Un equipo de científicos difundió un hallazgo inquietante: una bacteria llamada Tersicoccus phoenicis, identificada originalmente en salas estériles donde se ensamblan naves espaciales, es capaz de entrar en un estado de latencia tan profundo que parece muerta.
Pero no lo está. Simplemente “finge estar muerta”.
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Descubierta por primera vez en 2013 en salas blancas de ensamblaje del módulo Phoenix Mars, esta bacteria pasó desapercibida por años a pesar de los rigurosos protocolos de descontaminación. Recientemente, un estudio reveló que T. phoenicis sobrevive en condiciones extremas, sin nutrientes, con deshidratación y tras procesos de limpieza intensos, adoptando un metabolismo casi nulo.
Asimismo, esta capacidad de “jugar a estar muerta” representa un riesgo especial: si un microbio similar acompaña una nave espacial, podría resistir el trayecto a la Luna, Marte o más allá y “despertar” cuando encuentre condiciones favorables. Eso complica las normas de esterilización espacial y los protocolos de protección planetaria.
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¿Qué significa para la exploración espacial y la búsqueda de vida en Marte?
La posibilidad de que T. phoenicis, u otras bacterias dormidas, sobrevivan el viaje y lleguen a otros cuerpos celestes siembra dos grandes preocupaciones. Según lo explicado en National Geographic:
- Contaminación interplanetaria: un “microbio terrestre” en Marte podría ser confundido con vida marciana. Eso dificultaría la credibilidad de cualquier hallazgo de vida extraterrestre.
- Riesgo biológico real: si otras bacterias peligrosas desarrollan la misma habilidad de latencia, podrían pasar desapercibidas incluso en ambientes considerados estériles, como laboratorios farmacéuticos, hospitales o la propia Estación Espacial Internacional.
Por eso, los investigadores advierten de la necesidad de reforzar métodos de detección: no basta con intentar cultivarlas; hay que buscar rastros genéticos o usar métodos que las reactiven primero, para luego eliminarlas.
Un nuevo reto para la ciencia: redefinir la esterilidad
El descubrimiento de T. phoenicis obliga a reimaginar lo que significa “limpiar” y “esterilizar” para la exploración espacial, quizá ninguna superficie, por cuidadosamente preparada que parezca, esté realmente libre de vida.

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