Columnas

Una campaña electoral con base a las ideas

Los electores empezamos por escoger el próximo presidente de Colombia que manejará los hilos en los cuatro años ceñidores. Pero tengo una preocupación. No hay propuestas.

Una campaña electoral con base a las ideas
Especial para 90minutos.co

Los electores empezamos por escoger el próximo presidente de Colombia que manejará los hilos en los cuatro años ceñidores. Pero tengo una preocupación. No hay propuestas.

Compartir

En los últimos días hemos estado en una especie de caos respecto a los resultados electorales del pasado 13 de marzo, hecho que se resolverá, pero que no debe desviar la carrera de las próximas elecciones, que determinarán el rumbo de nuestro país.

Los electores empezamos por escoger el próximo presidente de Colombia que manejará los hilos en los cuatro años ceñidores. Pero tengo una preocupación. No hay propuestas.

En los más recientes debates hemos visto qué hay un bajo nivel de proposiciones por parte de cada uno de los candidatos. ¿Qué van a hacer por Colombia? Esa es la gran duda. No ha habido creatividad por los problemas sociales, políticos, ambientales y económicos con los cuales hoy convivimos.

Artículo relacionado

Hemos visto debates que se han basado en ataques personales entre unos y otros y donde no existe una ruta clara de lo que cada uno quisiera hacer en su eventual gobierno.

Hay que hacer un llamado a que, como electores entendamos la importancia de las propuestas y no del populismo. De no esperar a que el candidato, cualquiera que se llame, nos diga lo que queremos escuchar; sino también, un poco de lo que se necesita en puntos claves como lo es la economía, nuestra sociedad, nuestra política y nuestro recursos.

Hoy, tenemos la taza de desempleo más alta debido a todos los hechos que han ocurrido en los últimos dos años con la pandemia y los jóvenes y las mujeres, según cifras del Dane, son los más afectados. Hoy hay pocas oportunidades de trabajo para estos sectores y seguramente serán quienes tengan un voto decisivo en las próximas elecciones, en la instancia que sea, por eso es muy importante que los candidatos presidenciales puedan hablarle a este público que está esperando propuestas contundentes frente a sus necesidades y problemáticas.

Lea también: Ya es hora de Cali Distrito Especial

Seguramente lo que viene pea Colombia en este calendario electoral serán muchos encuentros, foros, debate, donde los candidatos tendrán que proponer, más allá de los personalismos, soluciones que busquen dar herramientas de mejora a las problemáticas de nuestro país y, quisiera hacer un llamado a los electores para no dejarnos llevar por lo que sentimos, si no, hacer una verdadera investigación, que busquemos propuestas, que busquemos planes de gobierno, que busquemos más allá de lo queremos oír, una estructura sólida de candidatos, de sus experiencias y, aún así, podamos entender que en la democracia se debe aprender a respetar los resultados que se dan. Tenemos que aprender a entender la diferencia no como nuestro enemigo, si no como eso diferente a lo que yo pienso y siento, sin ser un enemigo o sin querer destruirlo solo por pensar diferente.

Por último, quisiera recalcar que nuestra democracia es lo más sagrado que debemos proteger, cuidar, llevar a cabo en los procesos participativos de los colombianos. Una democracia que fue construida y fue protegida por la Constitución del 91. Es un objetivo cuidarla.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

Columnas

La danza de los millones

En octubre de 2020, el Concejo de Cali, con la oposición de apenas dos concejales, le aprobó como una aplanadora un cupo de endeudamiento por 650 mil millones de pesos al alcalde sin tener mucha claridad de qué obras o proyectos requerían de esos recursos para financiarse.

La danza de los millones
Especial para 90.minutosco

En octubre de 2020, el Concejo de Cali, con la oposición de apenas dos concejales, le aprobó como una aplanadora un cupo de endeudamiento por 650 mil millones de pesos al alcalde sin tener mucha claridad de qué obras o proyectos requerían de esos recursos para financiarse.

Compartir

En octubre de 2020, el Concejo de Cali, con la oposición de apenas dos concejales, le aprobó como una aplanadora un cupo de endeudamiento por 650 mil millones de pesos al alcalde sin tener mucha claridad de qué obras o proyectos requerían de esos recursos para financiarse. Casi año y medio después, el alcalde Jorge Iván Ospina anunció que 90 mil millones de ese cupo de crédito público iría para recuperar casi 400 kilómetros de la malla vial de la ciudad, en particular vías barriales e internas en mal estado.

