Cada año, equipos de protección ambiental rescatan en Cali a cientos de animales silvestres que han vivido en cautiverio o han sufrido por el tráfico ilegal.
La problemática no proviene solo de redes criminales: muchas personas retiran animales de su entorno, manipulan crías o intentan mantener especies silvestres como mascotas, lo que agrava el daño.
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En el Valle del Cauca, las especies más afectadas siguen siendo guacamayas, loros cabeza azul, monos capuchinos y tortugas de río, todas vulnerables al estrés, lesiones y pérdida de habilidades naturales.
El DAGMA ha recuperado más de 3.000 animales este año
En lo que va del año, el DAGMA ha atendido más de 3.200 animales, muchos llegan con estrés severo, heridas o pérdida de comportamientos naturales, como volar, cazar o reconocer amenazas.
“El proceso de rehabilitación depende de cómo llega cada animal, tenemos que buscar que esos animales que estuvieron en cautiverio un determinado tiempo, puedan volver a expresar sus hábitos”, explicó Gustavo Trujillo, director de Gestión Ambiental.
Los especialistas veterinarios, zootecnistas, biólogos y expertos en fauna silvestre trabajan para que cada ejemplar recupere sus hábitos y regrese a su ecosistema.
Sin embargo, muchos animales que pasaron 15, 20 o incluso 30 años en cautiverio no logran recuperar completamente sus habilidades.
De los más de 3.200 animales recuperados este año, 1.389 ya volvieron a la vida silvestre, los demás continúan en manejo especializado por daños físicos o conductuales.
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Procesos prolongados y apoyo institucional
Cuando un animal pierde habilidades naturales, su recuperación puede extenderse por meses o años, en algunos casos, los equipos deben remitirlos a instituciones especializadas como el Zoológico de Cali, donde profesionales trabajan para estabilizar su salud y comportamiento.
“Muchos llegan con problemas médicos, nutricionales y comportamentales complejos”, señaló Dave Wehdeking, gerente del Zoológico de Cali.
Antes de cualquier decisión, cada ejemplar pasa por un periodo de cuarentena de uno o dos meses, según la especie. Durante ese tiempo, los equipos realizan diagnósticos completos y diseñan un plan de atención integral.
El compromiso del personal es alto, pero la capacidad de los centros sigue siendo limitada, por lo que no logran recibir todos los casos derivados del tráfico ilegal, actualmente, solo el 45% de los animales del zoológico participa en este proceso de recuperación.
Dentro del Zoológico de Cali, los equipos aplican estrategias de enriquecimiento animal para estimular comportamientos naturales.
“Son técnicas que ayudan a que el animal vuelva a comportarse de manera natural o que despliegue su comportamiento natural dentro de un área bajo cuidado profesional”, explicó Daniela Cruz, bióloga y gestora de registros.
A pesar de estos esfuerzos, más de 400 animales permanecen de manera permanente en el hogar de paso del DAGMA porque no pueden regresar a la naturaleza, solo 14 han logrado reubicarse en otros centros o zoológicos.
El tráfico ilegal genera un impacto devastador: por cada animal que una persona recibe, diez mueren durante el proceso.
Aunque los especialistas ofrecen cuidados avanzados, ningún recinto puede reemplazar el ecosistema natural. Cuando un animal no puede regresar a la vida silvestre, no es posible trasladarlo y tampoco logra mantener una buena calidad de vida, los equipos consideran la eutanasia como última opción en casos extremos.
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