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Aditivos alimentarios: el acentuador de sabores 'Umami' (1a. entrega)

El profesor Ikeda lo llamó el sabor 'Umami', que significa algo así como “el sabor sabroso o el sabor indefinible”. Ikeda solicitó una patente y el GMS se comercializó bajo la marca Aji-no-moto, que significa “la esencia del sabor”.

Aditivos alimentarios: el acentuador de sabores 'Umami' (1a. entrega)

El profesor Ikeda lo llamó el sabor 'Umami', que significa algo así como “el sabor sabroso o el sabor indefinible”. Ikeda solicitó una patente y el GMS se comercializó bajo la marca Aji-no-moto, que significa “la esencia del sabor”.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS), define a los aditivos alimentarios como: “sustancias que se añaden a los alimentos para mantener o mejorar su inocuidad, su frescura, su sabor, su textura o su aspecto”. Algunos de estos aditivos se usan desde tiempos antiguos, como la sal, el azúcar, y el dióxido de azufre (que se añade al vino). Sin embargo, que se usen desde la antigüedad, no significa que sean completamente inofensivos. Por otro lado, en la comida del mundo moderno (podría hablarse de comida “occidental”, pero tal vez sea más apropiado hablar de comida “urbana”), hay una cantidad enorme de aditivos, algunos de los cuales causan efectos poco saludables, para lo cual es conveniente que tengamos más información sobre ellos.

Uno de los casos célebres de un antiguo y letal aditivo, es el “azúcar de plomo”, que era como llamaban los romanos al acetato de plomo, y que usaban para dar un sabor dulce a sus vinos. En la Roma antigua, era común que hirvieran el vino en ollas de plomo o recubiertas por ese metal, para obtener el sabor dulzón que otorga el plomo. Incluso algunos cocineros de la Roma antigua lograron obtener una forma cristalina de azúcar de plomo para usarla como endulzante en sus comidas. Este compuesto estaba muy de moda en el imperio romano, con lo que sus habitantes podían consumir unos 250 miligramos por día. Para ponerlo en perspectiva, la OMS sugiere una dosis máxima de 40 miligramos por día para evitar la intoxicación por plomo. Incluso las cañerías de la época se construían en plomo, dada su maleabilidad, con lo que era común el envenenamiento crónico con este metal. La exposición frecuente al plomo puede ocasionar dolores de cabeza, depresión, agresividad, esterilidad y pérdida de memoria. Esto suena familiar con lo que se conoce sobre la salud y el comportamiento díscolo de algunos emperadores romanos, verdad? Pues bien, el análisis de huesos en los antiguos cementerios romanos, evidencia que sus niveles de plomo están, en promedio, más de tres veces por encima de lo que la OMS considera como límite de toxicidad en humanos. Por ello no es de extrañar que algunos autores consideren al plomo como la causa de la disminución de la población de Roma, y también de la caída del Imperio Romano.

Más allá del uso histórico de las sustancias usadas para endulzar el vino, uno de los factores que hoy lleva al uso de los aditivos alimentarios, es la necesidad de preparar alimentos de forma masiva y a gran escala, en lugar de prepararlos para cada individuo o en cada hogar. Muchos aditivos son necesarios para mantener los alimentos en buenas condiciones durante su transporte desde las fábricas o tierras, hasta el consumidor final, pasando por almacenes, restaurantes y tiendas. Algunos de ellos pueden considerarse necesarios para mantener a los alimentos libres de microorganismos. El uso de estos aditivos podría estar justificado, sólo si no induce errores en el consumidor, lo cual es cuestionable, y si se usa con una función tecnológica definida, como la de conservar la calidad nutricional de los alimentos o mejorar su estabilidad.

