Salsa

La música que transformó a una ciudad

En los especiales de Salsa en 90 Minutos contaremos cómo los ritmos afroantillanos impactaron desde el vestuario, la forma de hablar y la propia sonoridad. Medardo Arias, el poeta bonaverense, escritor e investigador musical, nos detalla los hitos que cambiaron para siempre la cultura musical de Cali.

En los especiales de Salsa en 90 Minutos contaremos cómo los ritmos afroantillanos impactaron desde el vestuario, la forma de hablar y la propia sonoridad. Medardo Arias, el poeta bonaverense, escritor e investigador musical, nos detalla los hitos que cambiaron para siempre la cultura musical de Cali.

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Por Gerardo Quintero Tello

Jefe de Redacción 90 Minutos

Diseñador: Giovanni Castro

Editor: Orlando Zuluaga

Camarógrafo: Alirio Diago

La música transforma vidas, de eso no tengo dudas. Pero no solo vidas, cambia ciudades, modifica su lenguaje, sus formas, su estilo, sus colores y Cali es un ejemplo palpable de ello.  Esta ciudad sufrió una metamorfosis asombrosa a través de los ritmos afroantillanos.

Muchos fueron testigos de cómo la ciudad fue cambiando en sus orígenes musicales. Y fueron los años treinta y cuarenta del siglo pasado, con la llegada del Trío Matamoros y el posterior arribo de la grandiosa Sonora Matancera cuando  la ciudad comenzó a dar muestras de ser más caribeña que andina.

Esa era la gran paradoja, una ciudad andina, incluso más cercana al Pacífico que se fue deslizando a través de su sonoridad hacia los brazos del saber ancestral afroantillano.

En los especiales de Salsa en 90 Minutos abordamos precisamente cómo impactaron esos ritmos nuestra cultura. Cómo la ciudad comenzó a respirar otras sonoridades, a pensarse de otra manera. Cómo la salsa transformó, incluso, el modo de vestir de los caleños.

Medardo Arias, el poeta bonaverense, escritor e investigador musical, invitado a esta tertulia salsera, advierte, por ejemplo, un hito que se ha convertido en punto de partida de ese cambio que sufrió la ciudad. “La llegada de Ricardo Ray con su orquesta a la ciudad partió en dos la historia de Cali. Para una ciudad que se caracterizaba más por tendencias musicales andinas, con orquestas venidas de las montañas del país, tales como Los Graduados, Los Diplomáticos, grupos que interpretaban una suerte de cumbia moderna, con guitarras eléctricas, batería y saxofón, el reconocimiento del ritmo caribe, en forma de Boogaloo y Jala Jala, traído por Ricardo, lanzó la cultura de esta ciudad a una transformación honda, un carácter que permanece hasta hoy”, advierte Arias.

El 26 de diciembre de 1968 se consumó el amor eterno entre Cali y ‘Los mamitos’, como también eran conocidos. Umberto Valverde, gran amigo y testigo privilegiado de aquel momento, me lo recuerda de esta manera: “Richie Ray y Bobby Cruz vinieron a Cali por casualidad, porque Tito Puente tenía la agenda llena y los recomendó. Pocos hoy pueden contar las noches de la Caseta Panamericana en 1968 y 1969: yo fui todos los días. Para mí, que sólo había visto en vivo a un mito como Pérez Prado, la presencia de Richie y Bobby fue un impacto tremendo. Su fuerza, su locura, el afecto con que se entregan en tarima, marcaron una huella”.

De hecho el mito salsero en Cali se fue construyendo con el paso de los años. El escritor Andrés Caicedo los inmortalizó en ‘Que viva la Música’ y muchos años después, Sandro Romero y Silvia Vargas realizaron un documental brutal llamado ‘Sonido Bestial’. Una década de investigación para hacer una biografía cinematográfica de una pareja musical que ha durado más tiempo que muchos matrimonios.

En 1971, el propio Andrés Caicedo ejecutó un increíble acto de pura subversión musical. El escritor caleño, entregado a los sonidos trepidantes de ‘Los Durísimos’, diseñó e hizo imprimir decenas de carteles contra lo que él llamaba “el sonido paisa” y contra lo que denominaba “la censura a Richie Ray y Bobby Cruz”. Esos afiches los pegó por toda la ciudad, un acto que no pasó desapercibido para el poeta Medardo Arias que se maravilló del tal escena y se preguntaba entonces “quién habría sido el loco que se inventó ese cuento”.

