Salsa

La canción de salsa más íntima de Ramón Rodríguez

Si hay alguna agrupación de salsa que pueda decirse le debe mucho a Cali, esa es el Conjunto Clásico. Su historia con esta ciudad es única, espectacular, misteriosa, extraña. Pero la única verdad es que desde que surgieron en el firmamento melódico ‘Los Rodríguez’, ‘Sin Rumbo Alguno’, ‘Ay qué bueno’, ‘El piragüero’ y ‘Olga y Margara’ la conexión entre Tito Nieves, Raymond Castro y Ramón Rodríguez fue inmediata con el público caleño.

La canción de salsa más íntima de Ramón Rodríguez

Si hay alguna agrupación de salsa que pueda decirse le debe mucho a Cali, esa es el Conjunto Clásico. Su historia con esta ciudad es única, espectacular, misteriosa, extraña. Pero la única verdad es que desde que surgieron en el firmamento melódico ‘Los Rodríguez’, ‘Sin Rumbo Alguno’, ‘Ay qué bueno’, ‘El piragüero’ y ‘Olga y Margara’ la conexión entre Tito Nieves, Raymond Castro y Ramón Rodríguez fue inmediata con el público caleño.

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Por Gerardo Quintero Tello

Jefe de Redacción de 90 Minutos

Un compromiso de amor. Esto fue lo que hizo el maestro Ramón Rodríguez con su esposa, justo antes de que falleciera. Ella, que había seguido y aguantado su carrera musical por tantos años, lo comprometió unos días antes de que el cáncer que la afectaba se la llevara a la eternidad: “Canta tus propias canciones, sólo tú sabes cómo hacerlo”, ese fue el mandato de Rosita allá en Orocovis, el pequeño pueblo de Puerto Rico donde la familia más querida de esta población desarrolló el gusto por la salsa.

Ese compromiso que hace derramar lágrimas al maestro Ramón, el mismo que creó el Conjunto Clásico, es lo que lo trajo a Cali, la ciudad que lo proyectó musicalmente y que lo ha mantenido vigente por tantos años.

Si hay alguna agrupación de salsa que pueda decirse le debe mucho a Cali, esa es el Conjunto Clásico. Su historia con esta ciudad es única, espectacular, misteriosa, extraña. Pero la única verdad es que desde que surgieron en el firmamento melódico ‘Los Rodríguez’, ‘Sin Rumbo Alguno’, ‘Ay qué bueno’, ‘El piragüero’ y ‘Olga y Margara’ la conexión entre Tito Nieves, Raymond Castro y Ramón Rodríguez fue inmediata con el público caleño.

Ya no recuerda el número de veces que se presentaron en Cali, pero sí tiene presente como si fuera hoy todo el cariño que esta ciudad le prodigó. Tal vez por eso, en el crepúsculo de los años, y mientras en su tierra el azote de ese huracán llamado regueaton acabó por dispersar la gloria de las delicadas composiciones que salieron del trazo del ‘buenazo’ de Ramón, decidió aterrizar en esta ciudad que preserva su gloria intacta.

A pesar de no venir desde hace un tiempo, Ramón tiene a Cali tatuado en su corazón. Le dedicó un disco, que justamente se lama ‘A Cali’ y ahora como en ese tema tan suyo, que lo representa en toda su sensibilidad,  regresa ‘Solitario’ a Cali a conformar una orquesta y trabajar en su nuevo proyecto musical.

“Solitario voy de pueblo en pueblo como un vagabundo
Cantando por todos los campos alivio el dolor
Mi guitarra noble compañera, que conmigo se va donde quiera
Solitario, vagabundo por el mundo voy”

Compuesta en épocas de gran agitación personal y profesional, esta es la canción que hoy acompaña al gran maestro creador de más de 400 composiciones salseras que sin duda lo sitúan entre los tres más importantes compositores de la música afrocaribeña.

Hombre humilde, de alma tranquila, de sonrisa fácil y buenas maneras, Ramón es la fina estampa del jibarito, de ese artista que al calor de un ‘palito de ron’, una guitarra o un ‘cuatrico’ es capaz de sacarle estrofas al campo, al sol, a la fatiga o a las penurias del diario vivir.

“Lo que pasa es que cuando uno junta el ritmo cubano con el sentimiento campesino puertorriqueño, el ritmo y sentimiento es bien fuerte. Yo soy muy sentimental, la tristeza la dejo saber en mis letras, la alegría la dejo entrever en mis letras. Y eso ayuda mucho, porque yo no leo libros, ya no puedo hacerlo. Si leo libros, me pongo en un doctorado y empiezo a mencionar palabras de doctores y cosas. Yo soy de la calle, del campo, pero con sentimiento y todo eso. De esa mezcla se hizo lo que soy y lo que quise hacer, y lo que voy a hacer de ahora en adelante desde aquí”, dice con esos ojos presos de nostalgia y ávidos de seguir construyendo tantas emociones que empiezan por la A, esa misma con la que arranca  afecto, armonía, amabilidad, aprecio, apego, amistad y que para el Maestro Ramón se resumen en una sola palabra: Amor.

“Aunque desde pequeñito fui criado en la pobreza
No me importan las riquezas
Cantando voy por el mundo
Yo no me quiero quedar (yo no me quiero quedar)
Yo no me quiero morir (yo no me quiero morir)
Si nací pa vagabundo
Que me importa lo que digan
Habrá mil que me maldigan
Yo voy feliz por el mundo
Pero no me quiero quedar (yo no me quiero quedar)
Yo no me quiero morir (yo no me quiero morir)”

Nacido en 1947, en el Corazón de Puerto Rico, en un pueblo campesino como Orocovis, Ramón muy pronto se vio envuelto en el conflicto militar que Estados Unidos enfrentaba en el continente asiático. La guerra pronto estuvo en su vida y el conflicto en Vietnam lo encontró prestando el servicio militar. Sin duda esa experiencia marcó su alma sensible y lo condujo por unos espacios en los que él se sentía cómodo, escribiendo sobre sus experiencias y transmitiendo su alma en cada verso.

