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“Yo soy el milagro”: Edwin Zúñiga Restrepo

La doctora que le dijo a su esposa Raquel: “Edwin está en fase terminal, su cáncer es etapa cuatro. La metástasis es muy dura y sólo podemos darle cuidado paliativo”. Y después a él: “Sepa que usted no tiene cura, usted no se va alentar y si se alienta es un milagro”, ahora lo ratifica, usted es un hermoso milagro. Con un sólo riñón, una vértebra de titanio y diez tumores en el cuerpo, se aferró a Dios y a la bicicleta.

“Yo soy el milagro”: Edwin Zúñiga Restrepo
Tomado de @edwinzunigarestrepo.

La doctora que le dijo a su esposa Raquel: “Edwin está en fase terminal, su cáncer es etapa cuatro. La metástasis es muy dura y sólo podemos darle cuidado paliativo”. Y después a él: “Sepa que usted no tiene cura, usted no se va alentar y si se alienta es un milagro”, ahora lo ratifica, usted es un hermoso milagro. Con un sólo riñón, una vértebra de titanio y diez tumores en el cuerpo, se aferró a Dios y a la bicicleta.

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Esta es una de las once historias del libro 'Biciblemente: historias de vida y bielas'

Hace 40 años Siloé ya tenía más de 70 años, pero la comuna 20 de Cali no tenía los 11 barrios que hoy la conforman, aunque muchos crean todavía que Siloé es la montaña completa coronada con una estrella gigantesca que se divisa plena desde el frente del Centro Comercial Cosmocentro y que hasta hace una década se encendía sólo en diciembre.

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Había nacido con el siglo XX cuando la pobreza comenzó a treparse por las laderas de la ciudad proveniente de los campos ensangrentados de Huila y Tolima; y las minas oscuras y peliagudas de Marmato-Caldas y lo que hoy conocemos como el Eje Cafetero. Aupada sobre los hombros de campesinos huyentes de la violencia que no sabían que la llevaban incubada, la estrechez económica tantas veces vestida con los ropajes de la miseria, se instaló en el lugar para arañarle las entrañas a la tierra y subsistir de los yacimientos carboníferos que le otorgaban el sustento.

El hollín que tizna la piel, pero despercude la dignidad con trabajo recio, era una marca indeleble de la mayoría de sus gentes.

Allí, en una casita humilde –colgada en la ladera– que parecía como todas las del sector aferrarse a la loma como el pájaro carpintero se aferra al tronco donde cava su nido picotazo a picotazo, nació y vivió su primera infancia el protagonista de una historia de vida que rinde tributo al Príncipe de las paradojas, el británico Gilbert K. Chesterton:

“Lo increíble de los milagros, es que ocurren”.

El rancho se levantó en la medida de las posibilidades de Simeón Zúñiga, un cotero que madrugaba a ‘bultear’ todos los días en Cavasa, por eso nunca les faltó la ‘papa’. Con los pocos excedentes, compraba materiales que se subían al lomo de las bestias en sillas de carga desde las ferreterías incipientes del plan que se volvieron imponentes cuando la migración interna creció a borbotones. Seis años tenía Edwin Zúñiga Restrepo cuando una baranda de esterilla de guadua, no soportó la curiosidad del pequeño que cayó al vacío.

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En las zonas marginadas de ladera de cualquier ciudad o pueblo de Colombia la necesidad desafía los principios de la ingeniería, de la arquitectura y hasta de la Ley de gravedad.

Los caminos se convierten en callejuelas y las casuchas en mansiones de la creatividad que crecen de arriba hacia abajo y donde lo rudimentario se transforma en suntuosidad popular.

La lámina del bambú nacional que fungía como barandilla cedió y aquel niño convertido hoy en un hombre de 47 años no recuerda nada del hecho, sólo lo que le cuenta su mamá, María Restrepo, que no ha dejado de decirle mi muchacho. Como todos los patios, éste quedaba atrás de la casa, sólo que abajo, donde estaba el lavadero y unas matas de plátano, vestigios de la ruralidad.

Edwin se fue de bruces y cayó de espalda en la alberca, que a veces servía de piscina a los más chiquitos de la familia. La fuerza de la gravedad la amortiguó el tendedero, pues las cuerdas de extender la ropa redujeron la velocidad de caída y el golpe se convirtió en otra anécdota de supervivencia con un par de moretones

Casi cuarenta años después, el cuerpo pasó la factura y del chapuzón en el tanque del lavadero y el golpe en la espalda, daba cuenta un riñón maltrecho que lo puso a orinar coágulos de sangre.