De alguna manera, reflexiona hoy el escritor bonaverense, con su ‘heroico acto subversivo musical’ Andrés Caicedo interpretó el sentimiento de miles de caleños que en ese momento se sentían huérfanos del sonido bestial y se rebelaban en esa lucha contra “los graduados, los hispanos y demás cultores del sonido paisa, hecho a la medida de la burguesía, de su vulgaridad”.

No fue fácil ese rumbo que tomó la ciudad. San Nicolás y El Obrero fueron los fortines que albergaron la musicalidad afroantillana. En las esquinas de estos populosos barrios florecían bares y cantinas que tenían a Matamoros y la Sonora Matancera como su banda musical. Allí en medio de los lupanares, los amaneceres calurosos y las botellas vacías,  Daniel Santos fue construyendo el mito que lo hizo el gran jefe de los pobres y desarraigados. Fue en esas estrechas calles del corazón de la ciudad que se expandió esa ‘música de negros’, como la élite caleña calificaba lo que no entendía, como suele suceder.

Pero fue el baile, de la mano de Watusi y el gran Evelio Carabalí, lo que comenzaría a catapultar a la ciudad hacia otra dimensión artística. Los caleños disfrutaban como pocos con ese movimiento de pies que nos hizo únicos, porque en la entonces pequeña urbe no se bailaba sino que una fuerza incontrolable se apoderaba de corazones, pies y cintura y comenzaba una suerte de danza frenética al compás de la tumbadora, unas trompetas y un piano… Y aunque como decía Nelson y Luis Felipe González “Mi ritmo no es de por aquí, mi ritmo es de por allá”, eso no importó porque los caleños lo hicimos propio.

Y también fue ese invento maravilloso, las salsotecas, las que abrieron el camino para entender, para comprender, para pensar una música que solo se creía destinada a bailar. Entonces de la mano de ‘locos hermosos’ como Gary Domínguez, el Dj Errante, comprendimos por qué se le cantaba a los orishas,  yemayá y changó, que tenían que ver las trompetas con las sonoras, por qué songo le dio a borondongo, qué carajos era ‘Pal 23’  y por qué del barrio Obrero a La 15, un paso hay…

Malicia Enjundia,  una escritora del barrio que recientemente lanzó ‘Buzirako Fútbol Club’, dice en ‘La Lira’, una maravillosa revista barranquillera liderada por un quijote llamado Álvaro Suescún, que en las salsotecas se congregaban los vagabundos, los borrachos, los tristes, los melómanos, los bailadores y los que aprendimos a reír y llorar bailando. “A esos lugares iban los coleccionistas para hacer sus audiciones, nacieron en los años cincuenta, cuando por romerías se daban cita para escuchar canciones y hablar sobre ellas y sus autores. Tenían una regla de oro: nadie podía bailar”, así resume Malicia los maravillosos años en los que convivimos con esa musicalidad mientras discutíamos si era mejor el piano de Richie Ray, los solos de Papo Luca o la genialidad clásica de Lino Frías.

Como me lo hizo notar una y otra vez el gran poeta Medardo Arias, fue la increíble transformación de una ciudad andina que soñaba con ser caribeña. Y esa música tanta veces desdeñada por barriobajera, de la esquina, de la calle, de los tarros, del golpe seco de la campana, de la bullaranga, de la ‘merienda de negros’ trascendió y se les coló por debajo de las puertas en los grandes clubes de la ciudad sin que lo pudieran evitar. Y ya en el San Fernando, en La Ribera o en los exclusivos Club Colombia y Campestre no se peleaban a Lucho Bermúdez ni a Los Graduados sino que ahora los socios exigían la presencia del Gran Combo, de la Sonora Matancera, de Celia Cruz, del Grupo Niche o de Guayacán.