En principio, pretendieron hacer este proceso con un convenio con EMCALI, lo cual era cuando menos exótico, porque ponían a una empresa de servicios públicos a recuperar la malla vial. Pero esto no era lo más grave. El asunto giraba en que la Secretaría de Infraestructura y EMCALI hacían un convenio directo, lo que le permitía a la empresa acceder a esos millonarios fondos y subcontratar sin concurso público ni licitaciones a empresas privadas para ejecutar las obras. Inaceptable desde todo punto de vista que 90 mil millones de pesos pudiesen entregarse a dedo a un privado.

En enero de 2022, la Administración, para corregir ese error, anuncia con bombos y platillos que se abriría una convocatoria pública para llevar a cabo la más grande licitación de la historia de Cali. Eso sonaba relativamente bien, más cuando los contratos a dedo han demostrado ser la regla y no la excepción, como lo establece la ley 80 de contratación pública. Y fue así como en mayo de este año se cerró la licitación y se adjudicó un contrato por 86 mil millones de pesos para que una empresa privada ejecute la reposición de la malla vial priorizada.

Desde el principio tuvimos dudas sobre un proceso donde solo se presentaron cuatro proponentes, lo cual es curioso considerando el valor tan atractivo del negocio. Y esas no son inquietudes menores. De los cuatro proponentes, tres fueron rechazados desde la primera etapa del proceso, llegando a la etapa final el proponente con más cuestionamientos que, misteriosamente, no fueron motivo para ser rechazado desde la etapa inicial. Investigando al detalle, encontramos cuatro irregularidades que sigue siendo incomprensible por qué no invalidaron la oferta del ahora contratista ganador del proceso de licitación.

El nuevo contratista, un consorcio de varias empresas, no tenía la documentación al día, está en ley de insolvencia desde el año pasado, tiene deudas por más de 90 mil millones de pesos y, la más preocupante, uno de los integrantes del consorcio tiene investigaciones en la Fiscalía por sobrecostos, por peculado y serios cuestionamientos en el Departamento de Santander, durante la Gobernación de Richard Aguilar.

Las irregularidades de este proceso motivaron que se pidiera a la Contraloría General de la República que viniera a poner los ojos en este caso; sin embargo, no fue posible. Todo porque para que eso ocurriera, había dos opciones: que el alcalde lo solicitara, algo que difícilmente ocurriría teniendo en cuenta que las irregularidades vienen de su propia Administración o que el Concejo diera su autorización. Nosotros optamos por esta segunda vía; sin embargo, la petición no pasó, como era de esperarse. De los 21 concejales, 4 votamos SÍ a que la Contraloría pudiera revisar el proceso, 9 votaron NO y 8 se quedaron en silencio.

Así pues hoy sigue avanzando este contrato y Cali sigue sumergida en las dudosas contrataciones de las danzas de los millones, donde ganan unos pocos y perdemos como ciudad. ¡Hasta cuándo!.

Lee más noticias

Columnas

¡Aquel 19!

Ha costado muchas vidas este triunfo y más que volver a empezar, es un empezar no de nuevo, sino con nuevos presidente y vicepresidenta e ideas. No es socialismo ni comunismo, es humanismo pleno.

¡Aquel 19!
Especial para 90minutos.co

Ha costado muchas vidas este triunfo y más que volver a empezar, es un empezar no de nuevo, sino con nuevos presidente y vicepresidenta e ideas. No es socialismo ni comunismo, es humanismo pleno.

Compartir

En Carta a un niño que nunca nació (1975) la periodista italiana Oriana Fallaci escribió algo que se me incrustó en la memoria juvenil más o menos así: tampoco es fácil ser hombre, por tener barba la gente se reirá si lloras. Pues bien, prepárense para reír porque el domingo 19 de junio lloré como hacía mucho tiempo no lo hacía. Y lloro con frecuencia. Leyendo literatura plena, viendo una película superior, por una vil masacre -como todas-, mirando la pobreza en la calle, en el campo o en un documental, por algún amor furtivo o perdido y hasta poniéndole una encomienda a mi Laurita. Soy de lágrima fácil y la recomendación siempre es ocultarlo. Llorar solo. Escondido. Nunca he podido con eso. La fuerza hidráulica de mis lágrimas es más fuerte que todo. Ya saben, los hombres tenemos fortaleza física y debilidad moral. Pero se me había olvidado el maravilloso enjuague del alma cuando se llora de felicidad, cuando la alegría no cabe en el espíritu y comienza a salirse por los ojos, por esos minúsculos orificios por donde salen a flote los sentimientos cuando se desatan los nudos en la garganta.