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Los aditivos alimentarios se usan con varios propósitos. Pueden servir como: conservantes, saborizantes, magnificadores de sabor, aromatizantes, colorantes, y edulcorantes, entre otros. Los aditivos pueden provenir de plantas, animales, o minerales, o ser producidos sintéticamente. Hoy en día se usan cientos de miles de estos compuestos. Aunque son muy variados, la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), clasifican a los aditivos en tres categorías: aromatizantes, que se añaden a los alimentos para mejorar su sabor o su olor; enzimas, que son proteínas que facilitan reacciones químicas y se usan en alimentación para romper moléculas grandes en moléculas más pequeñas, por ejemplo; y Otros aditivos (entre los que  entran los edulcorantes usados para endulzar sin añadir calorías, los conservantes, los colorantes y otros.

Algunas de las sustancias usadas como aditivos alimentarios, pueden ser tóxicas si se usan por encima de una cantidad específica, que depende de factores variados como el estado de salud del comensal, su estado nutricional, sus posibles alergias, la temperatura a la que se conserva o consume el aditivo, y la combinación con otras sustancias, entre otros.

Tal vez uno de los tipos de aditivos más usados, es el de los magnificadores o acentuadores de sabor. Uno de ellos, el que compramos en tiendas y supermercados como “Acento”, y que viene en bolsas llenas de cristales parecidos a la sal de cocina. Ese “acento” es Glutamato monosódico (GMS), y es la sustancia detrás de los retos que algunos fabricantes de alimentos, que anuncian como “a que no puedes comer solo uno…”. Efectivamente, cuando probamos un alimento rico en GMS, es difícil dejar de comer y comer.

El GMS se descubrió en 1908, cuando el químico japonés, el profesor Kikunae Ikeda lo purificó y le asignó el puesto quinto entre los sabores básicos, que son: dulce, salado, ácido y amargo. El profesor Ikeda lo llamó el sabor Umami, que significa algo así como “el sabor sabroso o el sabor indefinible”. Ikeda solicitó una patente y el GMS se comercializó bajo la marca Aji-no-moto, que significa “la esencia del sabor”.

Este sabor Umami ha sido muy exitoso y se usa en todo el mundo para acentuar los sabores de las comidas. Sin embargo, el GMS empezó a asociarse con algunos problemas de salud, desde el año 1968 cuando algunos pacientes presentaron enrojecimiento, dolor de cabeza, entumecimiento en la boca, hinchazón de la cara, sudoración y otros síntomas más angustiantes como ritmo cardíaco anormal y acelerado, sensación de falta de aire e inflamación de la garganta. Cuando se estudiaron las posibles causas, los pacientes coincidían en que habían ingerido comida china pocas horas antes, con lo cual a este conjunto de síntomas se le llamó el “Síndrome del restaurante chino” o “síndrome del Glutamato monosódico”, pues la comida china es abundante en esta sustancia. La mayoría de pacientes se recupera, pero hay reportes de casos mortales. Aunque no hay un estudio que asocie definitivamente el GMS con los síntomas en todos los comensales, sí hay estudios que muestran claramente que algunos pacientes presentan mayor tendencia a presentar los síntomas cuando ingieren GMS.

En estudios científicos realizados en ratas de laboratorio, se comprobó que este acentuador de sabor puede causar problemas visuales, alteración en la transmisión del impulso nervioso, alteración en la regulación del apetito, lo que genera adicción; también pérdida de memoria, y una mayor tendencia a la obesidad. Debido a esto último, muchos de los estudios sobre obesidad, se realizan en ratas a quienes se les inyecta GMS cuando están recién nacidas, para hacerlas crecer gordas. Esto me lleva a preguntarme si el Glutamato puede estar relacionado con la resistencia a bajar de peso en personas que hacen diferentes tipos de dieta, pues esta sustancia es comúnmente usada por los restaurantes y fabricantes de comidas, para magnificar el sabor y atraer a sus clientes.

El GMS está asociado también con el desarrollo de la diabetes, pues causa resistencia a la insulina, con lo que no se regulan adecuadamente los niveles de azúcar en sangre. Como el glutamato parece estar en la mira de muchos investigadores de la salud, hoy se pueden encontrar estudios de asociación del consumo de esta sustancia, con cáncer de colon, lesiones cerebrales e hipertensión arterial.

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Lo preocupante aquí es que si pudiéramos controlar el Glutamato monosódico en las comidas, todo sería tal vez más fácil. Sin embargo, esta sustancia está omnipresente en casi todas las comidas que vienen ya preparadas, como frituras de maíz, papas fritas, sopas, aderezos, salsas, carnes ahumadas, embutidos, especias preparadas, snacks (comidas para picar), y caldos concentrados. Y aunque la industria de los alimentos está obligada a informar en la etiqueta del producto sobre todos los ingredientes que usa, no siempre presenta el nombre de glutamato monosódico, sino que usa otros nombres menos claros para el mismo compuesto, como “wei jing”, “esencia de sabor”, “acento”, “saborizantes naturales”, “extracto hidrolizado de levadura”, “proteína hidrolizada”, “glutamato de potasio”, y “caseinato de sodio”, entre otros. Con esto, queda la sensación de que la industria alimentaria pareciera querer evadir el ojo crítico de los usuarios al cambiar los nombres de algunas sustancias potencialmente tóxicas, por otros nombres menos evidentes. Y ni qué decir que muchos restaurantes añaden glutamato a sus comidas para magnificar el sabor. Por lo anterior, casi que estamos bombardeados por el glutamato en la mayoría de las comidas que ingerimos fuera de casa.

Como es poco probable que recibamos información crítica y veraz sobre algunas de las sustancias que ingerimos en nuestras comidas, es común que comamos una amplia gama de aditivos cuyos efectos en el organismo puede ser nocivo y acumulativo a lo largo de los años. Incluso, es probable que algunas de las enfermedades típicas de edades avanzadas y que aceptamos como un acompañante natural de la vejez, estén relacionadas más bien con el efecto tóxico acumulativo de algunas sustancias de nuestras comidas, como empiezan a mostrar algunos estudios de largo plazo. En próximas ediciones estaremos hablando de otros aditivos alimentarios, comunes en nuestros alimentos, de los cuales podríamos conocer poco, y que pueden llegar a causar efectos nocivos en nuestro organismo. Hasta la próxima entrega.

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El discurso de “Aureliano”

La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia.

El discurso de “Aureliano”
Especial para 90minutos.co

La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia.

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Todos los análisis de la obra literaria de Gabriel García Márquez coinciden en una especie de vértice que sostiene lo que en términos generales la crítica llamó Realismo Mágico: la hipérbole como figura retórica predominante. La exageración es la herramienta fundamental de la narrativa garciamarquina (fiel reflejo de la tradición oral del Caribe), que se sostiene además con una prosa cadenciosa y profunda que -en palabras del mismo autor-, tiene como objetivo primordial no permitir que el lector despierte de su sueño, del trance profundo en el que entra cuando se sumerge en su lectura. El mismo presidente Gustavo Petro aseguró que el suyo ante la ONU había sido “un discurso un poco garciamarquiano, que me gusta” y, en ese sentido, consecuente con la admiración que le profesa y que supuso su seudónimo de guerra cuando militó en el M-19.

La cuestión es que el admirado y criticado discurso no tiene nada de relato fantástico y aunque, de alguna manera, asfixia la hipérbole, la transgrede y la supera con el oxímoron, pues la aparente contradicción es más ironía que incoherencia, aunque sus detractores hayan hecho estúpidas afirmaciones y vacíos análisis con no menos absurdas argumentaciones. Debe aclararse para comenzar que quienes han dicho que el discurso es simple Realismo Mágico, que este es el título y el tema de un libro de Franz Roh publicado en 1925 en Alemania, que trata sobre una variante del expresionismo pictórico a principios del siglo XX, desde luego, en Alemania. Y que otros autores, como Alejo Carpentier, incorporaron otra dimensión para describir la realidad que en Latinoamérica muchos coinciden en afirmar, supera la ficción y que el cubano magistral redefinió como lo Real Maravilloso.

