Mucho antes de que Bogotá se levantara contra el régimen español, en Santiago de Cali ya se sentía el aire de la emancipación. El 3 de julio de 1810, en la sede del Cabildo, donde hoy se encuentra el Palacio Nacional, en la calle 12 con carrera 4; esta ciudad proclamó su autonomía, marcando el inicio del proceso independentista en Colombia.
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Este acto no fue improvisado. Desde semanas atrás, las ideas libertarias se tejían en silencio, en espacios como la Hacienda Cañasgordas y el Convento de San Francisco. Allí, líderes criollos planearon una estrategia que les permitiera romper con el dominio español sin ser aplastados por la represión.
Según el historiador Nicolás Ramos, fue en esta fecha cuando “el cabildo y el pueblo de Cali firmaron el acta del 3 de julio, el primer acto de autodeterminación en la historia de Colombia”.
“Véngase a gobernar con nosotros”: un mensaje claro y sutil
De acuerdo con el médico y defensor de la memoria histórica Alberto Silva Scarpetta (q.e.p.d.), la declaración no fue un grito abierto de rebeldía, sino una manifestación diplomática de autonomía.
“Le decían al rey que lo querían, pero que necesitaban que viniera a gobernar con sus ministros… o que ellos mismos lo harían”.
Relató
Era una forma de evitar represalias, mientras se sembraban las bases de un nuevo gobierno.
Una plaza que fue cuna y escenario
La Plaza de Cayzedo fue testigo y protagonista de este hecho histórico. Allí se firmó el acta, se redactó la proclama de Joaquín de Cayzedo y Cuero, y desde allí partieron las tropas que lucharon por la libertad. También fue escenario de dolor: doce caleños fueron fusilados por apoyar la causa.
Posteriormente, desde esta misma plaza partieron fuerzas libertadoras hacia Buenaventura y Ecuador, en una serie de gestas que contribuyeron a la liberación de Sudamérica.
Inconformismo, impuestos y crisis española
Pero ¿por qué se dio primero el grito en Cali? Rafael Salazar, miembro de la Academia de Historia (q.e.p.d.), explicó que el movimiento fue alentado por noticias llegadas desde Quito, donde ya se hablaba de independencia desde 1809. Además, la población criolla estaba cansada de los altos impuestos, la discriminación y la lejanía del poder real.
Mientras tanto, España vivía su propia crisis: ocupada por las tropas de Napoleón, había perdido a sus reyes legítimos. En ese vacío de poder, surgieron las juntas de gobierno en América.
El acta: oculta durante décadas, rescatada para la historia
Aunque el acta original estuvo perdida durante casi 180 años, fue hallada en el Archivo General de la Nación por el historiador José Tomás Uribe. Hoy, estos documentos incluyendo la arenga de Joaquín de Cayzedo y Cuero y la correspondencia enviada a la Junta de Regencia, son prueba de que Cali fue pionera en la lucha por la libertad.
Un pueblo con sed de libertad
Cali, con apenas siete mil habitantes en ese entonces, ya había dado señales de querer liberarse desde siglos atrás. El espíritu insurrecto venía desde la Revolución de los Comuneros en 1781 y se fortaleció con las ideas sembradas por la Expedición Botánica.
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El 3 de julio de 1810 no fue un acto aislado, fue el reflejo de un pueblo que supo aprovechar el momento para tomar las riendas de su destino. Hoy, 212 años después, su legado sigue vivo.
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