El día era trascendental. La mañana fría. Unas primeras compras con mi hermana para un almuerzo por el Día del padre. Todo pago por ella era un buen presagio. Brotaron los primeros asomos. Un breve recorrido por una ciudad que se mostraba extraña, pues respiraba incertidumbre y no caleñidad. Rumores. Hay quienes hacen retumbar los coletazos del estallido social para vender más, incluido el miedo. Mercados gigantescos. Filas en las gasolinerías y en los puestos de votación. El sol aparecía y desaparecía como la esperanza y la desazón. Un voto rápido en el Colegio San Francisco de Asís me devolvió la ilusión. No porque el santo predique saber encontrar en la pobreza la alegría, sino porque en mi mesa nadie ocultó su voto. Todos fueron por Petro y Francia. Sin aspavientos. Sin triunfalismo. Sin alboroto. Tengo 53 años -al borde de los 54- y sufrago en la mesa dos; y las primeras son las de los viejos, dicen. Y así es. Sí, aquí se es viejo desde muy joven. Cosas de esta sociedad premoderna.

Lea también: El cambio con R de REVERSA

Los primeros boletines me arrugaron el alma. Iba ganando el viejito. Sí, el viejito viejito. El viejito rico al que por rico los ricos de verdad y los que se creen ricos o quieren ser ricos de cualquier manera, le perdonan todo. El mismo al que escondieron cuando su ‘mamadera de gallo’ se convirtió en la segunda opción contra toda maquinaria y pronóstico para el tal “Fico”. El ingeniero le iba ganando al economista, al guerrillero de la vendida Revista Semana. Los tres primeros boletines me hicieron creer que la historia volvería a ser la misma. Que 52 años después de haberle robado las elecciones a Gustavo Rojas Pinilla (domingo 19 de abril de 1970) este país no cambiaría. Pero el hombre que cumple años el mismo día que el M-19 comenzó a remontar a partir del quinto boletín, como el movimiento guerrillero que nació el día que Misael Pastrana Borrero fue presidente porque los de siempre arrojaron los votos del viejo Teniente Coronel a la basura, a las alcantarillas, a los ríos y a las quebradas, a cualquier parte con la complicidad de la oscuridad; porque quitaron la energía y el presidente Carlos Lleras Restrepo para evitar un estallido social instauró el toque de queda a partir de las 8:00 pm. Y amaneció vencedor el que en la tarde noche anterior iba perdiendo.

La diferencia crecía lentamente. De a poco. La emoción no me cabía en el pecho. Y pensé en el “gran sancocho nacional” de Jaime Bateman. En la psicología intelectual de Álvaro Fayad. En el “palabra que sí” de Carlos Pizarro y luego del sobreviviente Antonio Navarro. En el llamado a la decisión y participación de los jóvenes que hacía Jaime Garzón. En los médicos Carlos Toledo Plata y Héctor Abad Gómez, en su inteligencia, en su tolerancia y en su medicina social. En la Teología de la liberación que profesaban los curas Camilo Torres y Álvaro Ulcué Chocué. En la oratoria potente de Jorge Eliécer Gaitán y de Luis Carlos Galán que quisieron también el cambio. En José Antequera y los 5.000 asesinatos de miembros de la Unión Patriótica, un partido eliminado física, jurídica y políticamente.  En los hachazos asesinos a Rafael Uribe Uribe por luchar en favor de los trabajadores. En Guadalupe Salcedo y los años sin cuenta. En Alfredo Molano y su mirada infinitamente triste de ver tanta violencia en el revés de la nación. En José Raquel Mercado y el error del Eme, uno de muchos. En Rafael Pardo Buelvas asesinado por su actuación durante el Paro Cívico Nacional de 1977. En el “Acuerdo sobre lo Fundamental” de Álvaro Gómez. En Eduardo Umaña y los profes asesinados. En los defensores de los Derechos Humanos caídos en medio de su lucha humanitaria. En Gloria y Rodrigo Lara, miembros de una familia signada por la violencia trágica. En don Raúl Echavarría Barrientos y en don Guillermo Cano Isaza, hombres del periodismo claro, frentero y valiente. En todos los precandidatos presidenciales muertos a balazos, en Jaime Pardo Leal y en Bernardo Jaramillo Ossa. En todos los muertos del Palacio de Justicia y en los de Armero que los mató la avalancha y la negligencia, en el mismo mes aciago de 1985. En el subregistro de los 6.402 jóvenes presentados como muertos en combate por unos gobiernos indolentes y corruptos. En el millar de líderes y lideresas sociales asesinados en los últimos 50 años de vida republicana y 20 de narcoparamilitarismo. En los indígenas, en los negros y en los campesinos excluidos y marginados. En los excombatientes que creyeron y firmaron la paz. En las personas secuestradas y muertas en cautiverio. En los miles de soldados y policías que han muerto en el cumplimiento de su deber, como carne de cañón en esta guerra entre pobres azuzada y decidida por los poderosos. Pensé en todos los muertos que ha costado este triunfo y lloré...

