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El mes de Petro

Quedan aún incógnitas en el horizonte con temas como las reformas laboral, pensional, política y del sistema de salud que están en su programa de gobierno

El mes de Petro
Especial para 90minutos.co

Quedan aún incógnitas en el horizonte con temas como las reformas laboral, pensional, política y del sistema de salud que están en su programa de gobierno

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Al cumplirse 30 días de la presidencia de Gustavo Petro, empiezan a observarse en el camino algunos indicios de sus prioridades y del camino que plantea continuar en los siguientes 47 meses de su gestión. En medio de muchas expectativas y algo de inquietud por parte de no pocos sectores de la sociedad colombiana, el nuevo gobierno deja ver los matices que caracterizarán su gestión y ya se empiezan a notar los ejes de su administración, así como deja en evidencia algunos flancos débiles.

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Luego de una campaña presidencial donde el hoy jefe del Estado dejó ver unas ideas radicalizadas sobre temas como la salud, la ruralidad y el comercio exterior, nos ha sorprendido cómo Petro ha moderado buena parte de sus posturas electorales y ha dado muestras de pragmatismo que nos evoca a personajes como Juan Manuel Santos. Su capacidad de estructurar una coalición de gobierno amplia, neutralizando a potenciales detractores, le han concedido una gobernabilidad robusta de la mano de dos expertos de la política como lo son Alfonso Prada y Mauricio Lizcano.

Esas jugadas de Petro han dejado debilitados a los sectores de oposición, hoy representados por el Centro Democrático, Salvación Nacional y Cambio Radical, carentes de narrativa y sin una estrategia política para recoger a los casi 10.5 millones de colombianos que votaron por una opción distinta al presidente en junio pasado. En ese sentido, es probable que muchas de las posturas más duras de Petro se suavicen para poder mantener intacta esa filigrana política que unió a partidos tradicionales con los alternativos.

Sin duda, un acierto de Petro en este mes es que terminó la fantasiosa doctrina que tenía Colombia con Venezuela, que desconocía al régimen del dictador Maduro. Si bien el chavismo ha golpeado a nuestro vecino, resulta inútil desconocer que conserva la legitimidad y el control. El restablecimiento de las relaciones bilaterales es, por el momento, un acierto. En el caso de la reforma tributaria, hace bien el gobierno al aprovechar los vientos a su favor para sacarla en esta primera parte de su mandato. Ojalá se revisen algunos componentes como los de los impuestos a las empresas y se apruebe una ley fiscal que responda a las necesidades fiscales sin desestimular la inversión privada.

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Pero también veo con inquietud dos frentes fundamentales del nuevo gobierno. No porque crea que van en el camino equivocado, sino porque no parece que el presidente y su gabinete tengan definido cómo avanzar. Por un lado, la paz total no parece tener una hoja de ruta clara y tiene señales que la asemejan más a una política de apaciguamiento. El presidente Petro deja dudas sobre cómo va a llegar a esa anhelada paz total y la seguridad continúa la senda de deterioro que traía desde el fracaso estruendoso de la política de defensa y seguridad nacional del gobierno anterior. Como lo destaca el exalto consejero de la Reintegración, Alejandro Eder, no es paz o seguridad, sino que son ambas simultáneamente.

Por otro lado, el asunto energético deja muchas dudas. Si bien es claro que este es un gobierno que le apuesta a la transición ecológica, no existe certeza de cómo mitigar los impactos que inevitablemente llegarán, en particular con la liberalización de los precios del combustible; esta es una medida necesaria, pero se puede convertir en un problema mayor sin una ruta para mitigar los efectos adversos en el corto plazo. También hay algo de desconfianza porque la ministra de Minas y Energía, principal responsable de esta tarea, no parece contar con el bagaje necesario para semejante empresa.

Quedan aún incógnitas en el horizonte con temas como las reformas laboral, pensional, política y del sistema de salud que están en su programa de gobierno. Esperamos que el gobierno muestre señales de moderación y opte por hacer reformas incrementales, que renuncien a la alucinante idea refundadora que esgrimieron en campaña. Es importante que no sometan al país a deliberaciones sobre el futuro que vayan en detrimento de las decisiones que deben ser tomadas hoy. Sin renunciar a la visión prospectiva, el presente es la prioridad.

