Salsa

El día que Richie Ray & Bobby Cruz cambiaron la historia musical de Cali

Hace 53 años, ‘Los Durísimos’ prendieron la rumba en Cali, una ciudad que después de su presentación ya nunca volvió a ser la misma. Cuando llegaron a Cali, Richie Ray & Bobby Cruz ‘trajeron de todo’. A sus 76 años, Richie Ray sigue produciendo atrevidas musicalidades: Salsa, Jazz y Beethoven, su nuevo disco.

El día que Richie Ray & Bobby Cruz cambiaron la historia musical de Cali

Hace 53 años, ‘Los Durísimos’ prendieron la rumba en Cali, una ciudad que después de su presentación ya nunca volvió a ser la misma. Cuando llegaron a Cali, Richie Ray & Bobby Cruz ‘trajeron de todo’. A sus 76 años, Richie Ray sigue produciendo atrevidas musicalidades: Salsa, Jazz y Beethoven, su nuevo disco.

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Por: Gerardo Quintero Tello - Jefe de Redacción de 90 Minutos
Diseño: Giovanni Castro
Audio: Moisés Molina

Tú que decías
que ya no servía
oye tú que decías
que ya no salía
ahora mismito mi amigo
yo te vengo a saludar
escucha, escucha
oye sonar las trompetas
oye los cueros sonar...
Ricardo viene de frente, con su sonido bestial

Sí, es una paradoja que los pastores de la salsa hayan compuesto, tocado e interpretado un sonido tan bestial como este. Decir Richard Maldonado Morales y Roberto Cruz Ramos no significa nada. Ellos dejaron de existir hace decenas de años, solo Richie Ray & Bobby Cruz perdurarán por siempre.

Corrían los maravillosos años setenta y ‘Los Durísimos’ nos salvaron del ‘Loco’ Gustavo Quintero y sus raspas, Los Melódicos y Los Teen Ager. En adelante, Cali pertenecería a una nueva religión, al coro celestial de trompetas, piano y timbales que predicaban sus más grandes profetas musicales: Richie Ray & Bobby Cruz. ‘Los Durísimos’ armaron un ‘corrinche’, provocaron un alboroto memorable en esta ciudad, allá en la vieja Caseta Panamericana, que podía albergar a unas ocho mil personas, durante una Feria legendaria que transformaría la historia musical y cultural de la ciudad en 1968.

El escritor Medardo Arias desanda sus recuerdos y va más allá al sentenciar que la llegada de Ricardo y su orquesta partió en dos no solo la música sino la misma historia de Cali. “Para una ciudad que se caracterizaba más por tendencias musicales andinas, con orquestas venidas de las montañas del país, el reconocimiento del ritmo Caribe, en forma de Boogalo y Jala Jala lanzó la cultura de esta ciudad a una transformación honda, un carácter que permanece hasta hoy”. Ese es el efecto restaurador que Medardo le otorga a la poderosa sonoridad de Ricardo Ray, un genio de la salsa que a sus 76 años sigue siendo ese inquieto chiquillo, que ayer como hoy, se aferra al piano como cuando desde los cinco años le pronosticaban un futuro descollante en la interpretación de la música clásica.

Hace pocos días, mi amigo el escritor Umberto Valverde me invitó a participar en una entrevista con la leyenda, con el ‘hombre de los dedos de oro’, el ‘Embajador del piano’… Y fue allí, al verlo tan vital, al demostrarnos una y otra vez la magia intacta en sus manos que pensé por unos segundos que si el fútbol pudiera compararse con la música, Richie debería ser el ‘Maradona’ de la salsa. Cuando uno se refiere a este maestro de las ‘blancas y las negras’ estamos hablando de la ‘premier ligue’ de la música, la rebeldía hecha canción, el regate salsero, la sorpresa armoniosa, la profundidad musical, la sonoridad que desborda, la elegancia de los acordes, la gambeta de la descarga …

Gan Gan y Gan Gon siempre están contentos
Gan Gan y Gan Gon siempre están contentos
nacieron gemelos allá en monteadentro
nacieron gemelos allá en monteadentro

‘Gan Gan y Gan Gon’, ‘Bomba Camará’, ‘Richie’s Jala Jala’, ‘El Mulato’, ‘Sonido Bestial’ y ‘Agúzate’ hacen parte de mi genética musical, qué más da, Cali es salsa y ‘Los Durísimos’ tronaban en cada fuente de soda de los barrios populares de la ciudad en los años ochenta. Ellos, con sus acordes, deshacían cada fibra de mi torrente musical. Cómo no sentir que la sangre hierve y el pulso se acelera cuando Bobby nos cuenta que ‘el mulato está viejo y que plante no sabe tiral, pero aunque trates de criticarme verás que el mulato a la fiesta va a llegar’.

Basta escuchar los primeros acordes de ‘El Mulato’, uno de sus primeros éxitos en 1965, con esa cadencia de un piano que parece desmoronarse tecla por tecla, para comprender el ‘tsunami’ musical que se venía. Este disco es una perfecta fusión del son montuno, el bolero y la guajira cubana con el blues que sonaba en New York.
Y pensar que, como nos lo reveló el maestro Ricardo, Bobby Cruz no iba a ser el intérprete de este ‘numerito’. Cuando se formó la orquesta, Bobby tocaba el contrabajo, pero también el bajo y hasta los timbales y empezó a cantar por accidente. Sino fuera porque, como recuerda Richie, Carlitos Arroyo, el intérprete designado para grabar el disco, “se friquió”, otro sería el relato. Ante la crisis nerviosa de Arroyo (que aún debe estar maldiciendo su suerte) el dueño de la casa disquera y el gran Chivirico Dávila que tenía un timbre muy similar al de Cruz -y que habían visto a Bobby ensayar los discos porque eran composiciones suyas- le dijeron “cántalos tú” y como no había alternativa, el brioso Bobby le entró a la ‘cañona’ a los temas, sin ensayos ni preludios. La paradoja es que a Bobby no le gustó el registro de su voz y pensó que el LP sería un gran desastre, el resto de la historia ustedes ya la conocen...

