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¿La Alcaldía funciona “a las malas”?

Con vías de hecho y “a las malas”.  Así parece que funcionara todo en esta Administración Municipal. Tomas de iglesias, de apartamentos, enfrentamientos con la Fuerza Pública en el jarillón, protestas y ‘pataletas’ han hecho que en los últimos meses la Alcaldía de Cali ceda ante las pretensiones de sus protagonistas. Primero, la toma de […]

¿La Alcaldía funciona “a las malas”?

Con vías de hecho y “a las malas”.  Así parece que funcionara todo en esta Administración Municipal. Tomas de iglesias, de apartamentos, enfrentamientos con la Fuerza Pública en el jarillón, protestas y ‘pataletas’ han hecho que en los últimos meses la Alcaldía de Cali ceda ante las pretensiones de sus protagonistas. Primero, la toma de […]

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Con vías de hecho y “a las malas”.  Así parece que funcionara todo en esta Administración Municipal. Tomas de iglesias, de apartamentos, enfrentamientos con la Fuerza Pública en el jarillón, protestas y ‘pataletas’ han hecho que en los últimos meses la Alcaldía de Cali ceda ante las pretensiones de sus protagonistas.

Primero, la toma de la Catedral de San Pedro. Durante 24 días, los transportadores y conductores de la Coomoepal estuvieron en el Templo exigiendo no ser sacados de las calles, que les quitaran los operativos y que les dieran una solución laboral. La Alcaldía fue reacia al inicio, pero la presión mediática, de la Arquidiócesis y la de los feligreses quienes pedían a gritos entrar y celebrar sus eucaristías, hicieron que se sentaran a dialogar y llegaran a un acuerdo temporal, que hubiera podido lograrse hace mucho tiempo.

Luego 105 familias del antiguo sector Brisas de un Nuevo Amanecer durmieron a las afueras de la Secretaría de Vivienda pues habían estado esperando durante cuatro años una casa y nada. Tampoco les pararon bolas, entonces se tomaron un edificio de la Urbanización Río Cauca y amenazaron con no salir de ahí ¿El resultado? Al día siguiente los apartamentos eran suyos, solo faltan unos trámites y podrán ocuparlos.

Hoy cerca de 20 habitantes de los sectores Venecia y Las Vegas, también del jarillón, permanecen en la iglesia La Ermita pues se la tomaron hace siete días. Al parecer se dieron cuenta que la Alcaldía funciona “a las malas” y buscan una solución de esta forma. Ya las secretarías de gobierno, vivienda y bienestar social analizan cómo conformar una mesa de concertación, pero ya me imagino cuál será el resultado.

Claro que también me inquieta que ya a las iglesias las cogieron "de bate". Está bien que es el refugio de los afligidos, pecadores, necesitados y de quienes reclaman justicia, pero no hay que tomárselo tan a pecho. ¿Entonces cualquier persona que tenga un problema con la administración o que quiera exigir el respeto a sus derechos se puede meter a una iglesia, cerrarla y quedarse ahí hasta que lo escuchen? Me pregunto ¿Quiénes seguirán y en qué iglesia?

Y es que el tema no queda allí. La Arquidiócesis lo permite y defiende el derecho a la protesta pero ¿Qué tan permisivos deberían ser? ¿No será más alcahuetería que el respeto a sus derechos? En eso sí estoy de acuerdo con el Alcalde: si yo dejo que el ladrón entre a mi casa y saco a la autoridad, la Policía no puede entrar a defenderme a la fuerza pues yo lo permití.

Pero bueno, cada quien defiende lo suyo. Y quienes defienden sus derechos o quienes se quieren aprovechar de la necesidad de los demás, han entendido que esta Alcaldía como que funciona "a las malas" y seguirán haciendo de las suyas. Ahora, la administración deberá preguntarse ¿Ceder o no ceder? ¿Ante quién ceder? ¿Por qué ceder? y ¿De qué manera ceder?

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La Ciudad Inteligente es una necesidad para Cali

Tal propósito empresarial y tecnológico se puede hacer a través de nuestras empresas municipales de Emcali.

Tal propósito empresarial y tecnológico se puede hacer a través de nuestras empresas municipales de Emcali.

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Tal propósito empresarial y tecnológico se puede hacer a través de nuestras empresas municipales; apalancando financiera y tecnológicamente el componente de telecomunicaciones de Emcali.

Lea también: ¿Cómo hacerle frente a la ola de inseguridad y violencia en Cali?

La empresa tiene un capital humano extraordinario; que, con el apoyo de la Alcaldía, sacará adelante este importante proyecto para la ciudad.

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El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

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A pocas horas de concluir el año 2021, resulta inevitable hacer un balance de lo que hemos vivido como ciudad en este tiempo. Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, con el desempleo más alto entre las grandes ciudades del país y con un retroceso de casi 20 años en indicadores de pobreza, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales más fuertes que ha tenido Colombia en años. En un coctel de insatisfacción popular mezclada con grupos violentos que aprovecharon el desorden, Cali vivió una espiral de destrucción de capital social y físico sin precedentes del que aún no nos recuperamos totalmente.

El primer semestre de 2021 nos dejó una ciudad con los homicidios al alza por primera vez en una década, con 680 muertes violentas al 30 de junio. En materia de recuperación del empleo, la ciudad avanzó a menor ritmo que otras capitales como Barranquilla y Medellín y el deterioro de la percepción de la ciudadanía en sus instituciones llegó a niveles preocupantemente bajos, lo que nos debe alertar sobre la necesidad de recuperar la confianza de la gente. Sin ese aspecto, es muy difícil que la gente se sienta parte de una ciudad que avanza y participe del cambio que necesitamos.