En medio de la crudeza de la guerra, de las explosiones, la sangre, la pérdida de amigos y las malas noticias, Ramón debió recordar en su cambuche las raíces taínas y la noble valentía de su pueblo. Seguro a su memoria llegaban como flashes intermitentes la cueva de los indios, el lago de matrullas,  el río Toro Negro y las quebradas Doña Juana, Palmar y Cacaos, todas esas maravillas naturales de las que bebió para darle rienda suelta a sus hermosas composiciones.

“Mira, ‘Solitario’ salió cuando yo me veía que estaba cometiendo errores en la vida. Musicalmente debo estar solo, porque para componer uno tiene que estar solo. Nadie puede escribir una canción con alguien al lado, a menos que otra persona le dé a uno una idea, pero luego uno se va solito a su casa o donde esté y la letra va surgiendo. ‘Hoy se repite la historia de nuevo. Vuelvo otra vez nuevamente con el mismo error. Será que soy como soy aunque quiera cambiar, yo no puedo. Posiblemente yo sea el culpable y confundido estoy y me voy solitario por el mundo’. Y así ese tema es como una imagen de lo que yo soy. Me gusta la soledad”, me dice sin ambages este compositor de la vida, que no se complica con lo que escribe, que tiene claro lo que los grandes escritores siempre han pregonado, “de lo que uno debe escribir primero es de lo que sabe, de su entorno, de lo que está más cerca”.

Este artista, que ahora está en Cali, con la experiencia que dan los años, un poco solitario, pero con la vitalidad suficiente para comenzar un nuevo proyecto musical, recordó que tal vez fue ‘Sinceridad’ la primera composición  que le grabaron, por allá en un lejano 1973, en un álbum del compositor y director Francisco Ángel Bastar. Inicialmente fue un sencillo de 45 revoluciones por minutos y luego el tema quedó  incluido en un Larga Duración llamado Kako, que fue prensado por el sello TR Records.

Pero fue realmente su cercanía con el gran maestro Jhonny Pacheco lo que le abriría las puertas a un mundo musical enorme, que le permitiría brillar con luz propia en el competido ambiente salsero de la época.

Su paso por el emporio Fania, liderado por Pacheco y Jerry Masuchi, fue propio de su humildad y capacidad creativa. El compositor nos recordó cómo llegó prácticamente en el momento que Pacheco producía uno de esos álbumes que hoy son icónicos en la historia de la salsa. Una producción de la que hacían parte ‘El zorro Plateado’, Celia Cruz y un cantante cubano con una voz singular y potente: Justo Betancur. En un momento determinado de la grabación, Justo le dijo a Pacheco que era la hora de grabar los coros y preguntó con quién los iba a realizar. Fue en ese momento cuando el destacado director musical de Fania Records presentó a Ramón Rodríguez y le dijo a Justo: “démosle la oportunidad a esta chamaquito que tiene tremendo afinque”.

Ramón Rodríguez hizo unos coros que sorprendieron al propio Justo, que no tuvo ya ninguna duda de quién debía seguir con el arrastre de los pregones. ‘El zurdito del campo’, el que se deleitaba con los cantos del coquí, el que le hacía versos a los flamboyanes, el que relataba los cantos campesinos de playas y de bohíos, de montes y de quebradas, entraba por la puerta grande de la rumba afrocaribeña.

“Ese chamaquito es el que es”, fue el dictamen de Justo Betancur y de allí en adelante le hizo todos los coros a las producciones de Pacheco.

Pero Ramón no estaba solo para hacer la segunda voz. Su inagotable cantera creativa no podía quedarse quieta. Sus pregones repetidos sonaban en cada rincón de los estudios de Fania y no tardaría mucho tiempo antes de que los afinados oídos de Pacheco, siempre ávidos de nuevas composiciones, supieran que allí tenía una joya en ciernes que comenzaba a brillar.

‘Dirindindé’ e ‘Ileana’ fueron las primeras composiciones del chico de Orocovis que fueron incluidos en el álbum ‘Pacheco the artist’, lanzado al mercado en 1977 y que cuenta con la espectacular voz de Héctor Casanova. En este disco pleno de salsa, son montuno, guaguancó, bolero y hasta merengue se destacan ‘Esa Prieta’, ‘Amarre el perro’ y ‘La Yerba Brava’, pero, sin duda, fue ‘Ileana’ la gran sorpresa musical del álbum porque se trataba de un estilo de letra que iba a marcar el sendero que recorrería el hijo predilecto de Orocovis en sus futuras creaciones musicales.

“No arranques el maíz Ileana que para comer no hay mañana… No arranques el maíz Ileana que para comer no hay mañana… Yo sé que no hay suficiente para comer Ileanita, pero es que están pequeñitas y el maíz alto no está verde, mañana probablemente las cosas las cosas cambien su curso y encontrarás más recursos para cambiar este ambiente…”

‘Ileana’ se convirtió en éxito de inmediato, pero también fue esa luz que se encendió en el futuro del maestro Ramón y que determinó que, paradójicamente ante la calidad que se asomaba, Pacheco buscara su salida de la agrupación del ‘Zorro plateado’.