El arrebato caleño

Tres años después de este lanzamiento, el 26 de diciembre de 1968, se consumó el amor eterno entre Cali y ‘Los mamitos’, como también eran conocidos. El viejo Umber, gran amigo y testigo privilegiado de aquel momento, me lo recuerda de esta manera: “Richie Ray y Bobby Cruz vinieron a Cali por casualidad, porque Tito Puente tenía la agenda llena y los recomendó. Pocos hoy pueden contar las noches de la Caseta Panamericana en 1968 y 1969: yo fui todos los días. Para mí, que sólo había visto en vivo a un mito como Pérez Prado, la presencia de Richie y Bobby fue un impacto tremendo. Su fuerza, su locura, el afecto con que se entregan en tarima, marcaron una huella”.

Y es que fue tanta la conmoción que provocó en Umberto la presencia sicodélica de Richie que por esa razón modificó el título de su primer libro de cuentos, ‘Bomba Camará’, publicado en México y que hoy es una obra de culto del barrio y la salsa caleña. Años después, ya sobre los años ochenta y con el peso del prestigio ganado por el gran perfil de Celia que escribió, acordó hacer con ellos su biografía, pero el tiempo pasó, Valverde nunca fue a Miami y perdió la oportunidad de haber construido la gran historia de los ‘reyes magos de la salsa’.


Cuando llegaron a Cali, Richie & Bobby trajeron de todo; trajeron ron, trajeron cerveza, el radio picó y para alegrar la fiesta los discos de Richie Ray. Crearon un sonido inconfundible que mezcló la música clásica aprendida por el maestro del piano y los acordes del barrio que se sumaban a la ‘guapería’ de la calle que traía encima el Bobby. Ese Bestial Sonido que compusieron a cuatro manos en 1971 fue una respuesta a todos aquellos que los criticaron por salir de ‘la gran manzana’ y regresar a Puerto Rico, en busca de las raíces y porque el mercado ‘newyorrikan’ estaba saturado. Pero también huyendo, por qué no, de todo a lo que le ‘jalaban’ en aquella época. No hay que olvidar que eran los tiempos en que Bobby reclamaba para animar la fiesta “un poco de COCA…cola.

Era una época de plena experimentación. Hace unos siete años, en otra charla que tuvimos Umberto y yo con estos ‘monstruos’ que cumplían 50 años de vida artística, Richie nos contaba, mientras cerraba sus pequeños ojos con picardía al recordar sus propias pilatunas, que cuando llegaron a Cali desde Barranquilla dentro del avión cada músico venía ‘cargado’. Era como si tratara de una alegoría a su exitoso disco porque “traían de todo”. Mientras cientos de personas se agolpaban en las afueras del aeropuerto para darles un recibimiento que los iba a sorprender, para ellos lo único importante era retrasar la entrada de la Policía que iba a hacer una ‘requisa rutinaria’. “Nos tocó arrojar todo por el baño, brother, fue tlemendo”, recordaba en medio de risas.

El mito en Cali se fue construyendo con el paso de los años. El escritor Andrés Caicedo los inmortalizó en ‘Que viva la Música’ y muchos años después, Sandro Romero y Silvia Vargas realizaron un documental brutal llamado ‘Sonido Bestial’. Una década de investigación para hacer una biografía cinematográfica de esta pareja musical que ha durado más tiempo que muchos matrimonios. “En mi caso, hacer una película sobre la historia de Ricardo Ray y Bobby Cruz era un homenaje a mi ciudad, a mi generación y a mis amigos. Es una manera de explicar las razones insólitas por las cuales un par de músicos tan lejanos se convierten en un fenómeno en una ciudad como Cali. Era, al mismo tiempo, una labor de investigación exhaustiva para encontrar las razones por las cuales Richie y Bobby se convirtieron en los genios que fueron en los años sesenta y parte de los setenta”, explicó Sandro hace nueve años durante el lanzamiento del documental.

No hay duda de que ‘Los reyes de la salsa’ sacudieron la alcurnia melódica de la intelectualidad caleña, pero antes los agudos de sus trompetas, la velocidad del piano y las descargas del timbal ya habían abrazado con su ritmo frenético los bares y grilles más populares de la ciudad. Desde el ‘Honka Monka’, en la Calle 24 con Carrera 6, hasta el Séptimo Cielo, en la Carrera Octava con Calle 28, las nuevas deidades salseras fueron construyendo sus catedrales rumberas. En ese circuito frenético del baile que era la Octava entre 34 y 26, con Nuevo Mundo, Cabo Rojeño, La Flauta, Aretama y el Infierno, Richie Ray & Bobby Cruz pegaban un palo tras otro. “Gan gan y gan gon siempre están contentos, nacieron gemelos allá en Monteadentro”, era el mantra con el que se les ‘santificaba’. Y es que ellos solo eran dos chicos pilluelos haciendo maldades allá en Monteadentro. Aquellos viejos Grilles como Escalinata, El Escondite, La Manzana, Tren Latino y Village Game fueron testigos de una pasión que encendía su llama en cada coro, en cada cambio de ritmo, en cada sorpresa musical y que se consumaba de manera singular en la pista de baile.

Un año después de su desbordante llegada a Cali, en 1969, lanzaron el disco de larga duración ‘Agúzate’, bajo el sello de Fania, Alegre Records, y allí venía incluido un tema que se convertiría en himno en la ciudad: ‘Amparo arrebato’, dedicado a una bailarina caleña que los deslumbró.