Le puede interesar: De Nueva York a ‘Cali York’

Lloré como nunca. Como siempre -tal vez-, pero esta vez de felicidad, de alegría, de esperanza y de ilusión. Y por eso cuando Petro fue proclamado como presidente electo de Colombia, en mi libre albedrío pedí prestado al América de Cali -rival de patio del Deportivo Cali-, una canción que asumieron como uno de sus himnos el 19 de diciembre de 1979 cuando ganaron su primera estrella y derrumbaron la maldición de “Garabato”. Aquel 19 de Alberto Amancio Beltrán, un dominicano que también hizo célebres, Aunque me cueste la vida y Volver a empezar. Ha costado muchas vidas este triunfo y más que volver a empezar, es un empezar no de nuevo, sino con nuevos presidente y vicepresidenta e ideas. No es socialismo ni comunismo, es humanismo pleno.

Aquel 19 será

El recuerdo que en mí vivirá

Ese día

Qué feliz

¡Tan feliz!

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

Columnas

El cambio con R de REVERSA

Asegura el hispanista Paul Preston que el buen periodismo es el borrador de la historia, frase que sin el adjetivo “buen” también se le atribuye a Philip Graham, director de Washington Post que a mediados del siglo pasado enamoró a la hija del dueño del periódico y se quedó con la hija y con el diario.

El cambio con R de REVERSA
Especial para 90minutos.co

Asegura el hispanista Paul Preston que el buen periodismo es el borrador de la historia, frase que sin el adjetivo “buen” también se le atribuye a Philip Graham, director de Washington Post que a mediados del siglo pasado enamoró a la hija del dueño del periódico y se quedó con la hija y con el diario.

Compartir

Asegura el hispanista Paul Preston que el buen periodismo es el borrador de la historia, frase que sin el adjetivo “buen” también se le atribuye a Philip Graham, director de Washington Post que a mediados del siglo pasado enamoró a la hija del dueño del periódico y se quedó con la hija y con el diario. Después se suicidó. Era bipolar. Y aquí se asombran porque un periodista oral es el cuñado del presidente y una monita retrechera es la parlante del ‘Fox News colombiano’. Amargas mermeladas de moras semanales. Dado que el buen periodismo en Colombia escasea –pues está lleno de “perros guardianes” para utilizar una parte de la expresión del libro homónimo de Serge Halimi-, podríamos deducir que la historia no deja de escribirse con base en las mentiras. ¡Pura paja!

Y aunque la historia lejana está llena de ejemplos, la reciente en esta campaña es en su mayoría una letrina de excremento informativo. No en vano uno de los candidatos asegura: “Limpiarse el culo con la ley”, dicho popular que sirve de título a una excelente columna del gran jurista Yesid Reyes Alvarado y de coprológico precedente para alguien que aspira a ser presidente, así siga siéndolo sólo de su usurero emporio constructor. Las excepciones de algunos medios alternativos cumplen un higiénico papel. Para ponerle un inicio algo republicano –porque la mentira más grande es el tal “Descubrimiento” y la consecuente “Conquista”, arranquemos con nuestro grito de Independencia el 20 de julio de 1810. Crecimos odiando a don José González Llorente porque no prestó un florero para agasajar a don Antonio Villavicencio. ¡Pura mierda!

