Miércoles, Diciembre 19 2018

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Yo soy el son

Con Yo soy el son, Telepacífico zarpa al entretenimiento con educación que promueve la televisión pública. Se inscribe y le apunta a consolidar una estructura que sin duda es novedosa, porque aunque uno menos que Son 14, el grupo que de aquí emerja, lo hará con el respaldo del conocimiento del campo musical y bajo un principio inquebrantable: el de la calidad.

Yo soy el son
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

“Yo soy el son, el de las verdes palmeras 
de sombrero y de guayabera
si mi hermano, yo soy el son”. 

Tal vez vuelvas a llamarme

Conjunto Son 14

 

El zarpazo del Tiburón Morales fue demoledor. Ronco y auténtico. Fuerte y melodioso. Sonero y cubano hasta los tuétanos. Nadie que ame la salsa dejará en el tintero la intervención al piano de Adalberto Álvarez. Con unas trompetas idílicas y memorables. Una campana salobre y fresca, imponente e intranquila. Taquicárdica, si me permiten. Un bongó cómplice. Y esa cadencia negrológica que solo emerge de las raíces africanas. Una canción que sentencia: me recordarás. Del sinsonte que en el monte cantó. De Matanzas y Santa Clara. Y de Pinar del Río. De ejecuciones impecables. De nostalgias y saberes. Tal vez el nuevo programa de Telepacífico haya vuelto a llamarlo. Y el son haya llegado, sin haberse ido nunca. Porque lo invisible está en lo cotidiano. El futuro se avecina con un proyecto que suena y resuena, que suda sabor. Que mezcla sueños, trabajo, inversión, calidad y por supuesto, expectativas. Cuyo destino será -cual sino-, ser recordado.

Como todas las grandes ideas, ésta es sencilla. Y lo es en su concepción. La complejidad sobreviene con su puesta en ejecución. Con recursos limitados, los canales regionales deben apostarle más a la creación que a la imitación y Yo soy el son es un proyecto único, aunque se parezca a muchas cosas. Contiene elementos del reality moderno, del musical y del concurso tradicional. Pero el tratamiento audiovisual es su sello: impecable y alternativo; y su montaje, contemporáneo. Entrelaza los espacios con las historias, las virtudes con los acordes, lo vocal con lo instrumental, las personas con los personajes. Hace pensar y sentir con sonidos e imágenes. Fusiona. Una transmisión de saberes y pasiones para toda la familia. Un programa para conformar una orquesta.

En estos tiempos en los que la televisión es un híbrido maravilloso, cuya virtud está en crear a partir de lo que ya está inventado, este proyecto televisivo es una apuesta tan particular como atrevida. No es otro programa sobre la salsa y menos una copia de formato. Es una postura ante el tremendo capital artístico que nos habita. Una cohesión de fuerzas interpretativas. Una competencia respetuosa que se contrapone a la trivialización, esa donde las personas son fichas del espectáculo ruin. Una orquesta conformada a partir de un concurso.

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Ojalá no sea muy temprano para decirlo: Yo soy el son es el surgimiento de un espacio local para figurar y trascender; una plataforma de lanzamiento para la nación y el mundo; una catapulta para que desde aquí se sepa que un derroche de talento no puede quedarse en ser la capital de la rumba o de un simple género; una orquesta conformada por 13 músicos aficionados que podrá trascender tanto como quiera cada uno de sus integrantes. Son trece sueños. Trece mundos. Trece historias e ilusiones. Trece seres que de un grupo de casi 600, trascendieron por su calidad. Tendemos a pensar que lo escaso es lo más precioso, pero en la abundancia también está la belleza. Era preciso escoger, ganar y aprender. Trece puestas en escena donde los protagonistas son reales. Donde no hay cálculos faranduleros o estrategias de mercado para que gane el más comercial. Lo que este proyecto ha escogido y encontrado, es la esencia de la aptitud, la capacidad innata llevada a la excelencia por la disciplina, por la constancia y la persistencia, por la tenacidad y la lucha, por las aspiraciones honestas de ser alguien en el mundo de la música.

Cuando se hizo la convocatoria, se pensó con grandeza en la humildad. Un rescate de esa memoria sonora a través de la invitación a inscribirse en un número de WhatsApp. Y enviar un video. La angustia en este tipo de aventuras es lograr un mínimo de participantes. Pues bien, la situación por poco se desborda y emanaron como ritmos, personas de todas las edades con ganas de participar. Solo mayores de 18 años, fue una condición. Vinieron entonces las audiciones, las eliminatorias, las presentaciones y todo lo que conforma un ejercicio musical y televisivo. Nunca lo audiovisual es más complejo, que cuando se juntan de veras las imágenes y los sonidos. La televisión debe verse bien, pero aquí es indispensable que se escuche mejor. Ya lo verán.

La novedad se hizo realidad y el valor fundamental comenzó a gestarse. Poco a poco el grupo se decantó. Expertos con trayectoria y reconocimiento como Richie Valdés, Froybert Maya y Diana Serna, hicieron su trabajo. Los tiempos de grabación se ajustaron tanto como los presupuestos y la idea fue tomando forma, porque su contenido estaba bien definido. El contacto vivo con personas cuyo cosmos es musical, cuya vida se define por el instrumento que interpretan, por la afinidad con el género que los apasiona, que habiendo tenido esta oportunidad respetan una industria donde no caben los halagos de la fama, sino los estertores de la realidad. Y las audiencias lo saben, nada mejor que curiosear el destino de la humanidad. Ya lo escucharán.

Con Yo soy el son, Telepacífico zarpa al entretenimiento con educación que promueve la televisión pública. Se inscribe y le apunta a consolidar una estructura que sin duda es novedosa, porque aunque uno menos que Son 14, el grupo que de aquí emerja, lo hará con el respaldo del conocimiento del campo musical y bajo un principio inquebrantable: el de la calidad. Este proyecto es más provocación que evocación, más que percusión, vientos o voces, vínculos emotivos donde la pantalla es el puente. Y esta conexión emocional es solo el comienzo de una idea que puede trascender. En esta atmósfera musical suscitada por el canal regional, cada uno de los seleccionados tiene asegurada su presencia en algunos eventos, pero lo más importante, es que es gente real construyendo su propia historia.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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