La música es considerada universalmente una fuente de placer, y pensamos que a todos nos agrada algún tipo melodía, pero un pequeño porcentaje de la población es indiferente ante cualquier canción. Investigadores de la Universidad de Barcelona y la Universidad de McGill han identificado que esta condición, llamada anhedonia musical específica, no se debe a problemas auditivos, sino a una desconexión en los circuitos cerebrales del placer.
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Mediante resonancia magnética funcional (fMRI), los científicos observaron que, al escuchar música, las cortezas auditivas de estas personas se activan normalmente. Sin embargo, el núcleo accumbens, una región clave del sistema de recompensa del cerebro, permanece inactivo. Esto explica por qué, a diferencia de otras fuentes de placer como la comida o el dinero, la música no genera ninguna sensación emocional.
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El estudio también señala que la anhedonia musical tiene un componente genético significativo, de hasta un 54%, independiente de la capacidad general de sentir placer. Por el contrario, existe la musicofilia, un fenómeno en el que ciertas personas desarrollan un deseo compulsivo de escuchar música tras alteraciones cerebrales, demostrando que los circuitos específicos pueden potenciar o inhibir la conexión emocional con la música.
Este descubrimiento permite entender mejor la diversidad en la respuesta humana a la música y abre puertas para futuras investigaciones sobre cómo las vías cerebrales influyen en nuestras emociones y experiencias sensoriales.
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