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Los retos del próximo alcalde

El próximo alcalde tiene el reto de reconciliar a muchos sectores de la sociedad caleña, heridos por la pandemia, por el Paro Nacional y la retórica beligerante que nos ha dividido de forma aún mayor en los últimos meses.

Los retos del próximo alcalde
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El próximo alcalde tiene el reto de reconciliar a muchos sectores de la sociedad caleña, heridos por la pandemia, por el Paro Nacional y la retórica beligerante que nos ha dividido de forma aún mayor en los últimos meses.

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Ya el sol está a las espaldas del alcalde Jorge Iván Ospina. Además de estar viviendo una crisis profunda por cuenta de los escándalos de EMCALI, tiene aún la mitad del Plan de Desarrollo sin ejecutar y muchas de sus obras, como el hundimiento de la calle 5 en San Antonio o la remodelación de la Plaza de Mercado de La Alameda, no tienen los recursos asegurados y es improbable que se contraten en lo que queda de 2022. Eso nos hace suponer que quizás no logre cumplir todo lo que se planteó para su cuatrienio y, más bien, sea oportuno concentrarnos en lo que le quedará al próximo inquilino del tercer piso del CAM. Veamos algunos retos que inevitablemente tendrá que enfrentar el próximo alcalde.

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El primer reto que deberá enfrentar el próximo gobierno local será la situación de la deuda pública. El antecedente es que, en 2020, Cali tenía una deuda a seis años, contratada en 2017, por alrededor de 600.000 millones de pesos; con la deuda pública de principios de los años 2000 cancelada y unos ingresos tributarios crecientes, la Administración Armitage adquirió dos empréstitos que debían cancelarse en 2023.

En 2020, en plena coyuntura de la pandemia, el nuevo gobierno solicita al Concejo autorización para refinanciar esa deuda a diez años, lo que supuso que, con los intereses propios de extender plazos, la ciudad quedase con una deuda de casi 900.000 millones hasta 2030. Luego, se autorizó contratar una nueva deuda por 650.000 millones de pesos, lo que hizo que al 31 de diciembre de 2021, la Administración pública caleña le debía al sistema financiero casi 1.8 billones de pesos. El próximo alcalde deberá pagar un billón de pesos de esa deuda, lo que impacta directamente en su capacidad de inversión. Si no quiere tener semejante golpe en sus finanzas que afecten su plan de gobierno, buscar mecanismos financieros para aliviar esa carga será fundamental.

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En segundo lugar, el próximo alcalde deberá darle una solución a la crisis del MIO y asegurar que arranquen las obras del tren de cercanías. El sistema hoy tiene una demanda que no llega a los 250.000 pasajeros al día, muy por debajo del punto de equilibrio. Garantizar un aumento de la demanda, reducir los incumplimientos de algunos concesionarios, mejorar la seguridad dentro del sistema y solventar el Fondo de Estabilización de la Demanda es un chicharrón que exige voluntad política. Adicionalmente, tendrá que asegurar que lleguen los dos billones que vale, en principio, la primera línea del tren de cercanías, lo que supone que Cali deberá disponer de unos recursos muy importantes para aportar el 30% del valor de las obras que le corresponde a los entes territoriales en virtud de la ley de metros.

En tercer lugar, viene el POT, alrededor del cual hay toda una serie de expectativas para corregir el rumbo del crecimiento urbano de Cali, hoy concentrado en la zona de expansión del sur y con compromisos pendientes alrededor de la redensificación del centro y de la renovación urbana. En 2026 ese será el gran debate y definir una hoja de ruta razonable del ordenamiento territorial será la prioridad, toda vez que deberá reflejar los retos ambientales pero también de hábitat, vivienda e infraestructura que hoy tiene la ciudad.

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Por último, la seguridad. De nada sirve emprender grandes obras de infraestructura o habilitar zonas verdes si Cali sigue estando dominada por los fenómenos de la criminalidad y la debilidad institucional para mantener el orden. Acelerar la tendencia descendente de los homicidios, enfrentar los hurtos, reactivar programas y estrategias sociales y de prevención y fortalecer la capacidad judicial y tecnológica de la ciudad tendrán que estar como fundamento de la gestión del próximo alcalde. Hoy Medellín invierte alrededor de tres veces más presupuesto en seguridad, convivencia y justicia que Cali, a pesar de tener la mitad de las muertes violentas. Es inviable un proyecto de ciudad donde la violencia, el crimen y la inseguridad son regla. Cali ha avanzado, pero la exigencia sigue siendo elevada.

