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¡Nos creen pendejos!

La inseguridad en Cali llegó a niveles tan dramáticos, que ni la renuncia del secretario de Gobierno, Carlos Rojas, desactivará el problema. ¿Por qué?

¡Nos creen pendejos!

La inseguridad en Cali llegó a niveles tan dramáticos, que ni la renuncia del secretario de Gobierno, Carlos Rojas, desactivará el problema. ¿Por qué?

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En lo único que coincidimos críticos y amigos del alcalde Jorge Iván Ospina, es que llegó el momento de un timonazo en materia de seguridad y que una primera señal frente a esa realidad, es la cabeza de su secretario de Gobierno, Carlos Rojas.

Lo lamentable para el alcalde y para la ciudad, es que ese ´fusible´ quemado ya no le bastará para desactivar la bomba social en la que permitió se convirtiera el fenómeno de inseguridad en la capital del Valle. Como quien dice, el daño ya está hecho y es muy tarde la reacción.

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Primero, porque el alcalde y su combo dejaron crecer a la criatura con todos sus males y rebeldías. De hurtos callejeros, fronteras invisibles y extorsiones a tenderos o vendedores ambulantes en unos cuantos sectores, pasamos a la mutación de la corrosión criminal a toda la ciudad. Ellos, claro, ni siquiera se enteraron y tampoco se inmutaron.

Paso a paso, los caleños presenciamos sin espabilar, la manera como los bandidos se adueñaron de zonas y barrios antes intocables para el crimen. Un concejal atracado en el oeste, delincuentes que ingresan a restaurantes o almacenes del norte; paseos millonarios a domicilio en el sur y hasta intentos de violación, hurtos y homicidios en zonas de esparcimiento o deporte como en el parque del Ingenio, y el reciente asesinato de un joven en el cerro de Las Tres Cruces.

Ninguno de esos casos había impresionado al alcalde y su combo. Solo cuando vieron y padecieron en redes sociales que la gente está mamada y no aguanta más, nuestro gobernante local salió con una propuesta aún más diciente de su incompetencia: pagarle a otros para que nos cuiden. Especialmente cuando lo más urgente y lo más necesario lo tienen que hacer es ellos mismos desde el CAM: mantener la inversión, usar la plata que hay, priorizar la seguridad y poner funcionarios competenetes.

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Pero en este planeta, mientras el alcalde y su combo se hacían los locos persiguiendo fiestas clandestinas, ambulantes y comerciantes que agonizan en medio de las restricciones, la plata de la seguridad siguió calentándose debajo del colchón. Y así seguimos, con bandidos envalentonados por todos lados y ciudadanos indignados, dispuestos a lo que sea por defenderse.

Lo he repetido en todos los escenarios posibles, los únicos con una capacidad envidiable para reinventarse en medio de esta pandemia, fueron los delincuentes. Ellos son los mejores emprendedores y con un olfato tan agudo, que se anticipan a cualquier forma productiva de ingresos, ya sea matando, secuestrando, traficando, robando, violando, extorsionando. Así ahora Cali se les convirtió en la sucursal del crimen que tanto soñaban. Ya movieron sus fronteras y mutaron su accionar. Para la muestra un botón: El doloroso crimen del joven deportista Felipe Tobón, quien perdió la vida en el cerro de Las Tres Cruces, intentando defender a su novia que era atacada por varios hombres que querían robarla y tal vez violarla.

En ese caso todos aplaudimos la reacción de las autoridades que rápidamente ya han capturado a tres de los cuatro presuntos asesinos. Pero también es triste recordar los antecedentes de ese horrendo episodio: sucedió un domingo en el que casi toda la ciudad estaba confinada, menos los criminales. Así nos pasa siempre porque los únicos que respetamos la ley y a los que nos aplica el fuete es a los ciudadanos de bien.

También aplaudo que se reaccionara con propuestas desde varias orillas políticas, cívicas, gremiales; si bien muchas de ellas son más fruto de la sensibilidad y el dolor genuino por lo sucedido con el joven Tobón y su novia, la mayoría de esas ideas que surgieron incluso desde el concejo de la ciudad, son pañitos de agua tibia.

No nos digamos mentiras, quienes tienen el poder y la capacidad de reaccionar con propuestas serias y efectivas, se están haciendo los pendejos y de paso se comieron el cuentico de que nosotros también.

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Golpe a la democracia

Las suspensiones de los alcaldes de Ibagué y de Medellín son un golpe a la democracia, a la voluntad popular y a la constitución política.

Golpe a la democracia
Especial para 90minutos.co

Las suspensiones de los alcaldes de Ibagué y de Medellín son un golpe a la democracia, a la voluntad popular y a la constitución política.