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No pretende esta columna ser un escenario de retaliaciones a las críticas del mencionado discurso, pero un impoluto uribista purasangre twitteó: Hoy “Cantinflas” se disfrazó de “poeta de vereda” en Naciones Unidas. Deben estar muy arrepentidos de quienes votaron por semejante charlatán. Además de la bajeza insultante y la degradación clasista que subyace en el trino, le falta lectura a este prohombre exsuperintendente, pues el texto rinde homenaje a la intelectualidad poética y retórica; y en ese sentido el homenaje sería al gran Alfonso Reyes -a quien admiró el mismísimo Borges- y no a Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes. Pero la derecha no ha podido pasar la página y desconoce que el libro de Colombia está en la mano izquierda -como mandan los cánones de la buena lectura- y que la tarea de la diestra es simple: humedecer el dedo del corazón con babas para que avance la lectura.

Otro personaje, pseudoanalista económico con el apellido del que siempre tumbaba a Tontoniel y al servicio de la nueva corona española en Colombia -Grupo Prisa-, dijo que lo único que le faltó a Petro fue decir: Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No ha de saber este ex muchas cosas, que Caracol Radio ha de tenerla registrada para hacer algo creíbles sus disfrazadas opiniones, que de análisis muy poco, casi nada. Y muchos otros animales -políticos debe aclararse- vociferaron ante el discurso. Exvices, excandidatos, exalcaldes, postquemados y ardidos que no soportan la altura de estadista de un hombre que con errores y debilidades es con lo mínimo, más de lo que hemos tenido en el último cuarto de siglo. Lo cierto es que la coherencia intelectual y retórica de Gustavo Petro guerrillero, concejal, senador, candidato, presidente y orador ante la ONU, en esta coyuntura continental y mundial, es admirable y debería ser orgullo nacional. Aseguran los de siempre que no pasará nada y es probable, pero alguien debía recordarlo, porque ya se ha dicho y advertido. Fidel Castro, Pepe Mujica, Nayib Bukele y un etcétera breve. Y hacerlo con vehemencia, con dramatismo si se quiere, pero con valor y entereza.

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El mismo Petro, en entrevista con dos que parecen uno, Juan Roberto Vargas y Luis Eduardo Maldonado de Caracol, aseveró frente a la Asamblea 77 de la ONU que “estas reuniones son rutinarias, protocolarias, de lugares comunes, poco eficientes en mi opinión… es más como un rito”; y ubicar a Colombia en el plano internacional y como vocera de una discusión sotto voce que el sistema de poderes mundiales permite expresar, pero desconoce y minimiza a través de su complejo entramado mediático, es un triunfo para el país. No debe dudarse tampoco que Petro al decir “vengo de un continente”, recoge un liderazgo latinoamericano acéfalo en estos momentos y que toda la carga simbólica del discurso tiene como objetivo central impactar. Y ese cometido se cumplió. Otro ‘milenario’ personaje bogotano con el dedo índice romo, lo señala de absurdo y ridículo por la frase: “la solución a la migración es volver a que el agua llene los ríos”. O sea, el agua es vida. ¡Bolardo!

Un discurso de este tipo pocas veces se permite extensos contextos porque está diseñado para golpear emocionalmente, para sacudir y hacer sentir y pensar. Los detractores, por supuesto, se aprovechan de esta condición para acomodar el suyo a su generalizante y temeraria oposición, la mayoría de las veces, discordante. No desconoce Petro -por ejemplo- la importancia del petróleo en la historia de la humanidad. Eso es tan estúpido como desconocer que es finito, que se acabará y que hace rato el ser humano le tiene sus reemplazos, pero que le exprimirá hasta la última gota a la tierra (a costa de lo que sea y de quien sea) para que el negocio no se acabe antes. La fuerza que produce un galón de petróleo es similar a las de cien brazos humanos y el deterioro ambiental del mismo, más nefasto que todos los abrazos que en el mundo se dan los líderes de las potencias mundiales para reducir (jamás acuerdan erradicar) la pobreza, la emisión de gases, el efecto invernadero...

