El papa Francisco, fallecido este lunes de Pascua, deja un legado imborrable para Colombia. Su visita en 2017 marcó un punto crucial en el camino hacia la paz.
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Una visita cargada de simbolismo y esperanza
El sumo pontífice llegó a Colombia en un momento clave: justo cuando el país comenzaba a implementar los acuerdos de paz firmados en 2016 con las FARC. Su presencia no solo dio respaldo moral a ese proceso, sino que ayudó a fortalecer el mensaje de reconciliación entre víctimas y victimarios.


Francisco habló con claridad sobre el perdón y la justicia
Desde su llegada, el papa invitó al país a “dar el primer paso”. Así tituló su visita. Durante sus homilías, llamó al diálogo, al respeto por la vida y al fin del odio.
En Medellín, Bogotá, Villavicencio y Cartagena, recordó que la paz se construye con actos, no solo con palabras.
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Defensor de los pobres, la justicia y la dignidad
Francisco se mostró cercano a los excluidos. Denunció la desigualdad social, la violencia sistemática y el abandono del campo.
En cada encuentro, abogó por una Colombia más igualitaria. Su mensaje fue claro: sin justicia social no hay paz duradera.
Durante su visita, no solo habló al país urbano. También elevó la voz de los territorios más golpeados por el conflicto.
En Villavicencio, por ejemplo, bendijo el proceso de reconciliación entre excombatientes y víctimas. Para muchos, su presencia allí representó un acto de sanación nacional.
El fallecimiento de Francisco ocurre en un lunes de Pascua, día que simboliza la resurrección. Muchos lo interpretan como un mensaje de cambio para Colombia. Un llamado a no desfallecer en la búsqueda de una paz aún incompleta.
Hoy el mundo llora su partida. Pero Colombia, en especial, lo recuerda como un mensajero de fraternidad universal. Su legado sigue vigente: no hay reconciliación sin verdad, ni paz sin justicia.
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