“Amparo Arrebato le llaman
Siempre que la ven pasar
Esa negra tiene fama
De Colombia a Panamá
Amparo enreda los hombres
Y los sabe controlar”

Fue tal el impacto de este ‘numerito’, que dilucidar a quién iba dedicado se convirtió en una polémica. Un mito que los mismos autores se encargaron de alentar al dejar siempre una estela de duda. ‘Hay una discusión en el barrio’ y otro amigo de la música y la rumba, Óscar Jaime Cardozo, director de Planeta Salsa, también terció en el debate. “Dos mujeres de la salsa caleña reclamaron ser el motivo de inspiración del tema. Obviamente existen argumentos de defensa del estandarte por parte de las dos amparos, sus amigos y familiares. A la bailarina Amparo Ramos Correa, hasta el día de su muerte, se le escuchó diciendo que ella era Amparo Arrebato, la original. Amparo Caicedo, sin embargo, al menos este periodista nunca supo que se pronunciara al respecto”.

Óscar Jaime profundiza el misterio y advierte que fueron los amigos de la época, bailadores y compinches de jornadas de bohemia y rumba corrida, los que han reclamado para la negra Amparo Caicedo, la inmortal interpretación. Algunos argumentos tienen que ver con que la Amparo Ramos era blanca y la Caicedo Negra o mulata y que del color de su piel justamente se desprende uno de las estrofas más coreadas: “Esa negra tiene fama de Colombia a Panamá”. Y justamente, ese viaje geográfico musical es el otro argumento de los defensores de Caicedo, pues sus amigos recuerdan que ella frecuentemente viajaba a ese país centroamericano y se encontró en varias ocasiones con ‘Los mamitos’.

En nuestro encuentro con Richie Ray, Umberto le preguntó al ‘Embajador del piano’ por esta discusión, pero el maestro mostrando que guarda la misma habilidad en sus palabras como en sus dedos eludió dilucidar el misterio y solo atinó a responder: “Cuando fuimos a Cali conocimos a Amparo Arrebato, tremenda hembrota, bailarina, tremenda personalidad, establecimos una relación con ella. Pero no solo fue eso, era la vida de noche de Cali, la rumba, el amor que le tenían, la característica de la gente, la reunión de la familia, el disfrute de la música. Fue una experiencia muy linda, que nos marcó y con el disco queríamos que la conocieran a ella, pero también a la ciudad y por eso mencionamos lugares, queríamos traer algo a la luz de lo que conocimos y que luego seguimos visitando. Cali nos ha marcado de una manera muy especial”.

La leyenda se prolongó y las dos Amparo arrebato siguieron reclamando su reinado. Para los buenos rumberos caleños eso no importó: la corona fue para ambas porque no hay que olvidar que ‘Amparo enreda a los hombres y los sabe controlar”.

En Puerto Rico la gente goza más
El jala jala sabroso de verdad
Y a todo el mundo quiere jalar pa' lla.
Que jala jala pa' vacilar
Que jala jala pa' vacilar
El jala jala pa' vacilar
El jala jala para gozar

En sus inicios Richie soñaba con dar un ‘batazo’ en el mercado americano, porque como decía medio en broma, pero también en serio, “si tú pegabas un hit en Estados Unidos ya no tenías que hacer más na’ en toda tu vida”. Pero pronto comprendió que hacer música para los ‘gringos’ no era una tarea fácil. “Les falta la sangre caliente como a nosotros”, recuerda entre sonrisas. Pero eso no fue necesario para que habitaran por derecho propio en el olimpo de la rumba nativa. Richie cuenta que cuando intentaron seguir una línea musical en inglés y lograron producir un ‘Long Play’ como ‘Nitty Gritty’, la casa disquera decidió apostarle a José Feliciano, el cantante invidente que sorprendía con ‘Light my Fire’. “Cómo éramos de compañías hermanas, entonces el número de nosotros lo fueron dejando a un lado para que no se atravesara en el ascenso de José Feliciano”.
Pero Richie, que ha sido un travieso de la rítmica, se dio sus mañas para ser siempre diferente, para no tocar como Tito Puente ni tampoco sonar como Pacheco.

“Si no llevo la contraria no puedo vivir contento,
Hay quien se conforma al ver, cómo la vida le pasa,
Sin tratar de corregir al mundo cambiarle en nada,
Más yo buscaré la forma, de ser siempre diferente,
Pa’ que no diga la gente, que Ricardo se copió
Ahora voy a buscar, a ver si la forma encuentro,
De poder entrar pa’ fuera y poder salir pa’ dentro,
Pa’ que la gente no diga que sueno cómo pacheco,
Compongo Camará Compongo Camará…”

Tal vez no haya una mejor declaración de principios que esta estrofa cantada por Bobby en ‘El Diferente’. ‘Los Durísimos’ se encargaron de crear dos sonidos fundamentales en la historia de la salsa: Jala jala y Boogaloo. “Mira, nosotros queríamos impresionar, llamar la atención, inventar algo raro, tú ‘sabe’, por eso arrancamos con Comején, pero también queríamos ser diferentes y sacamos Bomba Camará, luego vimos a un tipo que comía mucho, como bestia y, bueno, entonces nosotros decidimos tocar como bestias”, contó Bobby con ese desparpajo tan boricua que conserva.

Lo que hicieron ‘Los Mamitos’ fue construir una nueva sonoridad, tomar una línea caribeña, dejar atrás el sueño de penetrar el mundo ajeno americano, y más bien, como nos reveló Richie, tomar un poquito de aquí, sacar de allá, hacer algo diferente y tomar algunas influencias de la música clásica, el rock y el blues ‘gringo’ y dejar un legado que aún hoy se mantiene vigente.

