Domingo, Octubre 20 2019

.

Yo soy popular

Después del éxito de Yo soy el son, el primer reality colombiano que escogió 13 músicos aficionados y conformó una orquesta, el canal regional vuelve a apostarle al talento del pueblo.

Yo soy popular
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Allá Shakira, Juanes, Vives, Maluma, J. Balvin, Fonseca, Silvestre Dangond y la limitada constelación de estrellas nacionales que hace giras mundiales y cobra en dólares, porque aquí los que mandan son los artistas de la música popular. Cierto es que populares eran también los Beatles, pero en Colombia -con cierto desdén- se le llama popular a todo lo asociado con las clases menos favorecidas, es decir, las mayorías. Y es por eso, porque piensa de nuevo en quienes sueñan con ser artistas y alcanzar el reconocimiento, sin tener otro apoyo que no sea su talento, que Telepacífico prepara Yo soy popular, un concurso que intentará recoger lo mejor de nuestra actual esencia musical.

Después del éxito de Yo soy el son, el primer reality colombiano que escogió 13 músicos aficionados y conformó una orquesta, el canal regional vuelve a apostarle al talento del pueblo. No solo para acercarlo a la pantalla, sino para proyectarlo a través de ella. Se ratifica como el medio que cumple en rigor con esa función social mediadora que todos reclaman y a través de la cual, nuevamente, la afición se convertirá en profesión. Con la experiencia de haber escogido al mejor ejecutante de los instrumentos básicos de la salsa: conga, bongó, timbal, dos trompetas, trombón, saxo, piano, violín, bajo y tres voces, se reivindicará ahora con un concurso solo para intérpretes, pues el número de inscritos en aquella ocasión se convirtió en una avalancha de talento.

Es un hecho irrefutable, que la música popular es una de las industrias más poderosas del mercado en Colombia y que se hacen conciertos cada fin de semana con llenos absolutos, en todos los rincones de esta atribulada patria. Con más de once mil ferias y fiestas al año en los mil y pico de municipios, primero se acaba el trago en nuestro país, que la música popular. Artistas como Darío Gómez, Luis Alberto Posada y el Charrito Negro, mantienen sus agendas copadas todo el año y eso que pueden ganarse en una sola presentación, lo que un joven profesional bien pago se gana en un año. No sobra decir que cobran neto, es decir, libre de impuestos y retenciones. Realizan dos, tres y hasta cuatro presentaciones por día en temporadas altas. Y son escasos los fines de semana libres al año.

De ahí que la fila para acceder al olimpo de la música popular en nuestro país, pueda ser tan larga como la espera de esa oportunidad que ahora brindará sin mayores dilaciones, nuestro canal regional. Basta con enviar dos videos de un minuto cada uno. El primero cantando a capela; y el otro, con datos personales: nombre, edad, teléfono, lugar dónde reside, desde hace cuánto canta y la razón por la que desea participar. A través de WhatsApp 3184153538 cualquier persona tendrá la posibilidad de ser escuchado y escogido, para ser partícipe de este nuevo acontecimiento televisivo. Otra maravillosa ventana del variopinto balcón musical colombiano que recoge buena parte de la esencia armoniosa latinoamericana y crea su propio sonido, lleno de campo y nostalgia, de faena y laboriosidad, de cosecha y tradiciones, de fiestas patronales y devoción a los santos, de culto a los muertos y a la figura del ‘mero macho’; y también claro, de conflicto y muerte, desarraigo y desolación.

Le puede interesar: 

De Argos al VAR

El jurado es de lujo: Johnny Rivera, Luisito Muñoz y Dora Libia. Quienes junto con Alzate, Pipe Bueno, Arelys Henao, Yeison Jiménez, Paola Jara, Jhon Alex Castaño, Lady Juliana y el más reciente fenómeno Jessi Uribe, siguen los pasos del tridente que lidera el Rey del despecho. Johnny nació en Arabia, no Saudita, sino un corregimiento de Pereira donde creció sudando petróleo en las labores propias del campo. Una decepción amorosa lo llevó a componer su primera canción y hoy además de ídolo, es empresario hotelero, promotor de artistas e incluso actor; Luisito llegó a la vida en Buenavista, en Quinchía-Risaralda, pero al mundo musical en Cali, gracias a un concurso de talentos, del que surgiría el grupo Los Emigrantes, porque dos músicos pusieron sus ojos y oídos en él. Juega fútbol y es hincha del América. Nadie es perfecto; y Dora Libia, que nació en La Florida, no Miami, sino otro corregimiento de Pereira donde no hubo Fiesta de la Cosecha donde no cantara.

El género popular colombiano es tan amplio como estrecho el cupo en este firmamento, pero se destacan las rancheras, los huapangos y corridos, esas gestas épicas heredadas de México y sus revolucionarios; los valses y pasillos que nos dejaron voces ecuatorianas como Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas o Lucho Bowen, cantores de las Américas; los tangos, las milongas y zambas testamentarias del malevaje argentino; y todas las carrileras y guascas que surgieron en medio de la niebla y los surcos de los cafetales mientras se recolectaba el grano; y en las viejas estaciones del tren que llevaban y traían forasteros. Hoy en toda Colombia y gracias a que la piratería acabó con la payola, esta música se escucha en cada fonda, en cada cantina, en cada bar, en cada lugar adonde acuden los nacionales a hinchar una estadística etílica certera: aquí se bebe más cerveza que café y más aguardiente que leche.

Aunque Antioquia y el Eje Cafetero, junto con Valle del Cauca, lideran el listado de exponentes del género, son legendarios Rómulo Caicedo, oriundo de Girardot en Cundinamarca; el tolimense Oscar Agudelo, nacido en Herveo-Tolima; y el pereirano Luis Ángel Ramírez Saldarriaga, más conocido como El Caballero Gaucho. Juan Carlos Zarabanda o Fredy Burbano son reyes en la periferia y al parecer no les interesa mucho el centro. El primero, oriundo de Chaparral, es amo y señor en Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo; y Burbano, nacido en Puerto Guzmán-Putumayo, también se mueve en esa parte de la geografía nacional; mientras el otro Burbano, Fernando, domina Cauca y Nariño. Émulos e imitadores circulan por cuanta fiesta popular se celebra y su música hace parte de la identidad nacional, de la esencia de un país que se embriaga y canta porque en su imaginario cohabitan la felicidad y la tristeza, de la misma forma como conviven la opulencia y la indigencia en una país rico hecho miseria. La convocatoria de Yo soy popular cierra el 31 de julio y con ella se inicia una ruta de trenes, de líneas paralelas que esperan llegar a ese punto del horizonte donde el canto cambiará la vida.

Lea también: 

Blancorexia

Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

Noticias Relacionadas