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El peligroso y oscuro plan de cambiar el objeto social de la EMRU

El gobierno de Ospina es de amiguismos muy selectivos, no solo en su gabinete sino entre sus contratistas y para este fin es que modifica las empresas comerciales del Estado para permitir ampliar su objeto social con el fin de favorecerlos.

El peligroso y oscuro plan de cambiar el objeto social de la EMRU

El gobierno de Ospina es de amiguismos muy selectivos, no solo en su gabinete sino entre sus contratistas y para este fin es que modifica las empresas comerciales del Estado para permitir ampliar su objeto social con el fin de favorecerlos.

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Por: Roberto Ortiz Ureña

Hace trámite en el Concejo de la ciudad un inusual Proyecto de Acuerdo que tiene como propósito cambiar el objeto social de la EMRU para permitir hacer contrataciones que la Administración pública está obligada a hacer por medio de la ley 80 que regula la materia, y esta reforma de la EMRU va a permitir que mediante convenios inter-administrativos, se evada la contratación y se ponga entonces en duda la transparencia en el manejo de los recursos públicos por parte de esta administración.

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Los convenios inter- institucionales permiten que las obras se contraten a dedo, en favor de los amigos, evadiendo las leyes de contratación, favoreciendo solo a unos contratistas preferidos, muchos de ellos que han sido financiadores de las campañas del alcalde. Esto no deja de ser grave por la oscura intención que lleva intrínseca, sino que deja sin oportunidades a muchas empresas que tienen capacidad, e idoneidad de contratar en la ciudad y a organizaciones de jóvenes ingenieros emprendedores que lo único que reclaman es una opción para ejercer su profesión.

El gobierno de Ospina es de amiguismos muy selectivos, no solo en su gabinete sino entre sus contratistas y para este fin es que modifica las empresas comerciales del Estado para permitir ampliar su objeto social con el fin de favorecerlos.

No deja de ser curioso como los cambios que propone en la empresa EMRU, apuntan a que las empresas de su libre elección y su propio agrado, puedan contratar las obras del Plan de Desarrollo que quiere el ejecutivo mediante convenios inter-administrativos como el llamado Edificio Inteligente, las obras en las antiguas instalaciones del Club san Fernando, hacer obras de infraestructura y pavimentación, y también le entrega facultades amplias y omnimodas a la EMRU para que pueda vender propiedades públicas y privadas. Es decir, tiene poderes extraordinarios para hacer y deshacer, burlando las leyes.

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El alcalde con esta propuesta reitera que no le interesa ser transparente mediante la realización de licitaciones abiertas, públicas.

Es una propuesta indecente que muestra su talante sobre lo que siempre ha hecho, es decir que es mediante los cómodos y amañados convenios como se puede beneficiar a los amigos y pagar favores a quienes le han financiado sus actividades políticas, sin control alguno.
Hace poco el objeto social de Emcali fue modificado para blindar la contratación que se hace a voluntad y conveniencia desde la silla principal del CAM.

Los medios de comunicación ya denunciaron la aberración de darle más herramientas y facultades al ente ineficaz llamado Emru y por medio del cual esta Administración pretende burlar los controles y las licitaciones.

Esta práctica es una treta infame, decididamente delincuencial para manipular la contratación, tratando de despejar el camino contra las investigaciones sobrevinientes. Esto en realidad es la legalización escandalosa de lo vergonzoso e ilícito. Faltando así a la ética, la honestidad y la transparencia que deben estar implícitos en todos los actos públicos cuando hay de por medio recursos oficiales.

Como Concejal de Cali, hago la advertencia respectiva y un llamado con aviso de urgencia a la Fiscalía General de la Nación, Procuraduría y Contraloría, a los veedores ciudadanos y a toda la población caleña sobre esta peligrosa maniobra del alcalde Jorge Iván Ospina que ya empezó a hacer curso en el Concejo de nuestra ciudad.

De todo esto dejo constancia sobre las pretensiones de esquivar a los organismos fiscalizadores y de justicia, de parte del actual alcalde de Santiago de Cali, quien siempre ha demostrado un actuar sistemático de querer saltarse la baranda de lo legal, de lo institucional y caer en terrenos que lindan con lo penal.