“Pacheco me dijo ‘quédate conmigo y seguimos bregando hasta que tú estés ‘ready’ para seguir solo. Y así mismo lo hizo. Y cuando salí de Pacheco me dolió porque yo me sentía feliz ahí, pero él quería que yo siguiera. Y eso fue lo que hice para complacerle a él y no para complacerme a mí sino al pueblo”, me recuerda Rodríguez, mientras no puede ocultar que se sintió bendecido en la agrupación y en la compañía de Pacheco porque era un hombre sabio y musical, que entendía los orígenes de Ramón, tal vez porque él tenía esa misma procedencia en su natal República Dominicana.

Y es que lo que prosiguió en aquellos años setenteros fue un torrente de creatividad, un derroche de poesía, un huracán de armonía escrita de la que se beneficiaron artistas como Cheo Feliciano, Jimmy Sabater, Junior González, La Sonora Ponceña, Willie Colón, Ismael Quintana y Ernie Agosto, solo por reseñar algunos de los caballos salseros que encontraron una mina en la explosión artística de Ramón Rodríguez.

Para entender lo que estaba produciendo sin descanso el orocoveño basta observar este dato. Tan solo en 1980, Ramón participó en 17 producciones musicales como compositor, haciendo coros o tocando el guiro y puede tener un récord difícil de igualar porque este poeta salsero es quizás el único compositor que ha sido el autor de todos los temas de varios álbumes como Los Rodriguez (1979); Felicitaciones (1980); Clásicas de Clásico (1983), entre otras, y del álbum Cantar, de Tito Allen, que salió en 1981. Fácilmente, las estadísticas musicales indican que en 20 producciones musicales se incluyeron más de 150 composiciones que surgieron de la inagotable cantera creativa de este juglar de Orocovis.

Fue en medio de esa explosión inventiva que Ramón concibió la creación de la orquesta que lo catapultaría en la historia discográfica salsera. Y es que mientras escogía los músicos al mismo tiempo que escribía letras con tinta del corazón, escuchó una voz que lo cautivó desde la primera vez. Un gordito que le hacía coros a Héctor Lavoe y que había escuchado durante su paso por la orquesta de Pacheco. Y fue esa voz de tenor, fuerte, limpia, que se adaptaba a diferentes tonalidades y que recogía el alma del jibarito la que enamoró a Ramón Rodríguez. Desde ese momento, Rodríguez fue a Tito Nieves lo que el gran Pedro Flores fue a Daniel Santos, Bobby Capó a Ismael Rivera o Tite Curet a Héctor Lavoe.

“Caminar sin rumbo alguno
Como el aire que respiro
Puede que sea mi destino
Mientras viva

Pero mi corazón jura
Que encontrara aquel futuro
Que brille todo lo oscuro
De mi vida

De mi vida que se va
Y sé que no volverá
No volverá jamás”

Las letras de Ramón Rodríguez fueron lamentos que descendían por los oídos y se internaban como dagas en el corazón de los salseros. ‘Sin rumbo alguno’ se convirtió en un éxito internacional. Ramón era como el rey Midas de la música y todo lo que te tocaba se convertía en un ‘tremendo palo’.

“En Puerto Rico primero hicimos la Orquesta La Masacre, que fue donde hicimos El Pregonero, que fue el que más pegó. Después que terminamos el disco, Tito Nieves me dice “oye me devuelvo a Nueva York porque mi esposa está en cinta y aquí no voy a hacer más ná’”. Entonces le respondí que yo me iba con él porque también mi mujer estaba en embarazo. Entonces allí mismo, cuando llegamos a Nueva York, buscamos a Raymond Castro que trabajaba en una empresa de zapatos, a él le gustó el proyecto y en ese mismo momento conformamos El Conjunto Clásico”.

De la mano de Larry Landa, Alberto Echeverry y Benhur Lozada, el Conjunto Clásico caminó las calles de Cali, se adentró en las esquinas de los barrios, divagó en su música sin rumbo alguno, lamentó la suerte de los Rodríguez, entendió que si no hubiese sido por Olga me llevo a Margara y le compró al panadero el rico pan.

El 9 de agosto de 1980, en el Coliseo del Pueblo, El Conjunto Clásico de Ramón Rodríguez se presentó por primera vez en una Cali que respiraba salsa y se daba el gusto de tener ese mismo día, además de los Rodríguez (como también se les conocía) a Rubén Blades, Jhonny Pacheco, Cheo Feliciano, Ismael Miranda, Ismael Quintana, Adalberto Santiago y Héctor Lavoe, como artista invitado.

Dichosos los que vivieron aquel concierto y los que por primera vez escucharon a una agrupación que se iba a convertir en una de las favoritas de los caleños.

“De allá ariba se ve un río
También se ve un platanal
De allá ariba se ve un río
También se ve un platanal
Se divisa un cafetal y más arriba un bohio
Se divisa un cafetal y más arriba un bohio
Pero todo está vacío solo se escucha el ladrar
Pero todo está vacío solo se escucha el ladrar
De un perrito blanco y negro que no pudieron llevar
De un perrito blanco y negro que no pudieron llevar
Se marcharon los Rodríguez no se sabe para donde
Dejaron su terruñito
Se fueron del monte (bis)”

Incluso la leyenda salsera terminó construyendo una historia que hablaba de que esta composición era dedicada a los hermanos Rodríguez, los jefes del Cartel de Cali, que en aquella época financiaban la llegada de las grandes bandas salseras. Una leyenda que el mismo Ramón terminó explicándome que carecía de veracidad. “Ay Dios mío, lo que quería contar con los Rodríguez era todo el fenómeno de inmigración. Todas esas familias que salían de Puerto Rico rumbo a Nueva York y como Rodríguez es el apellido más común, pues tomé ese como genérico, no era por mí, aunque yo soy Rodríguez, claro. Pero cuando llegamos en el 80 a Cali, estaban pegados ‘Sin rumbo alguno’, ‘Los Rodríguez’, ‘Olga y Margara’ y ‘Ay qué bueno’”.

