Opinión

Volver a ser feliz

Madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos eran dignos de respeto. Cuanto más próximos o más viejos, más cariño. Inimaginable responderles maleducadamente. Eso era causal de castigo merecido.

Volver a ser feliz
Especial para 90minutos.co

Madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos eran dignos de respeto. Cuanto más próximos o más viejos, más cariño. Inimaginable responderles maleducadamente. Eso era causal de castigo merecido.

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Me criaron con valores simples.

Cuando era niña, los ladrones parecían ladrones y la única preocupación en relación con la seguridad personal era que nos robaran la bicicleta en el parque. Y eso una vez cada dos años. Teníamos miedo de la oscuridad, de los sapos, de las películas de terror.

Madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos eran dignos de respeto. Cuanto más próximos o más viejos, más cariño. Inimaginable responderles maleducadamente. Eso era causal de castigo merecido.

Confiábamos en los adultos porque todos eran los padres y madres de los amigos de la cuadra, del barrio, de la ciudad, o las confiables figuras de autoridad. Cuando la gente nos tropezaba accidentalmente ofrecía mil disculpas con una sonrisa.

Siento tristeza por todo lo que hemos perdido. Por el miedo en la mirada de todos. Por las muchas otras cosas que los nietos de la gente que hoy tiene hijos, un día temerán.

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Hoy matan a los padres, a los abuelos, violan niños, secuestran, roban millonadas o minucias –eso qué importa-, engañan, ponen la zancadilla, desbaratan hogares todos los días. O timan a alguien en sus narices; y sin remordimiento se jactan de su viveza.

Vemos puros noticieros en los que los horrores más grandes se olvidan después de la primera tanda de comerciales porque nos hemos acostumbrado a la infamia y el horror como el pan de cada día.

Agentes de tránsito funcionarios de la industria de multas. Muchas figuras de autoridad dejaron de serlo para convertirse en depredadores. Los derechos humanos son para los criminales, los deberes ilimitados son para los ciudadanos honestos. Pagar deudas al día es ser tonto, hay amnistía para los estafadores. No tomar ventaja de los otros es ser un idiota.

Ladrones de traje y corbata, asesinos con cara de ángel, pedófilos y abusadores de cabellos blancos que lloran frente a las cámaras cuando los entrevistan o convenientemente se enferman y piden ser internados en la clínica de su conveniencia.

Profesores y alumnos maltratados y acosados en las aulas. Tiroteos en los colegios y en muchos de ellos hay puertas para detectar armas. ¡Armas en el lugar que debe ser el templo seguro del aprendizaje!

Matoneo psicológico y físico en persona y en las agridulces redes sociales –artilugios de la modernidad que a veces son una bendición y otras una pesadilla-.

Gente amenazada por la delincuencia en todos los estratos. Rejas en ventanas y puertas. ¡Niños desplazados muriéndose de hambre física y mental, mientras hay gente con sueldos de 8 cifras que se les roba la comida y la educación!

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¿Qué pasó con nosotros?

Juguetes electrónicos que valen más que abrazos; hijos queriéndolos, como recompensa por pasar de año o de semestre (o simplemente por pasar la calle o cualquier otra cosa que debería ser normal). Smartphones y tablets en las mochilas de los recién salidos de los pañales. *¿Qué quieres a cambio de un abrazo, mijo? *

Más vale una "palanca" que un diploma. Más vale una pantalla gigante que una conversación profunda. Más vale un carro último modelo que los buenos modales.

Hasta la industria del entretenimiento se convirtió hace años en un cliché detestable que vende cuerpos, droga, sexo y materialismo en vez de arte.

Jóvenes ausentes, padres ausentes. Drogas de todo tipo presentes para llenar vacíos y sin que los padres se enteren. O lo peor... sin que les importe.

¿Cuándo fue que todo lo bueno, bello y correcto se hizo ridículo?

¿Cuándo la última vez que observé con tranquilidad el abrazo dado a alguien sin pensar en agendas secundarias?

¿Cuándo fue que mire a los ojos de quién me pide ropa, comida o zapatos sin sentir miedo de que me atraque?

Quiero de vuelta la paz y la dignidad. ¡Quiero quitar las rejas de mi ventana! Quiero sentarme en el andén y tener la puerta abierta en las noches calurosas, caminar sin este pánico que se siente nada más al asomar la nariz a la calle.

Quiero la vergüenza, y la solidaridad. Quiero la rectitud de carácter, la cara limpia y la mirada a los ojos.

Quiero la esperanza. Techo para todos, comida en la mesa, salud al alcance de la comunidad –que entre otras cosas paga por ella y no se la regalan- sin tener que esperar años por una autorización que a veces llega cuando el paciente murió.

Quiero poder discordar con pasión de lo absurdo sin que me llamen "intensa" como mínimo o me insulten, o algo aún peor.

Quiero tener un mundo mejor, justo, humano, donde las personas se respeten, como debe ser.

¡Quiero la libertad y el orden que se proclaman en mi escudo patrio!

¿Utopía? No. ¿Si…? ¿Quién sabe?

Ni siquiera la pandemia fue capaz de sacar lo positivo de la humanidad, como al principio de ella lo pensamos.

Y hablando de pandemia… hay cosas que son muy contagiosas. Si tan solo tú y yo, y todos los demás sensatos en este mundo, estuviéramos de acuerdo, si hiciéramos nuestra parte y contamináramos a más personas, y esas personas contaminaran a más personas e hiciéramos una epidemia positiva…

Si tan solo…

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Fútbol y mafia

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Fútbol y mafia
Especial para 90minutos.co

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

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El vergonzoso ascenso del Unión Magdalena a la primera división del fútbol colombiano es simplemente el iceberg de la corrupción que carcome a este deporte. La forma como los jugadores de Llaneros dejaron pasar a sus rivales sin ninguna contención se convirtió en noticia mundial lo que dejó tan mal parada a la dirigencia que tuvieron que iniciar una investigación.