Y es esa historia sonora, que transformó musical y culturalmente a Cali la que hemos querido contar en 90 Minutos con esta segunda entrega de una saga que como la salsa sobrevivirá el tiempo, encenderá corazones, se apoderará de la trompeta y escuchará el llamado del tambor…

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Salsa

‘Lo veo y no lo creo’: Willy García fue nominado a ‘Premios Lo Nuestro’

Con esta canción que interpreta a dúo con Gilberto Santa Rosa, el cantante bonaverense sigue cosechando éxitos en el concierto artístico internacional. El año pasado, Willy García fue escogido como el ‘Afrocolombiano Del Año en la categoría Artes Y Música’. El próximo 24 de febrero se conocerán los ganadores de los ‘Premios Lo Nuestro’.

Con esta canción que interpreta a dúo con Gilberto Santa Rosa, el cantante bonaverense sigue cosechando éxitos en el concierto artístico internacional. El año pasado, Willy García fue escogido como el ‘Afrocolombiano Del Año en la categoría Artes Y Música’. El próximo 24 de febrero se conocerán los ganadores de los ‘Premios Lo Nuestro’.

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El destacado artista vallecaucano Willy García empezó bien el 2022. Este 25 de enero se conocieron las nominaciones a ‘Los Premios Lo Nuestro’ en la que se destaca su canción ‘Lo veo y no lo creo’, que interpreta a dúo con otro consagrado salsero puertorriqueño, Gilberto Santa Rosa.

Y es que el más reciente álbum ‘El Día Es Hoy’ ha sido una constante de alegrías para el artista bonaverense. Primero logró la nominación al Grammy Latino 2021 en la categoría Mejor Álbum De Salsa; y al finalizar el año pasado la canción ‘Lo veo y no lo creo’ fue destacada por la revista Billboard entre las 25 canciones más sonadas de América Latina.

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Las buenas noticias para Willy no paran y es así como en esta nueva distinción en ‘Los Premios Lo Nuestro’; su canción ‘Lo Veo Y No Lo Creo’  fue nominada a Mejor Colaboración del Año en la categoría Tropical. Esta nominación la comparte al lado de otros grandes artistas. ‘Lo veo y no lo creo’ competirá por el premio con ‘Búscame, de  Kany Garcia & Carlos Vives; ‘De Vuelta Pa’ La Vuelta’, DAddy Yankee & Marc Anthony; ‘Señor Juez’, de  Osuna & Anthony Santos y ‘Víctimas Las Dos’, de Víctor Manuelle & La India.

La ceremonia, en su trigésima cuarta edición, se transmitirá en vivo desde la FTX Arena de Miami el jueves 24 de febrero a las 8:00 p.m.

Precisamente, hace 18 años, en el 2004, Willy obtuvo un ‘Premio Lo Nuestro’ cuando hacía parte de Son de Cali, junto con Javier Vásquez.

‘Lo veo y no lo creo’ es un tema compuesto por el propio Willy, quien el año pasado le contó a 90 Minutos que con la grabación realizada con el maestro Gilberto Santa Rosa cumplía un sueño artístico.

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El vídeo clip de la canción se realizó bajo un formato digital basado en la técnica visual con Motion Graphics; 3D y Chroma Key con todo el talento humano de Buenaventura. Se contó con la participación de El Mulato (Swing Latino) un referente de la salsa caleña y la modelo Andrea Andrade; los directores y productores Kind Dsignz y Ron Bass.

Las escenas se grabaron en Puerto Rico, precisamente hace un año. ‘Lo veo y no lo creo’ cuenta con los arreglos del maestro Isidro Infante que grabó con la Fania All Stars, RMM, Celia Cruz y Marc Anthony, entre otros.

Desde hace cuatro años el excantante del Grupo Niche había hablado con el 'Caballero de la salsa' en diferentes presentaciones y fue hasta el 2020 que Willy escribió la letra para presentársela a Gilberto.

“Cuando lo llamé me atendió con mucha amabilidad. Le propuse este proyecto y me dijo: ‘si estás tú y está Isidro, el producto debe ser bueno’”, nos recordó con entusiasmo el cantante bonaverense la respuesta que le dio el afamado cantante puertorriqueño cuando lo invitó a hacer parte de este proyecto musical.

De esta manera Willy viajó a Puerto Rico para grabar la canción, apenas cuando se salía de la cuarentena mundial producto de la pandemia del Covid-19. “Yan Collazo me recibió en el aeropuerto. Luego fuimos al estudio con el maestro Isidro y al llegar al estudio tuve mucha felicidad al estar y grabar con el maestro Gilberto. Fue un sueño cumplido porque logramos una química perfecta musicalmente y aprendí de un grande”.