El dolor era insoportable, ya había tenido el ‘parto de hombres’ –cálculos renales–, pero esta vez en la Clínica Oriente sentía como si se le fuera a perder su norte. Era algo diferente, muy intenso. Los médicos le dijeron que eran cálculos y él, que ya sabía de esos dolores –y de las penas de amor–, se tranquilizaba a si mismo con el sosiego que entregan la fe y el desconocimiento.

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Lo remitieron a la Clínica Nuestra Señora de los Remedios y allí, un médico sin anestesia física, tacto ético o cálculo moral, le dijo a quemarropa: usted lo que tiene es cáncer y un tumor que ha afectado el 80% del riñón izquierdo. Corría 2018. Edwin se desvaneció. Entró en pánico. Lloró de miedo.

Y llamó a Raquel, la mujer de la que se había separado hacía un par de años, por la única enfermedad que hasta ese momento había padecido y parecía incurable: ser un enamoradizo compulsivo de las mujeres. Con ella lleva 22 años y tienen una hija, Sofía Zúñiga Posso, de 17 años. Los mismos años que tenía cuando fue papá por primera vez, de María Camila Zúñiga García, de 29 años.  

Lo primero que le pidió Edwin a Raquel fue silencio. Ella, su hijo y las hijas de Edwin, asumieron esa callada misión. Que su familia materna no supiera nada. Ya bastante había sufrido su mamá para causarle más dolor. La noticia se quedó encapsulada, como estaba su riñón, envuelto por un tumor de dos kilos, que no permitía una cirugía laparoscópica.

Y así, con esa pavorosa información encerrada entre la compasión y el desasosiego, los dos esperaron más de cinco meses la noticia de la cirugía. Entre los contactos de Raquel en el Club Campestre –su lugar de trabajo–, las solicitudes ante Coomeva EPS, el apoyo de Hemato Oncólogos S.A., papeleos, exámenes y la recuperación, transcurrió casi un año. Cuando por fin lo operaron se asomó una buena noticia en medio de tanta desgracia, el tumor era benigno, de células claras, invasivo y muy viejo. Les dijeron que no era necesaria la quimioterapia. Eso creyeron.

El sufrimiento los había unido de nuevo y la vida arrancaba con la fuerza con la que arranca un ciclista después de una caída para alcanzar el lote.

Con Javier Jaramillo, un amigo del canal regional Telepacífico, atendieron la invitación de un grupo de ciclismo recreativo bautizado Farallones MTB, a una exposición de bicicletas. Fueron los dos únicos que compraron. “Estábamos emprimados” recuerda Javi. Y comenzaron a montar en los espacios que deja la producción de televisión.

Edwin trabaja como camarógrafo de planta del canal desde enero de 2011. Comenzó como el pela’o de los mandados en el Noticiero Notipacífico, de Fernando Parra Duque Televisión en 1993. Allá conoció a Raquel. Era un muchachito atrevido de 17 años que no perdía oportunidad de piropearla.

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Allá dejó de contar bultos en Cavasa desde las 2:00 a.m. y de volear pala con las manos avejigadas junto a un vecino pastuso que era maestro de construcción, cuando abandonó el estudio en el Politécnico Central porque un profesor le dijo al grupo –mirándolo a él– en medio de la entrega de notas: “No falta la mula” y él le increpó: ¡Mula su madre hijueputa!

Era arrebatado, pero sano. Con cinco amigos conformaba un grupo que denominaron Código Negro.

El parche más bravo de Siloé era La Playboy, ellos apenas unos rockeritos pelilargos que no alcanzaban a metaleros, no fumaban marihuana e iban a una escuelita abandonada y sin maestros donde dictaba clase un líder de la comunidad que lo llevó al mundo de la televisión:

Juan Carlos Chambo, un periodista del Belisario Caicedo que lo sacó de ese mundo y sigue en esa lucha social.

Pasó por el Colegio Eustaquio Palacios, pero ya le había picado el bicho de la plata. Ya era papá y tenía responsabilidad. Se volvió asistente de cámara en reemplazo de un muchacho al que el suegro le pegó un tiro. El hombre era policía y Ricardo –Ruñi, ese era el remoquete del Romeo en ciernes– saltaba la tapia de su casa en Terrón Colorado, para tener encuentros furtivos con la hija del ‘tombo’. Casi lo mata. Lo salvaron la oscuridad y las escasas carnes de un cuerpo escuálido.

Edwin trabajaba de día y estudiaba de noche. Ese había sido el compromiso con su ‘cucha’, palabra muisca que significa mujer tan bella como el arcoíris. Terminó el bachillerato en el CCED (Centro de Capacitación y Educación Dirigida) y hoy estudia Dirección y Producción Audiovisual en la CUN (Corporación Unificada Nacional de Educación Superior).

“Dependo de mí compa, no me puedo fallar”.

A camarógrafo pasó por otra coyuntura, no tan trágica como la del ‘viejo Ruñi’, pero igual médica. Fernelly Cobo, oriundo de Candelaria, era un hombre tozudo, un obstinado que, en lugar de mover la cámara, pretendía mover el mundo para cuadrar un plano y lograr un buen encuadre. Movió una matera y lo dejó tieso un lumbago. Zúñiga cogió la cámara y no la volvió a soltar jamás. Bueno, sólo cuando la vida volvió a poner sobre su espalda la prueba más difícil que ha debido superar.

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Difícilmente la industria azucarera, el sector industrial y el Ferrocarril del Pacífico hubieran podido funcionar sin el carbón que extraían los primeros pobladores de Siloé, al que de cariño los amantes de la bareta rebautizaron Siloco.

Edwin no tuvo relación ni con el carbón, ni con la bareta, pero sí con la locura de la bicicleta. Un recorrido de diez horas en la ‘nena’ que le costó ‘tres palos 900’, lo llevó a la represa de la Salvajina. La cirugía de extracción del riñón era cosa del pasado, pero no. Después de esa ‘pela’ le cogió un dolor en la cintura que casi lo enloquece.

Luego del rosario de recriminaciones por excederse con la bici, la situación se tornó más tensa. No resistía nada. Ni parado, ni sentado. Ni acostado en ninguna posición. Fue llevado a Urgencias de Sanitas, la EPS a la que se cambió después de luchar en la primera para que no lo dejaran morir. Era un dolor más que insoportable. Indescriptible.

Le cortaba la respiración y le enturbiaba la mirada. Pujaba como un toro embravecido y atravesado por un acero demoledor. El tramadol no le hizo cosquillas y sólo la morfina lo calmó un poco.

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Al otro día a las 10:00 a.m. los resultados de los exámenes fueron informados por una doctora con más tacto y conciencia que el médico de 18 meses atrás. Comenzó con un “hay algo en tu columna”, que se extendió hasta la temida palabra del cangrejo: “tienes un cáncer que hizo metástasis”.

El desconcierto fue total. Acaso no era un tema del pasado. Un obstáculo superado. Ahora tenía un solo riñón y unas ganas de vivir como únicamente puede sentirlas un recién resucitado. La angustia lo invadió y el dolor cedió un poco ante lo tremendo de la noticia. El resto de la información la recibió Raquel, cuando Edwin se quedó como petrificado.

El cáncer se estaba literalmente comiendo una vértebra. Esa era la causa del dolor. Ya estaba fisurada. “Si esa vértebra se parte, Edwin queda cuadripléjico”, sentenció la galena.

Y comienza de nuevo otro calvario. El mundo estaba en pandemia, encerrado y atormentado por el desconcierto y la desinformación. Lo remitieron a un hotel pagado por su EPS para protegerlo y esperar una UCI (Unidad de Cuidado Intensivo) libre. Fueron dos semanas terribles.

Sólo podía dormir un poco bocabajo. Se movía primero con caminador y después en silla de ruedas. Pasó de 85 a 62 kilos en cuestión de 20 días. Hasta gotas de cannabis consumió en medio de la desesperación para mitigar el dolor. De nuevo pidió silencio para su familia, pero esta vez no fue posible. La situación era grave. Si no se conseguía una UCI para operarlo cuanto antes, el daño neurológico sería irreversible.

Y de pronto aparece un ángel redentor, el Dr. Darío Fuertes, un traumatólogo pastuso brillante que cada que ve a Edwin le pide perdón. Sí, lo operó al otro día de conseguirle una UCI que él mismo gestionó, pero le dijo que perdería la movilidad de la pierna derecha. Le había tocado un nervio. Era junio de 2021. La cirugía comenzó a las 7:00 a.m. y terminó a las 4:00 p.m.