El próximo alcalde tiene el reto de reconciliar a muchos sectores de la sociedad caleña, heridos por la pandemia, por el Paro Nacional y la retórica beligerante que nos ha dividido de forma aún mayor en los últimos meses. Levantar el ánimo, el optimismo, cohesionar a la sociedad hacia un logro común y devolverle a la silla del alcalde su capacidad integradora, que se ha erosionado en los últimos dos años y medio, será esencial para avanzar hacia una mejora sustancial de la calidad de vida y para darle a Cali las herramientas que dibujen una nueva senda de desarrollo para la década. La tarea será dura.

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El discurso de “Aureliano”

La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia.

El discurso de “Aureliano”
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La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia.

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Todos los análisis de la obra literaria de Gabriel García Márquez coinciden en una especie de vértice que sostiene lo que en términos generales la crítica llamó Realismo Mágico: la hipérbole como figura retórica predominante. La exageración es la herramienta fundamental de la narrativa garciamarquina (fiel reflejo de la tradición oral del Caribe), que se sostiene además con una prosa cadenciosa y profunda que -en palabras del mismo autor-, tiene como objetivo primordial no permitir que el lector despierte de su sueño, del trance profundo en el que entra cuando se sumerge en su lectura. El mismo presidente Gustavo Petro aseguró que el suyo ante la ONU había sido “un discurso un poco garciamarquiano, que me gusta” y, en ese sentido, consecuente con la admiración que le profesa y que supuso su seudónimo de guerra cuando militó en el M-19.

La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia, aunque sus detractores hayan hecho estúpidas afirmaciones y vacíos análisis con no menos absurdas argumentaciones. Debe aclararse para comenzar que quienes han dicho que el discurso es simple Realismo Mágico, que este es el título y el tema de un libro de Franz Roh publicado en 1925 en Alemania, que trata sobre una variante del expresionismo pictórico a principios del siglo XX, desde luego, en Alemania. Y que otros autores, como Alejo Carpentier, incorporaron otra dimensión para describir la realidad que en Latinoamérica muchos coinciden en afirmar, supera la ficción y que el cubano magistral redefinió como lo Real Maravilloso.

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No pretende esta columna ser un escenario de retaliaciones a las críticas del mencionado discurso, pero un impoluto uribista purasangre twitteó: Hoy “Cantinflas” se disfrazó de “poeta de vereda” en Naciones Unidas. Deben estar muy arrepentidos de quienes votaron por semejante charlatán. Además de la bajeza insultante y la degradación clasista que subyace en el trino, le falta lectura a este prohombre exsuperintendente, pues el texto rinde homenaje a la intelectualidad poética y retórica; y en ese sentido el homenaje sería al gran Alfonso Reyes -a quien admiró el mismísimo Borges- y no a Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes. Pero la derecha no ha podido pasar la página y desconoce que el libro de Colombia está en la mano izquierda -como mandan los cánones de la buena lectura- y que la tarea de la diestra es simple: humedecer el dedo del corazón con babas para que avance la lectura.

Otro personaje, pseudoanalista económico con el apellido del que siempre tumbaba a Tontoniel y al servicio de la nueva corona española en Colombia -Grupo Prisa-, dijo que lo único que le faltó a Petro fue decir: Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No ha de saber este ex muchas cosas, que Caracol Radio ha de tenerla registrada para hacer algo creíbles sus disfrazadas opiniones, que de análisis muy poco, casi nada. Y muchos otros animales -políticos debe aclararse- vociferaron ante el discurso. Exvices, excandidatos, exalcaldes, postquemados y ardidos que no soportan la altura de estadista de un hombre que con errores y debilidades es con lo mínimo, más de lo que hemos tenido en el último cuarto de siglo. Lo cierto es que la coherencia intelectual y retórica de Gustavo Petro guerrillero, concejal, senador, candidato, presidente y orador ante la ONU, en esta coyuntura continental y mundial, es admirable y debería ser orgullo nacional. Aseguran los de siempre que no pasará nada y es probable, pero alguien debía recordarlo, porque ya se ha dicho y advertido. Fidel Castro, Pepe Mujica, Nayib Bukele y un etcétera breve. Y hacerlo con vehemencia, con dramatismo si se quiere, pero con valor y entereza.

