El atentado con carro bomba en Corinto, Cauca, dejó al menos 10 locales destruidos y familias devastadas. Los comerciantes piden respaldo urgente del Gobierno Nacional.
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El norte del Cauca despertó con el estruendo del terror. A las primeras horas de la madrugada, un carro bomba explotó en pleno casco urbano de Corinto, destruyendo locales comerciales, entre ellos panaderías, un billar, un salón de belleza y un almacén de repuestos.
El impacto fue demoledor. Comerciantes y vecinos vieron cómo sus proyectos de vida se convirtieron en ruinas. La violencia, una vez más, dejó huellas imborrables en una población golpeada históricamente por el conflicto.
“Una impotencia, una tristeza muy grand estamos hablando de más de 10 personas o familias que quedan afectadas con este atentado”.
Breyner Méndez, comerciante afectado, con la voz entrecortada frente a los escombros de su negocio.
A su lado, Amparo Hincapié, dueña de una panadería, intentaba rescatar lo poco que quedó tras la explosión.
El hecho dejó daños materiales millonarios. Aunque no se han confirmado víctimas mortales en este caso específico, el saldo emocional es incalculable. Las familias damnificadas lo perdieron todo: ingresos, estabilidad y seguridad.
El alcalde de Corinto, Andrés Díaz, hizo un llamado urgente al Estado:
“Necesitamos esa presencia, ese respaldo a nuestra población civil con todas sus capacidades para que nos podamos recuperar”.
Expresó el mandatario.
Este atentado se suma a otros hechos violentos registrados simultáneamente en el suroccidente colombiano, pero en Corinto el miedo no termina con la explosión. Los rumores de nuevos ataques mantienen en alerta a la población.
La comunidad exige garantías. No quieren discursos, sino acciones que permitan reconstruir sus vidas.
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