Debió quitarle una costilla y entrar por el costado derecho. Ubicó el implante de titanio en la columna. No pudo retirar todo el tumor. Debía comenzar el proceso oncológico, pues tenía diez tumores en su cuerpo. Los médicos nunca se explicaron cómo respiraba, pues varios estaban en los pulmones. Y había uno del tamaño de una pelota de tenis. Los otros estaban en la columna.

Fue un error no haber hecho tratamiento de quimioterapia después de la cirugía donde le extrajeron el riñón izquierdo en febrero de 2019. Las células malignas tuvieron 16 meses para esparcirse por su cuerpo como una mala noticia.

Un TAC atómico no sólo despejó dudas, sino que en la segunda cita con la Dra. Diana Zapata, una oncóloga joven y pragmática, Raquel recibió una información lapidaria:

“Edwin está en fase terminal, su cáncer es etapa cuatro. La metástasis es muy dura y sólo podemos darle cuidado paliativo”.

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Raquel se derrumbó. Lloró a escondidas. Toda la familia debía enterarse. Ahora el que no fue informado fue Edwin. Su mujer se limitó a decirle que era preciso luchar. Es una ventaja para alguien que viene de abajo, mirar siempre hacia arriba.

Algo intuía el hombre, pues una y otra vez le decía: “Cuídame a las niñas”. Es un man sano que se aferró mucho más a Dios, con el que se había peleado. Pero la doctora lanzó una pequeña luz de esperanza en medio de semejante sensación de vacío existencial. Si la autorizaban, comenzaría un tratamiento de inmunoterapia, el segundo en Cali y Raquel aceptó con más ilusión que resignación.

La pierna derecha efectivamente se secó. También la nalga de ese lado, aunque nunca tuvo muchas, asegura este hombre con su distintiva pillería. La enfermedad lo estaba consumiendo, tanto como la tristeza y la impotencia de verse limitado. Claro, no podía caminar.

Lo bañaban, lo vestían. Fueron ocho meses casi postrado. Debían hacerle todo. Recibía un sueldo mermado por la incapacidad y los gastos se habían incrementado. Pensó en vender su bicicleta, pero un amigo –Pablo Cifuentes– le sugirió que la rifara, para recaudar más dinero. Las boletas se vendieron en un santiamén y como el destino siempre hace lo que se le da la gana, se la ganó Pablo, que en un acto de humanidad sinigual –que le quiebra la voz a Edwin y le arranca las lágrimas–, no se la recibió. Sabía cuánto significaba para él. Pero a este ciclista recreativo, obstinado y persistente, también le habían dicho que no volvería a montar en bicicleta y menos en moto. Incumplió las dos. Ama la velocidad y el cuarteto de la felicidad representado en los químicos naturales del cuerpo: endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina. Su fuerza mental y espiritual, quintuplica la física, pa’ ponerle una cifra.  

Su familia estuvo firme –tanto la Zúñiga como los Certuche, del primer matrimonio de su mamá– también algunos amigos que nunca lo desampararon. Javier Jaramillo lo visitaba y lo animaba.

Hay que volver a rodar, le decía con un nudo en la garganta y una trabazón lastimera de sentimientos en el corazón. Junto con Mónica Salazar –otra compañera del canal–, por poco acaban con las existencias de guanábana en Cali. Diversos estudios señalan que es anticancerígena y ese era el presente que le llevaban con una rigurosidad casi monástica. Moni, se convirtió incluso en su masajista de cabecera, para reactivar la sensibilidad de su pierna derecha.

La escasez de recursos venció y la bicicleta de carbono terminó en manos de Cecilia Restrepo, una profesora universitaria que quería hacer algo de deporte. Fue duro desprenderse de la cicla, pero ya se había desprendido de un riñón y de una vértebra. Incluso, regaló los uniformes. También él creyó en algún momento de desasosiego en medio del insomnio, que nada volvería a ser igual.        

Por eso lloró a raudales el día que pudo pararse, no se arrodilló porque no pudo, pero le dio gracias al cielo y al día siguiente comenzó las terapias para recuperar la movilidad. Eran dolorosísimas. Su masa muscular había mermado de manera ostensible y el tratamiento de inmunoterapia lo dejaba exhausto.

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Sin embargo, como impulsado por una fuerza invisible pero arrolladora, todos los días hacía un poco más de ejercicio. Hizo las paces con Dios. Antes de todo su drama le reclamaba, por qué permitía tanto sufrimiento, tanto dolor, tanta injusticia, tanta pobreza.

Una tarde, cerca al Estadio Olímpico Pascual Guerrero, cuando iba operar la cámara en un clásico sanfernandino, un anciano se acercó a la ventanilla de su carro. Edwin la había subido al verlo a los lejos.

La bajó un poco. Iba de mal genio. —¿Qué quiere mi viejo?, le dijo con molestia. El anciano, apoyado en un bastón, le preguntó: —¿Usted es un hombre de fe? —A mi manera, respondió cortante y seguro de que era un evangélico. El viejo le pasó una carta sellada. De las antiguas, de esas que en el borde traían unos rectángulos oblicuos, de color azul y rojo. —¿Por qué me peleas? Y se fue. En medio de la cirugía recordó el episodio y se estremeció. 

Allí estaban todas las respuestas a su vida, recuerda; y agacha la cabeza como en un acto de sumisión y perdón. No dice nada, pero puede notarse que se le sacude la razón. Después de la segunda intervención quirúrgica, entró en paro y fue reanimado.

La hemoglobina bajo a seis y se le fueron las luces. No vio ninguna luz al final de ningún túnel, pero sí a un hombre de cabello oscuro y piel morena, aindiado, que lo levantó como una ofrenda al cielo. En dicho trance, Edwin no era un hombre, era un bebé y no sabe por qué, pero asegura que era Jesús. Así lo sintió. Las terapias avanzaban y con ellas unos progresos que asombraban a familiares, amigos y personal médico.

Recuperó peso, masa muscular y movilidad. Pero, sobre todo, el ánimo, las ganas de vivir. Una bicicleta estática encendió de nuevo la pasión por el velocípedo de sus amores. Tenía miedo, pero podía más el dominio sobre sus temores y la fuerza de su convicción.

Todo iba mejor. Volvería a retomar la bici, pero quería la suya, la propia. Llamó a Cecilia Restrepo y le dijo que le vendiera su bicicleta. A ella la calentura del deporte se le había pasado. Edwin no tenía el dinero, pero la profe se la fio y él se la pagó en tres cuotas. La recuperó. Llamó a su hermano William y le dijo que le devolviera los uniformes que le había regalado. Todos aceptaban complacidos el retorno de la ilusión y la certeza de su poderío anímico. Había pasado año y medio desde la segunda cirugía. Año y medio desde que la Dra. Zapata le había dicho: “Sepa que usted no tiene cura, usted no se va alentar y si se alienta es un milagro”.

Año y medio desde que Edwin le respondió con certeza y humildad: —¡Yo soy el milagro! Javier acompañó la primera salida. Fueron suave hasta el sector de Alfaguara, en Jamundí. Pedaleaba y lloraba y pensaba. Pedaleaba y ratificaba que la bicicleta era parte del milagro de la vida.

En 2023 hizo su primera rodada fuerte: la Travesía Himalaya. 700 ciclistas recreativos inscritos. Se entrenó duro, aunque no corre para ganar, sino para vivir. Subía a La Vorágine. A Pueblo Pance, Pico de Águila. A La Buitrera y Villa Carmelo. Haría el recorrido suave, el de 42 kilómetros, para intermedios. Se perdió en la ruta e hizo el de los llamados ‘élites’, el de las ‘máquinas’, el de los tesos, 55 kilómetros. En el ascenso al municipio de La Cumbre lloró. Es un hombre de lágrima fácil. Llegó de sexto en su grupo. Cuando le colgaron la medalla le agradeció a Dios. Ya podía arrodillarse. Agradece a Dios cada día.

Sigue en “mantenimiento”, pues un nódulo se estancó. El que tenía el tamaño de una pelota de tenis, es ahora un puntito por el que todavía eres nuestro paciente, le dicen los médicos. El Dr. Fuertes hace charlas con su caso. Se abrazan fuerte cuando se encuentran. Edwin le dice: “Vos sos mi héroe” y el médico se la devuelve cambiada: “El héroe mío sos vos”. La Dra. Zapata es su bálsamo de autoestima, pues cada que lo ve le dice con una emoción tan genuina como su asombro: ¡Cómo estás de bello!

