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Niña llorona

Hoy un amigo me dijo “Cali fue pensado para ser un pueblito apacible”. Ese pueblito se nos salió de las manos hace siglos ya.

Niña llorona

Hoy un amigo me dijo “Cali fue pensado para ser un pueblito apacible”. Ese pueblito se nos salió de las manos hace siglos ya.

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No es un secreto que estamos pasando las duras y las maduras a causa de la temporada invernal. Tampoco es un secreto que esto sucede cada tanto y que al parecer la gente no tiene memoria: siempre pasa lo mismo. El calentamiento global es una realidad que muchos siguen queriendo tapar con pañitos de agua tibia, y las cosas solo tienden a ponerse peores con el paso del tiempo.

Por estos días, la sección de “recuerdos” de mi Facebook se parece mucho a la sección de titulares de cualquier noticiero actual: Vendavales “sin precedentes” –que sí los tienen-. Inundaciones que afectan toda la ciudad. Caídas de árboles. Calles intransitables. Ríos que se salen del cauce. El creciente temor de que el jarillón del río Cauca se desborde y ocasione una catástrofe que afectaría al 90% de la ciudad.

Y eso ha sucedido más o menos cada dos años, cuando el fenómeno de la Niña nos ataca con toda su fuerza. Esa Niña siempre llega muy llorona. Y nos encuentra siempre “sin una cajita de pañuelos” para solucionarle el llanto.

La cultura ciudadana es un ítem olvidado a través de los años. La Urbanidad enseñaba que tirar un papel (no se hable de un colchón, por mencionar otros elementos absurdos) a la calle era como tirarlo en la sala de la casa. Pero la Urbanidad dejó de ser una materia en el pensum escolar hace más de 20 años. Ahora resulta absurdamente vergonzoso ver todo el material de desecho que el personal de Cali Limpia saca de las alcantarillas. Como dirían los abuelos: “Estamos viviendo en un chiquero”.

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En el libro de Urbanidad también se hablaba de lo incorrecto que era mentir, hacer trampas y apropiarse de lo ajeno. Infortunadamente hemos tenido que lidiar con la corrupción de muchos gobiernos durante años. Gobiernos que han malversado los recursos de la ciudad para beneficio propio o de terceros favorecidos, en detrimento del desarrollo de la ciudad. No estoy descubriendo el agua tibia: ese es un secreto a gritos. Y no es un mal municipal. Me atrevería a decir que es mundial.

Hoy un amigo me dijo “Cali fue pensado para ser un pueblito apacible”. Ese pueblito se nos salió de las manos hace siglos ya.

Ahora mismo, no me cabe en la cabeza cómo con la cantidad de impuestos que se cobran casi hasta por respirar, no alcanza el presupuesto para preparar a la ciudad para todo tipo de calamidades. (Hablemos solo de esta ciudad, porque si en Cali llueve, en otras ciudades no escampa). No sé si mi cabeza será muy pequeña, pero tampoco me cabe que se piense primero en obras de carácter estético, en vez de invertir en infraestructura. En este momento, se me hace un descalabro absoluto por ejemplo invertir en la recuperación y embellecimiento de espacio público, mientras media ciudad se está ahogando y las laderas se están desmoronando.

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Yo, –no se el resto del mundo, pero yo- por lo menos prefiero unas buenas alcantarillas que no permitan que las calles se conviertan en ríos, antes que ver florecitas en los andenes. Yo prefiero un buen mantenimiento de los árboles grandes de nuestra ciudad para que no se caigan sobre las casas (por estos días el DAGMA ha tenido que retirar varios), que prevenga que dichos árboles caigan debido a la fuerza de los vientos, que ver unos andenes de adoquín. Yo prefiero que la gente que vive en lugares en situación de riesgo no tenga que vivir en el pánico de que la calle frente a su casa se convierta en un río embravecido a altas horas de la madrugada, en vez de ver unos carros llenos de luces bajo el nombre de “alumbrado móvil”. Ah… pero eso soy yo. No sé los demás.