Una historia que lo marcó como los tres años que pasó en una prisión en Puerto Rico. Allí, en medio de los barrotes y la soledad de la cárcel, Ramón Rodríguez sintió que debía dejar escapar su tristeza por una condena que consideraba injusta y que le cortaba las alas que todo músico necesita para hacer volar su creatividad. Sin la compañía de esa ‘guitarra noble compañera, que conmigo se va dondequiera’, el orocoveño por primera vez se sintió sin ‘rumbo alguno’. Y fue en ese momento, mientras navegaba ‘solitario’ en aguas turbulentas, cuando logró convencer a la guardia del penal para que le dejaran entrar su noble compañera, hacer los primeros acordes y dejarlos eternizados en una pequeña grabadora.

“Se me agotan las esperanzas con los castigos,
Que me estas dando, no estoy mintiendo
Con lo que digo
Solo te empeñas en lastimarme los sentimientos
Y en tus castigos, solo se ha visto lo que me ha pasado
Por no comprender, y resolver este problema
Como a ti te da la gana
Tu eres la ley, y a mí me llaman el presidiario
Tu eres el rey, yo sigo siendo tu fiel esclavo
Oiga señora ley, mire señora ley, atienda señora ley
Señora ley
Oiga señora ley, mire señora ley, atienda señora ley
Señora ley”

Fue tal la calidad de este tema, tal vez el último gran éxito del Conjunto Clásico, que se convirtió en un himno para todos los presos del mundo. “Hasta los guardias del penal lo cantaban”, recuerda en medio de una pícara sonrisa esta figura clave de la salsa. Ya sin embargo, el desgaste de los problemas de drogas que arrastraba él y Tito Nieves, más las desavenencias jurídicas con el otro integrante del grupo, Raymond Castro, llevaron a la separación del gran Conjunto Clásico.

“Déjense de hablar, no comenten más

Van a maltratar el sentimiento de este conjunto

Está bueno ya si esas calumnias

Solo nos llevan a la falsedad

A nada llegarán

Unos hablaron de una separación

Y criticaron a este conjunto tan tradicional

Que si Tito se va, que si Ramón no quiere

O que si al otro Ramón esto ya no le conviene”

Y entonces lo que en el disco ‘Son Mentiras’, lanzado en 1983, Tito  Nieves tantas veces desmintió se hizo tristemente realidad y el Clásico se disolvió. Algunas posteriores apariciones alimentaron la nostalgia y el recuerdo, pero ya el grupo nunca volvió a unirse. 

Ahora Ramón vuelve a una ciudad que lo marcó musicalmente, a la que dedicó varios discos y en donde fue feliz, haciendo lo que más le gusta: música del corazón. “Yo crecí aquí como músico, el Conjunto Clásico comenzó en 1979 y un año después ya estábamos en esta ciudad con Larry landa que nos ayudó junto con Alberto Echeverry, aquí nos hicieron parte de la historia de este país. Mi propósito ahora es venir, enseñarle al pueblo mi música y formar una orquesta, arrancarla desde aquí para devolver algo de todo ese amor que ustedes me brindaron”.

Con la partida de Rosita, su esposa y gran amor, Ramón Rodríguez quiere regresar a sus raíces musicales, cumplirle la promesa que le hizo a su gran bastión, y como el mismo dice en ‘Solitario’, comenzar esta historia de nuevo.

Ramón sabe que cuando se quiere no hay tristeza y el corazón se llena de alegría, de ilusión y esto es lo que para el gran juglar de Orocovis significa Cali, porque cuando se quiere se quiere.

LOS DIEZ IMPERDIBLES DE RAMÓN RODRÍGUEZ


ILEANA: 

LOS RODRÍGUEZ:

SOLITARIO:

FELICITACIONES:

TERESITA:

OLGA Y MARGARA:

EL PIRAGUERO:

SEÑORA LEY:

SON MENTIRAS:

SIN RUMBO ALGUNO:

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Salsa

'Melassa', el rincón para el melómano

Melassa', un acogedor lugar, donde el melómamo y coleccionista puede llegar y conseguir lo que quiera o encargarlo. Hay vinilos desde cinco mil pesos y como cuando uno llega a una librería, hay de todo un poco.

Melassa', un acogedor lugar, donde el melómamo y coleccionista puede llegar y conseguir lo que quiera o encargarlo. Hay vinilos desde cinco mil pesos y como cuando uno llega a una librería, hay de todo un poco.

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Por Gerardo Quintero Tello

Jefe de Redacción de 90 Minutos

@gerardoensusalsa

Ismael Rivera, siempre el Sonero Mayor. 'Melasa mamá melasa', dice 'El Brujo de Borinquen' en las Caras Lindas. Julián Salsa, un gomoso de estos ritmos, nacido en Popayán pero criado en Cali, llegó al oriente de la ciudad y rápidamente se enamoró de estos ritmos afroantillanos.

Vendedor de Cd callejeros , varias veces fue 'correteado' por la Policía que pretendía decomisarle la mercancía. Ahora cumplió su sueño. En el barrio Obrero abrió 'Melassa', un acogedor lugar, donde el melómamo y coleccionista puede llegar y conseguir lo que quiera o encargarlo. Hay vinilos desde cinco mil pesos y como cuando uno llega a una librería, hay de todo un poco.