Ricardo Ray describe de manera deliciosa la salsa afrocubana al explicar que ésta simplemente es el resultado de una exitosa fusión musical de varias culturas. Y si alguien supo de combinar, experimentar, probar y retar, fue precisamente el genio creador del ‘embajador del piano’. No solo fue el hacedor de tendencias musicales, sino que también fue el primero que se atrevió a introducir clásicos impensables como Bach o Chopin en sus composiciones salseras.

Pero también se aventuró a incursionar en la religión yoruba, beber de la santería, arrimarse a la madre África a través de su sonoridad. “Quisimos ir a nuestras raíces, a la música y a la historia de los negros cubanos que habían llegado desde África para comprender qué era lo que estábamos haciendo”, así nos describió Richie su incursión en el altar mayor de Ochún, Obatalá y Yemayá. Entonces concibió piezas magistrales, con unas descargas de timbales, piano y trompetas que no se habían escuchado antes en ‘Yo soy balalú’, ‘Lo Atare La Arache’, ‘Cabo’ e’ , ‘Cha cha huele a Changó’, ‘Babae Baba Coroco’ y ‘agúzate que te están velando’…

“Y Que Babalú me dijo a mí
Yo soy quien te está cuidando
Qué Babalú me dijo a mí yo sé quién te está velando
Y sé quién te está tirando
Pero a tí no te entra na
Yo siempre te estoy cuidando
Pa’ que no te pase na
Yo soy Babalú… ”

‘Yo soy Babalú’ se cantaba a un solo coro en aquellos ‘aquelarres’ musicales que armábamos en ‘Saturday’, en los bajos de los Cinemas, por allá en los maravillosos años ochenta; o en las audiciones nocturnas de la ‘Taberna Latina’ que organizaba el viejo Gary, al frente de la Clínica San Fernando; o en ‘Tiempo Libre’, allí donde iba muriendo la Avenida Sexta con Richard Yory programando.Y todos le cantábamos a ‘Kabiosile Changó’, en ‘Cha Cha huele a Changó’, haciéndole la segunda voz a Bobby sin saber qué carajos significaba, pero qué importaba si con esas trompetas y los timbales estábamos envueltos en un trance musical inexplicable. Y qué interesaba que estuviéramos saludando al gran orisha, a una de las grandes divinidades de la santería cubana, si lo que nosotros escuchábamos era una combinación fabulosa de voces e instrumentos que nos seducían en la pista, en la barra, en la mesa, donde estuviéramos. Y para qué saberlo si bastaba con esas descargas imponentes de Richie, la voz aguda de Bobby que parecía que se iba a reventar, las trompetas que se derretían en cada improvisación del Indio Cherokee o del gran Chaparro y nos trasladaban al África pura, a la salsa en su expresión más alta y pura.

Para sus fanáticos fue claro que ‘Los Durísimos’ continuaban en ese momento en fase experimental. Por eso no pude sustraerme a la curiosidad y le pregunté a Richie por esa incursión mística-musical y su respuesta fue como todo en él, una mezcla, un ‘traigo de todo’. “Cuando comencé a estudiar esta música (cubana) me doy cuenta de que hay un sector de gente que es pacticante de esta religión y que tiene que ver con ella. Percibí que la música cubana que se relaciona con esa religión es una música más desarrollada rítmicamente, más fundamentada, más provocadora y eso me fascinó”.

Y paradójicamente, en esa búsqueda, Ricardo Ray descubre una gente que vive su fe de otra manera, fortalecida en sus creencias, de una manera que ‘El embajador del piano’ no había visto antes y que seguramente influyó en su posterior conversión al cristianismo. “Eso me motivó, le tenía un gran respeto, no estaba metido en la Santería como muchos creían, pero reconocí el peso que eso tenía en muchas personas, el ritmo que utilizan detrás era otra cosa. Pudimos traer algo de eso a nosotros, y me fascinaba ver cómo podríamos interpretar esa música y darle nuestro toque”, nos contó Richie.

Este ‘Harry Potter’ del piano, capaz de extraer los sonidos más imponentes a ‘las blancas y las negras’, está ahora en el otoño de su vida, pero en plena creatividad. No deja de ensayar, de probar. Cuando tiene un piano al frente es un jovencito, se transforma y vuelve a ser ese pícaro chiquillo de los años sesenta que quería hacer algo diferente. Ahora es Betthoven quien lo trasnocha y un día pensó ‘por qué no unirlo al Jazz y a la salsa’. Pues el resultado de esa explosiva mezcla, que solo podría ocurrírsele a su genio musical, es la nueva producción de Ricardo Ray. “Es algo bien ‘fuelte’, diferente, distinto, pero gusta”, es lo que dice.

Cierro los ojos e imagino a ‘goldfingers’ destrozando el piano, las trompetas abiertas y desaforadas de Pedro Rafael Chaparro y ‘El Indio Cherokee’ devorándose a un público caleño delirante y a José Cándido Rodríguez sacándole fuego a los timbales mientras la voz callejera y sublime de Bobby ‘no se esconde del diablo porque él es buena gente’. Ricardo & Bobby vinieron de frente y su legado musical ya alcanza los 60 años. Aquellos que los dieron algunas vez por acabados no imaginaron que la gloria musical los santificaría en el altar mayor de los grandes soneros y que en Cali tendrían su vaticano salsero.

¡Larga vida, maestros, su Bestial Sonido está a salvo!

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FRASES DE RICHIE RAY

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Vanessa Manzano y la voz de la esperanza salsera en Cali

Cantante y compositora, Vanessa ha trabajado de la mano del maestro Jorge Herrera, y hasta ha hecho parte del equipo de la Misma Gente, una banda legendaria de la región que impuso un estilo y varios éxitos que aún resuenan en el firmamento musical.

