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El regalo que le salvó la vida a Willie Colón

La historia musical de este artista está ligado a la salsa misma. Héctor Lavoe, Rubén Blades y Celia Cruz hicieron dupla con el hombre que marcó un estilo con trombones abiertos y letras que hablaron de la dureza del barrio, de la calle, de la esquina. Polémico, radical, soberbio así lo califican sus contradictores. Pero su talento, y no precisamente el de televisión, jamás ha estado en duda. Hoy, como ayer, sigue luchando, ahora por su vida.

El regalo que le salvó la vida a Willie Colón

Por: Gerardo Quintero Tello
Jefe de Redacción de 90 Minutos

A los once años, el pequeño Willian Antony Colón Román recibiría un regalo de parte de su amada abuela, Antonia Román, que transformaría su vida. Al percibir que el travieso chiquillo demostraba grandes habilidades musicales, la vieja Antonia pensó que una trompeta era la mejor forma de alejar de la violencia de las pandillas y el comercio de las drogas que azotaban por esos años el Bronx latino de Nueva York, , a quien unos años después sería conocido simplemente como Willie Colón.

Ya en esa época, comienzos de los años 60, Willie Colón sería conocido como ‘El Malo’ en el barrio, porque al ser pequeño de estatura y el único varón en una casa llena de mujeres, tenía que hacerse respetar en la zona caliente de una Nueva York en la que hervían las desigualdades sociales y la discriminación.

Como ha sido una constante desde sus orígenes, hoy Willie sigue luchando, ahora por su vida, luego de que se revelara su crítica condición de salud. El legendario músico e intérprete y su esposa Julia May Craig, sufrieron un aparatoso accidente de tránsito el pasado martes 20 de abril a las 4:00 p.m. en la región de Outer Banks, en el estado de Carolina del Norte, Estados Unidos. Sin embargo, solo fue unos días después que se informó en la cuenta de Twitter del artista sobre el estado de salud de los involucrados en el accidente.

Colón requirió transporte al Hospital General Sentara Norfolk, un centro de trauma de nivel uno, en Norfolk, Virginia. Las lesiones incluyeron conmoción cerebral, laceraciones en el cuello cabelludo que requirieron 16 grapas y fracturas en su vértebra cervical C1.

Hoy mientras miles de salseros esperan la pronta recuperación de uno de los últimos ‘caballos’ del género, los recuerdos de una vida artística que se prolonga por más de 50 años comienzan a aflorar sin freno y sin pausa. “El acto de ser yo un artista, un salsero, es un acto rebelde, pues yo soy la segunda generación de norteamericanos, pero cualquier cosa que yo haga no la voy a hacer como un norteamericano… Tengo que sentirme bien, saber de dónde soy, de dónde vengo, quiénes son mis gentes latinas y sentirme cómodo y orgulloso siendo un latino…”, así le resumió Willie Colón al escritor colombiano César Pagano su amor por la música latina, por la salsa, por la cosa nuestra como el mismo tituló uno de sus álbumes más escuchados y más polémicos por la fotografía en la que aparecía una persona envuelta con una manta, una piedra anclada a uno de sus pies, el ‘East River’ al fondo y Willie en pose de ‘ganster’, era ‘El Malo’ en su estado más  natural.

 

“Ha terminado otro capítulo en mi vida
La mujer que amaba hoy se me fue
Esperando noche y día
Y no se decide a volver

Pero yo sé que volverá
Y si no de penas moriré
¿Qué yo he hecho qué te hizo partir?
No sé, si con el tiempo esta herida se sanará”

 

Nacido el 28 de abril de 1950 en Puerto Rico, el pequeño Willie se crio en el duro distrito del Bronx latino. No fue fácil ese periodo, su padre estaba en la cárcel y en la familia prefirieron ocultárselo por la vergüenza que eso representaba. Era pequeño de estatura y trigueño, lo que en aquellos tiempos lo hacía presa fácil de la discriminación a los latinos. Como tantos otros artistas de la época, la música fue su escape y su abuela Antonia, pronto lo comprendió. Debía guapear en aquellas calles y desde allí comenzó a poner su cara de ‘malo’, una característica que se ha fijado en su personalidad y que hace que muchos denigren de su soberbia, mal carácter y compleja personalidad.

