La forma en que la Iglesia católica comunica la elección de un nuevo Papa no es a través de redes sociales ni medios tradicionales. El anuncio se realiza mediante el humo que sale de una chimenea instalada sobre la Capilla Sixtina.
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Si de esta chimenea sale humo negro, significa que aún no se ha alcanzado un consenso. En cambio, si el humo es blanco, la decisión está tomada: Habemus Papam.
Aunque puede parecer un proceso sencillo, detrás de ese humo hay una serie de preparativos técnicos y simbólicos cuidadosamente diseñados:
- La chimenea debe construirse bajo especificaciones precisas.
- La estufa se diseña especialmente para este propósito.
- Se utilizan mezclas químicas exactas para generar el humo del color deseado.
Todo está planeado meticulosamente, con el fin de que el mensaje sea claro para el mundo entero.
Este proceso es llevado a cabo por un equipo de ingenieros y funcionarios del Vaticano, en conjunto con las autoridades eclesiásticas.
La tradición de quemar las papeletas de votación se remonta al siglo XV y se convirtió en una costumbre del cónclave. Su objetivo es garantizar la transparencia del proceso, evitar cualquier manipulación y responder a la presión que generan los retrasos en la elección.
Con el tiempo, el Vaticano adoptó el humo como símbolo de comunicación, sin comprometer la confidencialidad del voto papal.
¿Cómo es la instalación?
Dentro de la Capilla Sixtina se instalan dos estufas: una se encarga de quemar las papeletas de votación, y la otra de generar las señales de humo.
Ambas están conectadas a un conducto que asciende hasta el exterior de la capilla. Hace pocos días se pudo ver a bomberos instalando la chimenea en su lugar, mientras obreros preparaban las estufas en el interior.

La Capilla Sixtina fue construida hace más de 500 años y no fue diseñada para emitir señales de humo, así que se adapta cada vez que hay cónclave. Por eso, la instalación del sistema debe hacerse de forma segura y discreta.
Los técnicos crean una trampilla provisional donde se ubica el conducto del humo, normalmente fabricado en hierro o acero. La tubería conecta las estufas con el exterior y emerge entre los tejados de la Plaza de San Pedro.
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Cada junta es sellada cuidadosamente para evitar fugas, y todos los componentes se someten a pruebas técnicas. Incluso se realizan ensayos con humo en los días previos al cónclave para garantizar que todo funcione en tiempo real.
El montaje se realiza antes de la llegada de los cardenales y se desmonta una vez que se ha elegido al nuevo Papa.
Para asegurar que el color del humo sea claramente visible, se combinan diferentes sustancias químicas. Además, el sonido de las campanas de San Pedro sirve como confirmación adicional al Habemus Papam.
“En esencia, lo que están construyendo aquí son dos fuegos artificiales a medida. Para el humo negro, se quema una mezcla de perclorato potásico, antraceno y azufre, que produce un humo espeso y oscuro. Para el humo blanco, se utiliza una combinación de clorato potásico, lactosa y colofonia de pino, que se quema de forma limpia y pálida”
Mark Lorch, jefe del departamento de química y bioquímica de la Universidad de Hull, Reino Unido, para BBC
Aunque han surgido propuestas para modernizar el sistema, el Vaticano defiende esta tradición como símbolo de continuidad a lo largo de los siglos.
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