“Como a Rosario le pegaron un tiro a quemarropa mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de la muerte. Pero salió de dudas cuando despegó los labios y vio la pistola”.
Esta trepidante entrada que incita a continuar una lectura de manera desenfrenada es la que marca el comienzo de una novela que marcó época en Latinoamérica. Hace 25 años, un joven escritor nacido en Medellín, cuyo apellido habla de sinceridad y veracidad, presentaba un relato cargado de fuerza, violencia, amor, pasión, balas, muerte, tristeza, agonía, pero también dignidad y, ante todo, hablaba de una ciudad, de un país al que la parca lo ha asediado por centurias.
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‘Rosario Tijeras’ llegó a las librerías con una fuerza inusitada y era un poco extraño. Un país acostumbrado a la muerte, a las narraciones más terroríficas, a los matones más resueltos por qué habría de ser que la historia de una sicaria lo fuera a conmover.
Pero así fue y eso mismo sorprendió al propio Jorge Franco. En diálogo con el Noticiero 90 Minutos, el escritor nacido en la capital de la montaña recuerda que lo que buscaba con esta historia, de alguna manera, era exorcizar su pasado.
De hecho Franco ya no vivía en Medellín cuando comenzó la escritura de su novela, ciudad en la que transcurre esta historia. Justamente tantos hechos de violencia de esa década de los ochenta y los noventa lo habían alejado de su ciudad natal.
Hay que recordarle a los más jóvenes que por esos años ochenteros crecía en Medellín un cartel, liderado por el tristemente célebre Pablo Escobar, una mente criminal que controlaba no solo el tráfico de cocaína sino las bandas de jóvenes criminales que emergían en los barrios populares de una ciudad que vivía con miedo y que tenía los más altos índices de homicidios de Colombia y del continente.
La guerra que sostenían con otros criminales organizados a través de otra banda delincuencial denominada Cartel de Cali, sumado a su propia batalla contra el Estado, había creado una inseguridad pavorosa que obligaba a los paisas a refugiarse desde temprano en sus casas.
Cada mañana Medellín amanecía con un reguero de muertos y eso era lo que experimentaba un joven Jorge Franco, quien no comprendía los niveles de violencia que se exacerbaban en su ciudad, pero sí respiraba el miedo que se condensaba entre sus familiares y amigos.
En ese ambiente, Franco fue cultivando esta historia. Un relato en el que había definido que no iba a tener como protagonista al ya reconocido sicario de las comunas orientales de Medellín sino a una mujer, a una bella chica al que la violencia la rodeaba, a la que la promesa de una vida fácil la deslumbrara y donde los traquetos dueños de una ciudad la iba a hacer sentir importante a través de la violencia y de la muerte.
“(…) Hace ya 25 años yo era un joven escritor que por capricho había decidido entregarle la vida a la literatura. Acababa de publicar mi tercer libro, luego de dos años largos de escritura, dedicados a sacar adelante una historia que me dolía contar. El siglo XX estaba a punto de terminar y yo ya no vivía en Medellín, la ciudad en la que nací y crecí, y en la que padecí junto a todos la debacle de una sociedad, luego de la aparición de los carteles del narcotráfico. La percepción que tuve de Medellín en esos años era la de un barco enorme que se iba llenando de agua...”
Esto son apartes del prólogo que Franco escribió para la nueva edición que la editorial Alfaguara publicó con el propósito de conmemorar los 25 años de esta novela que marcó un estilo narrativo y que transformó la literatura alrededor del tema del narcotráfico.
Pero esta novela de Franco ha ido más allá, se han hecho series, películas y hasta una novela gráfica. El escritor paisa ha viajado por toda Latinoamérica explicando un fenómeno extendido, ha viajado a Europa a decirle a sus lectores por qué el narcotráfico reinaba en la ciudad y hasta Japón llegaron los ecos de una sicaria llamada Rosario que daba besos de muerte.
Una poderosa historia que también es el reflejo de un país al que le sigue costando salir de esa espiral de violencia que lo ha encerrado por décadas.
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