A mi modo de ver, nos faltan tres cosas: Cultura ciudadana. Infraestructura. Mantenimiento.

Aparte, hoy en día tiene uno que empezar a pensar en alternativas de locomoción. En verano, para muchos se hicieron necesarias las motos, porque no hay suficientes calles para transitar y llegar a tiempo a destinos varios. ¡Vías! Eso también me parece muchísimo más importante que poner bonita la ciudad: tener por dónde transitar.

Y por estos días de invierno extremo, no suena ni tan mala idea comprar un jetski. Porque como va la cosa… esto de la niña llorona tiende a ser largo, tendido y templado.

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Las Villamizar

Las Villamizar son televisión de alta calidad; y llegaron en el peor momento de las audiencias nacionales, adiestradas y condenadas como una manada de puercos a consumir la aguamasa que arrojan los canales nacionales.

Las Villamizar
Especial para 90minutos.co

Las Villamizar son televisión de alta calidad; y llegaron en el peor momento de las audiencias nacionales, adiestradas y condenadas como una manada de puercos a consumir la aguamasa que arrojan los canales nacionales.

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Podrían estar inspiradas en las Ibáñez, pero éstas estaban muy ocupadas en el siglo XIX procreando la ralea de hijodeputas que nos iban a gobernar en los próximos 200 años. No en vano uno de sus descendientes, Antonio Caballero, aseguró que Nicolasa y Bernardina eran unas adelantadas a su tiempo: eran putísimas. Podrían las tres hermanas de la ficción que intentaré reseñar, recoger algo de Antonia Santos y Policarpa Salavarrieta, condenadas la primera a parir los tatarabuelos de Pachito Santos y otras hierbas; y la segunda, a rebautizar como Pola a la bebida nacional que se chupa más que la leche. Algo han de tener también de la Cacica Gaitana, por lo combativas. Otro tanto de la India Catalina, por sus bellas formas. Y hasta de las Hinojosa, inmortalizadas por dos que ya parecen inmortales: Amparo Grisales y Margarita Rosa de Francisco. Lo único cierto es que Las Villamizar es de lejos lo mejor que se ha hecho en la televisión colombiana desde el Dr. Mata en cuestiones de época.

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En términos de dirección, casting, guion, escenografía, ambientación, música, vestuario, actuación, montaje y hasta efectos especiales, Las Villamizar son televisión de alta calidad; y llegaron en el peor momento de las audiencias nacionales, adiestradas y condenadas como una manada de puercos a consumir la aguamasa que arrojan los canales nacionales. Porque las excepciones son contadas y ocurre lo mismo con la mayoría de canales regionales, donde por suerte sobresale Telepacífico con magníficas producciones y ese más de lo mismo con estructuras y recetas televisivas repetidas y obsoletas que obligan los intereses comerciales y politiqueros. El horario de Las Villamizar es perverso y tal vez sea esa la razón principal para que no haya marcado lo que se merece en el pódium tirano del dios rating. Pero estamos al frente de una producción de televisión con visos del lenguaje cinematográfico y con unos estándares de calidad que seguro la pondrán en breve en cualquier de las plataformas internacionales del entretenimiento.

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Motivadas y entrenadas por su padre las tres hermanas buscan hacer justicia por la muerte de su madre a manos de un militar español de alto rango y se convierten en espías del Ejército Libertador. Pero en medio de intrigas y suspenso, dramas y mucho sexo, traiciones y estrategias, corpiños y calzonarias, tabaco y aguardiente, mercados y palacetes, esclavos y sirvientes, soldados y patriotas, torturas y asesinatos, maltrato femenino y machismo patriarcal, tradiciones y un lenguaje verbal traído a nuestros tiempos, Carolina, Leonor e Isabela comienzan a surcar los linderos de la prudencia en la búsqueda de justicia y traspasan las fronteras de la venganza. Sin duda son adelantadas a su época (no en el nivel de la Ibáñez), pues la serie ambientada en el siglo XIX, dista de la historia goda y mojigata que nos ha vendido la tradicionalista historia oficial. Urden maniobras insurgentes, demuestran pericia en las artes de la fina coquetería y los placeres amatorios, ese nodo entre cama y poder que, aunque se esboza, se desdeña cuando se tratar de revisar de frente la historia y hablar de lo que ha supuesto en el devenir de los pueblos, las curvas y puntas de las tormentosas carreras de la diplomacia. Y maneja con altura el amor lésbico y el oculto homosexualismo masculino.

