Un estudio publicado por Scielo, de la Universidad Autónoma de Sinaloa, México dejó en evidencia una preocupante realidad sobre el uso del celular entre los jóvenes de colegios y universidades. La investigación, basada en una encuesta realizada a 3.000 estudiantes de diversas regiones del mundo, concluyó que el tiempo promedio que dedican al teléfono móvil es de cinco horas y media al día.
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Cuando este hábito se proyecta a lo largo de toda una vida, las cifras resultan sorprendentes. Según los cálculos del estudio, una persona que comienza a usar el celular de manera constante desde los 11 años y mantiene ese ritmo hasta los 83, habrá pasado aproximadamente 25 años completos frente a la pantalla, asumiendo que permanece activa 16 horas al día.

El 5 % de los jóvenes llegaría a dedicar más de 40 años de su vida al celular
El panorama es aún más alarmante si se observa al grupo que más tiempo pasa conectado. El estudio identificó que un 5 % de los encuestados afirma usar su celular nueve horas o más cada día. Bajo ese nivel de uso, el tiempo acumulado podría alcanzar los 41 años de vida invertidos en el dispositivo.
El informe no solo se enfocó en el tiempo de uso, sino también en sus repercusiones. Un 68 % de los jóvenes confesó que el uso del celular afecta directamente su rendimiento académico. Además, el 43 % admitió que interrumpe sus estudios de forma frecuente para revisar su teléfono.
Estos resultados han comenzado a encender las alarmas entre autoridades educativas y del sector salud, quienes ya discuten el fenómeno como un posible problema de salud pública, dada la magnitud de la dependencia digital entre los estudiantes.
Un comportamiento que también imitan los adultos
Si bien el foco del estudio fueron los jóvenes, el análisis también ha llevado a reflexionar sobre cómo este hábito se replica entre los adultos, puesto que padres y madres también enfrentan patrones similares de uso excesivo, lo que dificulta establecer límites claros en el entorno familiar.
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La disponibilidad permanente del celular y la falta de normas sociales claras, como las que regulaban antes el uso del teléfono fijo, han contribuido a normalizar este tipo de comportamientos, convirtiéndolos en parte de la vida cotidiana.
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