Así nació la canción

Y es que con Willy García hablamos también en 90 Minutos sobre cómo nació este tema que hoy sigue cosechando éxitos. “Las canciones llegan así, por sorpresa, en algún momento. Un día me levanté y tenía todo el tiempo en la mente ese coro ‘Lo veo y no lo creo’. Entonces empecé a escribir y argumentar con una historia. Quise darle un toque romántico y un poco de golpe. Me gustó mucho, el resultado fue el mejor”.

Asimismo, Willy explicó que la salsa en Colombia tiene un toque de folclor y de cumbia que al fusionarse con la salsa puertorriqueña dio como resultado un plus que se convirtió “en una canción bacana y bailable”.

Y es que el vallecaucano es uno de los más importantes exponentes de la salsa en Colombia. Su talento ha sobrepasado la música. El año pasado el periódico El Espectador lo destacó como el Afrocolombiano Del Año en la categoría Artes Y Música.

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En el marco de esta distinción se recordó como García creó la Orquesta ‘La combinación’ cuando tenía 15 años; luego hizo parte de la Orquesta Integración Porteña, de Buenaventura, de la Suprema Corte y finalmente fue vocalista en el Grupo Niche. Con la destacada agrupación dirigida por Jairo Varela, realizó siete producciones: ‘Huellas del pasado’ (1995), ‘Etnia’ (1996), ‘A prueba de fuego’ (1997), ‘Señales de humo’ (1998), ‘A golpe de folklore’ (1999), ‘Propuesta’ (2000) y ‘Grupo Niche 20 años’ (2001).

Posteriormente se separó del Grupo Niche y conformó, junto con su gran amigo el talentoso cantante Javier Vásquez, la agrupación ‘Son de Cali’; de la mano del músico Jose Aguirre, cosechó múltiples éxitos. Incluso estuvieron nominados a los premios Billboard, al Grammy Anglo, ganaron el premio Sesac en Miami y Premios Lo Nuestro.

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Con su nuevo tema ‘Lo veo y no lo creo’, interpretado a dúo con Gilberto Santa Rosa, Willy García logró permanecer durante dos semanas consecutivas en el top 10 del Chart de Billboard, logro que hasta hoy ningún salsero solista colombiano había alcanzado.

Todos la fanaticada de Willy puede apoyar al músico vallecaucano votando por su canción a través de la pagina www.premiolonuestro.com. Hasta el 7 de febrero será posible acompañar a nuestro talento internacional.

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Salsa

Los recuerdos de ‘Tintindeo’, un templo de la rumba que se niega a desaparecer

El tradicional sitio salsero de la Calle 5 cerró sus puertas después de 35 años de poner a gozar a los caleños y turistas. Sin embargo, sus propietarios buscan un nuevo recinto para que esta no sea la última rumba de ‘Tintindeo’. En 90 Minutos desandamos los recuerdos de quienes vivieron intensas noches de baile y buena melodía en ‘la cultura de la rumba’. Y como diría ‘El Sonero del Pueblo’, el gran Marvin Santiago, ‘Nostalgia y es de calle’…

El tradicional sitio salsero de la Calle 5 cerró sus puertas después de 35 años de poner a gozar a los caleños y turistas. Sin embargo, sus propietarios buscan un nuevo recinto para que esta no sea la última rumba de ‘Tintindeo’. En 90 Minutos desandamos los recuerdos de quienes vivieron intensas noches de baile y buena melodía en ‘la cultura de la rumba’. Y como diría ‘El Sonero del Pueblo’, el gran Marvin Santiago, ‘Nostalgia y es de calle’…

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Por Gerardo Quintero Tello - Jefe de redacción de 90 Minutos

“Ritmo de los dioses”, responde sin titubeos Pedro Nel García al preguntarle por el significado de una palabra tan curiosa como potente en sonoridad: ‘Tintindeo’. El propietario de este tradicional negocio de la rumba que todos llevamos en un rincón del corazón salsero se sabe golpeado como un viejo bongo con el ‘cuero estirao’ por muchas décadas de goce pagano, pero también se reconoce en la sonoridad y tradición de un sitio amado y respetado por los caleños.

