La crisis educativa en Cali no surge de la noche a la mañana. Durante los últimos diez años, las aulas de la ciudad han ido quedando vacías poco a poco, hasta que más de 80.000 estudiantes dejaron de asistir a clase.
Salones que antes estaban llenos de risas, sueños y libros abiertos hoy permanecen silenciosos, y detrás de cada silla vacía hay una historia de dificultades, abandono y oportunidades perdidas.
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La deserción escolar es un fenómeno complejo, resultado de múltiples factores que se combinan y refuerzan entre sí:
- La falta de docentes,
- La infraestructura deteriorada,
- Las dificultades económicas de las familias,
- El trabajo infantil
- El consumo de sustancias,
- Los problemas familiares
- La ausencia de orientación y motivación.
Cada factor contribuye a que muchos jóvenes se vean obligados a abandonar su derecho a la educación.

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Los niños y niñas que nosotros atendemos en Siloé en la comuna 20, gran parte de ellos no están escolarizados, no están vinculados al sistema educativo debido a las realidades sociales y los contextos que ellos tienen, que tenemos a niños migrantes, niños desplazados por la violencia, niños víctimas del conflicto armado y eso va generando una complejidad para que la escuela se convierta como en ese ese escenario principal a que el niño tiene acceso.
Nathalia Hoyos, directora Nuestro Cuento.

Frente a esta situación, fundaciones y colectivos comunitarios han intervenido para ofrecer apoyo educativo, social y recreativo. Polideportivos abandonados y escuelas deshabitadas se han transformado en centros donde los niños pueden aprender, capacitarse y recibir acompañamiento.
Estas iniciativas buscan que la educación no solo sea un deber, sino una oportunidad de crecimiento y protección frente a riesgos como el reclutamiento por estructuras criminales o el trabajo infantil.
Es por eso que nuestro cuento entra ahí justamente a atender y apoyar esa circunstancia para no solamente complementar el aprendizaje y la educación y las enseñanzas que les brindamos, sino también para apoyar a que puedan escolarizarse.
Nathalia Hoyos, directora fundación Nuestro Cuento
Decidimos comenzar a crear espacios y zonas verdes donde pudieran los niños eh capacitarse y aprender.
El polideportivo que estaba abandonado es un espacio para hacer deporte, que hay una escuela deshabitada sin programas, podemos llevar educación ambiental, cultural y otro tipo de educaciones. Quisimos demostrarle a la comunidad de que si hay gente que le duele su ciudad y quiere ir a los niños bien
Andrés Herrera Erazo, Colectivo Isla bonita

Las cifras muestran un leve avance: mientras que en 2024 la deserción escolar alcanzó el 6%, el año 2025 se redujo al 5,1%. Sin embargo, la cifra sigue por encima del promedio nacional de 3,8%.
Las comunas 1, 6, 13, 14, 15, 18, 20 y 21 concentran los índices más altos. El plan de desarrollo distrital busca reducir la deserción en un 2%, y ya se ha logrado un avance del 1.2%
Dentro del plan de desarrollo distrital aprobado, tenemos un compromiso de la reducción en deserción de un 2% y ya llevamos un 1.2% eh de avance. Situación que nos pone, pues muy contentos, en tanto cuando la cifra de deserción disminuye, quiere decir que los niños, las niñas, los jóvenes, los adolescentes del distrito quieren permanecer más dentro de sus instituciones educativas.
Sara Mercedes Rodas, secretaria de Educación

Además, se realizó un llamado a los gobiernos locales para realizar una inversión a la educación:
Que los gobiernos locales inviertan dinero, contraten fundaciones, contraten estas entidades para que ellos reciban a los niños cuando terminen su colegio para que vayan a hacer actividad.
Hernando González, representante a la cámara partido Cambio Radical
Mantener a los estudiantes en la escuela no depende únicamente de los colegios ni del gobierno. Se requieren becas, alimentación, transporte, infraestructura y acompañamiento psicosocial, pero sobre todo, acción desde la comunidad.
Cada fundación, colectivo y líder barrial que trabaja día a día para que un niño permanezca en la escuela está protegiendo su educación y su futuro.
Porque cada estudiante que abandona las aulas no solo deja de aprender: deja de soñar, de crecer y de formar parte del futuro de Cali. La crisis no es solo educativa, es social y humana, y su resolución depende de que la ciudad, sus líderes y su comunidad trabajen unidos para que ningún niño quede atrás.
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