La reglamentación de la prohibición de pruebas en animales para productos cosméticos en Colombia representa un avance importante en materia de protección animal y consumo responsable. Aunque la Ley 2047 de 2020 ya había establecido esta prohibición, durante varios años existió un vacío sobre la manera en que debía aplicarse y vigilarse.
Ahora, con nuevas medidas y lineamientos claros, el país fortalece el control sobre la industria cosmética y promueve prácticas más éticas.
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La abogada y docente de la Universidad Autónoma de Occidente, Stephanie Oliveros, explicó que esta reglamentación permite definir mecanismos concretos para verificar el cumplimiento de la norma.
Y evitar que productos testeados en animales lleguen al mercado colombiano. Según indicó, “por fin se formula una reglamentación frente a la Ley 2047 del 2020”, una medida que durante años fue esperada por organizaciones defensoras de animales y consumidores interesados en productos cruelty free.


¿Qué dice la reglamentación sobre las pruebas en animales?
La nueva reglamentación también establece controles para las empresas importadoras y fabricantes. Entre las medidas mencionadas se encuentra la obligación de presentar declaraciones de conformidad que certifiquen que los productos cosméticos no fueron probados en animales. En caso de incumplimiento, las autoridades podrán impedir la importación de productos o rechazar trámites y certificaciones ante el Invima.
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De acuerdo con Stephanie Oliveros, estas disposiciones buscan generar mayor transparencia y garantizar que las marcas cumplan realmente con estándares éticos. La jurista señaló además que, si no se presenta la documentación requerida, “puede existir bloqueo de importación” y también requerimientos para completar la información exigida por las autoridades sanitarias.
La decisión fortalece el crecimiento de los productos cruelty free en Colombia, una tendencia que ha ganado fuerza en los últimos años gracias al interés de consumidores que buscan alternativas responsables con los animales y el medio ambiente. Cada vez más personas revisan etiquetas, investigan procesos de producción y prefieren marcas comprometidas con prácticas libres de maltrato animal.
Además del impacto comercial, la reglamentación tiene un componente educativo y social, ya que promueve la conciencia sobre la protección de la fauna y la necesidad de adoptar métodos científicos alternativos para evaluar la seguridad de los productos cosméticos. Por ende, la protección animal es una responsabilidad colectiva que involucra tanto a las empresas como a los consumidores y las instituciones.

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