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El mismo Petro, en entrevista con dos que parecen uno, Juan Roberto Vargas y Luis Eduardo Maldonado de Caracol, aseveró frente a la Asamblea 77 de la ONU que “estas reuniones son rutinarias, protocolarias, de lugares comunes, poco eficientes en mi opinión… es más como un rito”; y ubicar a Colombia en el plano internacional y como vocera de una discusión sotto voce que el sistema de poderes mundiales permite expresar, pero desconoce y minimiza a través de su complejo entramado mediático, es un triunfo para el país. No debe dudarse tampoco que Petro al decir “vengo de un continente”, recoge un liderazgo latinoamericano acéfalo en estos momentos y que toda la carga simbólica del discurso tiene como objetivo central impactar. Y ese cometido se cumplió. Otro ‘milenario’ personaje bogotano con el dedo índice romo, lo señala de absurdo y ridículo por la frase: “la solución a la migración es volver a que el agua llene los ríos”. O sea, el agua es vida. ¡Bolardo!

Un discurso de este tipo pocas veces se permite extensos contextos porque está diseñado para golpear emocionalmente, para sacudir y hacer sentir y pensar. Los detractores, por supuesto, se aprovechan de esta condición para acomodar el suyo a su generalizante y temeraria oposición, la mayoría de las veces, discordante. No desconoce Petro -por ejemplo- la importancia del petróleo en la historia de la humanidad. Eso es tan estúpido como desconocer que es finito, que se acabará y que hace rato el ser humano le tiene sus reemplazos, pero que le exprimirá hasta la última gota a la tierra (a costa de lo que sea y de quien sea) para que el negocio no se acabe antes. La fuerza que produce un galón de petróleo es similar a las de cien brazos humanos y el deterioro ambiental del mismo, más nefasto que todos los abrazos que en el mundo se dan los líderes de las potencias mundiales para reducir (jamás acuerdan erradicar) la pobreza, la emisión de gases, el efecto invernadero...

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De modo pues que el discurso de quien fuera el joven “Aureliano” en las filas de la subversión, vuelve a subvertir el orden establecido, ya no sólo en el ámbito político sino en lo social y moral porque la índole de su alocución tiene un arraigo humano de progresismo sincero; y con ello Petro es absolutamente consecuente. Y no hablo del hombre candidato y ahora presidente, hablo del ser humano cuya vida ha estado en consonancia desde lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Con este discurso, Petro generó una contradicción fundamental entre la belleza y la muerte, tradicionalmente opuestas, antagónicas e irreconciliables. Ese aparente contrasentido también lo llevó a los terrenos de la ironía cuando con exageración cuestiona a quienes no les cabe en la imaginación -no por elementales, sino por guardianes de intereses- su intención narrativa. Es decir, líderes de opinión en una sociedad con limitaciones incluso en aquello donde la libertad es infinita: la capacidad de imaginar.

El mundo es tan estrecho como limitada sea la visión del mismo. Este discurso puede ser -guardadas las proporciones- otra versión del que a mi juicio es el más hermoso, alegórico y demoledor de los textos de Gabriel García Márquez: El cataclismo de Damocles, una conferencia dictada en Ixtapa-México el 6 de agosto de 1986.Si no lo han leído búsquenlo, entre algunas líneas donde el Nobel propone la recuperación de sabios de las santabárbaras de muerte, para aprovechar sus inteligencias en la educación y justica, reza: “…lo único que puede salvarnos de la barbarie: una cultura de la paz”. Dirán los mismos estúpidos a carta cabal que es una sarta de estupideces, pero saben ellos que su estupidez es impuesta y eso es mucho más triste y humillante que si fuera genuina.

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Cali: un paraíso en decadencia

La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía.

Cali: un paraíso en decadencia
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La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía.

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Uno de los comentarios más repetidos respecto a Cali hasta hace unos 20 años, es que era una ciudad cívica. Desde que comenzó su proceso de expansión se hablaba de que Cali, con sus problemas y dificultades, era una ciudad en crecimiento, atractiva, y con cultura ciudadana. Este proceso tuvo algunos puntos altos, especialmente en las décadas de los años 70 y de los 90, donde Cali fue ampliamente reconocida como la segunda ciudad más importante de Colombia. Con todas las adversidades que la ciudad enfrentaba, como por ejemplo la inseguridad en el periodo más oscuro, era una ciudad en crecimiento. Las calles se veían bien, los puentes eran estables, los edificios se encontraban conservados, y existía un ambiente de civismo. No en vano, existe una constante añoranza del “Cali viejo” por parte de su población.

