En los próximos días Cali será la sede inaugural de una copa que trae inclusión, unión y visibilidad para un deporte que, poco a poco, se ha venido ganando un espacio en Colombia.
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La Copa América Femenina será el reflejo de un grupo de deportistas que, en silencio y sin mucha prensa, han trabajado por brindarle oportunidades a generaciones que encuentran en el fútbol nuevos espacios de entretenimiento sano, pero, además, la oportunidad de reflejarse como lo que son y lo que sienten.
Y ahí sí que han tenido un papel muy importante los jóvenes. por muchos años, estas jóvenes de apellidos Usme, Rincón, Rodallega, Córdoba, Ariza, entre otras, se esforzaron por ganarse un espacio en un círculo que parecía imposible de cruzar y que, con el tiempo, se fueron doblegando hasta brindar lo que, hasta ahora tienen, pero que todos sabemos, está en su mínima expresión.
pero ahí es donde me gustaría detenerme. la Copa América empieza a ser el triunfo a una batalla que se dio de manera sana, de manera honesta, denunciando a quienes pretendían pisarlas, pero con la mayor altura y respeto. es un ejemplo para todos los jóvenes que hoy no se sienten representados, pero no luchan como un colectivo.
el fútbol femenino en Colombia es el mejor ejemplo para nuestra sociedad de cómo se debe realizar una lucha con sentido, organización, inteligencia y perseverancia. no se trata de destruir, de insultar o de trabajar por distintos caminos. La unión hace la fuerza, es más que demostrado.
Mañana seremos testigos de uno de los torneos más importantes de Suramérica este año. Cali será, como la mítica capital deportiva de América, la sede inaugural de un evento que más allá del espectáculo, refleja la lucha de género que ganó su espacio.
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