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Las suspensiones de los alcaldes de Ibagué y de Medellín son un golpe a la democracia, a la voluntad popular, pero, sobre todo, a nuestra constitución política. El estado de derecho tiene unos principios que han sido violentados por parte de la decisión de la suspensión de la procuradora, Margarita Cabello.

La participación en política de los funcionarios públicos es un delito, por tal motivo, la Procuradora debía buscar la manera de que; si en sus investigaciones existiesen pruebas contundentes y sin ningún manto de duda que estos dos funcionarios de primer cargo municipales estaban ejerciendo labores que no estaban dentro de sus funciones; debía generar era una investigación penal para que fuese la Fiscalía General de la Nación y los jueces de la República quienes determinaran las sanciones para estos.

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Todo esto con base a la reiterada jurisprudencia y los precedentes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; frente a que la Procuraduría General de la Nación no tiene la capacidad de sancionar a los funcionarios públicos elegidos por voto popular, es decir; la procuradora Margarita Cabello equivoca el trámite y sobrepasa su competencia como Procuradora General de la Nación.

Tampoco podemos decir que fue equilibrada la sanción para estos dos alcaldes. Por las razones conocidas en los últimos días, tanto funcionarios públicos como altos funcionarios, y hasta miembros de las fuerzas militares; participaron abiertamente en política, según el mismo rasero que está usando la Procuradora; también tenían que ser sujetos de sanciones para que primara uno de los derechos de todos los colombianos; que es el derecho a la igualdad, siendo incluso, igual de inapropiado e incompetente para tal formal.

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Sin embargo, su decisión da indicios de que lo que le quieren hacer al alcalde Quintero es, a través de cualquier medio, sacarlo del camino político, que; a todas luces, ha generado un apoyo masivo tanto en plazas, como en la opinión pública.

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Es hora entonces de defender la democracia, de defender a la constitución, de defender la ley y decirle a Margarita Cabello que se ha equivocado; y que a través de los medios legales y a través de la independencia de los jueces de la república, en los cuales confiamos; se reversará la decisión y el alcalde de Medellín y de Ibagué volverán a sus funciones como lo dictaminaron sus municipios, la ciudadanía y, sobretodo; con la claridad de que no fue una decisión en derecho y tampoco en justicia.

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¡Intervención urbana con cerámica en las escaleras de La Estrella de Siloé!

Siloé es uno de los escenarios donde todo esto es posible, particularmente en La Estrella, que ya tiene recorrido con escaleras y un mirador privilegiado hacia la mayor parte de Cali.

¡Intervención urbana con cerámica en las escaleras de La Estrella de Siloé!
Especial para 90minutos.co

Siloé es uno de los escenarios donde todo esto es posible, particularmente en La Estrella, que ya tiene recorrido con escaleras y un mirador privilegiado hacia la mayor parte de Cali.

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Los desarrollos populares están a la altura de los grandes monumentos como destinos turísticos. Con el respaldo de intervenciones urbanísticas, sensibles con los contextos y las historias, podemos hacer que haya nuevas paradas obligadas para el turista, distintas a las de siempre.

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El ejemplo principal es la Comuna 13 de Medellín, que cuenta con un recorrido institucionalizado a través de los grafitis, con espacio para hacer deporte, con espectáculos musicales y de otras artes. Los recorridos no solo activan la economía del sector, sino que dignifican a quienes han empezado a participar. Los ojos del mundo están en estos lugares, y sus habitantes saben que hacen parte del resto del mundo.

Otro excelente ejemplo son las escaleras de Selarón, que toman su nombre del artista chileno Jorge Selarón. Esto queda en Lapa, un sector vibrante de Río de Janeiro, y se ha convertido en un ícono mundial, no solo a nivel turístico sino por el uso creativo y total de la cerámica. La obra está en constante transformación desde 1990 y es una foto obligada para los visitantes. Esta intervención urbanística a partir del arte es un argumento más para disfrutar de la historia y para visitar la ciudad.

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La inversión en hacer que sea bonito, seguro y tenga espacios de recreo es muy poca comparado a lo que podemos obtener en una ciudad como Cali. Siloé es uno de los escenarios donde todo esto es posible, particularmente en La Estrella, que ya tiene recorrido con escaleras y un mirador privilegiado hacia la mayor parte de Cali.

Conozcamos un poco de la historia de las escaleras. Desde inicios del siglo XX, los pobladores del sector levantaron sus casas con cartón, guadua, bahareque. El barrio creció de manera espontánea y comunitaria, y para toda la ciudad era un pesebre a la distancia. El profesor Alberto Marulanda Palacios fue el que tomó esta idea y propuso rematarla con la instalación de un lucero.

