-Búsquelas y dígales que va de parte de Guaguancó y verá que le dicen todo lo que necesite saber- aseguró aquel hombre en la plaza de Caycedo, en esa tarde del 8 de Marzo del 2016.
En la Calle 12 lo primero es saludar al cliente, atenderlo con amabilidad. Segundo, ser rápido pero hacer bien el trabajo, entender que el cliente viene con afán. Tercero ser cuidadosa no irle a manchar la media al cliente. Por último, tener seguro al cliente porque en esta calle pasa mucho criminal- explica doña Abenair. En 1984 llegaron a este lugar las primeras mujeres lustradoras de zapatos. A ellas no las recibieron con bombos y platillos, por el contrario sus colegas les hicieron la guerra durante mucho tiempo argumentando que este no era un oficio para mujeres.
Año 2016. Cinco mujeres en fila india, tras unas cuantas sombrillas al sol y al agua, de lunes a sábado en este mismo lugar.
En esta calle del centro de Cali se hicieron famosas las dos caleñas más auténticas, ‘las sin tocaya’ educadas por la escuela de la vida.
“Si todos estuviéramos de acuerdo con Santos habría paz porque siempre es mejor la paz que la guerra”- expresó doña Abenair, quien se dedicaba a leer la prensa constantemente y a debatir abiertamente acerca del proceso de paz que atravesaba Colombia en esa época. En sus ratos libres, la Biblia era la mejor aliada de doña Abenair quién enaltece para todo su versículo favorito, Deuteronomio 20:5 con este sustenta que en vez de irse a pelear es mejor disfrutar del calor de la familia antes de morir en medio de batallas que no llevan a nada provechoso.
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Entre las muchas cosas que suceden en esta zona, un día llegó un habitante de la calle, con un nacido enorme sin poder encontrar solución alguna, ni siquiera en la droguería y en el hospital le hicieron más que aplicarle inyecciones. Sin embargo, doña Meralba armada de valor le dijo en un tono convincente: -si usted es verraquito siéntese en esa silla yo le saco eso. En ese momento, doña Abenair fue a comprar gasa, alcohol y un bisturí. Doña Meralba le lavó con jabón y champú (de ese que también usan para el calzado), le vació media caneca de alcohol y con el bisturí le hizo una crucecita. De inmediato esta mujer aguerrida se le pegó de la pierna hasta sacarle toda la materia acumulada, el hombre gritaba de dolor desaforadamente. Al final le fue bien, ellas le dieron el almuerzo y doña Meralba le aplicó antitetánica. En últimas, quedó con la barriga llena y el corazón contento.
Es así como estas dos mujeres desde la década de los noventas empezaron a compartir desde un cajón de embolar hasta una sopa. Meralba no es Médica ni psicóloga y Abenair no es maestra de religión o de política como hubiesen querido. Sin embargo lo ejercen en cuanto chance les regala la misma que las formó: la calle.
Cada una es madre por elección demostrando que “madre no es la que la parió sino la que la cria”; por lo que se refiere al término ‘Madres’ estas damas adoptaron incluso al famoso ‘Guaguancó’ le enseñaron a leer, escribir, embolar y como llevar la vida.
Era 2 de abril, cuando doña Meralba y doña Abenair amigas contristadas por lo ocurrido por aquel amargo recuerdo “Duvan lo cogió por la espalda porque sabía que si lo apuñalaba de frente ‘Guaguancó’ lo mataba. Lo más doloroso es que la puñalada fue por la espalda, después de haber sido Guaguancó el que le enseñó todo sobre como lustrar y le dio un lugar.” Cargada de ira e impotencia Meralba asegura que si hubiera estado en ese momento se hubiera hecho matar para salvar a Guaguancó pues él era parte de ese calor de hogar que emerge de ‘Las sin Tocayas’ en esa familia que se formó entre la escases y las ganas insaciables de salir adelante. Lamentablemente, la canción el ‘Guaguancó del adiós’ rindió homenaje de su alter ego.
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De ellas saben muchos, Carlos Vives, Margarita Rosa de Francisco, Carlos Pizarro, El Flaco Agudelo, Jeringa, La Gorda Fabiola y una infinidad de políticos, abogados y sin querer los controversiales ‘Rodríguez’ que ponían a Merlaba para embolar unos 200 zapatos al día en aquellos viejos tiempos gracias a su carisma particular.
Así son recordadas. Fuertes, tenaces, esforzadas y valientes como dice la Biblia, ‘Echadas pa adelante’, como las colombianas y tal cual la canción de Piper Pimienta: son como las flores. Entre las últimas carcajadas de la tarde contando anécdotas de sus 30 años como ‘embellecedoras de calzado’ dan los últimos consejos con los que el viento provee una atmósfera mágica y radical en aquel ambiente opaco por el duelo que cargaban tras la muerte de uno de sus parientes de la familia de la Calle 12. Doña Meralba asiente cargada de convicción -La necesidad lo hace a uno profesional-.
En homenaje a las lustrabotas de la Calle 12 del centro de Cali.
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