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Lo importante es disponer de un buen tiempo, no andar a las carreras y dedicarse a revisar con calma cada hilera de discos en la que de seguro se llevará más de una sorpresa.

En lo personal, pude conseguir el primer LP del Conjunto Clásico, el cual venía buscando desde hace un par de meses, especialmente desde mi conversación con el maestro Ramón Rodríguez, quien fue director del Conjunto Clásico.

La emoción que experimenté al tener en mis manos el vinilo que contiene 'Los Rodríguez' y 'Ay qué bueno' fue como cuando regresas a un gran amor. También le encargué a 'Julián Salsa' que me consiguiera el primer trabajo de Henry Fiol, que tiene una portada espectacular pintada por el propio 'Blanco que canta como negro' y que tiene uno de los temas que más me gustan de Fiol: 'Ahora me da pena'. 'Melassa' está allí, al frente de Centro de  Salud del Obrero, buen sitio, tranquilo, se conserva fresco, tranquilo y  se aprende de salsa. Recomendado.

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Salsa

Serenatas salseras para recordar a mamá

Desde cuando Héctor Lavoe nos preguntaba por el retrato de mamá, pasando por la tristeza de Ismael Miranda quien le escribe una carta a su madre y le dice ‘espero que te encuentres bien ahí arriba donde estás’, hasta el Consejo de Oro que el propio ‘Cantante de los cantantes’ nos regaló para honrar a la autora de nuestros días, la madre siempre ha estado presente en los ritmos afroantillanos.

Serenatas salseras para recordar a mamá

Desde cuando Héctor Lavoe nos preguntaba por el retrato de mamá, pasando por la tristeza de Ismael Miranda quien le escribe una carta a su madre y le dice ‘espero que te encuentres bien ahí arriba donde estás’, hasta el Consejo de Oro que el propio ‘Cantante de los cantantes’ nos regaló para honrar a la autora de nuestros días, la madre siempre ha estado presente en los ritmos afroantillanos.

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Por Gerardo Quintero Tello

Jefe de Redacción 90 Minutos

@gerardoensusalsa

La historia musical salsera ha dejado algunas canciones extraordinarias, llenas de nostalgia, hermosas letras y bellos arreglos dedicados al ser que nos dio la vida. Héctor Lavoe, Ismael Rivera o Tito Nieves dejaron algunas de las más bellas interpretaciones que durante este mes recordamos en 90 Minutos y @gerardoensusalsa como un homenaje a esas abnegadas mujeres que son todo para nosotros.

Gracias madres por su amor, su lucha infatigable y por habernos regalado la música, porque de seguro, usted como yo, las escuchamos a ellas en la sala, en la cocina, en el patio, en la acera, en la rumba escuchando esas melodías que luego hicieron parte de nuestro ADN musical y cultural.

Aquí algunas canciones para recordar, se nos habrán quedado muchas más, pero estas vienen con el corazón en la mano como un homenaje para ustedes. ¡Gracias mamá!


El Retrato de Mamá


Esta canción es tal vez una de las más sentidas interpretadas por Héctor Lavoe. En tiempo de bolero, ‘El Cantante de los Cantantes’ lanzó esta producción en 1979, en plena cúspide de su fama y rindió un homenaje a uno de sus boleristas favoritos, el venezolano Felipe Antonio Pirela Morón, conocido en el mundo artístico como Felipe Pirela.

Recordado como ‘El bolerista de América’, Pirela murió muy joven, a los 32 años, cuando fue asesinado en San Juan, Puerto Rico, al parecer por una deuda con narcotraficantes. Lavoe había crecido escuchando los boleros de Pirela y rindió un homenaje en el que se destaca ‘El Retrato de Mamá’, con una interpretación magnífica y una intensidad tan profunda en su voz que quien escucha sus acordes percibe ese corrientazo que solo las grandes artistas generan en quien los escucha.

Y es que como no sentir que las palpitaciones se agitan cuando Lavoe saca todo su bagaje artístico y canta:

“No saques la cartera
no es por plata que yo vengo,
pero dime tu el retrato
de la vieja donde está.


Pobre vieja...
ella que tanto te quiso
que llegó hasta el sacrificio
para mandarte a estudiar.


Ni siquiera...
te sobró delicadeza
para poner en la casa
el retrato de mamá.


Desde el cielo,
ella te ve y te perdona;
pero yo que soy tu hermano
no te puedo perdonar”

Todo el dolor y el reclamo de un hermano en una sola canción. Sin duda, en esta interpretación ‘El cantante de los cantantes’ alcanza un nivel de tonalidad máximo y su desgarradora vocalización se convirtió en uno de sus discos más escuchados en su historia musical. Valga recordar que en ese mismo álbum, ‘Recordando a Felipe Pirela’, también se destacaron temas como ‘Sombras nada más’, ‘Vieja carta’ y ‘Pobre del  pobre’. Y es que ‘El retrato de mamá’, una composición del tucumano Miguel Montero, nació como tango y luego se volvió bolero en la voz de Pirela, Julio Jaramillo y Olimpo Cárdenas, que guarda un mensaje profundo para todos aquellos hijos que olvidan el esfuerzo de sus viejas y todo lo que sacrificaron por ellos.


Consejo de Oro


Y fue precisamente Héctor Lavoe, ‘El Cantante de los Cantantes’, quien dejó otra joya proveniente del tango. Se trata de ‘Consejo de oro’, un tema interpretado por Agustín Magaldi y que Lavoe en el álbum ‘De ti depende’ decide retomar y volverlo un éxito para estas fechas.

