El Viernes Santo es una de las fechas más solemnes del calendario cristiano, ya que conmemora la pasión y muerte de Jesucristo, considerado el momento central de la fe para millones de creyentes en el mundo. Este día hace parte del Triduo Pascual y se vive con recogimiento, silencio y reflexión.
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Según los relatos bíblicos, tras ser arrestado la noche anterior, Jesucristo fue llevado ante las autoridades religiosas y posteriormente ante Poncio Pilato. Aunque el gobernador romano no encontró culpabilidad suficiente, terminó autorizando su condena a muerte, presionado por la multitud.
Uno de los momentos más recordados del Viernes Santo es el viacrucis, que representa el camino de Jesús cargando la cruz hasta el monte Calvario. Durante este recorrido, se evocan episodios de sufrimiento, caídas y encuentros, que simbolizan el sacrificio asumido por la humanidad. Finalmente, Jesucristo fue crucificado, muriendo horas después en la cruz.
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La crucifixión y la resurrección de Jesucristo
La crucifixión es el hecho central de esta jornada. Para los cristianos, este acto representa la entrega total de Jesús por la salvación de la humanidad, el perdón de los pecados y la manifestación máxima del amor divino. Por ello, el Viernes Santo no es un día de celebración, sino de luto y contemplación.
En muchas iglesias no se celebra misa, sino liturgias especiales centradas en la adoración de la cruz y la lectura de la pasión. Además, es común que los fieles participen en procesiones y actos simbólicos que recrean los últimos momentos de Jesús.
Finalmente, el Viernes Santo radica en su profundo significado espiritual: invita a reflexionar sobre el sacrificio, la fe, el perdón y la esperanza. En muchos países del mundo esta fecha también tiene un fuerte componente cultural, con tradiciones que reúnen a comunidades enteras.
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