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El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

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Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

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A pocas horas de concluir el año 2021, resulta inevitable hacer un balance de lo que hemos vivido como ciudad en este tiempo. Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, con el desempleo más alto entre las grandes ciudades del país y con un retroceso de casi 20 años en indicadores de pobreza, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales más fuertes que ha tenido Colombia en años. En un coctel de insatisfacción popular mezclada con grupos violentos que aprovecharon el desorden, Cali vivió una espiral de destrucción de capital social y físico sin precedentes del que aún no nos recuperamos totalmente.

El primer semestre de 2021 nos dejó una ciudad con los homicidios al alza por primera vez en una década, con 680 muertes violentas al 30 de junio. En materia de recuperación del empleo, la ciudad avanzó a menor ritmo que otras capitales como Barranquilla y Medellín y el deterioro de la percepción de la ciudadanía en sus instituciones llegó a niveles preocupantemente bajos, lo que nos debe alertar sobre la necesidad de recuperar la confianza de la gente. Sin ese aspecto, es muy difícil que la gente se sienta parte de una ciudad que avanza y participe del cambio que necesitamos.

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Cali es una ciudad con un inmenso potencial y una gran capacidad de recuperarse. En este segundo semestre, a pesar de duros debates alrededor de hechos que comprometen la credibilidad de las instituciones ante los ciudadanos, hemos podido avanzar. Para noviembre, teníamos la tasa de desempleo más baja desde el inicio de la pandemia y se recuperó el sector nocturno y las industrias culturales. Si bien aún tenemos unos retos gigantes en movilidad y seguridad, por citar dos temas de gran preocupación, resulta fundamental reconocer que en Cali se está intentando recuperar la vida que se llevó la pandemia y es un propósito colectivo.

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La reconstrucción de Cali pasa por algo más que rehabilitar infraestructuras destruidas como la del MIO. En 2022, en conjunto con la sociedad civil, los empresarios y el sector público, se deberán enfrentar retos enormes para la recuperación de la confianza de la gente, cuya pérdida hoy constituye la mayor y más profunda crisis que atravesamos. Ese capital social es clave para la reconstrucción de Cali, para que vuelva el civismo, la cultura ciudadana y las perspectivas dejen de ser sombrías.

Si el año 2021 fue el segundo año en crisis profunda, 2022 debe ser el año de la recuperación. Poner los ojos en el empleo, en detener la espiral de violencia e inseguridad, desarrollar proyectos estratégicos como el tren de cercanías y devolverles credibilidad a las instituciones públicas son objetivos fundamentales sobre los cuales debemos sustentar el avance en la siguiente década. Que esta sea la última Navidad en medio de esta crisis profunda.

¡Feliz Año caleñísimo!

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Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

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Especial para 90minutos.co

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

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Las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, representan cerca del 10% de los colombianos. Se trata de una población que con su trabajo y riqueza cultural ha contribuido a la construcción de lo que hoy somos como país. Sin embargo, en mis recorridos por sus territorios he podido palpar cómo sus gentes padecen el atraso y el abandono, una deuda histórica que estamos obligados a pagar.

Basta con revisar los índices de pobreza multidimensional. Por ejemplo, en el Pacífico, antes de la pandemia, en 2018 este indicador estaba en 11 puntos por encima de la media nacional, una situación que ha sido agravada por la crisis sanitaria. Y vemos casos como en Nariño, donde el promedio superó los 23 puntos.

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Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de esta región, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste. Por ejemplo, se expidió la Ley 70, que busca reconocer a las comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías, pero no se ha reglamentado en su totalidad.

Considero que es necesario que la ley reivindique este derecho a las comunidades organizadas que existen tanto en la zona rural como urbana. La reglamentación de la ley permitiría que las comunidades Narp tuvieran mayor incidencia en los planes de desarrollo y en los instrumentos de planificación existentes en los entes territoriales.