El vocablo remite a una forma africana que rinde tributo a las deidades del continente afro; el mismo que nos hace vibrar porque guarda las raíces salseras. Y ese gran honor de portar un nombre que es salvaguarda de la música afrocaribeña se trasladó a la icónica Calle 5, al frente de la Clínica San Fernando, en la Calle 38; donde un segundo piso fue durante varios años el epicentro de la mejor rumba de la ciudad, como lo recuerda Andrés Felipe Becerra, uno de esos clásicos bailadores caleños.

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“Fue el primer lugar de salsa al que empecé a ir. Ahí empecé a conocer de música y del baile. Ir a ‘Tintindeo’ era también pagar un show, porque ver a tanto bailarín y bailador en lo suyo era un espectáculo”, recuerda este comunicador que ha paseado su destreza dancística por los más atractivos lugares de la rumba caleña. Pero que recuerda con un cariño especial las noches de Tintindeo.

Foto: Andrés Felipe Becerra

Y es que ahora cuando se anuncia el cierre de este emblemático sitio de la rumba caleña con 35 años de historia, la temperatura del corazón aumenta al igual que las nostalgias que se agolpan en los rumberos de fuste y largo aliento.

Es el caso de Luz Jenny Aguirre, una periodista que vivió con intensidad las noches de viernes y sábado en ‘Tintideo’, después de las ajetreadas jornadas en la Sala de Redacción de El País.

“A mí me encantaba la música que ponían, no había reguetón ni merengue, era solo salsa. Lo otro era ese ambiente que se respiraba en ese segundo piso, existía una gran familiaridad porque casi todos los que asistíamos eran los mismos. Y sin duda el tercer aspecto era el placer de bailar. Creo que allí estaba la gran clave; la gente iba a disfrutar el baile, eso era todo. Incluso ver bailar a los demás era muy divertido”, me dice Luz Jenny, mientras no termina de lamentar el cierre de ‘Tintindeo’.

Luz Jenny Aguirre - Periodista

Y justamente ese es lo que destaca Pedro Nel García, el propietario del sitio, quien recuerda que desde sus comienzos por allá en los maravillosos años ochenta, ‘Tintindeo’ se concibió como un sitio de encuentro de amigos; de ‘botar corriente’ y pasarlo bueno. Así es como rememora Pedro Nel esos primeros años del templo de la rumba: “La idea surgió con unos amigos de la Universidad del Valle que estudiábamos economía y filosofía. Queríamos crear un espacio para tertuliar y hacer buenas audiciones de las raíces de la salsa, me refiero al jazz, blues, rock y músicas de África y otras sonoridades orientales”.

La primera etapa fue en un pequeño local cerca del Parque Alameda donde se reunían sobre todo amigos a los que les gustaba explorar música del mundo; ‘hablar carreta’ y tomar cerveza barata. Fue entonces, ante el éxito de la experiencia, que se decidió buscar un espacio más grande y fue allí, en inmediaciones del Club Noel, donde ‘Tintindeo’ fue más visible y a ser considerado un sitio con una magia especial; donde se podía escuchar un poco de todo, no solo salsa, sino ritmos de vanguardia a las que no era fácil acceder en aquella época.

No obstante, ya Pedro Nel y los socios fundadores habían sido picados por el ‘bicho salsoso’ el cual como veremos más adelante no tuvo cura y que sellaría para siempre el destino exitoso de la rumba en ‘Tintindeo’.

“A Finales de los ochenta lo que hicimos fue sacar la salsa del barrio e incrustarla en la clase media. La pusimos como punto de encuentro y la empezamos a compartir con sectores universitarios y con gente que prácticamente manejaba una formación media: músicos, artistas, teatreros, actores y gente que se movía dentro de la cultura en general”, recuerda Pedro Nel.

Pedro Nel García - Propietario de Tin Tin Deo

“Gente alegre, celebrando

Gente alegre, vacilando

Gente alegre, despojando

Con el golpe del tambor…

Esta es la última rumba…

Esta es la última rumba”

Esto que pregona Henry Fiol es precisamente lo que Zorayda Lenis, una gran bailarina caleña que tuvo su trono rumbero precisamente en la pista de ‘Tintindeo’, espera que no suceda. Y es que nadie regresa intacto cuando las nostalgias apuran el alma y eso parece ser lo que hoy siente Zorayda al recordar las noches de fin de semana en ‘la cultura de la rumba’ de San Fernando. Esta periodista, consagrada reina de las pistas salseras, no duda en decir que ‘Tintindeo’ fue su segunda casa durante una década.