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Los historiadores ortodoxos deben estar flagelándose como el pusilánime y lameculos don Manuel Albarracín, cuando en realidad su visión es más cercana a la del malvado y cruel José María Montenegro, que toda su ambición carnal y financiera la disfraza y justifica con la lealtad al Rey y a la Corona. Tiene más ética el elegante ladrón y asesino a sueldo Federico Bravo Cuéllar –inspirado asumo en don Alejandro de la Vega de Antonio Banderas- que el cura, el oidor o cualquiera de los militares. Y mucho más las negras en apariencia esclavizadas que acompañan a las tres jóvenes. Y por eso Las Villamizar han logrado calar en la teleaudiencia, porque controvierte y desnuda una historiografía que -como las damas y caballeros de la época bajo sus ropajes y dobleces morales-, oculta la condición humana que las televisiones independientes del mundo comenzaron a destapar hace rato.

Ahora bien, aunque sea ficción televisiva no se puede trabajar la historia de Colombia sin detenerse en la triada étnica conformada por lo indígena, lo europeo y lo africano, ese sincretismo cultural es parte de lo que somos, porque fuimos lo que fuimos, resultado de una mixtura inexorable. Nada escapa a ese influjo. Y nada es absolutamente nada. Y ese tal vez sea el talón de Aquiles de la serie, que invisibiliza a los indígenas y los vuelve paisaje en el mercado o en las revueltas de las plazas. Sólo ambientación y escenografía. Porque sin duda los otros grupos están bien construidos e inmersos en la dinámica de la trama de la época que dibuja la serie. Los rebeldes fueron hijos de españoles, criollos y mestizos adinerados que lucharon por le poder para ellos y que se valieron de algunos ideales para convocar indígenas y negros que al final no aparecieron en la foto de la historia, que solo levantó estatuas a próceres de a caballo.

Vale la pena ver Las Villamizar. Se deja ver sabroso. Está bien hecha. Es grata para la vista y para el odio, un buen plato audiovisual. También para al espíritu. Claro, echa mano de estrategias de todo tipo para enganchar audiencia, pero no por ello abandona la televisión que se piensa más allá del simple entreteniendo. Tiene esa destreza narrativa de propinarle golpes al televidente con sus puntos de giro y las sorpresas que no sabe cómo se resolverán, pero para lo que no hay que esperar ni un día, ni un mes, ni un año, como en la típica e insulsa telenovela.

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La verdadera Bichota

Karol G también rompe con estereotipos de belleza y genera un sentimiento de respeto talento profundo en cada una de sus canciones y sus espacios.

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El pasado sábado 14 de mayo, en el estadio Pascual Guerrero, más de 38.000 asistentes tuvimos la oportunidad de presenciar un espectáculo de talla mundial. Karol G, una joven antioqueña nos hizo vibrar con su música, su ritmo, provocando emociones profundas que me motivaron a escribir sobre el concepto de empoderamiento femenino.

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Karol G es en este momento un icono del reggaetón. Un género que lleva más de 20 años y se ha convertido, sin duda alguna, en un referente de las mujeres por lo que representa. Una mujer que se abrió paso en uno de los ritmos que se ha considerado misógino y que su contenido ha provocado innumerables polémicas por la dignidad e integridad femenina.

