Un análisis conjunto de la Fundación WWB Colombia, Cali Cómo Vamos, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres y la Universidad Icesi muestra que no se trata de problemáticas aisladas, sino de la suma de factores que se acumulan, condicionando la autonomía y las decisiones cotidianas de las mujeres en Cali y su zona rural.
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Las mujeres en Cali viven en medio de tensiones que atraviesan su cotidianidad: más violencia en sus entornos, menos ingresos que los hombres, brechas económicas, una sobrecarga histórica de cuidado y profundas desigualdades en la ruralidad.
Las cifras más recientes muestran que estos fenómenos no ocurren de manera aislada, sino que se entrelazan y condicionan la autonomía de las mujeres en la ciudad y en el Pacífico colombiano.
En 2025 fueron asesinadas 68 mujeres en la ciudad, la cifra más alta de los últimos tres años. Más de 4.500 denunciaron violencia intrafamiliar. Los delitos sexuales aumentaron un 18,6 % y alcanzaron su nivel más alto en cuatro años.
Al mismo tiempo, 36 de cada 100 mujeres se dedicaron principalmente a oficios del hogar, solo 56 de cada 100 participaron en el mercado laboral y su ingreso promedio fue 15 % menor que el de los hombres. En la ruralidad, apenas tres de cada diez mujeres acceden a un trabajo remunerado y nueve de cada diez lo hacen en la informalidad.
Informe alerta sobre la violencia hacia la mujer
Esta radiografía conjunta, presentada por la Fundación WWB Colombia, Cali Cómo Vamos, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres y la Universidad Icesi, integra seguridad, cuidado y autonomía económica en una sola lectura estructural.
La conclusión es clara, la violencia contra las mujeres en Cali no puede analizarse aislada de la desigualdad en ingresos por las brechas económicas ni de la distribución del cuidado.
La dependencia económica y la pobreza de tiempo no son efectos secundarios; son factores que incrementan la vulnerabilidad y restringen la capacidad real de decisión.
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Feminicidios en la ciudad
En 2025 se reportaron 68 homicidios contra mujeres en Cali, un incremento del 11,5 % frente a 2024. La ciudad registró la tasa más alta entre las principales capitales del país: 5,6 por cada cien mil mujeres, por encima de la tasa nacional (3,7).
Aunque los feminicidios disminuyeron (5 casos en 2025 frente a 14 en 2024), la reducción no implica que la violencia estructural haya cedido. Las tentativas de feminicidio alcanzaron 50 denuncias. Este 2026, entre el 1 de enero y el 21 de febrero, ya se habían reportado 8 homicidios de mujeres y 2 feminicidios.
“Según la información de Medicina Legal, en 2025 la principal circunstancia generadora de violencia intrafamiliar contra la mujer en Cali fueron los celos, representando el 33% de los casos. La incidencia de los celos como generador de esta violencia en la ciudad fue superior al dato Nacional (27%) y la más alta entre las principales capitales. Estas cifras reflejan la necesidad de fortalecer la educación emocional, la inadecuada gestión de emociones no puede seguir impactando la integridad de las mujeres”
Señaló Danny Angarita, director de Cali Cómo Vamos.
Denuncias por violencia intrafamiliar
En 2025 se registraron 4.516 denuncias de mujeres por violencia intrafamiliar en Cali, el 73 % del total de los casos. En 9 de cada 10 hechos, el agresor fue un hombre y ocho de cada 10 ocurrieron en el hogar. La principal circunstancia asociada fueron los celos (33 %), proporción superior al promedio nacional.
En delitos sexuales, la ciudad reportó 1.139 denuncias de mujeres, un aumento del 18,6 % frente al año anterior. Las mujeres representaron el 84 % de las denuncias y siete de cada diez exámenes médico-legales correspondieron a menores de edad.