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De otra parte, es importante materializar políticas de desarrollo económico y social de largo plazo las cuales deben garantizar la participación de las comunidades en la toma de decisiones. Además, en estas iniciativas la bioeconomía y el ecoturismo deben tener un papel preponderante. También, es necesario incentivar mercados ágiles y funcionales, aprovechando la ubicación geográfica estratégica para atraer inversión internacional, y desarrollar una planificación con enfoque étnico, que impacte positivamente a las comunidades al identificar las subregiones y sus diferentes vocaciones productivas.

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Otro reto fundamental es la salud, cuya problemática se puede resumir en la falta de centros de atención, talento humano insuficiente y escasos recursos para el transporte de los enfermos de las zonas rurales, entre otros factores.

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Para mitigar esta situación es urgente desarrollar un modelo de atención primaria integral en salud con enfoque etnocultural. También, reforzar el Plan Decenal de Salud Pública, que desarrolle una red integral e integrada en salud, que vaya desde la promoción y prevención, hasta la rehabilitación del paciente y además, estimular económica y académicamente a los profesionales de la salud para que laboren en estos territorios.

Pero no podemos olvidar que la violencia generalizada en el Litoral es un factor que frena muchas iniciativas sociales y económicas. Por eso es importante propender por una cultura política de paz, que garantice los derechos humanos, el desarrollo y el fin de la pobreza extrema. Para lograrlo se necesita la presencia integral del Estado. Esto debe ir de la mano con el desarrollo de oportunidades para la población. Finalmente, se debe fortalecer jurídicamente al Sistema Nacional de Atención y Reparación a las Víctimas, con una mayor articulación entre las entidades nacionales y territoriales encargadas de hacer efectivo el goce de derechos de las víctimas del conflicto armado.

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Apoyar el desarrollo de las comunidades afro, ha sido uno de mis mayores compromisos. Así lo demostré en mi labor como gobernadora del Valle del Cauca, en donde fuimos el único departamento de Colombia que construyó un capítulo étnico - afro en el marco del plan de desarrollo, además creamos el Plan Decenal, una política pública para la población afro. También, a través de la Universidad del Valle se aumentaron los cupos para el acceso de esta población en la educación superior, del 4 al 8%, y creamos el canal de televisión Orígenes, dirigido a las comunidades étnicas, entre otros logros.

Es necesario que desde el país también exista un mayor reconocimiento, respeto y transparencia en el desarrollo de políticas en favor de las comunidades afro de nuestro Pacífico. Esto es posible a través de un liderazgo colectivo, que nos permita tomar decisiones firmes pese a las dificultades y así podamos crear caminos para la construcción de un país más equitativo, más justo, con más inversión, crecimiento y oportunidades para todos.

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Feliz Navidad y ¿feliz año?

Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

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Especial para 90minutos.co

Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

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Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

Muchos en esta época navideña sienten la presión familiar, la felicidad abrumante de redes sociales, las preguntas incómodas de los encuentros con amigos y la culpa por no poder comprar un regalo o por comprar de más, convirtiendo estas fiestas en una verdadera tortura. Sin embargo muchos otros han entendido el verdadero valor de estar aquí y ven como un regalo de la vida poder compartir con quienes aman.

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El 2021, fue un año diferente, para agradecer estar aquí y honrar a los que ya no nos acompañan pero que también nos volvió vulnerables, que nos enseñó que los planes cambian pero que poco a poco todo pasa y aunque cada día haya situaciones nuevas por superar existen miles de motivos más por los cuales agradecer.

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Poder aceptar que fue un año difícil y retador, también es un logro, haber aprendido a aceptar sus emociones, validarlas y tener la oportunidad de buscar que el próximo sea distinto. No se sienta culpable si lo que más desea como regalo de navidad es que este 2021 se vaya, es tanto el discurso de positivismo que nos han vendido que a veces ocultamos nuestros verdaderos deseos solo para encajar, pero yo si deseo con ansias que llegue un nuevo año porque aunque se lea un poco cliché, el finalizar un año es la oportunidad perfecta para hacer un Detox emocional y abrirse a 365 días nuevos llenos de oportunidades.

Recuerde que puede cambiar un año pero la decisión de cambiar su vida solo depende de usted.

@melihinestrosa

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