Cantante y compositora, Vanessa ha trabajado de la mano del maestro Jorge Herrera, y hasta ha hecho parte del equipo de la Misma Gente, una banda legendaria de la región que impuso un estilo y varios éxitos que aún resuenan en el firmamento musical.

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Vanessa Manzano hace parte de una nueva estirpe salsera caleña que se abre paso a golpe de bongo, sonidos de piano y la fortaleza de la trompeta. Con una fusión de sonidos latinoamericanos; musicalmente la joven Vanessa apuesta sin temores por aquella vieja salsa que tanto apreciamos.

Cantante y compositora, Vanessa ha trabajado de la mano del maestro Jorge Herrera, y hasta ha hecho parte del equipo de la Misma Gente; una banda legendaria de la región que impuso un estilo y varios éxitos que aún resuenan en el firmamento musical.

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Egresada del Instituto Popular de Cultura, Vanessa trabajó su voz durante 10 años con el maestro John Fernando Zapata, conocido como John 'Borondo’, y ahora con su orquesta potencia composiciones como Soy el Bongó, y la magia del tambor, propuestas sin límite creativo.

Con tonalidades que recuerdan los sonidos de leyendas como Tito Puente, Machito y sus Afrocubans y el gran Willie Rosario; Vanessa reconoce la historia de aquellas mujeres que abrieron la senda salsera en la ciudad.

Aunque nunca integró alguna de estas orquestas recordadas, siente un profundo respeto por la historia que dejaron y el camino que trazaron para permitir que hoy su talento sea respetado.

Las mujeres en el movimiento salsero

Vanessa sabe que ellas labraron un camino, en un momento en que era muy difícil para las mujeres tener un espacio en medio del movimiento salsero.

La joven artista, sin embargo, reconoce que ella ante todo es una amante de la música y por eso algunos sonidos como la música latinoamericana; aquella de Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, continúa allí, latente, esperando salir de nuevo.

Nada de eso se contrapone con lo que está haciendo hoy y por eso se siente orgullosa de producir salsa, porque al final es una música que la acerca con lo mejor de los pueblos del continente.

Este jueves 29 de febrero, Vanessa y su Orquesta se presentarán en la Topa Tolondra; ese espacio que ha creado Carlos Ospina y que se ha convertido en un verdadero medidor del talento local y regional. Será una dura prueba para Vanessa, bailadores y melómanos llegarán para dar su veredicto. Vanessa tiene talento de sobra y con ella, la salsa está asegurada.

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Un hotel centenario, con una historia anclada en el Grupo Niche

Mauricio Ríos es el gerente de este hotel que le ha pertenecido a su familia por décadas. Y fue precisamente su abuela la que tuvo la audacia de crear este hotel que lleva por nombre el mismo y prestigioso nombre de Savoy, que le ha dado la vuelta al mundo.

Mauricio Ríos es el gerente de este hotel que le ha pertenecido a su familia por décadas. Y fue precisamente su abuela la que tuvo la audacia de crear este hotel que lleva por nombre el mismo y prestigioso nombre de Savoy, que le ha dado la vuelta al mundo.

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En el corazón de Cali, hay una edificación que a pesar del paso de los años late llena de vida. Cuando se desciende por la Carrera Primera; un hotel centenario nos recuerda que hace parte de la tradición de la ciudad y que además guarda una historia desconocida.

El salón central del Hotel Savoy, que da acceso a la entrada, es un museo vivo: vehículos de los años 40 y 50, fotografías inéditas de Jairo Varela, centenares de vinilos, radios de tubos que se deben calentar para funcionar y que transmiten recuerdos sonoros hacen parte de esta emblemática arquitectura que guarda un pedazo de la historia de Cali y del Grupo Niche.

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Mauricio Ríos es el gerente de este hotel que le ha pertenecido a su familia por décadas. Y fue precisamente su abuela la que tuvo la audacia de crear este hotel que lleva por nombre el mismo y prestigioso nombre de Savoy; que le ha dado la vuelta al mundo.

El gerente del Savoy recuerda que cuando Varela llegó de Bogotá con el grupo en busca de una oportunidad musical, decidió instalarse en el hotel por la cercanía con el centro y porque le dieron una acogida bien especial, “había cariño en este espacio”.

Esto hizo que Varela pernoctara por un buen tiempo en el hotel, que utilizara siempre la misma habitación con balcón hacia la Carrera Primera y que por varias horas también subiera a la terraza a perderse en sus pensamientos, a crear y a pensar, de seguro, en esa Cali que comenzaba a quedarse por siempre en el corazón.

Y es que el prodigioso compositor siempre profesó un amor especial por el Hotel, ensayó los primeros acordes de ‘Al pasito’, ese tremendo disco que cantó Álvaro Del Castillo y que fue un tremendo éxito comenzando los años ochenta.

Hoy ese mismo salón espacioso donde ensayaba el Grupo Niche por varias horas lleva el mismo nombre del destacado compositor en homenaje a esa historia que une al Hotel Savoy y Jairo Varela.

Hoy como ayer, los recuerdos persisten, la historia se niega a marcharse y la música siempre tiene algo que decir. Jairo Varela y su grupo Niche viven en los detalles de un centenario amigo que los albergó cuando apenas eran unos soñadores.

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Jhonny Pacheco y su declaración de amor por Cali

Hoy 15 de febrero se cumplen tres años de la partida del artista fundamental para la historia de la salsa, en 90 Minutos recordamos la historia de cómo Jhonny Pacheco decidió declarar a Cali como capital mundial de la salsa. Con sus protagonistas, rememoramos un episodio clave para que esta ciudad continuara protegiendo un legado que uno de sus creadores entregó a los caleños.

Jhonny Pacheco y su declaración de amor por Cali
Tomada de redes sociales.