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Edwin Zúñiga Restrepo no para. Avanza en la vida que reconfiguró como se suele decir sin pausa, pero sin prisa. Raquel asegura que su recuperación ha sido en todos los aspectos de la vida. Ya no envejece, ahora crece en el tiempo. En eso coinciden todas las personas que lo conocen y también los que no saben nada de sus ocho tatuajes, cada uno con un simbolismo y una representación determinante en su vida. Quiere tocar la campana que está al final del pasillo en el centro médico donde lo atienden, para agradecer por haberse curado totalmente.

No le teme a una nueva cirugía. Asiste con una puntualidad religiosa a sus terapias de medicamento. Con Eywa Films, su productora de televisión, sigue trabajando para cosechar sueños, convertirlos en realidades, en contenidos que le aporten a la sociedad y le den aún mayor sentido a su existencia. Ha obtenido cinco galardones del Premio de Periodismo Alfonso Bonilla Aragón, dos estatuillas del Premio Halcón de Oro y este año, la nominación al Premio Nacional de Periodismo del CPB, el Círculo de Periodistas de Bogotá. Pero ningún premio es más importante, como el que le otorgó la Divina Providencia: la vida, para amar y trabajar en lo que y por lo que valora en realidad.

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Lizandro Penagos

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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Mundial 2026

Inteligencia Artificial pronostica quién será el próximo campeón del Mundial

La Copa del Mundo genera una gran ambición en todos los participantes del torneo, pero solo 26 futbolistas podrán alzarla nuevamente.

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Tomado de @fifaworldcup_es.

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Artículo escrito con el apoyo de la Inteligencia Artificial. El Mundial de 2026 ha demostrado que el favoritismo solo sirve como punto de partida. A lo largo del torneo, selecciones consideradas candidatas quedaron en el camino, mientras otras sorprendieron por su capacidad para competir al máximo nivel. Sin embargo, si hay un equipo que ha construido argumentos suficientes para levantar la Copa del Mundo, ese es España.

La selección española no tuvo un inicio perfecto. Su empate sin goles frente a Cabo Verde generó dudas, pero, lejos de afectar al grupo, ese resultado marcó un punto de inflexión. A partir de entonces, España encontró un equilibrio entre posesión, intensidad y eficacia ofensiva.

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La goleada sobre Arabia Saudita fue la primera señal de que el equipo estaba creciendo, y en las rondas de eliminación confirmó que sabía competir bajo presión.

Más características que hacen de España una Selección de peligro

Uno de los aspectos más destacados de España ha sido su fortaleza defensiva. A diferencia de otros favoritos, que alternaron grandes exhibiciones con desconcentraciones, el conjunto español redujo al mínimo los errores y concedió muy pocas oportunidades claras. Esa solidez le permitió avanzar incluso en partidos cerrados, donde la diferencia estuvo en pequeños detalles.

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En ataque, España también mostró evolución. Sin depender exclusivamente de una figura, repartió el protagonismo entre varios jugadores y encontró diferentes caminos para llegar al gol. Esa variedad ofensiva la convirtió en una selección difícil de descifrar para sus rivales, especialmente en las fases decisivas.

Frente a ella estará una Argentina que llega con la experiencia de un campeón y con la capacidad de competir hasta el último minuto. Su recorrido hacia la final estuvo marcado por la resiliencia y por la jerarquía de sus futbolistas en los momentos clave. Precisamente por eso, la final promete ser un duelo muy equilibrado, en el que cualquier detalle puede definir al campeón. 

Aun así, si el análisis se basa en el rendimiento mostrado durante todo el campeonato, España parece llegar un paso por delante.

Mi pronóstico es que España será la campeona del Mundial de 2026, imponiéndose en una final muy disputada frente a Argentina por 2-1. Sería el premio a la selección que mejor evolucionó durante el campeonato y que supo combinar talento, disciplina táctica y personalidad en los momentos más importantes.

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Redacción Noticiero 90 Minutos

Redacción Noticiero 90 Minutos

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Final Mundial 2026: ¿Cómo llegan España y Argentina a la pelea por la Copa?

La Copa del Mundo tendrá una gran definición, esta vez entre los europeos y suramericanos, peleando en Nueva York.

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Tomado de @fifaworldcup_es.