Lea también: De Nueva York a ‘Cali York’

Lejos están los hechos de ser una insurrección espontánea, fue un plan previamente dispuesto por los criollos ávidos de poder que, en reuniones sucesivas en casa de José Acevedo y Gómez, y luego en el Observatorio Astronómico cuyo director era el afeminado y arrogante Francisco José de Caldas, urdieron la estrategia para armar el motín. Nada diferente a lo que por estas calendas en las santabárbaras de cada campaña se urde para derrotar al enemigo y se publica en sus propios medios como gran primicia, cuando la filigrana del secreto es que se hace la filtración ilegal para beneficio propio o afectación del contrincante. Nunca se dice quién grabó y menos quién filtró, porque el hecho encierra en sí una mentira: quien no quiere ser descubierto no se graba. ¡Puras maricadas!   

Y mentira también fue hace 212 años que haya sido un florero el de Llorente -fue un adorno de mesa que asemejaba un ramillete- y que haya sido en Bogotá y ese día, pues el primer grito de Independencia, se dio en Cali 17 días antes, el 3 de julio de 1810, cuando 39 caleños firmaron la primera acta de Independencia en la Casa Consistorial, en el lugar que hoy ocupa el Palacio Nacional en la Plaza de Caycedo. No deben asombrarnos hoy los ramilletes de politiqueros acomodando sus fauces para el festín. Y tampoco ese discurso del cambio y la lucha contra la corrupción. Ha sido estandarte de todos en los últimos 200 años. De hecho, en su momento, no hubo una intención de verdadera Independencia de España, sino más bien una maniobra política de los criollos para concentrar cargos públicos. La cuestión, en esencia, no ha cambiado mucho que digamos. La casta de privilegiados no se va a dejar quitar el poder fácilmente. ¡La chimba!  

Le puede interesar: Las Villamizar

Y son más las mentiras de nuestra historia. Recuerdan a Ricaurte en San Mateo que en átomos volando con llamas escribió. Otra mentira. No hubo tal acto heroico de explotar toda la armería para no entregarla a los enemigos. Hoy los medios hacen estallar bombas mediáticas para asustar incautos e ignorantes. La historia en cuestión fue un invento de Simón Bolívar para animar a las tropas. En campaña se apela a los sentimientos y no a la razón. Antonio Ricaurte huyó y fue hallado muerto al lado de una quebrada, con un disparo y un lanzazo en la espalda, como mueren los que huyen. Aquí con dos muertos, Fidel Castro y Hugo Chávez, siguen asustando personas que tienen la madurez política de un viejo verde, atarbán y millonario. O sino ¡Le pegó su tiro hijueputa!  

Pero el Libertador Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios –el hombre más rico de América en su momento- también tiene sus guardados, pues mandaba fusilar con la ligereza propia del tirano y desfloraba mujeres con la misma habilidad con la que cabalgaba. Cuenta la historia oculta, que acusó a Francisco Miranda de traición, cuando el verdadero motivo fueron los celos. Bolívar, a lo sumo buen espadachín, bajito y cetrino, no soportaba la historia de Miranda, veterano de las guerras napoleónicas, de la Independencia Americana, rubio, alto y amante consumado. Hoy se cuestiona su leyenda, su intocable mito fundacional. Los pastusos no olvidan la Navidad Negra que supuso su orden de masacrar a todo opositor. ¡El que tiene plata manda!

Puede leer: Y no hablaron claro

Y una verdad incompleta que tiene mucho de mentira: La versión oficial sobre la ejecución del líder comunero José Antonio Galán, que sería legendaria, sino ignorara la crueldad española: ahorcado y descuartizado, su cabeza se exhibió en Guaduas -hasta ahí nos contaron-, pero no que la mano derecha fue exhibida en El Socorro, la izquierda en San Gil, el pie izquierdo en Mogotes y el derecho en Charalá. Uno de sus descendientes, Luis Carlos Galán Sarmiento, murió asesinado en Soacha. También quería cambiar a Colombia. Siempre dijo que la tarea no se lograba en cuatro años, que se necesitaban 20. Una generación si se comenzaba ya, corría 1989. Nadie lo acusó de comunista, pero lo mató el narcotráfico que luego pondría a su antojo sus presidentes. Y ahora su hijo, Juan Manuel Galán, para no perder sus privilegios adhiere a otro santandereano lenguaraz y repulsivo que insulta la inteligencia porque tiene plata y piensa hacer con el país lo que le dé la gana. Razón tenía Oscar Wilde: La verdad pura y simple rara vez es pura, y nunca es simple. ¿O será la puta gana?

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales: