La República Democrática del Congo enfrenta un nuevo brote de ébola causado por la especie Bundibugyo, una variante que no se registraba en el país desde hace 14 años y que ya deja más de 200 muertos. Las autoridades sanitarias también han confirmado casos en Uganda, mientras la Organización Mundial de la Salud mantiene la alerta internacional por el avance de la enfermedad.
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Expertos advierten que el número de contagios y fallecimientos podría seguir aumentando debido a la alta tasa de mortalidad de esta variante, que oscila entre el 30 y el 50 por ciento. Aunque no es tan letal como el ébola Zaire, considerado el más agresivo con una mortalidad de hasta el 90 por ciento, Bundibugyo preocupa porque actualmente no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados para combatirlo.
Una variante difícil de detectar y sin vacunas disponibles
El virus del ébola fue identificado por primera vez en 1976 en brotes simultáneos en Sudán y la República Democrática del Congo. Desde entonces se han identificado seis especies distintas del virus, pero solo tres han provocado grandes epidemias: Zaire, Sudán y Bundibugyo.

Según especialistas, la diferencia principal entre el brote actual y el registrado en 2012 está en la detección tardía de los casos. En un comienzo no se sabía que se trataba de ébola porque muchas pruebas rápidas están diseñadas para detectar la variante Zaire, lo que generó falsos negativos. Además, enfermedades endémicas como la malaria tienen síntomas iniciales similares, dificultando aún más el diagnóstico temprano.
Los tratamientos y vacunas existentes están dirigidos principalmente al ébola Zaire, por lo que no funcionan contra Bundibugyo. Actualmente existen dos posibles vacunas en desarrollo, pero todavía se encuentran en fase experimental con animales y podrían tardar varios meses en iniciar pruebas en humanos.
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Conflictos, minería y desplazamientos aceleran la propagación
La rápida expansión del brote está relacionada con varios factores sociales y ambientales. La provincia de Ituri, donde se confirmó la emergencia sanitaria, ha sido escenario de fuertes enfrentamientos armados y desplazamientos masivos de población. Esto ha obligado a miles de personas a vivir en condiciones de hacinamiento.

A esto se suma la presencia de milicias, la falta de infraestructura de salud y vivienda, así como la movilidad constante asociada a la actividad minera en la región. Los expertos también señalan que la deforestación causada por la minería empuja a los animales que portan el virus a acercarse más a las comunidades humanas.
La OMS explica que los murciélagos frugívoros son considerados los principales reservorios naturales del ébola. Aunque el virus también puede transmitirse a través del contacto con sangre o fluidos de otros animales infectados, como monos, antílopes o puercoespines.
Aunque el riesgo de expansión hacia Europa o América sigue siendo bajo, las autoridades han reforzado los controles sanitarios y la vigilancia epidemiológica. Sin embargo, expertos advierten que el peligro en África continúa siendo elevado, especialmente por la cercanía del brote con corredores de movilidad que conectan con grandes ciudades como Kinsasa, una urbe de casi 20 millones de habitantes.
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