Hoy 15 de febrero se cumplen tres años de la partida del artista fundamental para la historia de la salsa, en 90 Minutos recordamos la historia de cómo Jhonny Pacheco decidió declarar a Cali como capital mundial de la salsa. Con sus protagonistas, rememoramos un episodio clave para que esta ciudad continuara protegiendo un legado que uno de sus creadores entregó a los caleños.

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A pesar de los muchos inviernos y sobre todo veranos que han pasado durante estos años en Nueva York, Miguel Yusti, el inquieto caleño rumbero de los años setenta y joven estelar de aquella generación. Él aún recuerda con detalles la primera vez que conoció a quien se convertiría en un gran amigo y cómplice de aquellas largas noches furtivas de desenfreno rumbero: el señor Jhony Pacheco.

Fue un verano en Nueva York, como nos cantó el Gran Combo, cuando Yusti visitó a su hermano Álvaro, quien vivía en esa capital del mundo en 1976. La ciudad cosmopolita ya era una amalgama de sonidos, pura experimentación no solo musical sino también con las drogas que se descubrían. Era un mundo pleno de amor libre y de una juventud que luchaba por cambiar estructuras.

Miguel Yusti, que por entonces era directivo de la Universidad del Valle, se asomaba a ese mundo con la expectativa de escuchar a esos monstruos a los que solo tenía acceso a través de los Long Play que compraba en el centro caleño, en el almacén de Alcibiades Bedoya, o cuando sonaba alguna de las ‘panelas’ en Radio Tigre o Radio El Sol.

Aquel jueves

Un jueves de aquel julio caluroso, el académico Yusti se fue con su hermano al legendario Corso, el mismo de la Calle Ochenta y Seis de la 205 Este, saliendo de la Tercera Avenida. El Corso competía ‘mano a mano’ con otros sitios como El Chez Jose o el Palladium por los sonidos que provenían del barrio latino. Además, por la cantidad de audiencias que se congregaban en aquellos emblemáticos lugares. Basta recordar que el Chez Jose abrió sus puertas en 1965 con nadie más que con la mismísima orquesta de Larry Harlow.

Y vaya qué casualidad pues cuando Yusti llegó con su hermano Álvaro al Corso, quien se presentaría esa noche era la orquesta de ‘El judío Maravilloso’. El Corso tenía sus puertas abiertas desde 1927, pero realmente durante muchos años se mantuvo como un restaurante que atendía americanos-alemanes que vivían por la zona.

Solo fue a mediados de los años sesenta cuando Pete Bonet, un cantante puertorriqueño, consiguió convencer al nuevo dueño del restaurante, Tony Raymone, para que le permitiera innovar con noches de música latina. Y así comenzó la leyenda. Machito, Palmieri, La Sonora Matancera, Fajardo y su Orquesta, Tito Puente, toda la realeza musical del sonido latino comenzó a tejer la leyenda de El Corso.

A ese sitio llegó el caleño rumbero con un sueño que ya le había revelado a su hermano, quería conocer a ese inquieto músico del que todos hablaban, el gran Jhonny Pacheco. La suerte no pudo estar más del lado de Yusti, el hombre se ganó el ‘premio mayor’ no solo porque esa noche se presentaba Larry Harlow sino porque el invitado era precisamente el flautista, percusionista, arreglista, director, productor, cantante y compositor dominicano.

¿Cómo fue la noche?

Pero si ya aquella noche prometía ser inolvidable, Miguel y su hermano terminaron viendo cómo tres violines se deshacían en el escenario: Andy Harlow, el maestro Félix ‘Pupi’ Legarreta  y un jovencísimo Alfredito de la Fe que comenzaba a andar sus primeros pasos. Mientras esta banda se divertía en tarima, abajo Pacheco y su Tumbao se preparaban con Héctor Casanova y el ‘Pete’ Conde Rodríguez liderando la avanzaba vocal que enardecería al público asistente. 

A unos metros, Miguel contemplaba extasiado la sinfonía musical y esperaba pacientemente el momento del encuentro. Todo fue más fácil de lo que esperaba. Media hora después de que terminó semejante zafarrancho orquestal, Álvaro, el hermano de Miguel, sentó en su propia mesa al ‘Zorro plateado’. Un estrechón de mano, un saludo cordial y un recuerdo de una rumba añeja fue suficiente para comenzar a construir una relación que se extendió por 45 años.

Tercer aniversario de fallecimiento

Este jueves 15 de febrero del 2024, cuando se cumple el tercer aniversario del fallecimiento del hombre orquesta del sabor afrolatino Yusti recuerda para 90 Minutos cómo se forjó esa amistad y busca una explicación a esa extraña obsesión de convertirlo en ciudadano ilustre de Cali y entregarle las llaves de la ciudad.

Pasaron muchos años, transcurrieron muchas rumbas, se tomaron muchos tragos y hubo muchos toques antes que de la mano de Manolito Vergara, otro entrañable amigo caleño de la rumba, Miguel Yusti lograra su cometido de traer al gran artista dominicano para honrarlo como hijo de esta ciudad que lo quiso y lo bailó como a pocos.

Manuel Vergara, el hombre fuerte de El Habanero, el emblemático espacio cultural aledaño al Parque Alameda, conoció a Pacheco también en Nueva York. Pero en esa oportunidad gracias a Humberto Corredor, el polifacético caleño tan cercano a la Sonora Matancera.

Siempre fue un gran caballero, un señor, tipo cariñoso y se daba sus lujitos como ‘el zorro plateado’ que era pues en ese tiempo le gustaba mostrar su melena al viento en un Mustang descapotable del año 65 que tenía”, recuerda este gestor cultural, que lleva más de 20 años al frente de El Habanero.

El ritmo de Pacheco

Y es que, claro, Pacheco no fue un músico más. Era la última frontera, el final de una raza de grandes ‘caballos pura sangre’ de la salsa continental que convirtieron el género en algo más que una simple expresión artística de esta parte del mundo. Con Pacheco y sus producciones, la salsa se volvió internacional. Su ritmo fue llevado a los mejores escenarios de España, Gran Bretaña, Italia, Francia, Japón y hasta la madre África supo de este hombre de pelo blanco, delgado, de sonrisa fácil, voz aguda y flauta versátil que junto con Jerry Masucci crearon la Fania All Star en los albores de los años 70 y construyeron ‘nuestra cosa latina’.

Pacheco hijo de Rafael Azarías Pacheco, quien en su país era director y clarinetista de la orquesta ‘Ritmo del Yaque’, y de Octavia Knipping Rochet nieta del colono francés Cristophe Rochette. Fue de su padre de quien recibió su primer instrumento musical. A los once años salió de República Dominicana rumbo a Nueva York, donde aprendió a tocar instrumentos de percusión en la Escuela Juilliard.

A finales de los años 50 hizo parte del conjunto del pianista Charlie Palmieri. Arrancando la década de los sesenta formó su primera orquesta llamada Pacheco y su Charanga, que tuvo un tremendo éxito. La orquesta firmó con el sello Alegre Records y vendió más de 100.000 copias de su primer álbum titulado Pacheco y su Charanga Vol. 1.

Desde ese momento y hasta finales de 1963, se convirtió en una estrella internacional y realizó giras en Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. Incluso, ‘Pacheco y su Charanga’, fue la primera banda latina en presentarse en Teatro Apollo en Harlem, en 1962 y 1963.

Giros inesperados

El giro de la vida se produjo en 1964 cuando se encuentra con el abogado de ascendencia italiana Jerry Masucci y crean Fania Records. Esta se convertiría en el gran monstruo de la producción musical afroamericana. Ese mismo año el sello lanzó su primer disco ‘Cañonazo’, el álbum contaba con Pete ‘El Conde’ Rodríguez como vocalista.

Como ejecutivo de la compañía, director creativo y productor musical, Pacheco fue responsable del inicio de las carreras de muchas estrellas de la Fania. Algunos como Ray Barretto, Bobby Valentín y Rubén Blades, le agradecen sus inicios.

Otro momento histórico de su vida ocurrió en 1968, cuando unió a todos los músicos del sello y los presentó en un concierto. Esto marcó el nacimiento de la legendaria agrupación Las Estrellas de la Fania, una era inolvidable que cambió la historia de la música afrolatina.

Durante varias décadas, Johnny Pacheco simplemente era el caballo más grande. Lo que dijera Pacheco se hacía y a quien bendijera, ese era el elegido. Pacheco apadrinó decenas de artistas, produjo centenares de álbumes, fue corista de esos trabajos o tocó la flauta. Pacheco era omnipresente.

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 ‘La cosa caleña’

Pasaron los años y la idea de traer a Pacheco a Cali para entregarle las llaves de la ciudad seguía rondando a Yusti. En el 2004 se anunció que venía a la Sucursal después de muchos años de ausencia, pero un empresario quedó mal y se canceló.

Yusti, quien para entonces hacía parte del gobierno caleño de aquellos años, sintió que se había perdido la mejor oportunidad para el reconocimiento que planeaba. Pues no era muy bien visto que pareciera más interesado en la rumba caleña que en los complejos avatares de la política local.

El entonces Secretario de Gobierno creyó que ya todo estaba cancelado, pero un viaje a Fort Lauderdale en 2005 le permitió ver a la Orquesta de Willie Rosario. Allí se encontró con una persona que resultó siendo muy cercana a Pacheco y su empresario. “La cosa es que al otro día, cuál no sería mi sorpresa, me llamó el propio Pacheco y su saludo fue: ‘Yucti, yo voy pa’ Cali, dime cuándo’”.

Todo quedó listo para traer al ‘rey del tumbao añejo’ a mediados de año. Pacheco se entusiasmó tanto –recuerda Yusti- que armó hasta un ‘casting’ para tratar de venir con voces similares a las de ‘El Conde’ Rodríguez y Héctor Casanova, cosa que obviamente no logró por la dificultad de llegar a alcanzar tonos como los que poseían ese par de ‘caballos salseros’.

Unidos como los compadres (a propósito de Pacheco y ‘El Conde’) Yusti y Vergara se pusieron en la tarea de elaborar pergaminos. Además, realizar fotografías para sorprender al maestro dominicano con una distinción que recordara por toda su existencia.

El esperado día

Ese día por fin llegó y a mediados de junio del 2005, un Pacheco emocionado llegó al despacho de Miguel Yusti, para entonces alcalde encargado de la ciudad (y es que hasta Oshun, Yemayá, Orulo y Obatalá se confabularon en favor del salsero), quien le rendiría el merecido homenaje al director dominicano que había alegrado tantas noches caleñas.

“Pacheco fue reconocido por la ciudad a través de la Administración Municipal. Como amigo y dándole curso a una invitación que le hice, llegó con su orquesta ‘Pacheco y su Tumbao’, fue portador de las llaves de la ciudad y condecorado por mí”, recuerda Yusti con gran nostalgia.

Para este docente universitario, que conoció como pocos el movimiento salsero de esta ciudad, el gran valor de Pacheco como productor y director musical fue el de recuperar el gran espectáculo de la salsa que había sido roto cuando apareció Joe Cuba y su Sexteto, que marcó un derrumbe de las espectaculares ‘big band’ de los años sesenta. 