La verdad nada es nuevo. Hace tan solo unos años, en el 2004, Real Cartagena le hizo cuatro goles en cinco minutos al Valledupar, lo que sacó de carrera al Cúcuta que hasta ese momento clasificaba a la final por diferencia de goles. En el 2012 el delantero Julián Lalinde convirtió un gol que hubiera regresado al América de nuevo a la primera división y sin embargo fue anulado de manera absurda. Luego fue el propio Cúcuta Deportivo el que estuvo involucrado en una polémica luego de que un gol que le dio el ascenso a la Categoría A fuera convertido por el paraguayo Lázaga con la mano. Una infracción que todos vieron, menos el árbitro del encuentro.

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Y si nos vamos más atrás, en  la década de los ochenta, pues el dinero del narcotráfico bullía a borbotones. Más de la mitad de los clubes tenían dinero de procedencia del narcotráfico y los torneos de fútbol se volvieron contiendas en los que los carteles se medían y apostaban grandes cantidades de dinero. Incluso, en 1989 el torneo fue suspendido luego de que el árbitro Álvaro Ortega fuera asesinado después de un partido entre Medellín y América. También en esos años ochenta el Deportivo Cali fue una víctima de bochornosos episodios. Una noche el goleador de Millonarios, Juan Gilberto Funes, convirtió un escandaloso gol con la mano que todo el estadio vio, menos el juez central y el asistente de línea. Al año siguiente, de manera muy extraña su arquero ‘El gato’ Fernández, muy seguro durante muchas fechas, en Manizales regaló dos goles que al final fueron claves para que América fuera campeón.

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Es tan mafiosa y corrupta la dirigencia que maneja este deporte que recientemente El Espectador reveló cómo la Superintendencia de Industria y Comercio detectó que 16 clubes afiliados a la Dimayor acordaron censurar a un grupo de jugadores para obligarlos a quedarse en sus equipos y obtener réditos económicos por sus pases, una práctica que también fue denunciada en México.

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De esa manera lo que hacían estos equipos era bloquear al jugador y ponerse de acuerdo para no contratarlo, con el propósito de que volviera a negociar con su equipo de origen por menos pretensiones económicas que el jugador exigía, una verdadera mafia. Conozco de casos de técnicos profesionales que pedían un dinero para darle unos minutos a un jugador o para subirlos de categoría; también supe de cómo bloquearon a un grupo de mujeres futbolistas que jugaron un tiempo en América  y cuando intentaron llegar al Deportivo Cali les mandaron a decir que quedaba bloqueada cualquier posibilidad de continuar sus carreras porque simplemente habían tenido participación en el equipo escarlata. ¿No es esa una actitud censurable, por decir lo menos?

O qué tal las historias de técnicos o exjugadores consagrados que exigían un dinero para recomendar jóvenes prospectos o solo para verlos diez minutos, aprovechándose de las esperanzas de sus padres. Más allá están esos directivos que compran pases de jugadores y los convierten en los esclavos de la modernidad. Son dueños de su vida y de su futuro, algo infame.

Pero como la corruptela es a todo nivel desde que el narcotráfico y el paramilitarismo invadieron el fútbol, todas esas prácticas llegaron hasta la propia Federación del Fútbol Colombiano donde el presidente Luis Bedoya está preso por haberse apoderado de millones de dólares junto con otros delincuentes dirigentes del continente. Todo esto amparado en el silencio de autoridades cómplices y periodistas que también voltearon la mirada hacia otro lado. Las bacanales y regalos con que los hermanos Rodríguez, del Cartel de Cali, agasajaban a periodistas de todo el país en el Hotel Inter, aún hoy son recordadas por los comunicadores más veteranos.

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Al final también es cierto como alguna vez se lo escuché al profesor Maturana, ‘se juega como se vive’ y el fútbol es una expresión más de un país descompuesto, enfermo, donde desde sus más altas esferas se regodean con platas de la droga, donde se pierden millones de pesos que debían ser destinados para la educación de los niños, donde se cierran hospitales porque sencillamente se los roban. Y es que de acuerdo con una investigación de la organización Transparencia por Colombia, entre el 2016 y el 2020 se robaron $13,67 billones. Entonces al final el fútbol es otra expresión de un país que vive en el borde de la cornisa.

Recientemente la Dimayor decidió que el fútbol lo patrocinara una casa de apuestas, qué esperaban entonces. Es mucho dinero el que se está moviendo y un país con la tradición de violencia, mafia y corrupción pues nada raro era que pasara lo sucedido entre Unión y Llaneros. La verdad es una sola y es que hoy el fútbol es el gran negocio oscuro, que mueve y lava miles de millones de pesos, lleno de mafias y corruptelas donde nadie se atreve a decir nada porque como se dice en el argot futbolero: ‘todos comen de allí’.

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Alcalde Ospina creará empresa mixta que lesionará a Emcali

De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

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El concejal de Cali, Roberto Ortiz, cuestionó el anuncio sobre la creación de una empresa mixta, la cual se denominará ‘Cali Inteligente’.

Lea también: Es urgente una política de seguridad para el distrito de Santiago de Cali

De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

Mira el video y déjanos en los comentarios tu opinión sobre esta video columna de opinión de Roberto Ortiz.

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