Sábado, Marzo 23 2019

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La violencia contra la mujer aumenta en número y crueldad

Es como si el Estado y la sociedad, obviando de manera cómplice el cumplimiento de lo establecido en la Ley 1257 de 2008, entre otras normas, prefirieran mirar hacia otro lado.

La violencia contra la mujer aumenta en número y crueldad
Crédito de foto: Otto Valencia especial para 90minutos.co

Cada hora, en nuestro país 16 mujeres son víctimas de violencia sexual. La escalofriante cifra la da a conocer una encuesta de prevalencia de violencia sexual en Colombia, publicada el pasado agosto.

El estudio revela que durante el lustro comprendido entre 2010 y 2015, el número de colombianas agredidas sexualmente pasó de 875 mil; o sea que cada año fueron violentadas 145.906 mujeres, es decir 400 al día. Duele saber que 620 mil habían guardado silencio por miedo a venganzas, por desconocimiento de sus derechos y de los recursos para denunciar o por falta de confianza en la justicia colombiana.

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En 2016, los feminicidios en nuestro país aumentaron el 22 % como lo revela Medicina Legal. El director de esa entidad, Carlos Valdés, hizo una denuncia aterradora: “Estamos cambiando las formas de violencia, ahora en lugar de gritarle, le pegan o le lanzan ácido; la inutilizan. Es una violencia más severa. Antes veíamos una gran cantidad de lesiones con incapacidades menores a 20 días, ahora se ve más la puñalada y el uso de armas de fuego en las relaciones interpersonales. Antes en el ambiente familiar no se usaban armas de fuego; estaba el puño, la patada. Pero hoy las armas de fuego ocupan el primer lugar en violencia familiar. Y lo que es peor, dirigida a la mujer y los hijos.”

Las violencias de toda índole -sexual, familiar, psicológica, etc.- como armas de poder llevan a la mujer a ser víctima de un criminal que en la mayoría de ocasiones es su propia pareja o un familiar cercano; otras llegan inclusive al suicidio acosadas por el desespero de no recibir ayuda, orientación o protección, a veces, ni acudiendo a las autoridades responsables de atender estas situaciones.

En algunas oportunidades, cuando una mujer se llena de valor para denunciar a su agresor, en las entidades oficiales se tropieza con funcionarios que la inducen  a abstenerse de hacerlo dejándole ver que si denuncia el abusador puede ir a la cárcel; inclusive llegan a preguntarle si está dispuesta a visitarlo en prisión. Ante ese panorama, muchas se sienten culpables, se intimidan y, lamentablemente, desisten de iniciar el proceso judicial, exponiéndose a una amenaza más grave.

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Es como si el Estado y la sociedad, obviando de manera cómplice el cumplimiento de lo establecido en la Ley 1257 de 2008, entre otras normas, prefirieran mirar hacia otro lado en vez de asumir una posición determinante y justa ante hechos aberrantes que lesionan la dignidad de la mujer y ponen en peligro su vida.

Mi llamado es a que tomemos conciencia y consideremos propia la defensa de la dignidad, la seguridad y la vida de nuestras mujeres y niñas; a que reconozcamos y apreciemos su rol indispensable en la construcción de la sociedad y a exigirle al Estado atención, orientación, protección y justicia para ellas y la aplicación de todo el peso de la Ley para aquellos que infrinjan las normas.

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