“Fui creciendo a la bartola y en mis años juveniles
Agarré por el camino que mejor me pareció
Me codié con milongueras, me atoré con copetines
Y el mejor de mis amigos cuando pudo me vendió
Engreído me hice el guapo y me encerraron entre rejas
Y de preso ni un amigo me ha venido a visitar
Solo el rostro demacrado y adorado de mi vieja
Se aplastó contra las rejas para poderme besar


Por eso, compañeros, con tantos desengaños
No me convence nadie con frases de amistad
Y hoy vivo con mi madre, quiero endulzar sus años
Y quiero hacer dichosa su noble ancianidad
Me siento tan alegre junto, junto a mi madrecita
Que es el mejor cariño que tiene el corazón
Ese sí que es un cariño que nadie me lo quita
Cariño que no engaña ni sabe de traición”.

Esta producción de 1976 alberga verdaderos éxitos como ‘Periódico de ayer’, ‘De ti depende’ y ‘Vamos a reír un poco’. En tiempo de bolero,  ‘Consejo de oro’ se convirtió también en un disco icónico durante el Día de las Madres, con un mensaje profundo que el viejo ‘Jéctor’ nos dejó: “A usted amigo que es tan joven le daré un consejo de oro deje farras y milongas que jamás le ha de pesar, cuide mucho a su viejita, que la madre es un tesoro, un tesoro que al perderlo otro igual no encontrará y no haga como aquellos que gastan en placeres y se olvidan de la madre ni le importa su dolor, que la matan a disgusto y recién cuando se muere, se arrepienten y le lloran, no comprenden su valor, ¡su valor!”.


Madre


Y entonces llega una de las canciones más sonadas por todos los salseros en el Día de las Madres: un dúo maravilloso (Larry Harlow e Ismael Miranda) se encargan de componer, arreglar e interpretar uno de los temas más profundos en la salsa maternal. Es así como ‘Madre’, lanzada en el álbum ‘Este es’, de 1976, se convierte en uno de sus discos que no puede faltar en los domingos de madre. Un tema que conmueve hasta las entrañas y que nos hace reflexionar alrededor de ese amado ser que nos dio la vida.

“Te escribo porque sé que se aproxima
Este tu día, ay el día de las madres
Y otra vez, tristemente, prenderé una rosa blanca
Junto a mi corazón porque sé que estás ausente
Esto es todo por ahora
Recibe mi bendición
Y como siempre, el día de las madres
Pasaré por tu tumba
A llevarte un ramo 'e flores, a rezarte el padre nuestro
Que me rompe el corazón


Moriría como Cristo, si así llegara a tu lado
Con una corona de espinas, hasta ser crucificado
(Madre, madre, yo ti quisiera verte otra vez)
(Madre, madre, yo ti quisiera verte otra vez)
El saber que estás ausente, me causa llanto y dolor
Y tengo que desahogarme con el maldito licor, mi madre
(Madre, madre, yo ti quisiera verte otra vez)
(Madre, madre, yo ti quisiera verte otra vez)
Hijo que madre tenéis, oír su voz que retumba
Y si muerta la tenéis, ir le a rezar a la tumba”

Con una entrada poderosa, llena de vientos profundos y un piano melancólico, Ismael Miranda enseña una voz prolija,  en plena  efervescencia haciendo méritos a la apuesta de que sería el gran referente de la salsa. ‘El niño bonito’ no fue menos ante el reto y dejó una potente interpretación en un álbum en el que también sobresalieron ‘Cipriano Armenteros’ y la ‘Cosa no es como antes’. Pongan atención a dos tremendos detalles de este impresionante tema. El piano de Markolino Diamond, al minuto 3:25, absolutamente maravilloso y el final del disco cuando Miranda se sale de la letra de la canción e improvisa un bolero maravilloso del Trío Los Panchos: ‘Historia de un amor’. Un verdadero homenaje a la madre que ha partido. ¡Gracias Ismael!


‘Vive la Vida hoy’, ‘El Pai y la Mai’, ‘La Despedida’, ‘Río Manzanares’


La decana de las orquestas cubanas, la gran Sonora Matancera, idolatrada en Cali, nos dejó algunas de las más bellas interpretaciones que suenan durante este mes.

En primer lugar, super recomendado ‘Vive la vida hoy’, una hermosa interpretación de Willie ‘El Baby’ Rodríguez, surgida en el año 1964, con los característicos coros en lo que resaltaba la voz aguda de Caíto.

Juan Virginio Rodríguez Acosta, más conocido como ‘El Baby’, nació en Matanzas en 1941 e incursionó primero en los coros de la Sonora y luego su cadenciosa vocalización, siempre con un dejo medio atormentado en su interpretación, permitió que los boleros fueran el género en que brillaría. Y es que además de ‘Vive la vida hoy’, ‘El jilguero arrullador’ dejó una serie de boleros imprescindibles en la historia de la orquesta decana de los conjuntos criollos de Cuba entre los que se cuentan ‘Tu y yo en Navidad’, ‘Penas y tristezas’ , ‘La traidora’ y ‘Hoy se que vuelves’.

“Vive la vida hoy,
Aunque mañana te mueras.
Vive la vida hoy
Aunque mañana te mueras.


Amé mucho a una mujer,
De mi alma la más querida,
Me traicionó la perdida señores,
Qué injusto y mal proceder.


Ella me hizo beber,
Ella me hizo un perdido,
A la droga me tiré,
A la cárcel fui metido.


Solo mi madre lloraba,
A Dios pedía y rogaba,


Que se salvara su hijo
Recuerden lo que les digo, señores,


Que en prisión o en una cama

Solo nuestra madre ama
No hay dinero no hay amigos”.

Y como en las anteriores composiciones, nuevamente ‘Vive la vida hoy’ nos demuestra como nuestras madres se convierten en las salvadoras de la catástrofe y en las únicas que están con nosotros en las buenas y en las malas.