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De modo pues que el discurso de quien fuera el joven “Aureliano” en las filas de la subversión, vuelve a subvertir el orden establecido, ya no sólo en el ámbito político sino en lo social y moral porque la índole de su alocución tiene un arraigo humano de progresismo sincero; y con ello Petro es absolutamente consecuente. Y no hablo del hombre candidato y ahora presidente, hablo del ser humano cuya vida ha estado en consonancia desde lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Con este discurso, Petro generó una contradicción fundamental entre la belleza y la muerte, tradicionalmente opuestas, antagónicas e irreconciliables. Ese aparente contrasentido también lo llevó a los terrenos de la ironía cuando con exageración cuestiona a quienes no les cabe en la imaginación -no por elementales, sino por guardianes de intereses- su intención narrativa. Es decir, líderes de opinión en una sociedad con limitaciones incluso en aquello donde la libertad es infinita: la capacidad de imaginar.

El mundo es tan estrecho como limitada sea la visión del mismo. Este discurso puede ser -guardadas las proporciones- otra versión del que a mi juicio es el más hermoso, alegórico y demoledor de los textos de Gabriel García Márquez: El cataclismo de Damocles, una conferencia dictada en Ixtapa-México el 6 de agosto de 1986.Si no lo han leído búsquenlo, entre algunas líneas donde el Nobel propone la recuperación de sabios de las santabárbaras de muerte, para aprovechar sus inteligencias en la educación y justica, reza: “…lo único que puede salvarnos de la barbarie: una cultura de la paz”. Dirán los mismos estúpidos a carta cabal que es una sarta de estupideces, pero saben ellos que su estupidez es impuesta y eso es mucho más triste y humillante que si fuera genuina.

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Cali: un paraíso en decadencia

La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía.

Cali: un paraíso en decadencia
Foto: Especial para 90minutos.co

La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía.

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Uno de los comentarios más repetidos respecto a Cali hasta hace unos 20 años, es que era una ciudad cívica. Desde que comenzó su proceso de expansión se hablaba de que Cali, con sus problemas y dificultades, era una ciudad en crecimiento, atractiva, y con cultura ciudadana. Este proceso tuvo algunos puntos altos, especialmente en las décadas de los años 70 y de los 90, donde Cali fue ampliamente reconocida como la segunda ciudad más importante de Colombia. Con todas las adversidades que la ciudad enfrentaba, como por ejemplo la inseguridad en el periodo más oscuro, era una ciudad en crecimiento. Las calles se veían bien, los puentes eran estables, los edificios se encontraban conservados, y existía un ambiente de civismo. No en vano, existe una constante añoranza del “Cali viejo” por parte de su población.

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Los años han pasado, llegó el nuevo milenio y nos adentramos en este. La ciudad sigue siendo importante, pero hay una sensación de estancamiento. Dejó de ser la segunda ciudad de Colombia, y la sensación es que en un futuro próximo bajará al cuarto lugar. El civismo parece haber desaparecido, y el atractivo ha disminuido en gran manera. El crecimiento ha continuado, pero sumado a los puntos negativos, parece ser hacinamiento. Se observa innovación en ciertas obras, pero estas no se traducen en desarrollo real para Cali. La movilidad se dificulta cada vez más, y la percepción de inseguridad continúa aumentando de forma alarmante.

