En este día, la Iglesia conmemora la Pasión y Muerte de Jesús, quien entregó su vida en la cruz para salvarnos del pecado y ofrecernos la vida eterna.
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Es una jornada de profundo recogimiento, en la que no se celebra la Santa Misa. En su lugar, se realiza la Liturgia de la Adoración a la Cruz, en la que se proclama la Pasión según San Juan y los fieles veneran el madero en el que Cristo fue crucificado.
Lea también: ¿Qué se conmemora el Jueves Santo? El día que marcó el inicio de la Pasión de Cristo
Las iglesias adoptan un ambiente solemne: las imágenes y el crucifijo se cubren con tela morada, símbolo de luto, y el sagrario permanece abierto, en señal de ausencia. Incluso, la imagen de la Virgen María se viste de negro como expresión del dolor por la muerte de su Hijo.
El color morado en la liturgia simboliza penitencia y duelo, invitándonos a acompañar a Jesús en su sufrimiento con un corazón contrito y lleno de amor

¿Cómo vivir el Viernes Santo?
La Iglesia nos invita a observar ayuno y abstinencia como signo de penitencia. Además, los fieles acostumbran rezar el Vía Crucis, meditar en las Siete Palabras de Jesús y participar con respeto y devoción en los actos litúrgicos.
A las tres de la tarde, hora en que se recuerda la muerte de Jesús, se suele rezar el Credo como acto de fe y unión con su sacrificio.
¿Qué es y cómo se reza el Vía Crucis?
El Vía Crucis es una antigua tradición que remonta al siglo V, cuando los cristianos en Jerusalén recorrían el camino al Calvario para acompañar espiritualmente a Jesús. Esta devoción revive los momentos más dolorosos de su Pasión, desde su condena hasta su sepultura.
Se divide en catorce estaciones, cada una representa un episodio del camino al Gólgota. El Vía Crucis se reza en procesión, con una cruz llevada por uno de los participantes. En cada estación se lee una reflexión y puede rezarse un Padrenuestro antes de continuar. Es un acto de amor, silencio y entrega.
La Pasión de Jesús: del juicio al Gólgota
Desde muy temprano, Jesús fue llevado ante Pilato, el gobernador romano, quien, sin encontrar culpa en Él, lo envió a Herodes. Sin embargo, Herodes también lo rechazó y lo devolvió a Pilato. Presionado por las autoridades religiosas y por la multitud que pedía su crucifixión, Pilato cedió y lo condenó a morir en la cruz.
Cargando una pesada cruz, Jesús emprendió el camino hacia el Calvario. Cada paso era una prueba de dolor físico y espiritual, un reflejo del sufrimiento humano y del amor que lo llevó a entregarse por todos nosotros.

La crucifixión en el Gólgota
Al llegar al Gólgota, fue clavado en la cruz entre dos criminales. El dolor era indescriptible. Aun así, Jesús pronunció palabras de misericordia:
"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."
En medio de su agonía, también hubo un grito de abandono que refleja su humanidad:
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
Finalmente, en la hora novena, Jesús entregó su espíritu. Su cuerpo fue bajado y puesto en los brazos de su Madre, envuelto en un sudario y colocado en un sepulcro prestado, mientras sus discípulos lloraban la pérdida de su Maestro.


El sacrificio que nos dio vida
El Viernes Santo culmina en silencio y dolor, pero también en esperanza. La muerte de Jesús no es el final, sino el inicio de nuestra redención. Su amor incondicional queda grabado para siempre en la historia de la humanidad.
Hoy, más que nunca, recordamos que su entrega nos dio vida, y que por su cruz fuimos salvados. Que este día nos encuentre con el corazón abierto, dispuestos a acompañarlo, meditar en su Pasión y agradecer su infinito amor.
Sigue nuestras redes sociales:














