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¡2020 sorpréndeme!

Ahora sí vino lo peor. De un momento a otro, el mundo encaró algo nefasto: Una cosa nanoscópica que apareció a causa de las muy particulares preferencias gastronómicas de Oriente.

¡2020 sorpréndeme!

Ahora sí vino lo peor. De un momento a otro, el mundo encaró algo nefasto: Una cosa nanoscópica que apareció a causa de las muy particulares preferencias gastronómicas de Oriente.

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El 31 de diciembre de 2019 todos teníamos sueños. Esperanzas. Expectativas. Planes.

Para algunos de nosotros fue un año complicado, especialmente al final, entre mis amigos, conocidos, personas en las redes sociales y yo misma, noté un común denominador: muchos tuvimos pérdidas dolorosas e irreparables. En mi caso, como si fuera poco, el 24 de diciembre tuve que pasarlo en cama, seguido de 5 días de fiebre que no bajó de 40 grados. Creo que me picó un mosquito porque eso definitivamente fue dengue. Antes de que anunciaran la epidemia del famoso mosquito.

Por eso el 31 de diciembre, debilucha como un muñeco de papel mojado, soñaba como mucha gente con que al día siguiente empezaría un año mejor. Fresco. Con una agenda nueva y llena de hojitas en blanco para llenar de cosas bonitas.

Y el bisiesto 2020 efectivamente nos sorprendió.

Se dejó venir con un tsunami de eventos desafortunados: Incendios en Australia, terremotos en Puerto Rico e Irán, accidentes aéreos, incendios…

Pero: No empezó la tercera guerra mundial que amenazaba por alguna pataleta del señor anaranjado del norte; por lo tanto una amenaza nuclear estaba descartada. No cayó un meteorito gigante. Tampoco hubo llegada de aliens –aunque como va el año no la descarto. Del 2020 se puede esperar cualquier cosa.

No hubo un terremoto global que, aparte de dejar a su paso una estela de destrucción, cambiaría el eje de la tierra. Nada de super volcán en Yellowstone. No hubo un cataclismo que hundiera un continente.

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No tuvimos que construir un Arca, pues aunque tenemos un espantoso calentamiento global, los polos no se derritieron de repente, ni desataron una repentina inundación catastrófica. Tampoco la Falla de San Andrés se activó. No hubo una devastadora llamarada solar ni una alineación planetaria o un cometa.

No fue una rebelión de las máquinas (aunque según lo pienso, con ese poder y responsabilidades que les delegamos, estamos cada vez más cerca). Y no aparecieron los zombies. Aunque ver gente pegada del celular 24 horas al día, a veces pienso que sí los hay.

Y si sigo regándome en prosa acerca de las posibles causas de un apocalipsis a lo Maya, seguro no acabo. En fin, no fue ninguna de esas causas macro que he mencionado, aunque hay gente que en broma dice que el Maya que diseñó el calendario era disléxico y el fin del mundo no era en el 2012 sino en el 2021.

Ahora sí vino lo peor. De un momento a otro, el mundo encaró algo nefasto: Una cosa nanoscópica que apareció a causa de las muy particulares preferencias gastronómicas de Oriente.

Una palabra a la que muchos no le dieron importancia: Coronavirus. No me voy a poner a explicar qué es un coronavirus en detalle. Grosso modo es un bicho minúsculo que aparte de estar muerto (es solo material genético recubierto de grasa y proteína) se mete en una célula y se replica cuantas veces puede. La célula se revienta y el ciclo sigue ad nauseam.

Todo empezó en China en noviembre de 2019 y la actitud del gobierno fue guardar hermético silencio. El médico que quiso advertir al mundo fue sancionado y al final terminó muriendo a causa del mismo bicho del que si hubiera podido alertarnos, la historia sería muy diferente: Virus contenido y todo el mundo en paz.

En un mundo tan hiperconectado como el nuestro, el silencio fue lo peor. Cualquier enfermedad puede darle la vuelta al mundo en 48 horas o menos. Y obviamente, fue el caos.

Y el 11 de marzo de 2020 vino de la OMS la palabra pavorosa: PANDEMIA.

No repetiré lo que nos dicen los noticieros a diario. Todo el mundo está sobre informado y cansado. Lo que intentaré hacer, es sacar algo positivo de lo que estamos viviendo, (aunque para muchos es de verdad muy complicado).

Acabó temporalmente con cosas sin las que creímos que no se podía vivir. Canceló torneos de fútbol, giras de conciertos y hasta los Juegos Olímpicos. Pero… ¿han visto cómo a pesar de todas las cosas adversas que han pasado, están sucediendo otras que no habíamos vivido?
¿No les parece extraño como algo que parecía imposible y pavoroso hace algunas semanas, ahora se siente extrañamente “normal”? Aunque estamos asustados y prudentemente escondidos o muy protegidos, siempre encontramos dentro de nosotros la fuerza para enfrentar lo que está pasando. Eso requiere coraje.

¿Y no es tranquilizador que, aunque la vida como la conocíamos está patas arriba, todavía somos capaces de ver y disfrutar lo simple y lo pequeño?

A veces se pierde la fe viendo como algunos estamos encerrados en un bunker familiar mientras otros no entienden que es malo salir a las playas, a los centros comerciales y a “cortarse el pelo” (Leí eso en un cartel de protesta y me dieron ganas como de halarle ese mismo pelo que quería cortarse)

Está bien sentirse como en una montaña rusa. Algunas veces esperanzados y otras, muy tristes. Hay una sensación de duelo por momentos y al rato la gratitud nos inunda. Estamos experimentando compasión. Por otros (para algunos este es un concepto nuevo) y por nosotros mismos. Cada quien tiene un universo en su cabeza.

Cada día amanecemos un poco más valientes. Más amables. Listos para enfrentar las altas y bajas juntos. Gente que parecía de piedra se ha quebrado y ahora es humana y proveedora de afecto y en lo posible de apoyo a otros.

Hemos visto gente ayudando a los demás. Gente dando clases de aeróbicos desde las terrazas. Romances de techo a techo con dron incluido llevando notitas de amor. Hemos escuchado nuevas canciones hermosas y otras de antaño que se han convertido en himnos de supervivencia. Cantantes famosos dando conciertos gratuitos por medio de las redes sociales. La naturaleza con la cual estábamos siendo tan desagradecidos está aprovechando este tiempo en el que la dejamos en paz, para renovarse a una velocidad alucinante.

Mientras tanto la humanidad está aprendiendo que lo importante siempre quedaba aplastado bajo lo urgente. ¿Cuántos padres pudieron y podrán darse el lujo de ver a sus bebés dar los primeros pasos? ¿Cuántas galletas o pasteles estarán horneando madres e hijos en medio de carcajadas? ¿Cuántos padres “altos ejecutivos” andarán con un trapeador en la mano y aprendiendo a hacer oficios varios porque no hay ingeniera de limpieza, a la que de todas maneras se le paga su sueldo? ¿Cuánta gente estará conociendo a sus hijos que eran un enigma? ¡Y ellos a sus padres! ¿Cuántas parejas a punto de divorciarse no habrán recordado por qué se enamoraron y están reconstruyendo sus matrimonios?

La humanidad –lo estoy presenciando- no es tan horrible como parecía. Algunos siguen con su ambición y sus malos actos; y esos se están perdiendo la increíble oportunidad, que si la miramos bien, es única y valiosísima a pesar de su lado oscuro.

La próxima vez que el mundo decida lanzarnos un desafio, ojalá recordemos cuán resilientes, valientes y capaces hemos sido. Ojalá seamos capaces de mirar atrás y darnos el crédito que nunca nos damos.

¿Estamos viviendo una situación pseudo apocalíptica? Sí. Y la humanidad ha vivido varias y ha prevalecido pese a todo. Varias pestes, dos guerras mundiales, pruebas nucleares… un diverso menú.

¿Vamos a morirnos? Desde que nacimos nos estamos muriendo. El cómo y el cuándo, nadie lo sabe. Para nosotros los creyentes la fecha y la hora solo las sabe Dios. Ni los Mayas, ni Nostradamus ni otros adivinos lo han podido vaticinar.

Hay una palabra japonesa que me gusta mucho: Kintsugi, "carpintería dorada", es el arte japonés de reparar la cerámica rota reparando las áreas de rotura con una mezcla de laca con oro en polvo. Como filosofía, trata la rotura y reparación como parte de la historia de un objeto, en lugar de algo para disfrazar la falla.

La fealdad de la pieza rota desaparece con las “puntadas” de oro. Ahora el tazón se valorizó debido al delicado proceso de reparación. A su historia. A sus cicatrices doradas.

Mi palabra Kintsugi es totalmente afín a la situación actual. A esa famosa “reinvención” que tendremos que atravesar para salir al otro lado. A pesar de todo, muchos lo estamos haciendo bien. Un día a la vez. Volveremos reparados con el oro que estamos descubriendo en estos días tan duros para la raza humana.

Les un abrazo lleno de esperanza. No un codito ni un puñito.

Juntos vamos a salir de esto.

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La libertad como valor máximo

Es absurdo que ya han pasado 24 años desde que la Corte Constitucional dijo que la eutanasia es un derecho y el Congreso no ha podido regularla.

La libertad como valor máximo

Es absurdo que ya han pasado 24 años desde que la Corte Constitucional dijo que la eutanasia es un derecho y el Congreso no ha podido regularla.

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Como liberal, creo en la libertad como el mejor promotor del desarrollo y del progreso de las sociedades. Llegué al Congreso con la convicción de que todos los colombianos tenemos derecho a decidir con autonomía sobre nuestra vida, a poder decidir sobre nuestro proyecto de vida y decidir el destino de nuestra propia existencia.

Es por eso que he defendido la regulación de la eutanasia y del cannabis de uso adulto, ambos proyectos se hundieron la semana pasada en el Congreso; sin embargo no dejaré de insistir, tarde que temprano el Congreso tendrá que responderle a los colombianos y regular.

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Creo en el poder de los jóvenes, que van a ser los primeros en insistir para que estos proyectos salgan adelante, necesitamos progreso de nuestra sociedad y el Congreso parece que no se ha dado cuenta de eso.

Es absurdo que ya han pasado 24 años desde que la Corte Constitucional dijo que la eutanasia es un derecho y el Congreso no ha podido regularla. Ya es hora de dar el debate con argumentos sólidos, dejando a un lado la imposición de una sola forma de ver la vida, no podemos permitir más trabas como el caso de Martha Sepúlveda en Antioquia o de Víctor Escobar en Cali, a quien lo tienen esperando de forma injusta.

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En el tema del cannabis, es hora de avanzar y de sincerar el debate, no se regula porque sea bueno el cannabis, se regula porque es necesario. Porque la guerra contra las drogas ha fracasado y debemos avanzar como sociedad en buscar un enfoque de prevención y no de prohibición, una política respetuosa de las libertades y que genere oportunidades económicas, y alternativas a los territorios más afectados por el narcotráfico. 

El Estado no puede decidir sobre nuestras propias decisiones, lo que debe hacer es informarnos sobre las consecuencias que podrían tener nuestras acciones. !Ya es hora de permitir que convivan todos los distintos conceptos sobre la vida y no solo uno!.

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Don Gerardo y el Premio

Que los gobiernos otorguen premios de periodismo, equivale a que los corruptos entreguen uno dedicado a la transparencia en la contratación y la democracia.

Don Gerardo y el Premio
Especial para 90minutos.co

Que los gobiernos otorguen premios de periodismo, equivale a que los corruptos entreguen uno dedicado a la transparencia en la contratación y la democracia.

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Cualquier premio al que toque autopostularse es de entrada una farsa. Hay tantos y de tanta cosa y tan desprestigiados, que cada vez es un acto de exclusividad y privilegio no ganarse ninguno. En periodismo se salvan un par de reconocimientos colombianos que no otorgan dinero, sino precisamente, prestigio. Sin embargo, son tan precarias las condiciones de la profesión -o del oficio, para el caso lo mismo- que muchos colegas ven en los que entregan algún estipendio, además de un diploma o una estatuilla, la posibilidad de unos ingresos adicionales con los que se cuadre caja. Y las empresas e instituciones que los idean y diseñan, los promueven como una estrategia de posicionamiento de imagen, cuando menos; y cuando más -y allí está lo repugnante-, una deliberada, vergonzante y abyecta compra de silencio, que se reparte entre los aliados como un favor que será cobrado.

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Que los gobiernos otorguen premios de periodismo, equivale a que los corruptos entreguen uno dedicado a la transparencia en la contratación y la democracia. Tanto como la vieja metáfora de que el diablo fabrique y cuide las hostias; o una reciente adaptación nacional, que Luis Alfredo Garavito monte y administre un Jardín Infantil. Exabruptos todos. Pero ha nacido uno nuevo con fundamento en la vieja estrategia: el Premio Vallecaucano de Periodismo Gerardo Bedoya Borrero (así, sin el nombre entre comillas simples). No se discute el homenaje a un hombre que combatió desde sus columnas -y su militancia política en el Partido Conservador- la corrupción y el narcotráfico, lo que le costó la vida, pero sí que una clase política cuestionada por sus nexos con esos dos cánceres sociales, utilice su nombre, su memoria y su legado, como estrategia de campaña. Su asesinato, continúa impune.

Y los leguleyos de la comarca al servicio del poder regional -y los periodistas untados con las esquirlas del dinero público mal habido que fungirán como altavoces- ladrarán que ser investigado no es lo mismo que ser culpable. Y tendrían razón de no ser porque en Colombia la justicia está tan corrompida como todo el sistema y si todos los acusados no están en la cárcel, no es por su inocencia proba, sino porque la danza de los millones y la arquitectura de la corrupción -que ubica fichas en los entes de control-, los blinda ante sus deshonestas, peripatéticas y criminales administraciones. Esa es la cuestión y el funcionamiento de lo que tenemos como democracia. Pasa de todo y no pasa nada. Un escándalo se tapa con el otro. Ahora bien, no todo es ilegal o delincuencial en nuestro sistema, hay que decirlo. También hay prácticas legales a la luz del Derecho, aunque cuestionables en términos éticos y morales.

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Para que como dijo Alfredo Molano la escritura no gane lo que pierde el periodismo, vamos con nombres propios. Cualquier periodista por novato o desinformado que esté sabe que la gobernadora de Valle del Cauca, Clara Luz Roldán, es a Dilián Francisca Toro, lo que el presidente de la república Iván Duque Márquez, es a Álvaro Uribe Vélez. Una figura a través de la cual siguen gobernando en cuerpo ajeno. Lo que confirma que lo que alguna vez se llamó en los partidos políticos “disciplina de perros”, aún hoy funciona con más ahínco en las empresas electoreras, clientelares y burocráticas que han conformado clanes en las regiones del país con barones y baronesas que lo controlan todo. O casi todo, claro está, lo que dependa de su fortín, de su gran resorte politiquero. Dilián está en campaña -un político de raza siempre lo está- y el premio en cuestión es una canasta de botellitas de aditivo (12 categorías) para lavar la imagen, ennegrecida por los hectolitros de sucio lubricante con los que se aceita la maquinaria de la contratación pública. 

Como integrante de la Coalición de la Experiencia -en contrapeso de la Coalición de la Esperanza, dos chistes que se cuentan solos-, Dilián sabe que en una campaña los medios de comunicación son determinantes, pues ya no importan las ideas ni los debates que en medio de ella se susciten, ni las propuestas para cambiar las circunstancias de la sociedad, sino la imagen y el impacto que sobre las audiencias tenga lo que los funcionarios públicos en ejercicio definan ventilar y se traduzca a futuro en votos. Y, por supuesto, en más cargos de elección popular donde se nombra sin meritocracia o transparencia y se designa a dedo -las licitaciones hacen parte de la farsa-, para poder así seguir contratando y perpetuando este círculo vicioso, supracerrado e impermeable que los perfila como invencibles. De modo que hablar de un premio que destaca el compromiso, la integridad, la independencia, la objetividad, la libertad, la investigación y otras lindezas, es un acto de soberana hipocresía.   

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Ya el Ministerio de Educación había creado hace dos años el Premio Honorífico Gerardo Bedoya Borrero, para el estudiante de Periodismo con el mejor puntaje en los Exámenes de Estado de Calidad para la Educación Superior. Algo mucho más equilibrado, pues la utopía es posible. Lo hizo como parte de un Acuerdo de Solución Amistosa entre el Estado colombiano (que no garantizó los derechos a la vida, la libertad de pensamiento y expresión a don Gerardo) y la Sociedad Interamericana de Prensa que denunció el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Por eso la Distinción Vida y Obra a los periodistas Beatriz López, Nilsa López de Espejo y Mario Alfonso Escobar deja cierto sinsabor. Beatriz López, es una señora con amplio recorrido en el periodismo nacional y regional, con nexos y palancas políticas -como la mayoría de quienes ostentan cargos directivos en medios-, para acceder a ellos, una buena pluma, suspicaz y sensata en sus columnas. Mario Alfonso Escobar, otro señor con amplia trayectoria en la radio, pero salpicado de narcotráfico hasta los tuétanos, como todo el periodismo deportivo local de la época, con los Rodríguez Orejuela como patrones, en el Grupo Radial Colombiano, en la Universidad Santiago de Cali, en el América, en Drogas La Rebaja, en los bancos, en las discotecas, en toda la ciudad. En el país, y no me refiero al periódico. Y la señora Nilsa, pues como Beatriz, sólo que en Tuluá, con cupos y pautas cedidas como migajas por parte de las alcaldías históricas y sin la visión de país de la primera. Por esto y más desilusiona que Víctor Diusabá, el periodista invitado al soliloquio bautizado como conversatorio, Los desafíos de los nuevos tiempos para el periodismo local, no haya mencionado nada del daño terrible que le hace al periodismo el maridaje con el poder, sea cual sea, y se siga en la tarea funesta de ocultar mostrando.

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¡Cali está lista para intervenciones urbanísticas con luz!

Usando conceptos de composición visual, se puede sacar el máximo provecho de cualquier ubicación e incluso cambiar su uso.

¡Cali está lista para intervenciones urbanísticas con luz!
Especial para 90minutos.co

Usando conceptos de composición visual, se puede sacar el máximo provecho de cualquier ubicación e incluso cambiar su uso.

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Las intervenciones de luz son un mecanismo útil a la hora de aplicar el urbanismo en la ciudad. A través de la luz uno puede facilitar que los espacios sean entendidos, ocupados y disfrutados, con siluetas y enfoques que estimulen las texturas, volúmenes o profundidades.

No estamos acostumbrados a modificar nuestras condiciones lumínicas. Nuestros hábitos son claros en ese sentido. Estamos acostumbrados a una luz total durante el día y a una iluminación funcional durante las noches, tanto en exteriores como en interiores. Pero la transformación de este factor resulta en cambios evidentes. Usando conceptos de composición visual, se puede sacar el máximo provecho de cualquier ubicación e incluso cambiar su uso, desde espacios de descanso e interacción hasta intervenciones monumentales.

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Distintos artistas del mundo han tomado estas ideas y las han aplicado en el mobiliario público y los monumentos para darles mayor solemnidad, pero una de las aplicaciones más importantes queda en Montreal y ocurre por estos meses de invierno. Se trata del Festival de las Luces, y se ubica en varias plazas de la ciudad. Aprovechando que las noches son largas y frías, se hacen intervenciones monumentales y espectáculos. Es una forma inteligente de darle vida a las calles en los momentos más solitarios, y de generar movimiento en la ciudad cuando no habría razones para salir.

El trabajo de Smart Living Studio en Roldanillo es un gran ejemplo de cómo se ha aplicado este enfoque en el plano regional y nacional. Estos artistas emprendedores estuvieron a cargo de la transformación nocturna de la plaza central del pueblo, un trabajo maravilloso que ha fortalecido uno de sus espacios más concurridos con algo más de bienestar, armonía, belleza y balance.

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Hay una belleza aún no descubierta en Cali que podemos revelar con diseño lumínico, y creo que podemos hacerlo en La Retreta, el Parque del Peñón y el parque de San Antonio. Intervenciones aquí generarían un impacto inmediato por el flujo turístico y local, pero con otros espacios como el Parque Longitudinal de la 72 W o el Parque de la Flora, cambiaría la vida de los caleños que no transcurren frecuentemente por el eje central de la ciudad. Otras intervenciones localizadas en sectores clave como el Parque de las Piedras, a la bajada de los cristales, resultarían en un mayor flujo de personas que gocen de sitios distintos a los tradicionales, y es una idea que debemos tener en cuenta para ampliar la oferta turística de la ciudad.

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Se pueden desarrollar estrategias específicas para un ambiente controlado, que transmita emociones. Cali debe ponerse del lado del uso de estas tecnologías. No solo para iluminar parques y hacer figuras, o para resaltar estructuras que ya tenemos, sino para generar una sensación de seguridad y de tranquilidad en nuestros espacios públicos, y generar interacción, turismo y fotos. Podemos tener la ciudad que queremos.

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