“Una calle dura en un tiempo donde grupitos de nosotros, los latinos, nos teníamos que juntar con los negritos e ir caminando por los callejones para llegar a la escuela, porque los blancos nos caían a batazos, pues nos querían sacar. Y si tú llamabas a la policía, la policía era blanca. La ley del país era que por ley había discriminación”, esa era su historia y la de muchos de sus hermanos latinos.

Sin embargo, algunos como el productor Luis Francisco Mendoza creen que de esa manera fue que Colón enfrentó ese mundo hostil que lo acorraló en su niñez, pero que en el fondo lo que Willie ha sido es un ser humano tímido, que ha luchado por las minorías y por revelar la discriminación y miseria del Bronx latino.

 

“Recordando a mi abuelita
Los refranes que ella decía me hacían reír
Y ahora soy yo quien lo digo
Escucha que tú también los vas a decir
Escucha que tú también los vas a decir”

 

Willie, por entonces un talentoso adolescente de 15 años, y un joven boricua llamado Héctor Juan Pérez Martínez que le llevaba cuatro años, comenzaron una sorpresiva unión, un poco a la brava, como decimos en Cali. Un año antes, en 1964, Willie había formado una orquesta que se llamó ‘The Latin Jazz All Star’. ‘All Santiago’ fue su primer sello, pero esta productora estaba en bancarrota y nunca pudo sacar su primer LP con ellos. El inquieto Colón, entonces, se fue a una disquera que apenas despuntaba y que tenía por nombre simplemente Fania. Allá un fogoso Jhony Pacheco y el abogado italiano Jerry Masucci se dieron cuenta del diamante en bruto que era Colón y lo firmaron, pero Pacheco le dijo que tenía un cantante recién llegado de Puerto Rico y que pensaba que debía ser el intérprete de la orquesta de Willie. Héctor Juan era un poco mayor, vacilador, buena vida y dueño de un timbre de voz que enloqueció a Colón.  A pesar de que en un principio no había empatía entre ambos, la buena vibra de ‘Jéctor’, sus apuntes que hacían reír al siempre serio Colón y el hecho de que los dos hubiesen sido criados por sus abuelas, permitió que se cocinara una de las duplas más exitosas de la salsa en su historia.

Y fue en 1967 cuando salió -como no podía ser con otro nombre- ‘El Malo’ la primera producción de Willie and Héctor, que ahora ya no se apellidaba Pérez Martínez, sino Lavoe. La dupla hizo historia y su primer Álbum con ‘numeritos’ como Jazzy, Willie Baby, Borinquen y El Malo, se convirtió en  una descarga de metales, trompetas y trombones abiertos que presagiaban lo que vendría años más tarde. Bugalú, Mambo Jazz, Guaguancó y Mozanco, toda una descarga de origen que fue reverenciada por un público ávido de un repertorio que despertara los instintos primarios musicales.

 

“No hay problema en el barrio
Que quien se llama El Malo
Si dicen que no soy yo
Te doy un puño de regalo

Quien se llama El Malo
No hay ni discusión,
El Malo de aquí soy yo
Porque tengo corazón”

 

Siete años después de su primer LP, Willie decidió ponerle freno a la locura que llevaban y los chicos malos se abrieron. “Héctor era un hombre que no paraba, terminaba la rumba y quería más y más”. A Colón le dolió romper con Héctor, pero reconoce que era lo mejor para los dos. El licor, las drogas, los excesos lo tenían descarrillado y tampoco quería echarse encima los problemas que arrastraba el ‘hombre que respiraba debajo del agua’. Pero la verdad es que Willie, como esas relaciones turbulentas de parejas rotas que se siguen amando eternamente, nunca rompió con ‘Jéctor’ y le siguió produciendo sus discos. “Ayudaba a buscarle temas, pero no me presentaba con él. Mantuvimos la hermandad, pero no tan cerca”.

Lo que vino después de 1974 fue un derroche de creatividad, binomios que hicieron historia y la gran epifanía musical que marcó un antes y un después para Willie Colón. Esa gran revelación ocurrió, incluso antes de que rompiera el exitoso dúo con Lavoe. Con el sonido característico de su trombón, sabía que ya no tendría un vocalista de la dimensión de aquel que él mismo había bautizado como el ‘cantante de los cantantes’, por eso percibió que era su momento. A pesar de no contar con una gran voz, Willie decidió entrar a la ‘cañona’ y produjo en 1980 su primer disco sin Héctor, al cual llamó, sin hacer un gran esfuerzo en la parte creativa, simplemente ‘Solo’.

En ese álbum, ‘Sin poderte hablar’ se convirtió en un éxito en todos los rincones del continente y le brindó la confianza que necesitaba para afianzar su voz. En Cali se volvió una tonada de los bailadores que necesitaban confesar ese amor arrebatado. Ese cariño triste, apasionado y loco lo pedíamos al discómano para susurrarlo al oído y ‘cobarlo’ en una de las relucientes baldosas de la Jirafa Roja o La Manzana, en la Calle Quinta o, también, en la pista multicolor de las Brisas de la Sexta y Latin Palace, en el centro de la rumba de aquella década inolvidable. “Para mí fue una meta que me puse, para ver si lo podía hacer. Yo pasé muchas horas escribiendo soneos y cositas así, que pensé que algún día las podía cantar yo, aunque el cantante era Héctor Lavoe. Yo presentía que no iba a durar. Sin poderte hablar surgió cuando rompí con Héctor y ya sabía que algún día haría el canto”, recordó Willie en la entrevista con César Pagano.

 

“Sé que no debo decir
Lo que dicta mi emoción
Siento que gustas de mí
Y no sé por cuál razón
Los celos me están matando
Quiero estar cerca de tí
Y mi amor te está esperando
Yo te quiero hacer feliz

Quisiera decirte tantas cosas, pero ya sé que
La vida es así”

 

Pero también vino una cascada de innovación musical con Rubén Blades. Dos producciones inolvidables, una de ellas ‘Siembra’, la más vendida y exitosa del género con ‘Plástico’ y ‘Pedro Navaja’, y también el álbum ‘Metiendo mano’, donde ‘Pablo Pueblo’ y ‘Plantación Adentro’ marcaron toda una época de la salsa con sentido social. Fue esa rebeldía, ese rompimiento, ese barrio que traía adentro Willie el que lo motivó, primero a definirse por la salsa, y en segundo lugar, a entender que las dificultades que él conocía tan de cerca en el Bronx eran las mismas que sufría el resto del continente.

 

“Oye latino oye hermano oye amigo
Nunca vendas tu destino por el oro ni la comodidad
Nunca descanses pues nos falta andar bastante
Vamos todos adelante para juntos terminar
Con la ignorancia que nos trae sugestionados
Con modelos importados que no son la solución”

 

Es en ese momento,  a mediados de los años ochenta y en los noventa es cuando sale a flote esa personalidad recia que acompañará a Willie el resto de sus días. Comienzan sus coqueteos con la política y se va alineando con el Partido Republicano de Estados Unidos. Sus posiciones cada vez más radicales lo van alejando de algunos de sus antiguos amigos, entre ellos el propio Rubén Blades. Dinero, política y el futuro en esas lides comienzan a distanciarlos. Willie es invitado a la posesión de Ronald Reagan y termina aspirando dos veces a la alcaldía de Nueva York. Choca de frente con Hugo Chávez, el líder de la revolución bolivariana, y rompe con cualquier huella o recuerdo que lo ligue con la izquierda. Sin embargo, sigue soñando con esa latinoamérica unida, la que Bolívar soñó. “Tenemos todos los recursos naturales y humanos en este continente joven. Suena como una utopía, no sé si lo lograremos”, sigue diciéndose.

Utopías, fantasías, quimeras, ilusiones que se presentan como Fantasmas, el álbum de 1981, esa producción que surge después de que Willie se maravilla al observar la versión cinematográfica de ‘Doña Flor y sus dos maridos’, la novela del gran escritor brasilero Jorge Amado y queda prendado de su banda sonora. Allí descubre la rítmica del gigante sudamericano, coquetea con el bossa nova, nos regala un torrente de musicalidad con ‘Oh qué sera’, el clásico de Chico Buarque y todos terminamos recitando como si fuera un mantra…

 

“Yo creo en muchas cosas que no he visto, y ustedes también, lo sé
No se puede negar la existencia de algo palpado por más etéreo que
Sea no hace falta exhibir una prueba de decencia de aquello que es tan verdadero
El único gesto es creer o no
Algunas veces hasta creer llorando
Se trata de un tema incompleto porque le falta respuesta
Respuesta que alguno de ustedes, quizás, le pueda dar

Es un tema en technicolor para hacer algo útil del amor
Para todos nosotros, amén”

 

 

Tres años antes de esta producción fantasmal, en 1977, Willie había tenido sus primeros flirteos con la música del Brasil en una extraordinaria apuesta musical titulada ‘Solo ellos podían hacer este álbum’, la unión de dos exponentes sagrados del olimpo salsero: Colón y Celia Cruz. ‘Voce abusou’, cuya autoría pertenece al reconocido dúo de cantautores brasileños, Antonio Carlos y Jocáfi, fue interpretado magistralmente por la combinación Colon&Celia, que dejaron una explosión de sonoridad.

“Usted abusó, sacó provecho de mí, abusó
Sacó partido de mí abusó
De mi cariño usted abusó
Y me perdona, por seguir con este tema
Yo no sé escribir poema ni tampoco una canción, sin un tema de amor
Cada palabra cada verso me recuerda
El momento que mi amor se te entregó
Que mi amor se te entregó y usted abusó
Usted abusó, de mí cariño usted abusó
Sacó partido de mí abusó, sacó provecho de mí, abusó
Y fue mi mal”

 

Y, entonces, mientras el DJ iba descendiendo lentamente los decibeles de ese disco que nos taladraba el alma, los corazones maltrechos, enamorados y embriagados cantábamos a coro en Siboney, Los Compadres y Pal 23 “Y me perdona por quererle tanto, tanto, tanto y por eso mismo usted sacó provecho de mí abusó… No, no, no sé si lo maldice o lo bendice mi corazón”.

Ese álbum en el que sonaron también ‘A Papá’, ‘Plazos traicioneros’ y ‘Todos somos iguales’ evidenció una voz poderosa de la Reina Rumba, quien de la mano de Colón demostró que su sonoridad podía permanecer intacta sin necesidad de la Sonora Matancera, como algunos auguraban. Los arreglos de Willie, sumado a los coros de José Magual Jr, Milton Cardona, el propio Colón y la fuerza prodigiosa de la voz de Celia dieron como resultado esta producción que se volvió icónica en la salsa.

La amistad de ambos superó la vida artística. La artista cubana se convirtió en madrina de bodas de Colón y tras la muerte de Celia, Willie fue el encargado de organizar el 22 de julio del 2003 un sepelio digno de una reina, como se recordaría en Nueva York.

En 1989, la historia musical del músico, productor, cantante y arreglista dio un vuelco con un disco que lanzó muy tímidamente, pero que lo hizo conocer mundialmente. ‘El gran varón’, un tema que abordó algunos temas tabúes como la homosexualidad y el sida se convirtió en fuente de debate. Programas de opinión abordaban la problemática, llovieron insultos, unos pocos elogios, la polémica estaba instalada. Dos años después, en 1991, Óscar De la Renta y Carolina Herrera, dos símbolos internacionales de la moda, le otorgaron un premio a Willie Colón por evidenciar una realidad que se ocultaba y por su contribución en la defensa de los derechos humanos.