“Lo que hizo Pacheco fue montar el formato de las grandes orquestas, con la matriz de la Sonora Matancera, para mí ese es su gran aporte. Muchos en esa época no le dieron la importancia que Pacheco tuvo como el más extraordinario arreglista de la salsa”, dice ahora Miguel, quien recuerda un episodio que hoy es una anécdota divertida más, pero que en los ochenta pudo ser una triste noticia mundial.

La historia que condujo a Yusti a vivir una anécdota como pocas se han contado sucedió así. En locos años ochenta, Larry Landa, el díscolo y discutido empresario que trajo a tantos artistas a Cali, invitó a Jhonny Pacheco y la Fania a un concierto en esta ciudad.

La rumba continúa

En esos tiempos, relatan muchos testigos de excepción, los artistas no solo venían por los dólares que tan generosamente se ofrecían sino también porque aquí había suficiente polvo blanco y mujeres por montón que ‘alegraban’ la vida de estos artistas. Pues bien, el relato de Yusti es contundente. Una noche después del concierto y estando en el Hotel Petecuy, el desaparecido hostal del Centro ubicado en la Carrera 9 con Calle 15 que albergó a todos los artistas que pasaron por Cali, por poco pasa a la historiacomo el lugar en el que casi pierde la vida Pacheco.

“Esa noche -recuerda Yusti- terminamos en el ‘penthouse’ y continuamos la rumba. De un momento a otro Pacheco dejó de hablar y me pareció muy extraño porque era muy conversador. Eran las tres de la mañana y de pronto veo a Pacheco que se me fue quedando, como cerrando los ojos y sin cómo poder volver a la rumba. Me asusté porque se sentía mal, como sin aire, entonces me tocó urgente mandar a comprar leche y todos estos remedios que uno sabía que se usaban para ‘volverlo a la vida’”.

Yusti, hace muchos años alejado de los excesos, pero no de la buena melodía que  sigue palpitando, ahora suele escuchar el tumbao añejo de Pacheco pero en su apartamento porque dejó de asistir a los viejos grilles de Alameda desde hace un año cuando el maldito bicho lo sorprendió y casi se lo lleva de la última rumba, sin siquiera haberla bailado. Ahora mientras hace una pausa en el relato, me recuerda que Pacheco nunca se olvidó de esta anécdota que luego recordarían en medio del jolgorio. “¿Te imaginás que Pacheco se nos hubiera muerto en Cali?, nooooo, qué tragedia”, me dice Miguel, mientras señala sonriente el cuadro que está en El Habanero donde emerge la figura del gran director musical.

Una declaración que sorprendió

Pero en lo que coinciden los otros compadres (Manolito y Yusti) es que ese día de la condecoración, de la entrega de las llaves de la ciudad y de la consagración como ciudadano ilustre de esta capital, Jhonny Pacheco los sorprendió al anunciar que sin lugar a dudas “Cali es la capital mundial de la salsa”.

Esa retribución de Pacheco, conocedor como pocos de lo que se estaba cocinando en el ambiente salsero, fue una clara muestra de que entendía que esta capital era el último baluarte de un movimiento que él transformó.

Ahora intento comprender que su anuncio no obedeció a una devolución de atenciones sino simplemente a que como buen visionario que fue toda su vida, el dominicano vio claro que la salsa perduraría en el tiempo en la medida que una ciudad (Cali) la protegiera, la conservara y la multiplicara. Esto a través de sus bailarines que la llevarían por todo el mundo y que consagrarían un estilo único de goce en las pistas, el estilo caleño.

“Hay que poner atención porque esa es la única declaración formal que existe de una ciudad como capital mundial de la salsa y es un gran mérito que la haya entregado Pacheco porque él cruzó todos los océanos llevando el nombre de la salsa al mundo. Se le ocurrió eso en plena celebración, nosotros no sugerimos nada, nos dijo: ‘ustedes son la memoria musical de la salsa para el mundo’”.

recuerda Manolo Vergara.

"Cali: Una historia en nuestros corazones"

Incluso, rememora el propietario de ‘El Habanero Club’, Pacheco contó como anécdota que muchas veces, en diciembre, tenía problemas para conformar orquestas porque la mayoría estaba en Cali. “Esta ciudad es una historia en nuestros corazones, en nuestros sentimientos”, les decía el dominicano.

Por eso, Manolo no duda en decir que ese impulso que le dio Pacheco a Cali fue una especie de entrega de una posta, de un legado, de una herencia musical que le ha dado a la ciudad la oportunidad de seguir creciendo con sus más de 2.500 bailarines, más de 200 academias de baile, medio centenar de orquestas y decenas de lugares donde se sigue cultivando el gusto por la música afroantillana.

Devolver la salsa a sus raíces

Pacheco fue el primero en devolver la salsa a su origen, a la cuna de Obatalá y del eco de un tambor.“Con la orquesta mía tuve la dicha de que fuera la primera en tocar en el África. El amor que le tienen a nuestra música es increíble. A ellos les gusta cualquier tipo de música que tenga ritmo bailable, especialmente el son y la guajira, y son tremendísimos. Por eso les toqué ‘Vikingo caliente’. Lo primero de nosotros que llegó a África fue ‘Acuyuyé’ y una guajira llamada ‘El piñarero’, que pienso grabar de nuevo con Celio González”, recordó alguna vez el propio Pacheco en una conversación con el investigador César Pagano.

“Un soñador de lo imposible”, qué bella frase… Así se autodenominó en una entrevista el destacado músico. Un hombre que al repasar las huellas dejadas en la arena rumbera podía sentirse orgulloso de lo que ejecutó por sus raíces artísticas.

Y hoy, cuando se conmemoran tres años de su partida y los salseros no terminamos de lamentar su partida, hay que recordar el amor de Pacheco por Cali y cómo una declaración suya se convirtió en el pasaporte para que la ciudad fuera conocida como la capital mundial de la salsa, honremos su legado…

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