Haciendo un balance entre lo positivo y lo negativo, se valoran iniciativas que se vienen desarrollando desde la administración municipal como es el caso de los separadores viales, una intervención de 90.000 metros cuadrados que han permitido la recuperación de espacios que habían sido abandonados e impactados por basuras y desechos. A su vez se reconocen iniciativas empresariales como la de una cadena de farmacias que han contribuido satisfactoriamente a la reactivación económica y al embellecimiento de sus alrededores.

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Sin embargo, continúa esa sensación de estancamiento de la ciudad, efecto que muchos los relacionan a su imagen o a su estética. El orden físico de la ciudad muestra una radiografía de la misma. Al transitar por Cali se observan huecos en las vías, puentes en mal estado, basura y suciedad en lugares públicos, grafitis en fachadas de edificios y excesiva presencia de habitantes de calle etc. La imagen de la ciudad se encuentra por el piso, y es un sentir de los ciudadanos, los comentarios del día a día entre amigos, vecinos, el taxista, el empresario y el estudiante. De las quejas frecuentes se encuentra la dificultad para entender porque esta terrible situación aún no tiene solución y por el contrario, Cali retrocede cada vez más. Algunos tienen expresiones como de estar muy cerca de ser una ciudad cloaca.

Pensemos por un momento en la teoría de las ventanas rotas de Philip Zimbardo. La existencia de una ventana rota implica un cierto abandono del edificio o vehículo en cuestión, algo que disminuye la responsabilidad hacia lo que le ocurra. Es la percepción de lo que nos rodea lo que explica nuestro comportamiento hacia ello.

Algo a tener en cuenta por la institucionalidad a la hora de prevenir algunas conductas, además de optimizar los entornos de la ciudad, promoviendo una cultura ciudadana, el respeto y el sentido de pertenencia, que le permita a todos los moderadores de ella, reconocerse para crear vínculos de afecto por el lugar que habitan.

Teniendo en cuenta lo estético como un aspecto importante, se deriva de su mal estado, la falta de orden y autoridad que vive esta ciudad. Dicha situación nos lleva a percibir la ausencia de un liderazgo institucional que genere la confianza o motive a la ciudadanía a ser participes de iniciativas para el embellecimiento de los espacios públicos.

La ciudad se ha salido de control, ha perdido el norte y el rigor, hemos perdido el civismo y el compromiso por lo nuestro. La administración no ha entendido que su rol como institucionalidad es brindarle garantías de tranquilidad a la ciudadanía. Cuando no hay orden, nada funciona.

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 Para eso hay que entender cuáles son las competencias de la autoridad local, sus responsabilidades legales y presupuestales que en su totalidad tienen la mayor carga u obligación, es decir, se le atribuye en gran parte el compromiso de articular los diferentes sectores, generar estrategias de participación ciudadana, reestablecer el orden y hacer un uso eficiente de los recursos públicos para el mantenimiento de Cali.

Cabe entonces preguntarse después de esto, si no nos preocupamos por lo más simple, que es el aseo y orden de la casa, ¿Cómo vamos a construir una piscina? Son contadas las obras que han contribuido con mitigar el problema del mal aspecto – físico-; pero que solución ha traído esto cuando el problema surge de los valores y de que tan arraigados nos sentimos a la ciudad. Creo que primero debemos recuperar la autoestima de los caleños, con orden y disciplina se crean compromisos, por tanto es de suma importancia forjar en los ciudadanos la confianza, el orgullo y la disposición para seguir trabajando por la restauración de esa Cali Cívica que todos esperamos.

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Iniciativas para una educación pertinente y de calidad

El proyecto de ley ‘Incentivos a la educación dual’ busca promover una política de formación en educación media a través del Sena y de las instituciones educativas, para que los estudiantes adquieran competencias y a la vez, laboren en sectores de la economía.

Iniciativas para una educación pertinente y de calidad
Especial para 90minutos.co

El proyecto de ley ‘Incentivos a la educación dual’ busca promover una política de formación en educación media a través del Sena y de las instituciones educativas, para que los estudiantes adquieran competencias y a la vez, laboren en sectores de la economía.

