Durante décadas, la selva amazónica fue presentada popularmente como el “pulmón de la Tierra”, responsable de generar aproximadamente el 20 % del oxígeno del planeta. Sin embargo, recientes investigaciones científicas desmienten esta idea.
Según se cree, la región ciertamente es clave para el planeta, pero no porque produzca cantidades masivas de oxígeno, sino porque desempeña otros roles esenciales en el equilibrio climático.
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Según el artículo de National Geographic, el aporte neto de oxígeno de la Amazonia “probablemente ronda el cero”.
No obstante, el razonamiento es el siguiente: los árboles realizan fotosíntesis y liberan oxígeno, pero también consumen oxígeno durante la respiración y a través de los microorganismos que descomponen la materia orgánica muerta. Por tanto, la producción y el consumo se equilibran.
El impacto de la flora y el equilibrio del planeta
Además, aunque los bosques tropicales podrían generar una parte significativa del oxígeno terrestre, esa cifra no equivale al 20 % del total de la atmósfera. Como señala el ecólogo Yadvinder Malhi, los cálculos sugieren que la Amazonia podría generar alrededor de un 16 % del oxígeno producido en tierra o quizá tan solo un 6 %. Cuando se consideran otros factores como el fitoplancton oceánico.
Por tanto, la denominada “producción” no representa un aumento neto de oxígeno atmosférico.
Esto no significa que la Amazonia no sea vital. Muy al contrario, juega un papel estratégico en la absorción de dióxido de carbono, en la regulación de lluvias y en la conservación de biodiversidad.
En suma, científicos como Michael Coe la comparan más con un gigantesco aire acondicionado que enfría el planeta, que con un pulmón que expulsa oxígeno.
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La persistencia del mito tiene también implicaciones sociales y políticas: la idea del “pulmón” ha permitido movilizar apoyos para la conservación de esta región. Pero el reto es que se comprenda su función real y se actúe en consecuencia, enfocándose en su protección más allá del oxígeno.
Como lo plantea el científico climático Carlos Nobre: “Si se quiere asociar simbólicamente a un órgano que mantiene la estabilidad, puede hacerse; pero físicamente hablando, la Amazonia no es realmente el pulmón del mundo.”
Finalmente, aunque la Amazonia no genera el oxígeno que muchos estimaban, su valor ecológico permanece incuestionable. Es un actor clave en la lucha contra el cambio climático, la preservación de la vida silvestre y la protección de las comunidades indígenas que la habitan. Comprender correctamente su función nos permitirá dar pasos más eficientes en su conservación.
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