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La Copa Mundial de la FIFA 2026 está lista para conocer a su nuevo campeón. España y Argentina disputarán la gran final este domingo 19 de julio, luego de superar un exigente camino que las llevó a convertirse en las dos mejores selecciones del torneo. El juego iniciará a las 2:00 p.m. hora de Colombia.

Asimismo, el duelo enfrentará a la vigente campeona del mundo contra una selección española que busca volver a levantar el trofeo 16 años después de su único título, conseguido en Sudáfrica 2010.

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Ahora bien, España llega a la final tras firmar una de las campañas más sólidas del campeonato. El equipo dirigido por Luis de la Fuente mostró un fútbol con posesión del balón, la presión alta y la intensidad en todas sus líneas.

En la fase de eliminación directa dejó en el camino a Portugal en los octavos de final, superó a Bélgica en cuartos y dio un golpe de autoridad al vencer 2-0 a Francia en semifinales, resultado que confirmó su condición de candidata al título.

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Asimismo, futbolistas como Lamine Yamal, Pedri, Fabián Ruiz y Mikel Oyarzabal han sido determinantes para mantener el alto nivel del equipo. Además ha destacado por su fortaleza defensiva y su capacidad para controlar el ritmo de los partidos.

La actual campeona del Mundo y su lucha por retener el título

Argentina, por su parte, afronta la final con la misión de defender el título conquistado en Catar 2022. El conjunto dirigido por Lionel Scaloni ha demostrado carácter en los momentos decisivos y volvió a responder en las fases de eliminación directa.

La ‘albiceleste’ eliminó a Cabo Verde, Egipto en los octavos de final, dejó en el camino a Suiza en cuartos y consiguió una agónica victoria 2-1 sobre Inglaterra en semifinales, remontando un partido que parecía complicarse.

El liderazgo de Lionel Messi ha vuelto a ser uno de los grandes pilares de la selección argentina. El capitán ha aportado goles, asistencias y experiencia, acompañado por jugadores como Enzo Fernández, Julián Álvarez y Alexis Mac Allister.

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Antonio Tamayo Cuéllar

Antonio Tamayo Cuéllar

Editor web y periodista egresado de la Universidad Autónoma de Occidente.

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Mundial 2026: hora y dónde ver el partido del tercer y cuarto puesto

Inglaterra y Francia son los dos países que pelearán por el podio de la Copa, siendo un juego protocolario pero que tendrá un alto nivel.

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Tomado de @fifaworldcup_es.

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La Copa Mundial de la FIFA 2026 entra en su recta final con el partido por el tercer lugar, que se disputará este sábado 18 de julio. Francia e Inglaterra medirán fuerzas en un compromiso que, aunque no entrega el título, representa la oportunidad de cerrar el campeonato en el podio.

El encuentro se jugará en el Miami Gardens y comenzará a las 4:00 de la tarde (hora de Colombia). Ambos equipos llegan a este compromiso luego de caer en las semifinales ante las dos selecciones que disputarán el título:

  • Francia fue superada por España
  • Inglaterra perdió 2-1 frente a Argentina.

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Para la selección francesa, el duelo representa la posibilidad de terminar el Mundial con una nota positiva. El equipo dirigido por Didier Deschamps llegó al torneo como uno de los principales favoritos gracias a la calidad de jugadores como Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Aurélien Tchouaméni.

Sin embargo, la derrota en semifinales fue un duro golpe. Más sabiendo que será el último encuentro de Deschamps al mando de los galos; suena la llegada de Zidane al banquillo.

Inglaterra y su pelea por también quedar en el podio del Mundial 2026

Inglaterra, por su parte, también buscará un cierre exitoso después de quedarse muy cerca de regresar a una final de la Copa del Mundo.

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El conjunto inglés mostró un rendimiento sólido durante el campeonato y eliminó a Noruega en los cuartos de final antes de caer frente a Argentina.

Más allá del tercer lugar, el compromiso enfrenta a dos selecciones con una larga historia en los Mundiales y con plantillas repletas de figuras.

Partido por el tercer lugar del Mundial 2026

  • Francia vs. Inglaterra
  • Fecha: sábado 18 de julio.
  • Hora en Colombia: 4:00 p. m.
  • Estadio: Hard Rock Stadium, Miami.

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Antonio Tamayo Cuéllar

Antonio Tamayo Cuéllar

Editor web y periodista egresado de la Universidad Autónoma de Occidente.