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Los años han pasado, llegó el nuevo milenio y nos adentramos en este. La ciudad sigue siendo importante, pero hay una sensación de estancamiento. Dejó de ser la segunda ciudad de Colombia, y la sensación es que en un futuro próximo bajará al cuarto lugar. El civismo parece haber desaparecido, y el atractivo ha disminuido en gran manera. El crecimiento ha continuado, pero sumado a los puntos negativos, parece ser hacinamiento. Se observa innovación en ciertas obras, pero estas no se traducen en desarrollo real para Cali. La movilidad se dificulta cada vez más, y la percepción de inseguridad continúa aumentando de forma alarmante.

Haciendo un balance entre lo positivo y lo negativo, se valoran iniciativas que se vienen desarrollando desde la administración municipal como es el caso de los separadores viales, una intervención de 90.000 metros cuadrados que han permitido la recuperación de espacios que habían sido abandonados e impactados por basuras y desechos. A su vez se reconocen iniciativas empresariales como la de una cadena de farmacias que han contribuido satisfactoriamente a la reactivación económica y al embellecimiento de sus alrededores.

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Sin embargo, continúa esa sensación de estancamiento de la ciudad, efecto que muchos los relacionan a su imagen o a su estética. El orden físico de la ciudad muestra una radiografía de la misma. Al transitar por Cali se observan huecos en las vías, puentes en mal estado, basura y suciedad en lugares públicos, grafitis en fachadas de edificios y excesiva presencia de habitantes de calle etc. La imagen de la ciudad se encuentra por el piso, y es un sentir de los ciudadanos, los comentarios del día a día entre amigos, vecinos, el taxista, el empresario y el estudiante. De las quejas frecuentes se encuentra la dificultad para entender porque esta terrible situación aún no tiene solución y por el contrario, Cali retrocede cada vez más. Algunos tienen expresiones como de estar muy cerca de ser una ciudad cloaca.

Pensemos por un momento en la teoría de las ventanas rotas de Philip Zimbardo. La existencia de una ventana rota implica un cierto abandono del edificio o vehículo en cuestión, algo que disminuye la responsabilidad hacia lo que le ocurra. Es la percepción de lo que nos rodea lo que explica nuestro comportamiento hacia ello.

Algo a tener en cuenta por la institucionalidad a la hora de prevenir algunas conductas, además de optimizar los entornos de la ciudad, promoviendo una cultura ciudadana, el respeto y el sentido de pertenencia, que le permita a todos los moderadores de ella, reconocerse para crear vínculos de afecto por el lugar que habitan.

Teniendo en cuenta lo estético como un aspecto importante, se deriva de su mal estado, la falta de orden y autoridad que vive esta ciudad. Dicha situación nos lleva a percibir la ausencia de un liderazgo institucional que genere la confianza o motive a la ciudadanía a ser participes de iniciativas para el embellecimiento de los espacios públicos.

La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía. Cuando no hay orden, nada funciona.

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 Para eso hay que entender cuáles son las competencias de la autoridad local, sus responsabilidades legales y presupuestales que en su totalidad tienen la mayor carga u obligación, es decir, se le atribuye en gran parte el compromiso de articular los diferentes sectores, generar estrategias de participación ciudadana, reestablecer el orden y hacer un uso eficiente de los recursos públicos para el mantenimiento de Cali.

Cabe entonces preguntarse después de esto, si no nos preocupamos por lo más simple, que es el aseo y orden de la casa, ¿Cómo vamos a construir una piscina? Son contadas las obras que han contribuido con mitigar el problema del mal aspecto – físico-; pero que solución ha traído esto cuando el problema surge de los valores y de que tan arraigados nos sentimos a la ciudad. Creo que primero debemos recuperar la autoestima de los caleños, con orden y disciplina se crean compromisos, por tanto es de suma importancia forjar en los ciudadanos la confianza, el orgullo y la disposición para seguir trabajando por la restauración de esa Cali Cívica que todos esperamos.

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