“Lo que solemos ver son las denuncias por feminicidios, pero lo que no vemos son las tentativas, la violencia intrafamiliar, los delitos sexuales y las violencias económicas y patrimoniales que construyen un terreno fértil para que existan los feminicidios. La violencia es un fenómeno estructural”
Explicó Lina Buchely, directora del Observatorio para la Equidad de las Mujeres.
La violencia también se expresa en el espacio público y digital. El 15 % de mujeres encuestadas afirmó haber sido víctima de algún tipo de violencia en el MIO durante 2025. Cuatro de cada diez dejaron de usar el sistema por inseguridad. En tanto, más de la mitad de las mujeres que usan internet para trabajar han sido víctimas de agresiones en línea.
La seguridad de las mujeres también está atravesada por la dependencia económica. En Colombia, el 35 % de las mujeres mayores de 15 años no cuenta con ingresos propios, frente al 13,2 % de los hombres. En Cali, la participación laboral femenina es del 56 %, frente al 75 % masculina, y el desempleo sigue siendo mayor entre ellas.
“La situación en la ruralidad es crítica: mientras solo tres de cada diez mujeres logran tener un trabajo remunerado, casi todas lo hacen en condiciones de informalidad. Sin autonomía económica, quedan atrapadas en un ciclo de vulnerabilidad donde la dependencia se convierte en una barrera invisible, pero devastadora, para su seguridad y toma de decisiones”
Señaló Soraya Husain-Talero, directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia.
Menos empleo e ingresos
Durante 2025, 36 de cada 100 mujeres de 15 años o más se dedicaron principalmente a oficios del hogar, frente a 7 de cada 100 hombres. Solo 56 de cada 100 mujeres participaron en el mercado laboral, frente a 74 de cada 100 hombres. La tasa de ocupación femenina fue del 50%, que representa 18,6 puntos porcentuales menos que la masculina (68,6%).
La tasa de desempleo femenina alcanzó el 10,2%, cifra que superó en 2,8 puntos porcentuales la masculina. Entre mujeres jóvenes de 15 a 28 años, la tasa de desempleo fue del 19,9%, frente al 13,3% de los hombres jóvenes. En mujeres indígenas fue del 13,3% y en afrocolombianas del 15,7%, superiores al 8,0% de mujeres sin autorreconocimiento étnico.
Asimismo, los ingresos, el promedio laboral mensual de las mujeres fue de 1.945.234 pesos, un 15,1% menos que el de los hombres (2.291.565 pesos). En la vejez, 72 de cada 100 mujeres de 60 años o más no estaban cotizando ni tenían pensión.
“Es necesario seguir fortaleciendo los ecosistemas de emprendimiento con financiamiento, acompañamiento y desarrollo de capacidades técnicas y comerciales para aquellas mujeres que ven en el emprendimiento una manera para generar ingresos y posiblemente generar otros empleos”
Dijo Soraya Husain-Talero, directora de Investigaciones de la Fundación WWB Colombia.
Para Lina Buchely, la relación entre las brechas económicas y violencia hacia las mujeres de Cali es directa: “Está comprobado que las mujeres que tienen soberanías económicas pueden romper más fácil los circuitos de la violencia. Una mujer autónoma económicamente puede decidir abandonar a su agresor, pero una mujer con dependencia económica no puede tomar esa decisión”.
El cuidado: la raíz estructural de la desigualdad
Detrás de las brechas en empleo y de la vulnerabilidad frente a la violencia hay un factor persistente: la organización social del cuidado. El trabajo de cuidado no remunerado representó el 19,6 % del PIB nacional entre 2022 y 2023, equivalente a 230,3 billones de pesos. Sin embargo, continúa recayendo de manera desproporcionada en las mujeres.
Ellas dedican en promedio 7 horas y 46 minutos diarios a estas labores; en centros poblados y ruralidad dispersa, la carga asciende a 8 horas y 53 minutos. Esta pobreza de tiempo limita su inserción laboral, interrumpe trayectorias productivas y afecta su salud física y mental.
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