Al final todos sabíamos dónde había nacido Simón, en qué año y cómo había sido educado…

 

“En la sala de un hospital
a las 9:43 nació Simón
Es el verano del ’56
El orgullo de don Andrés, por ser varón
Fue criado como los demás
Con mano dura, con severidad
Nunca opinó
Cuando crezcas vas a estudiar
La misma vaina que tu papá, óyelo bien
Tendrás que ser un gran varón”

 

Los últimos años de ‘El Malo del Bronx’ han sido más controversiales que musicales. En vez de soneos en tarima, las batallas se trasladaron a twitter, como aquella de 2013 cuando haciendo alusión a la mortal enfermedad que padecía Hugo Chávez dijo: “Dios bendiga a Venezuela que tiene ahora dos presidentes… uno maduro y el otro podrido…”. Ya era poco lo que se escuchaba el potente eco de su trombón, que había sido cambiado por el difuso sonido de su interminable controversia con Rubén Blades, quien había anunciado que jamás volvería a unirse con Colon. Lastimosamente lo último que sonó de Colón fue el polémico apoyo que ofreció a Donald Trump y que cayó tan mal en gran parte de la comunidad latina. Y como si fuera la peor pesadilla de un mal disco, decidió alargarlo y publicó un trino en el que insinuaba que aquellas personas que trabajaban con él y que habían votado por Biden/Harris serían los primeros en ser despedidos de su empresa cuando aumentaran los impuestos que prometía la llegada de los Demócratas a la Casa Blanca.

Y es que en cada pelea, en cada enfrentamiento dialéctico, en cada confrontación twittera, afloraba ese Willie pendenciero, ese ‘Malo del sur del Bronx’ , ese niño que vivió marginado y que le tocó defenderse desde muy chico.  “El único deporte que yo aprendí fue pelear. Yo no juego béisbol, no puedo; yo corría rápido y pegaba duro, y tú sabes, usaba esas dos cosas”, esas palabras de Colón al escritor venezolano Leonardo Padrón hoy suenan a una confesión o, tal vez, son el colofón de una vida con aplausos, actuaciones desafinadas, coros de aúlicos, vacíos y golpes, muchos golpes.

 

“Cuando yo muera no quiero que lloren, no quiero ver
que ninguno derrame ni una sola lágrima por mí
Tampoco quiero que me lleven flores ni que me
entierren leyendo papeles, escribiendo cartas que
quizás ni entienda.

Cuando yo muera quiero recorrer todo lugar donde yace mi cuerpo, que ahora sin vida todos quieren ver, nadie quería cuando estaba
enfermo y ahora sin vida todos quieren ver, nadie
quería cuando estaba enfermo…

Para qué las flores, para que me lloran si voy a estar muerto, pa’que
compañía si voy a estar solo allá en el
cementerio”

 

En una de sus últimas producciones, llamada ‘Prisioneros del Mambo’, Willie Colón interpretó una canción que muchos consideraron su epitafio: “Para qué las flores,  para qué me lloran si voy a estar muerto, pa’que compañía si voy a estar solo allá en el cementerio… Después que todo está consumado comenzarán a hablar de mi pasado, de lo bueno que era y con el tiempo se irán olvidando”. Genio y figura… Hoy, mientras el ‘Malo del Bronx’ sigue luchando para recuperarse del violento accidente que sufrió junto a su esposa, sus fanáticos solo desean que falte mucho tiempo para que su disco, ‘Cuando me muera’, tenga que interpretarse en su último concierto.

LOS QUINCE IMPERDIBLES DE WILLIE COLÓN-CANTANDO

 

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Acerca del Autor

Gerardo Quintero

Comunicador social-periodista que ejerce el bendito oficio desde hace 26 años. Actual Jefe de Redacción del Noticiero 90 Minutos. También se desempeñó como jefe de cierre del Periódico El País y editor internacional y de Cali. En esa casa periodística trabajó durante más de 20 años y aún está vinculado a través de la columna de Opinión Hora de Cierre. Durante un par de años se desempeñó como Editor Nacional y del Pacífico de Semana Rural. Ha ejercido la docencia en las universidades Autónoma de Occidente y Católica. Los ritmos caribeños han hecho parte fundamental de su legado periodístico y sus mejores piezas periodísticas, tanto en prensa como en televisión, tienen como eje central personajes e historias que surgieron alrededor del impacto de este género en su ciudad del alma, nuestra amada Cali.

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