanso e interacción hasta intervenciones monumentales.

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Distintos artistas del mundo han tomado estas ideas y las han aplicado en el mobiliario público y los monumentos para darles mayor solemnidad, pero una de las aplicaciones más importantes queda en Montreal y ocurre por estos meses de invierno. Se trata del Festival de las Luces, y se ubica en varias plazas de la ciudad. Aprovechando que las noches son largas y frías, se hacen intervenciones monumentales y espectáculos. Es una forma inteligente de darle vida a las calles en los momentos más solitarios, y de generar movimiento en la ciudad cuando no habría razones para salir.

El trabajo de Smart Living Studio en Roldanillo es un gran ejemplo de cómo se ha aplicado este enfoque en el plano regional y nacional. Estos artistas emprendedores estuvieron a cargo de la transformación nocturna de la plaza central del pueblo, un trabajo maravilloso que ha fortalecido uno de sus espacios más concurridos con algo más de bienestar, armonía, belleza y balance.

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Hay una belleza aún no descubierta en Cali que podemos revelar con diseño lumínico, y creo que podemos hacerlo en La Retreta, el Parque del Peñón y el parque de San Antonio. Intervenciones aquí generarían un impacto inmediato por el flujo turístico y local, pero con otros espacios como el Parque Longitudinal de la 72 W o el Parque de la Flora, cambiaría la vida de los caleños que no transcurren frecuentemente por el eje central de la ciudad. Otras intervenciones localizadas en sectores clave como el Parque de las Piedras, a la bajada de los cristales, resultarían en un mayor flujo de personas que gocen de sitios distintos a los tradicionales, y es una idea que debemos tener en cuenta para ampliar la oferta turística de la ciudad.

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Se pueden desarrollar estrategias específicas para un ambiente controlado, que transmita emociones. Cali debe ponerse del lado del uso de estas tecnologías. No solo para iluminar parques y hacer figuras, o para resaltar estructuras que ya tenemos, sino para generar una sensación de seguridad y de tranquilidad en nuestros espacios públicos, y generar interacción, turismo y fotos. Podemos tener la ciudad que queremos.

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