Celia Cruz y Bienvenido Granda nos dejaron una bellísima guaracha llamada ‘El pai y la mai’. Una espléndida canción en la que Celia nos deja una sentencia contundente: ‘Como soy mujer compai, voy a cantar por la mai, en este mundo no hay quién quiera como una madre, yo se lo repito, no hay quién quiera como una madre’. Y es allí cuando ‘El bigote que canta’, Bienvenido Granda, responde de una manera  más hermosa aún: ‘Yo cantaré por el padre que es el novio de mi mai, como yo quiero a mi mai también yo quiero a mi pai, yo se lo repito también quiero a mi pai’. Y en una de esas estrofas maravillosas que solía interpretar la Sonora Matancera, Bienvenido se despacha con un tremendo verso: ‘Mi padre siempre fue un padre, yo siempre quise a mi pai, más no hay nada que compare al amor que di a mi mai, yo se lo repito, al amor que di a mi mai’. Y es que una composición de Daniel Santos, interpretada por Celia y Bienvenido Granda no podía tener otro destino que la eternidad. Una oda de 1965 al amor.

Y precisamente cómo olvidar uno de los discos que marcó la historia del ‘Eterno anacobero’. En 1941, Los puertorriqueños comenzaron a ser enviados por miles a la Segunda Guerra Mundial.  Entonces uno de los mejores compositores de la historia de la ‘Isla del Encanto’, el gran Pedro Flores, sorprende con una canción que es todo sentimiento y que reflejaba el gran dolor que estos chicos experimentaban en el momento de la partida.

“Solo me parte el alma y me condena
Que dejo tan solita a mi mamá
Mi pobre madrecita que es tan vieja
Quién en mi ausencia la recordará


Quién me le hará un favor, si necesita
Quién la socorrerá, si se enfermara
Quién le hablara de mí, si preguntara
Por este hijo que nunca quizás volverá”

Esta dramática historia del recluta que se marcha a la guerra se convirtió en un himno de dolor, amor y amargura. Pero la dramática interpretación que de este tema hizo Daniel Santos la catapultó como una de las canciones más importantes en la historia de la música afrocaribeña, tanto que el propio Pedro Flores consideró que no hubo una canción de su autoría mejor grabada que esa.

Don Pedro relató una anécdota fabulosa de cómo tuvo que grabar ‘El Jefe’ esta canción porque Daniel estaba tan impactado por la composición que “tuvo que meterse medio galón de ron y ginebra porque trató ocho veces de grabar el número y cuando llegaba la parte esa de la madre, rompía a llorar”.

El otro increíble dato que ‘El eterno anacobero’ recordó fue que don Pedro Flores escribió ‘Despedida’ antes de que Estados Unidos interviniera en la Segunda Guerra Mundial, “pero como él era un visionario, ya preveía la entrada de los gringos en la guerra”. Daniel siempre estuvo seguro de que Flores escribió esa canción para él porque sabía que se encontraba en edad de servicio militar y que esa poesía musical iba a generar una gran conmoción en el cantante.

Y es en esa última estrofa de ‘Despedida’ cuando ocurre el quiebre, el desmoronamiento, el llanto, el drama. Pocas canciones en la historia musical afrocaribeña han logrado tal grado de emotividad y extrema conexión entre compositor, intérprete y público. Y cuando eso sucede, no puede haber otro resultado que una bomba musical que transcendió épocas y generaciones.

“Quién me le rezara, si ella se muere
Quién pondrá una florera en su sepultura
Quién se condolerá de mi amargura, si
Yo vuelvo y no encuentro a mi mamá”

Victor Piñero, el único venezolano que cantó con la gran Sonora Matancera, dejó para la posteridad una canción con sentimiento, dolor y nostalgia.

“Río Manzanares déjame pasar
que mi madre enferma me mandó a llamar


Mi madre es la única estrella que alumbra mi porvenir
y si se llega a morir al cielo me voy con ella


Río Manzanares déjame pasar
que mi madre enferma me mandó a llamar


Oh Cumaná quién te viera, y por tus calles pasara
y a San Francisco fuera por noches de madrugada


Oh Cumaná quién te viera, y por tus calles pasara
y a San Francisco fuera por noches de madrugada


Si el Manzanares me diera, su licencia y libertad
en sus aguas me bañara, cuando la calor me da


Mi madre es la única estrella que alumbra mi porvenir
y si se llega a morir al cielo me voy con ella”.

Río Manzanares es una emotiva composición del maestro venezolano José Antonio López, quien había nacido en Cumaná y tenía la particularidad de que padecía una discapacidad visual, lo cual no fue un impedimento para convertirse en un genio, poeta musical y un virtuoso de la guitarra y el cuatro venezolano.

López, incluso, fue director de la Orquesta Sonora Venezuela, integrada en su mayoría por personas invidentes. Su formidable creatividad lo llevó a componer el Río Manzanares, que en la particular voz del ‘rey del merecumbé’, se convirtió en un éxito internacional de la Sonora Matancera en 1958 y que hoy recordamos en este especial de Día de las Madres. Y es que cómo no sentir una punzada en el corazón cuando Piñero despliega toda esa voz caribeña apesadumbrada y que resuena como un lamento cuando reflexiona: “Mi madre es la única estrella que alumbra mi porvenir y si se llega a morir al cielo me voy con ella”.

