El apego seguro es un tipo de vínculo emocional que se establece principalmente durante la infancia entre un niño y su cuidador principal, y que se caracteriza por brindar confianza, protección y estabilidad.
Este tipo de apego permite que el niño desarrolle una sensación de seguridad interna, lo que le facilita explorar su entorno, regular sus emociones y construir relaciones saludables a lo largo de la vida.
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La teoría del apego fue desarrollada inicialmente por el psicólogo británico John Bowlby, quien planteó que los vínculos tempranos tienen un impacto profundo y duradero en el desarrollo socioemocional.
Justamente, Bowlby señaló que un cuidador sensible y disponible afecta directamente la forma en que un niño aprende a comprender el mundo. Y a relacionarse con los demás.
Más estudios sobre cómo se relacionan las personas
Uno de los estudios más influyentes sobre este tema fue el de Mary Ainsworth, quien en la década de 1970 desarrolló el famoso experimento conocido como la Situación Extraña (Strange Situation).
En dicho experimento, se profundizó sobre los tipos de apegos: reforzando la importancia del bienestar. Entre ellos, el apego seguro donde se presentan mejores habilidades sociales, mayor autoestima y menos probabilidad de desarrollar problemas emocionales durante la adolescencia y la adultez.
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Igualmente, el apego seguro es un vínculo fundamental que favorece un desarrollo emocional equilibrado, relaciones sanas y una mejor capacidad de afrontar el estrés.
En adición, el apego seguro también influye en la forma en que los adultos construyen relaciones afectivas. Según la psicóloga Ana Fisgativa, este tipo de relaciones tienden a confiar más en sus parejas, expresar mejor sus emociones y manejar los conflictos con mayor estabilidad.
En síntesis, la investigación científica y el acompañamiento terapéutico respalda que cuidadores sensibles y consistentes son claves para construir este tipo de personas y vínculos. Por su parte, los apegos ansiosos, evitativos y desorganizados son la contraparte.
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