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La educación es un factor fundamental para la transformación social y económica de una nación. Por eso en nuestro país es necesario promover políticas que apunten a mejorar su calidad y pertinencia. Esa es una de las deudas que existen, en especial con nuestros jóvenes quienes, al no tener una formación adecuada, tienen limitaciones para acceder a un buen empleo.

Según el Dane, entre abril y junio de este año, la tasa de desempleo para la población entre los 15 y 28 años se ubicó en 18,4%, superando en 7,4% el promedio nacional. En Colombia hay 11,4 millones de jóvenes en edad de trabajar, de los cuales 5,1 millones trabajan, mientras que 1,15 millones, desean conseguir un empleo. A esto se suman cerca de 2,8 millones de muchachos que no estudian ni laboran.

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Adicionalmente, la Defensoría del Pueblo reveló que 477.157 menores de edad se retiraron de sus colegios en 2021, un 43% más que en 2020, y que una de las causas de la deserción escolar es la falta de proyecto de vida en los jóvenes.

Estas cifras se traducen en la incertidumbre que he palpado en los rostros de muchos jóvenes con quienes he podido dialogar a lo largo de mis recorridos por el país, quienes se encuentran ante la dificultad de no tener la experiencia que las empresas les exigen para vincularlos o no contar con la formación idónea para ejercer el cargo que ofrece el mercado laboral.

Ante este panorama el Partido de la U presentó en el Congreso de la República el proyecto de ley ‘Incentivos a la educación dual’, que tiene entre sus objetivos promover una política de formación en educación media a través del Sena y de las instituciones educativas. De este modo, los estudiantes podrán adquirir competencias y a la vez, laborar en sectores que dinamizan la economía como el de la construcción, actividades inmobiliarias, comercio electrónico e información tecnológica. Para ello, se daría incentivos a los pequeños y medianos empresarios.

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Como estímulo al mercado laboral el proyecto de ley busca establecer un descuento del 70% al impuesto de renta sobre el salario que los empresarios paguen a los estudiantes dual, vinculados durante su formación. En caso de que haya vinculación laboral el beneficio se extenderá por 3 años más, manteniendo el beneficio del 70% en el primer año, 50% para el segundo y 30% en el tercer año. También propone que se otorguen puntos adicionales en licitaciones públicas para las empresas que tengan vinculados estudiantes en formación dual, así como exención del pago de compensación familiar de dichos estudiantes.

Adicionalmente a esta propuesta, nuestro partido también radicó ante la Cámara de Representantes un proyecto de acto legislativo para crear la Superintendencia de la Educación en Colombia, (SuperEdu), ante la necesidad de que el país cuente con una entidad autónoma e independiente del Gobierno que vigile y garantice la administración de los recursos para este sector en temas como la alimentación escolar, la infraestructura educativa, capacitación de los docentes, pero también, para vigilar que las entidades del sector cumplan con la calidad y pertinencia de los servicios educativos que ofrecen.

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Siempre he estado convencida de que la educación es una herramienta fundamental para cerrar las brechas sociales y económicas que tanto han afectado al país, por eso, a lo largo de mi trayectoria he tenido entre mis banderas promover su calidad y pertinencias.

Durante mi labor como Gobernadora del Valle del Cauca, gracias a un liderazgo colectivo, logramos que el departamento pasara del puesto 67 al 18 en calidad educativa a nivel nacional. Una labor que ha continuado la actual Gobernación, al lograr que la educación del departamento avance al puesto 16 en esta medición.

Ahora, a través del proyecto de ley ‘Incentivos para la educación’ y del acto legislativo para crear la SuperEdu, desde el Partido de la U continuamos proponiendo soluciones a las problemáticas de la gente. Son iniciativas surgidas del diálogo constante que mantenemos con quienes habitan las regiones del país y que buscan generar las transformaciones que el país necesita para tener más equidad, mejor calidad de vida y bienestar social.

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