Le tomó 10 años reunir el dinero para construir un pentágono de guadua y gestionar su instalación en aquel tanque de las entonces Empresas Públicas de Cali. Aunque se opuso inicialmente, el gerente Julio Mendoza Durán prestó el tanque, contribuyó con una estructura metálica más resistente y alimentó el lucero con el alumbrado público. En diciembre de 1973 fue inaugurada, y se empezó a ver desde cualquier parte de la ciudad, cada que Cali encendía su alumbrado público. Desde entonces, el único gran cambio para la estrella ocurrió en 2007, cuando pasó a tener 16 puntas y veinte metros de altura.

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Tenemos todos los ingredientes para que una intervención urbana con cerámica en las escaleras de La Estrella se convierta en un ícono mundial también, del que podemos estar orgullosos los caleños. Como el Park Güell, o como en la antigua Mesopotamia. Con diseños alusivos al barrio, a la música. Con más decoración en el tanque que queda al lado de la estrella. Imaginemos que las escaleras se convierten en un nodo para que artistas de todo tipo exploren su arte y lo ejecuten. Un lienzo en blanco, con la ciudad de fondo. Otra parada obligada en Colombia y en Suramérica. Y si puede ocurrir en Siloé también podría ocurrir en otras partes de las comunas 1, 20 y 18.

La colaboración de los colectivos en los barrios de ladera harían que unas futuras intervenciones urbanísticas no partan desde cero. Ellos ya aman a su barrio, lo conocen y ya están apostando por su potencial. Solo se requiere invertir en una experiencia cómoda y segura, y en masificarla.

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Por una Cali de talla internacional

Hace poco los Panamericanos Juniors nos pusieron en la órbita mundial; no cabe discusión, tenemos con qué ser una talla internacional.

Por una Cali de talla internacional
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Hace poco los Panamericanos Juniors nos pusieron en la órbita mundial; no cabe discusión, tenemos con qué ser una talla internacional.

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Sin duda, en Cali hemos estado acostumbrado, durante décadas, a recibir artistas de talla mundial, eventos deportivos y culturales, que dejan en alto nuestro nombre ante el mundo. Hace poco los Panamericanos Juniors nos pusieron en la órbita mundial; no cabe discusión, tenemos con qué ser una talla internacional.

Sin embargo, en los últimos días y tras el concierto de Maluma en Medellín, el cual desbordó las expectativas de sus asistentes, medios de comunicación y conocedores culturales, nos preguntamos si en Cali estamos en esa misma capacidad.

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Y la verdad creería que la respuesta se encuentra rápidamente. Sí, nuestra capital sí cuenta con los escenarios disponibles para atender la necesidad de un evento de esa magnitud. Sí, Cali sí cuenta con una capacidad hotelera que permita el arribo de miles de personas. Sí, Cali cuenta con una infraestructura cultural y social que permite la diversión de muchos en los días previos y posteriores a los eventos.

Entonces, ¿por qué no lo hemos vuelto a tener? Nos hemos acostumbrado a que la Feria de Cali sea nuestro gran evento cultural. El Petronio Álvarez representa la cultura de nuestro pacífico y también es un atractivo. A eso, sumarle el Festival Mundial de Salsa empieza a volverse paisaje.

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Quizá, para algunos, los temas de orden público puedan parecer piedras en el zapato que impida la llegada masiva de turistas y nacionales para un evento de este tipo. Pero no lo es. De serlo, en los próximos meses no tendríamos un Campeonato Mundial de Atletismo donde recibiremos más de 3 mil atletas de todo el mundo.

Entonces, ¿Por qué no nos unimos como dirigentes, jóvenes, caleños, amigos, empresarios, a traer un evento que vuelva a vislumbrar a Cali ante el mundo? Ahí es donde creo que no tenemos una ventaja ante ciudades como Medellín y, quizá, la misma Barranquilla. Nos hace falta unirnos más como ciudad.

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Los problemas sociales de los últimos años si algo han evidenciado en Cali es la gran ruptura que tenemos como pueblo. Las distancias emocionales que generan las estratificaciones y la poca capacidad de resiliencia que existen en algunos sectores, provocan que nuestros eventos sean para determinadas poblaciones y no para todo un colectivo.

Sí, Santiago de Cali sí tiene cómo ejecutar proyectos que permitan la realización de eventos de mucha más altura que lo vivido el pasado fin de semana en Antioquia, pero hay que hacer un llamado a la colectividad y no a la particularidad.

Somos la capital mundial de la salsa. Somos calor, calentura, brillo, armonía y sabor y eso debe ser nuestro denominador común para poder presentarle al mundo una carta distinta a la hoy acostumbrada por los medios de comunicación. Está en nuestras manos que volvamos a subir de talla y que el mundo baile a nuestro ritmo.

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