Y es que en medio de esa sencillez, pero de tanta emotividad en la letra, hay una carga profunda en esa reflexión del maestro José Antonio que la melómana Ángela Martínez describió de una manera perfecta: “Nadie sabe que con esta canción recuerdo a quien me dio la vida y no es porque haya sido mi hermosa madre, pero fue un ejemplo para mis hermanos mayores y para mí y sé que mi familia tardará en darse cuenta de que vengo dejando mensajes desde hace algún tiempo atrás en cada canción que me recuerda a mis padres ya fallecidos, solo quiero que sepan que siempre estuve recordando a mis padres en silencio con las canciones que mes les gustaban a ellos y que a la ve me encantan a mí. Algún día estaré al lado de ustedes”. Amigos, solo la música es capaz de producir esto.


Amor de Madre


Existe una bella interpretación de Víctor Manuel llamada ‘Amor de Madre’. Un tema compuesto por el propio salsero y que aunque no ha sonado mucho en Cali, hay que darle una oportunidad. Tiene unos versos hermosos, potentes y que harán rodar de manera inevitable algunas lágrimas furtivas.

“Fue la primera voz que susurró mi nombre
Fue la primera mano que rozó mi piel
Percibí su ternura, aun estando en su vientre
Sabía que me amaba antes de nacer


Con esmero y paciencia cuidaba mis pasos
Y dejó de ser ella para ser para mí
Mi dolor se calmaba si estaba en sus brazos
Me arrullaba en su pecho y me hacía dormir


Y ahora que ha pasado el tiempo y que he vivido tanto
Es que puedo entender, que he tenido mil amores
Y nada se compara con esa mujer


Amor de madre
Que no guarda rencor, que no olvida
Que daría su alma y su vida
Sin duda ninguna, tan solo por mí”

Una hermosa inspiración de Víctor Manuel, del álbum ‘Muy Personal’, lanzado en el 2009, y  que merece ser escuchada porque como dice el mismo artista al final de la canción: “Quién no ha escuchado esa voz tierna que te dice: Abrígate bien que hace frío, ¿Comiste?, Tienes que alimentarte bien que estás muy flaco o como dice mi mamá: ¿Vas a salir? Vístete bonito. Hoy quiero que escuches algo que quiero decir… que mi canto es para ti. Mami, la bendición”.


‘Mi vieja se muere’ y ‘Gracias Madre’


Tito Nieves, el destacado cantante nacido en Río Piedras, Puerto Rico, tiene una historia especial con las interpretaciones relacionadas con la madre.  A mediados de los años ochenta Tito, descubierto por Ramón Rodríguez para que cantará con el Conjunto Clásico, interpreta un tema lleno de sentimiento, un poco angustioso, pero cargado de toda esa sensibilidad que suele desplegar Ramón Rodríguez en sus composiciones.

Y es que cómo no asomar una lágrima cuando entra el gran Tito y canta con su voz entristecida:

“Doña Flora búsqueme un doctor

mi vieja se muere

el golpe es fuerte y no aguanta el dolor

mi vieja se muere.

Tendiendo la ropa se me cayó por las escaleras

esta es la primera vez que yo la veo sufrir.

El golpe es fuerte y no aguanta el dolor

mi vieja se muere”.

Sin duda un tema con arrastre melancólico, pero repleto de acordes musicales de gran nivel como han sido ha sido usual en los trabajos del Conjunto Clásico. Unos años después, en el 2013, Tito Nieves decide hacer su propio homenaje a las madres y compuso un bello disco que se llama ‘Gracias madrecita’, que quedó incluido en el álbum ‘Mis mejores recuerdos’.

“Gracias madrecita por cuidarme entre tus brazos

por haberme amado tanto, por taparme entre tu manto

gracias madre mía por tus besos y regaños

por haber estado al tanto de tropiezos y de llantos

me enseñó a ser buena gente y caminar hacia adelante el dolor

Dios me la bendiga, Dios está con ella”.

Al margen de este homenaje salsero musical quedan algunos otros temas que quisiera recordarles para esta fecha. Joe Arroyo se luce con ‘Mamá’, Roberto Torres y su arrastrado guajiro en ‘Para que aprendas’  y hasta el recordado salsero peruano ‘Melcochita’ tiene en ‘Madre’ un tema lleno de inspiración maternal.

Tampoco podemos dejar por fuera de este especial de salsa para el Día de las Madres al gran sonero Mayor, Ismael Rivera. Si bien no se conoce de un disco enteramente dedicado a las mamás, lo cierto es que el jefe de la tribu salsera tuvo una relación muy especial con su madre Margarita, que se convirtió en la mamá más popular del mundo salsero por cuenta de Héctor Lavoe, quien la inmortalizó en uno de sus más famosos pregones cuando en ‘Dueña de mi inspiración’, una de las canciones más sentidas que interpretó ‘El Sonero Mayor’, Lavoe (quien hacía coros junto a Rubén Blades, Santos Colón e Ismael Quinta) advierte a la madre de manera jocosa: ‘Margarita llegó Maelo fumando caña’.

También cabe mencionar a Ángel Canales, ‘El diferente’, quien tiene una anécdota hermosa relacionada con su madre. Resulta que en la producción ‘Más sabor’, de 1979, al artista de la ‘Nostalgia’ le faltó un corte para completar el vinilo. Y fue allí cuando Canales decide incluir como homenaje a su madre ‘Dos gardenias’. Con una versión bien particular  y con su estilo ‘único y diferente’, Ángel en 2:56 segundos construye una monumental interpretación que enamora a los salseros y que como ahora lo sabemos nació como un homenaje a la mamá del gran  Canales. Y es que como dice la Orquesta La Identidad: ‘Ellas nos dan la vida, ellas nos brindan amor, ellas son delicadas como los pétalos de una flor’. ¡Gracias queridas madres, por el amor y por la música!

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