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Cali es una ciudad con un inmenso potencial y una gran capacidad de recuperarse. En este segundo semestre, a pesar de duros debates alrededor de hechos que comprometen la credibilidad de las instituciones ante los ciudadanos, hemos podido avanzar. Para noviembre, teníamos la tasa de desempleo más baja desde el inicio de la pandemia y se recuperó el sector nocturno y las industrias culturales. Si bien aún tenemos unos retos gigantes en movilidad y seguridad, por citar dos temas de gran preocupación, resulta fundamental reconocer que en Cali se está intentando recuperar la vida que se llevó la pandemia y es un propósito colectivo.

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La reconstrucción de Cali pasa por algo más que rehabilitar infraestructuras destruidas como la del MIO. En 2022, en conjunto con la sociedad civil, los empresarios y el sector público, se deberán enfrentar retos enormes para la recuperación de la confianza de la gente, cuya pérdida hoy constituye la mayor y más profunda crisis que atravesamos. Ese capital social es clave para la reconstrucción de Cali, para que vuelva el civismo, la cultura ciudadana y las perspectivas dejen de ser sombrías.

Si el año 2021 fue el segundo año en crisis profunda, 2022 debe ser el año de la recuperación. Poner los ojos en el empleo, en detener la espiral de violencia e inseguridad, desarrollar proyectos estratégicos como el tren de cercanías y devolverles credibilidad a las instituciones públicas son objetivos fundamentales sobre los cuales debemos sustentar el avance en la siguiente década. Que esta sea la última Navidad en medio de esta crisis profunda.

¡Feliz Año caleñísimo!

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Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico
Especial para 90minutos.co

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

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Las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, representan cerca del 10% de los colombianos. Se trata de una población que con su trabajo y riqueza cultural ha contribuido a la construcción de lo que hoy somos como país. Sin embargo, en mis recorridos por sus territorios he podido palpar cómo sus gentes padecen el atraso y el abandono, una deuda histórica que estamos obligados a pagar.

Basta con revisar los índices de pobreza multidimensional. Por ejemplo, en el Pacífico, antes de la pandemia, en 2018 este indicador estaba en 11 puntos por encima de la media nacional, una situación que ha sido agravada por la crisis sanitaria. Y vemos casos como en Nariño, donde el promedio superó los 23 puntos.

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Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de esta región, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste. Por ejemplo, se expidió la Ley 70, que busca reconocer a las comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías, pero no se ha reglamentado en su totalidad.

Considero que es necesario que la ley reivindique este derecho a las comunidades organizadas que existen tanto en la zona rural como urbana. La reglamentación de la ley permitiría que las comunidades Narp tuvieran mayor incidencia en los planes de desarrollo y en los instrumentos de planificación existentes en los entes territoriales.

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De otra parte, es importante materializar políticas de desarrollo económico y social de largo plazo las cuales deben garantizar la participación de las comunidades en la toma de decisiones. Además, en estas iniciativas la bioeconomía y el ecoturismo deben tener un papel preponderante. También, es necesario incentivar mercados ágiles y funcionales, aprovechando la ubicación geográfica estratégica para atraer inversión internacional, y desarrollar una planificación con enfoque étnico, que impacte positivamente a las comunidades al identificar las subregiones y sus diferentes vocaciones productivas.

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Otro reto fundamental es la salud, cuya problemática se puede resumir en la falta de centros de atención, talento humano insuficiente y escasos recursos para el transporte de los enfermos de las zonas rurales, entre otros factores.

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Para mitigar esta situación es urgente desarrollar un modelo de atención primaria integral en salud con enfoque etnocultural. También, reforzar el Plan Decenal de Salud Pública, que desarrolle una red integral e integrada en salud, que vaya desde la promoción y prevención, hasta la rehabilitación del paciente y además, estimular económica y académicamente a los profesionales de la salud para que laboren en estos territorios.

Pero no podemos olvidar que la violencia generalizada en el Litoral es un factor que frena muchas iniciativas sociales y económicas. Por eso es importante propender por una cultura política de paz, que garantice los derechos humanos, el desarrollo y el fin de la pobreza extrema. Para lograrlo se necesita la presencia integral del Estado. Esto debe ir de la mano con el desarrollo de oportunidades para la población. Finalmente, se debe fortalecer jurídicamente al Sistema Nacional de Atención y Reparación a las Víctimas, con una mayor articulación entre las entidades nacionales y territoriales encargadas de hacer efectivo el goce de derechos de las víctimas del conflicto armado.

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Apoyar el desarrollo de las comunidades afro, ha sido uno de mis mayores compromisos. Así lo demostré en mi labor como gobernadora del Valle del Cauca, en donde fuimos el único departamento de Colombia que construyó un capítulo étnico - afro en el marco del plan de desarrollo, además creamos el Plan Decenal, una política pública para la población afro. También, a través de la Universidad del Valle se aumentaron los cupos para el acceso de esta población en la educación superior, del 4 al 8%, y creamos el canal de televisión Orígenes, dirigido a las comunidades étnicas, entre otros logros.

Es necesario que desde el país también exista un mayor reconocimiento, respeto y transparencia en el desarrollo de políticas en favor de las comunidades afro de nuestro Pacífico. Esto es posible a través de un liderazgo colectivo, que nos permita tomar decisiones firmes pese a las dificultades y así podamos crear caminos para la construcción de un país más equitativo, más justo, con más inversión, crecimiento y oportunidades para todos.

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