Sin embargo, a punta de determinación, disciplina, coherencia y, sobre todo, empoderamiento, ha logrado establecer un patrón de reflejo y admiración en Colombia principalmente.

Karol G también rompe con estereotipos de belleza y genera un sentimiento de respeto talento profundo en cada una de sus canciones y sus espacios.

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El concierto del sábado fue una demostración de liderazgo y de que las mujeres son en diferentes espacios mucho mejor que los hombres y que conforme a lo que significa Karol G van a seguir saliendo nuevas “bichotas”.

No solamente su liderazgo como cantante y artista, sino, su rol como líder ha generado esta admiración por mujeres y hombres. Los que lo vimos dicho evento, fuimos testigos de que una banda con 5 mujeres tocando instrumentos en vivo y haciendo cantar a miles de personas en el estadio sanfernandino que, por cierto, es la primera vez que llena por una sola mujer, siendo ella, la protagonista de la historia.

Y es que el show no se quedó corto; su banda y sus bailarinas me generaron una profunda admiración, pero, también, entendí cuál es el rol de la mujer hoy día en todos los ámbitos, siendo capaces de liderar, generar contenido y poder seguir inspirando por su fuerza y determinación. Gracias Karol G por mostrarnos quién es la verdadera “bichota” e inspirar a muchas más a conseguir lo que tanto han soñado.

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Golpe a la democracia

Las suspensiones de los alcaldes de Ibagué y de Medellín son un golpe a la democracia, a la voluntad popular y a la constitución política.

Golpe a la democracia
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Las suspensiones de los alcaldes de Ibagué y de Medellín son un golpe a la democracia, a la voluntad popular y a la constitución política.

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Las suspensiones de los alcaldes de Ibagué y de Medellín son un golpe a la democracia, a la voluntad popular, pero, sobre todo, a nuestra constitución política. El estado de derecho tiene unos principios que han sido violentados por parte de la decisión de la suspensión de la procuradora, Margarita Cabello.

La participación en política de los funcionarios públicos es un delito, por tal motivo, la Procuradora debía buscar la manera de que; si en sus investigaciones existiesen pruebas contundentes y sin ningún manto de duda que estos dos funcionarios de primer cargo municipales estaban ejerciendo labores que no estaban dentro de sus funciones; debía generar era una investigación penal para que fuese la Fiscalía General de la Nación y los jueces de la República quienes determinaran las sanciones para estos.

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Todo esto con base a la reiterada jurisprudencia y los precedentes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; frente a que la Procuraduría General de la Nación no tiene la capacidad de sancionar a los funcionarios públicos elegidos por voto popular, es decir; la procuradora Margarita Cabello equivoca el trámite y sobrepasa su competencia como Procuradora General de la Nación.

Tampoco podemos decir que fue equilibrada la sanción para estos dos alcaldes. Por las razones conocidas en los últimos días, tanto funcionarios públicos como altos funcionarios, y hasta miembros de las fuerzas militares; participaron abiertamente en política, según el mismo rasero que está usando la Procuradora; también tenían que ser sujetos de sanciones para que primara uno de los derechos de todos los colombianos; que es el derecho a la igualdad, siendo incluso, igual de inapropiado e incompetente para tal formal.

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Sin embargo, su decisión da indicios de que lo que le quieren hacer al alcalde Quintero es, a través de cualquier medio, sacarlo del camino político, que; a todas luces, ha generado un apoyo masivo tanto en plazas, como en la opinión pública.

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Es hora entonces de defender la democracia, de defender a la constitución, de defender la ley y decirle a Margarita Cabello que se ha equivocado; y que a través de los medios legales y a través de la independencia de los jueces de la república, en los cuales confiamos; se reversará la decisión y el alcalde de Medellín y de Ibagué volverán a sus funciones como lo dictaminaron sus municipios, la ciudadanía y, sobretodo; con la claridad de que no fue una decisión en derecho y tampoco en justicia.

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