Su testimonio es el mejor homenaje que un buen ‘bailador’ podría hacerle a un sitio que haga parte de su banda dancística: “Al entrar allí se dejaba cualquier energía negativa atrás para abrirse paso al disfrute. Todos bailábamos con todos; se salía con la ropa mojada y los pies hinchados como pruebas de una noche espectacular, que solo invitaba a repetirla al siguiente día”.

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Con los recuerdos a ‘flor de piel’ del estilo caleño, la vuelta cubana, punta y talón, La bola y punta garza, algunos de los pasos practicados una y otra vez en ‘Tintindeo’, Zorayda no duda en advertir una de las cualidades del templo rumbero. Y es que se vivía un ambiente de hermandad en el que no importaba la pinta o si se era bailador o bailarín porque todos estaban unidos por el amor a la salsa.

“La sensación era la de estar en una fiesta de casa; donde desde el portero hasta el dueño resultaban familiares; las coreografías colectivas que se armaban daban testimonio de tantas alegrías y le permitían hasta al más tímido lucirse en la pista. Por eso quienes lo frecuentábamos coincidimos en que era un lugar único”.

Zorayda Lenis - Periodista

Algo que reafirma Luis Diego, un compañero de rumba, quien sostiene que ‘Tintindeo’ “nos hacía sentir como si estuviéramos en casa y en familia y cada momento era una oportunidad de estar conectados con aquello que tanto nos gusta, bailar. Por eso Luis no pierde la fe, “sabemos que son tiempos complejos, pero creemos que volverá con todo su sabor”.

Así es como también lo recuerda su administradora Leonor Arce, quien destaca esa particular complicidad que se establecía entre todos aquellos que llegaban al armonioso recinto rumbero del segundo piso en el barrio San Fernando.

Leonor, quien fue clave para que este lugar fuera declarado en noviembre pasado por Corfecali como uno de los 17 sitios emblemáticos de la rumba caleña, deja en claro el valor del legado con el que ‘Tintindeo’ ha ayudado a preservar la memoria musical de la capital del Valle.

“En Cali se crean sitios nuevos, hay nuevos festivales, pero es necesario valorar los orígenes, mirar de dónde viene ese nombre de ‘Cali capital mundial de la salsa’ y los sitios que precisamente contribuyeron para forjar esa imagen”.

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Por eso es que Jessica Iveth Villamil, cuando se le inquiere por Tintindeo, no duda en resumirlo en tres palabras muy caleñas que simbolizan alegría, felicidad, buena onda: “Era un parche”. Para ella ese viaje musical era un desahogo, el confiable aposento donde descargaba toda la tensión de largas jornadas de trabajo; un sitio donde sabía que podía llegar sola o con amigas porque se sentía segura así no llevara parejo. “Allá siempre se encontraba un buen bailador, respetuoso y sintonizado con las emociones que produce la salsa”.

“Oye negra que yo te canto la rumba mía

Esa es la rumba del Tintindeo

Esa es la rumba del Tintindeo

Tororotintindeo, Tin Tin tindeo

Tintindeo para todos los feos”

En 1974, el otro judío maravilloso, Andy Harlow, produjo un tremendo álbum que bautizó como ‘La música brava’ y vaya que sí lo era. Esa producción, iluminada con la poderosa voz de Javier Vásquez, contiene ‘Tintindeo’, un número sensacional que se convirtió en el himno del templo rumbero de la Calle Quinta. Pete Conde Rodríguez y Adalberto Santiago en los coros; sumado a Steve Colon en las congas y un imperdible juego de trombón a cargo de Michael Gibson y Art Baron le dan una dimensión especial de sonoridad a este tema.

Y no podía ser de otra manera que un recinto que portara semejante nombre en Cali fuera inferior a esa descarga salsera y de clave que se desprende incluso al recitar lentamente esa palabra, porque en ella misma hay música con tan solo expresarla: ‘Tin-tin-deo’.

