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Agüeros de fin de año: los rituales con los que los colombianos recibirán el 2026

Agüeros de fin de año: los rituales con los que los colombianos recibirán el 2026

Fotografía creada con Google Gemini

En Colombia, el cambio de año no solo se mide en segundos. También se vive a través de rituales cargados de simbolismo que se repiten en casas, calles y reuniones familiares. Los agüeros de fin de año, lejos de desaparecer, se mantienen vigentes como expresiones culturales que combinan costumbres populares y nuevas formas de interpretación, especialmente entre las generaciones más jóvenes.

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Cada ritual tiene un propósito específico y una forma particular de llevarse a cabo. Aunque no existe una única manera, estas son las prácticas más extendidas y su significado simbólico.

Comer doce uvas antes de la medianoche

Este agüero consiste en comer doce uvas, una por cada campanada o justo antes de la medianoche. Cada uva representa un mes del año y, con ella, se formula un deseo. Su origen se remonta a tradiciones europeas asociadas con la abundancia y la buena fortuna. En Colombia, se ha convertido en uno de los rituales más populares para atraer prosperidad y buenos momentos durante todo el año. Se recomienda realizar este ritual con calma y sin afán, ya que intentar comerlas rápidamente puede provocar atragantamientos, especialmente en niños y adultos mayores. La tradición puede mantenerse, siempre y cuando se priorice la seguridad. 

Fotografía tomada de Pexels

Poner lentejas en los bolsillos

Las lentejas simbolizan abundancia y estabilidad económica. Para llevar a cabo este agüero, muchas personas colocan un puñado de lentejas en los bolsillos de la ropa que usan en la noche de Año Nuevo, en sus billeteras o incluso las sostienen en la mano durante el conteo final. La creencia indica que este gesto ayuda a atraer dinero y evitar carencias en el nuevo ciclo.

Fotografía tomada de Unsplash

Decorar la mesa con espigas

Las espigas de trigo representan fertilidad, crecimiento y bienestar. Se colocan en el centro de la mesa o como parte de la decoración de Año Nuevo, con la intención de atraer abundancia al hogar. Este ritual tiene raíces agrícolas y conserva su significado como símbolo de prosperidad y estabilidad familiar.

Fotografía tomada de Pixabay

Dar la vuelta a la manzana con una maleta

Uno de los agüeros de fin de año más visibles es salir a la calle con una maleta y dar la vuelta a la manzana apenas inicia el nuevo año. Este ritual está asociado con el deseo de viajar y  conocer nuevos lugares. Algunas personas lo hacen corriendo, otras caminando, pero todas comparten la intención de atraer movimiento y nuevas experiencias.

Fotografía tomada de Pexels

Recibir el Año Nuevo debajo de la mesa para conseguir pareja

Este agüero, popular entre jóvenes y adultos, consiste en ubicarse debajo de la mesa durante los últimos segundos del año. Simboliza la búsqueda de pareja o el fortalecimiento de la vida sentimental. Aunque suele realizarse con humor, para muchos representa una forma de manifestar el deseo de amor y compañía.

Fotografía creada con ChatGPT

Subirse en una silla para atraer un ascenso

Este ritual se realiza justo cuando llega la medianoche. La persona se sube a una silla como símbolo de “elevarse” en el ámbito laboral o académico. Representa el anhelo de ascensos, reconocimiento profesional o mejoras en la posición social.

Fotografía creada con ChatGPT

El significado de los colores de la ropa interior en Año Nuevo

Uno de los rituales más extendidos es elegir el color de la ropa interior para recibir el Año Nuevo. Cada color tiene un significado específico y responde a los deseos personales de quien lo usa. Esta práctica refleja cómo, a través de gestos cotidianos, las personas buscan influir simbólicamente en su futuro.

Más allá de la superstición, los agüeros de fin de año funcionan como rituales colectivos que permiten cerrar ciclos y proyectar deseos. Estas prácticas siguen siendo una forma simbólica de comenzar de nuevo, reafirmando que, en Colombia, la tradición no se abandona: se transforma.

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