Miércoles, Septiembre 19 2018

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Vladdo en la UAO ¡wau!

Vladdo, que ha hablado, pintado y ridiculizado por espacio de más de un cuarto del siglo a un país que es una caricatura de nación -o de sí mismo-, estuvo en la Universidad Autónoma de Occidente. Habló de lo humano y poco de lo divino. De los Santos, para ser más precisos, dijo apenas lo …

Vladdo en la UAO ¡wau!

Vladdo, que ha hablado, pintado y ridiculizado por espacio de más de un cuarto del siglo a un país que es una caricatura de nación -o de sí mismo-, estuvo en la Universidad Autónoma de Occidente. Habló de lo humano y poco de lo divino. De los Santos, para ser más precisos, dijo apenas lo que hace rato se sabe: que Alejito, el director de Semana, uno de sus jefes, es sobrino del presidente. También mencionó otros lazos familiares, pero el que más conmovió y enterneció a los poco más de 200 asistentes, fue el suyo con una mujer ideal, con Aleida, la chica buen polvo -eso cree ella y todos los que se creen buenos polvos- que no tiene boca y se comunica solo con pensamientos.

               Vladdo vino, vio y venció. En un caso extraño en el imperio del Power Point y el Prezi, habló sin apoyos visuales. Era solo él y sus gafas, su cara de caricatura y su chaleco de fotógrafo repleto -eso lo supimos luego- de marcadores de varios colores. Como Julio César -según narra Suetonio- el hombre hizo cierto alarde de su rapidez, no triunfal, ni tampoco verbal, sino física. Firmó agendas, cuadernos, libros viejos, hojas sueltas, un antebrazo y un teni. Sí, una chica se hizo firmar el brazo y salió emocionada con la idea de tatuarse el mensaje, la firma y un corazoncito rojo lo más de tierno con el que Vladdo sentencia su rúbrica. Y otra estudiante, se hizo firmar el teni derecho. Si la unidad de los zapatos es zapato, pues la unidad de los tenis es teni. ¿O no?

               Pero Vladdo no estuvo en la UAO para discutir sobre la cantidad de ejes temáticos -éticos políticos, sociales, económicos y morales- surgidos tras la masacre de Charlie Hebdo en Francia. Estrategias comerciales, reventas, negocios de la realeza europea, morbo poscolonial, masacres más extendidas y menos evidentes, política internacional, autoritarismo económico, discriminación étnica, sucesos mediáticos, terrorismo y fanatismo escritos, precios del crudo, y menos, sobre dogmas, tabúes y dioses intocables e irascibles a los que nunca se les ha visto reír y mandan rayos y centellas y diluvios y plagas sobre sus creyentes seguidores y pueblos. Sobre su fanaticada, diría el último todopoderoso de las multitudes colombianas: Diomedes Díaz. No. Discutió, sin agredir a nadie, sobre caricatura y la opinión. Sobre información y humor. Confesó que ya no hace dibujos para hacer reír, ni para cambiar a la sociedad, ni para tumbar funcionarios o gobernantes. No. Solo para compartir lo que piensa sobre cada cosa.

               Una buena caricatura hace reír, pero una excelente hace pensar. He ahí el problema. Perdura, machaca, molesta, puya e incomoda a quienes piensan o a quienes no quieren que los otros piensen. Pensar es un acto necesario, pero escaso. Se repite mucho y se piensa poco. Se habla mucho y se dice poco. Se escribe tanto y se gana tan poco. Pero más allá de Alá y más acá de Jesús, por ningún dibujo debe alguien morir, pero estas metáforas trazadas han causado destrozos desde siempre. Despidos, censuras, ofensas, horcas, fusilamientos, destierros, y ahora, dizque guerra de civilizaciones. No es coincidencia que la caricatura política haya nacido en Francia, donde nacieron también algunos de los conceptos que más aparecen en escudos y monedas: orden, libertad, igualdad, justicia y otras lindezas.

               La caricatura carga la exageración en su etimología y en su razón de ser, desmesura, burla, irrespeto, intolerancia, distorsión, intromisión, desafío, cinismo, insolencia, sarcasmo, en suma, humor. No puede ni debe ser ingenua y solemne, es -para decirlo con desfachatez- la forma más depurada del humor gráfico. Y el humor -todos sabemos- sea fino o chabacano, inteligente o burdo, del cuenta chistes o el standupcomedy, es una forma de agresión e imposición socialmente aceptada. E imponer es poner dentro del otro una voluntad que le es ajena. Suena extraño, pero la clasificación temática de los chascarrillos y del humor simplista es evidencia. Se basa en ubicar características y generar burla. Entonces, podemos decir que el humor también es una cuestión de lenguaje, de doble sentido, de intencionalidad, de lo que subyace. Y la religión es todo aquello y más. Un paradigma inexpugnable que no admite ningún cuestionamiento por su sacralidad, su poder omnipotente y sobrenatural. Por eso pasó lo que pasó con Charlie Hebdo.

               El humor encierra la emoción de burlarse del otro sin hacerle daño, es decir, la tolerancia. De ahí que el grado de amistad entre dos personas pueda medirse por el calibre de los insultos que puedan propinarse sin dejar de ser amigos. La cuestión se complica cuando hay un emisor identificable y miles o millones de receptores anónimos. En el amor, la agresión es más sutil, las púas se suavizan, las puntas son obtusas, se liman. Sin embargo, cuando el amor sale por la puerta, el humor hace rato había saltado por la ventana. El humor es pues, el polvo mágico de las relaciones humanas. Y la agresión a través de él, no debe ya necesariamente ser una falta, un pecado, algo que debe ser rechazado, sino un fenómeno que debe ser aceptado y comprendido, integrado al plano de la inteligencia y no de los instintos.

               El oportunismo, el propagandismo y todos los ismos posibles, han salido a flote tras la masacre de Charlie Hebdo. Un debate tan enmascarado como el rostro de los victimarios que fueron identificados, hallados y muertos con la rapidez de una ráfaga de fusil. Unas ideologías que exigen respeto y en nombre de la libertad escupen tantas opiniones como ofensas. Un meticuloso y programado choque de civilizaciones que acude a la barbarie con diferentes máscaras.

               Vladdo solo se puso una máscara. Sus gafas. Y un rediseño de dentadura que llaman de sonrisa. No tomó agua, pero almorzó bien. Hizo reír al auditorio y aseguró que todavía le pesa cargar con la cruz de ser chistoso y percibido como salvador en reuniones y rumbas. Ama a Sofía, su hija de 16 años. Con ella descubrió que las mujeres se vuelven unas fieras cuando tienen hambre. Y unas gallinas cuando tienen frío. (Lo último es mío). Ha amado a varias mujeres. Ex novias, novias y pre novias. Saca la chica que habita en él para poner a hablar a Aleida. También lee Vanity Fair y otros textos sagrados para documentarse sobre ellas. No teme que le digan marica o no lo consideren macho, que es casi lo mismo. Y ha comenzado a pasarle lo que a muchos creadores: la gente les pide, les pregunta con algo de morbo y saña, de dónde le sale ese personaje que a todos cautiva. Y ellos, y él, con el deber que impone la notoriedad, inventa una respuesta nueva para no repetirse, o cambia la única que tiene para no decepcionar, o decepcionarse creo, y seguir siendo invitado a echar su rollo.

               Vladdo es una vedette y Aleida una meretriz de Vladimir Flórez Flórez. Un ser sobrenatural sin boca pero con mucho seso, una despiadada que escribió una columna devastadora: ‘Carta concreta de Aleida a un hombre abstracto’. Léanla, reflexionarán más que con ésta.

 

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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