En los años ochenta, Henry Fiol en su álbum ‘Corazón’ se lamentaba porque se despedía de la última rumba y por eso invitaba a todos a ‘bailar por si te da la gana’.

Todos los que amamos a Tintindeo esperamos que está no sea su última rumba. Estamos seguros que allá en otro pedazo de esta Cali gozona hay otro sitio por descubrir; el mundo Tintindeo espera llegar renovado para volver a disfrutar de ‘la cultura de la rumba’ en toda su dimensión.

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Ismael Miranda sueña con su regreso a los escenarios

‘El Niño Bonito de la Salsa’ apareció en público, un año después de un evento que puso en grave riesgo su vida. Miranda agradeció a su familia, colegas y fanáticos y dijo que espera en unas cuatro semanas comenzar a “hacer mi movida”. Ismael es uno de los íconos vivientes de la salsa y uno de los grandes referentes de la mítica Fania.

Ismael Miranda sueña con su regreso a los escenarios
Especial para 90minutos.co

‘El Niño Bonito de la Salsa’ apareció en público, un año después de un evento que puso en grave riesgo su vida. Miranda agradeció a su familia, colegas y fanáticos y dijo que espera en unas cuatro semanas comenzar a “hacer mi movida”. Ismael es uno de los íconos vivientes de la salsa y uno de los grandes referentes de la mítica Fania.

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“Les digo a ustedes que yo les voy a cantar, no ahora, pero yo voy a hacer todo lo posible y ya el doctor me dijo que sí, que podía ya entre tres, cuatro semanas, hacer mi movida”: Ismael Miranda

Bastaron estas cortas declaraciones de Ismael Miranda, para que el mundo salsero aplaudiera conmovido el regreso a la escena pública del 'niño bonito' de Puerto Rico; quien se recupera de un derrame cerebral que lo afectó hace un año.

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Durante un evento religioso realizado por su familia y amigos en Puerto Rico para celebrar su recuperación, Ismael Miranda agradeció el apoyo de sus colegas de la música; al igual que de los miles de fanáticos que no han dejado de enviarle mensajes de apoyo .

Especial para 90minutos.co

“Voy a cogerme un tiempo, un tiempo, voy a pensarlo, voy a orar porque la verdad que esto (el derrame cerebral) yo no lo esperaba. Gracias a Dios estoy de pie”, enfatizó el cantante boricua, quien saludó a varios de sus colegas que se hicieron presentes, entre ellos Bobby Valentín, Jerry Rivas, Alex D’Castro y Gilberto Santa Rosa, entre otros.

“Su recuperación ha sido progresiva, pero requiere tiempo y paciencia”, aseguró la familia. “Sabemos que con el favor de Dios lo lograremos. Han sido meses de terapias que requieren esfuerzo; pero Ismael tiene un espíritu de gozo; un alma alegre, es positivo y ha demostrado mucha fuerza y voluntad para hacerlo”, resaltaron en sus redes sociales.

‘El Niño Bonito de la Salsa’

El artista fue hospitalizado el 22 de enero del 2021 porque sufría mareos y las pruebas a las que fue sometido confirmaron que había sufrido un derrame cerebral, según se informó en aquel entonces. Fue intervenido quirúrgicamente al día siguiente, al presentar complicaciones en el cerebelo.

Con más de 50 años en el mundo artístico, Miranda hizo parte del Sexteto Pipo y su Combo y del grupo de Andy Harlow y su Sexteto. En 1967 realizó su primera grabación discográfica con Joey Pastrana, titulada “Let’s Ball”, en la que como adolescente se anotó su primer éxito radiofónico con ‘Rumbón melón’.

Con apenas 17 años, los productores tuvieron que pedir permiso a su madre para que pudiera grabar un tema que hoy se ha convertido en hito de la salsa mundial.

Especial para 90minutos.co

Miranda también formó parte de ‘Las Estrellas de la Fania’, considerada por muchos como la máxima orquesta de salsa por contar con algunos de los principales cantantes y músicos del género caribeño, como Johnny Pacheco, Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Roberto Roena, Rubén Blades, Willie Colón, Ray Barretto.

‘El Niño Bonito de la Salsa’ es uno de los pocos artistas que aún están vigentes de esta maravillosa reunión de artistas de los años setenta; y ha sido un cantante querido y admirado en Cali adonde ha venido en múltiples oportunidades.

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